La vida en tres actos. (Alicia Bermejo)

Se levanta el telón.

El escenario recrea la ambientación de una terraza, tan en boga últimamente,  situada en el último piso de un emblemático edificio de la ciudad. Se divisan a los lejos –pasando la vista por encima de las copas de los centenarios árboles-  otras históricas y conocidas edificaciones, todo ello plasmado en un gran bastidor que ocupa el fondo que queda más alejado del decorado.

Hay una zona de sofás y otra de mesas, varias de las cuales están ocupadas, en una de ellas, la más cercana a la baranda, dos mujeres conversan  mientras disfrutan de alguna de las bebidas que es casi obligado consumir para estar a la última.

Se oye la conversación que mantienen, no es muy interesante, hablan de todo un poco, banalidades en su mayoría. Una de las mujeres parlotea sin parar, la otra parece distraída aunque simulando  que escucha a la amiga  con atención, pero su mirada se dirige insistentemente hacía una de las mesas más apartadas. La ocupa una pareja, mixta.

Carmen: ¿Mayte? ¿Me  estas escuchando? ¿Qué miras?

Mayte:    Si, te estoy escuchando  y… miro a aquella pareja del fondo, me llama la atención.

Carmen: ¿El qué? ¿Qué tienen de particular?

Mayte:     Nada precisamente eso, se les ve tan…tan a gusto de estar juntos, disfrutan el uno del otro, se nota claramente que son una pareja consistente y feliz.

Carmen: ¡Pues hija, no sé  en qué lo notas!

Mayte:     No hay más que observarlos un poco.  Seguro que estaban deseando terminar su jornada  para reunirse aquí y tomar una copa antes de volver a casa. Como cuando eran novios, porque ya ves que no son tan jóvenes.

Carmen: Ya, no sé… vaya usted a saber.

Mayte:     No lo puedo remediar, me dan envidia… los matrimonios que mantiene la ilusión  y no se dejan llevar por la monotonía de la vida en común, que salen, acuden a espectáculo, viajan, en fin… ¡Que los envidio! –dice, mientras se queda pensativa.

La pareja objeto de la atención de las amigas, parece que de repente se han dado cuenta de la hora,  se levantan con  prisa, pagan la cuenta al camarero y recogen ambos sus carteras.  El hombre pasa el brazo por la cintura de su compañera y antes de comenzar a andar, se besan con naturalidad. Desaparecen por el fondo del decorado, seguidos por el haz de luz de un potente foco.

Fin del primer acto.

 

Se sube el telón:

Esta vez el escenario aparenta ser un parking,  barrera de seguridad, plazas de aparcamiento ocupadas por coches de cartón piedra, una máquina donde abonar el importe del ticket. Precisamente hacía la misma se dirige la pareja en cuestión. Una vez delante de la máquina, primero el hombre introduce su tarjeta bancaria para pagar, la mujer abona  la cantidad en efectivo. Se les ve despedirse cariñosamente y cada uno se encamina hacia sus vehículos, aparcados en lados opuestos del garaje.

Cuando va a subir al coche, el hombre llama la atención de la mujer:

Gerardo.- Chiiissss,…Nieves, que duermas bien…te veo mañana.

La mujer sonríe embobada y rozando sus labios le lanza un beso con la mano.

Fin del segundo acto.

 

Se levanta el telón:

El escenario está dividido en dos partes, cada una de ellas representa  el salón de una vivienda, con decorados muy distintos. Mientras uno tiene el aspecto de una vivienda antigua, pero señorial, donde no faltan ni los retratos de los antepasados, las lámparas de cristal y los diversos objetos de plata cuidadosamente colocados en vitrinas de maderas nobles, el otro incide en una decoración moderna,  minimalista, monocolor, de un blanco impoluto, que solo se rompe por la gran mancha roja que es el tema del único cuadro que  -siguiendo las últimas tendencias-  está en el suelo apoyado contra la pared, no colgado.

El foco de luz ilumina el primer decorado al tiempo que por una puerta aparece Nieves, deja las llaves en una mesita y la cartera en la primera butaca que encuentra a su paso, se para en el centro del salón y tomando aire grita:

Nieves.- Cariño…ya estoy en casa, no he podido llegar antes, en el último momento nos ha surgido un problema en el hospital… con la Jefa de planta…ya sabes esa que…bueno, ahora te cuento.

Desaparece por otra puerta al tiempo que se la oye murmurar: “a ver que le cuento hoy”

La luz se dirige ahora hacia el decorado contiguo, sentado en el blanco sofá, las piernas estiradas sobre un taburete –naturalmente tapizado de blanco- y con una gran copa de vino en la mano Gerardo habla con alguien que está fuera de escena:

Gerardo- Si ya lo sé, sé que te prometí llegar antes de que se acostaran los niños, pero de verdad, ¡te lo digo de verdad!, me ha sido imposible… ya sabes cómo es el director, si se le ocurre alguna idea, nos reúne a la hora que sea, no lo puede dejar para el día siguiente, ¡me tiene harto!…cualquier día…Mañana, a ver mañana si puedo llegar pronto ¿vale, cielo?

 

Fin

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6 respuestas a La vida en tres actos. (Alicia Bermejo)

  1. carlaluna91 dijo:

    Confieso que me ha sorprendido el estilo como si fuese una obra de teatro y que con la primera frase, esperaba que fuese un chiste. No tengo muy claro si sería necesario el simular una obra de teatro, pero tal como está funciona, así que no creo que sea necesario plantearse hacerlo de otra manera. Me ha gustado mucho la forma de mostrar la moraleja sin decirla.

  2. leticiajp dijo:

    A veces no sabemos lo que envidiamos… buena reflexión. Hay algunas tildes por ahí que faltan o sobran y también alguna frase que suena rara, como: “cada uno se encamina hacia sus vehículos” (en este caso por la concordancia). Yo también quitaría algunos puntos suspensivos, me da la sensación de que haya muchos. Aparte de estos pequeños detalles, me ha encantado y me parece muy original, y un buen recurso, relatarlo describiendo los actos de una obra de teatro.

    • unalicia dijo:

      Gracias, tomo nota de los fallitos. En cuanto a los puntos suspensivos, yo les utilizo cuando quiero que se note una pausa en la conversación, no sé si es del todo correcto.
      (aquí los habría puesto, pero me voy a contener) Saludos.

  3. Arantxa dijo:

    Un relato francamente original por la forma de desarrollarlo. Y muy buena esa moraleja oculta que todos adivinamos al final. Enhorabuena

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