Le jardin extraordinaire (El jardín del olvido). (David Otero Arias)

Le jardin extraordinaire, conocido hoy como el jardín del olvido, toma su nombre del estado de abandono en el que hace años se encuentra, abandono que sin embargo todavía deja ver parte del esplendor que en su día lo distinguió como extraordinario.

Los orígenes de le Jardin extraordinaire se remontaban a casi un siglo de existencia y había sido un regalo hecho al pueblo por uno de los primeros emigrantes salidos de el y que había  hecho fortuna durante la construcción del canal de Panamá, trabajando primero en la Draga Corozal y montando  con las ganancias uno de los hoteles más lujosos de la zona. El nombre en francés fue una concesión al idioma natal de su esposa Lilian, una francesa buscavidas que a la postre terminaría  por arruinarle.

Yo solía acudir al jardín al caer la tarde a sentarme  en un destartalado banco de piedra cubierto en su casi totalidad por la hiedra, allí fumaba parsimoniosamente mi vieja pipa de espuma de mar mientras mis pensamientos divagaban por el laberinto nunca bien explorado de una memoria que en lo concerniente al presente se me hacía cada vez más olvidadiza.

El jardín quedaba apartado de las primeras casas del pueblo como a unos quinientos metros, además del jardín se conservaba la casi totalmente derruida estructura de una pérgola que en sus buenos tiempos debió acoger las confidencias de amor de muchas parejas que acudían a sentarse en el banco circular del que hoy ya no quedaban si no algunas piedras en pie.

Los parterres formando caminos y encrucijadas cuajadas de flores de las más diversas especies apenas eran hoy un montón de boj yedra y malas hierbas informes, todo entremezclado y cubriendo prácticamente la totalidad de los pasillos. Un par de enormes palmeras destacaban solemnemente de entre un pequeño bosque de árboles de decenas de especies diferentes, algunos resecos y podridos, otros mezclando sus ramas y hojas entre si formando una barrera vegetal apenas penetrable.

Todo esto daba al jardín el aspecto de los viejos recuerdos que entre telarañas de otras vivencias conservamos en lo más profundo de nuestro cerebro.

 

A mi me gustaba dejar vagar la mente por los vericuetos de una memoria ya gastada  que sin un orden determinado iban aflorando solos y en los que me complacía o disgustaba según fuera el caso.

Aquel atardecer de un cálido y húmedo verano, como tantos otros atardeceres, me senté en el banco de piedra y cargué con la facilidad que da la fuerza de la costumbre mi vieja pipa, con ceremoniosa parsimonia encendí un fósforo de madera, no me gustaban los modernos encendedores de gasolina o de gas, el aroma dulzón y a maderas aromáticas de las primeras bocanadas invadieron mi olfato y mis papilas produciéndome esa vaga sensación de entrar en otro estado de conciencia al que me llevaba, sin duda, el alo humeante y  espeso de aquel tabaco holandés que tanto apreciaba.

No había transcurrido más de un par de minutos cuando algo fuera de lo habitual en el paisaje, que sin ver miraba distraído, llamó mi atención haciendo que forzando la vista tratase de averiguar desde mi posición, que era aquel bulto informe que se entremezclaba con la crecida hierba, el tojo y otros pequeños arbustos que apenas dejaban entrever ese pequeño cambio que había llamado mi atención.

Espoleada mi innata curiosidad me levanté y lentamente me acerqué en la dirección de aquella forma. No hube de dar muchos pasos para que, con la pipa en una mano y el bastón en la otra, quedase parado ante lo que parecían dos grandes sacos de esparto cerrados con una gruesa cuerda, dos envoltorios de unas proporciones considerables , digamos que casi dos metros de largo por setenta centímetros de ancho . Con la punta del bastón hice un pequeño reconocimiento hundiéndola en varios puntos distintos  sin que la sensación que me transmitía la madera ayudase gran cosa a identificar su contenido.

Por un momento y sin entender el porqué,  una extraña sensación ya conocida hizo que mis sentidos se pusieran en alerta y mis músculos se tensaran. Desconcertado busqué en el bolsillo derecho de mi americana la pequeña navaja suiza que me acompañaba siempre y con la que solía desmenuzar las astillas que, de cuando en vez, encontraba en mi tabaco de pipa. Extendí la pequeña hoja con el índice y el pulgar de mi mano izquierda y apoyándome torpemente en las rodillas me agaché y clavé la navaja en más o menos la mitad de uno de los bultos, me sorprendió la facilidad con la que la hoja se había hundido, no había rasgado apenas veinte centímetros cuando un hedor insoportable me hizo parar de inmediato y alzarme con enorme esfuerzo apoyándome con ambas manos en la empuñadura de plata de mi viejo bastón. Retrocedí unos pasos sin quitarle la vista de encima a los más que extraños bultos.

El sol comenzaba a perderse por un horizonte escarlata, el jardín era una paleta de tenues colores con predominio del malva, que poco a poco se iba tornando azul oscuro, estaba anocheciendo, yo plantificado delante de aquellos bultos hediondos con la pipa apagada en la boca y las dos manos sobre el bastón había perdido la noción del tiempo, el ruido de alguna pequeña alimaña me sacó del ensimismamiento en el que me había sumido. Lentamente y sin darme la vuelta fui retrocediendo hasta notar contra mis pantorrillas la dureza de la piedra del banco, me senté e inclinado apoyé el mentón sobre el dorso de mis manos entrelazadas sobre la empuñadura redonda del bastón.

Así permanecí hasta que las sombras lo cubrieron todo y ya no lograba distinguir los negros bultos.

Volví a cargar la pipa y al fumarla comencé a sentirme ligeramente reconfortado, extraje mi viejo reloj de bolsillo que, con una ligera presión sobre la corona, se abrió permitiéndome sus agujas fosforescentes comprobar que efectivamente era muy tarde, las dos y diez de la madrugada, cerré el reloj y lo devolví a su sitio en el bolsillo del raído chaleco.

Fue entonces cuando ante mis ojos y como si estuviese viendo una película en blanco y negro ocurrió todo.

De la espesura del fondo norte del jardín dos figuras se aproximaban pausadamente hacia la pérgola que, ante mis atónitos ojos, volvía a ser la que yo había conocido cuarenta años antes.

Sin reparar en mi presencia se sentaron uno frente al otro con las manos cogidas, al hombre no podía verle la cara pues me daba la espalda, a la mujer la luz lechosa de la media luna le daba al rostro un  tono blanquecino en el que, como enormes esmeraldas, destacaban unos ojos verdes que yo había conocido muy bien. Hablaban entre ellos como si yo no estuviese allí. La conversación sonaba a súplica por parte de ella y a enérgica determinación por parte del hombre, ella le rogaba paciencia y una corta espera, él no transigía en su petición, tenían que irse ya, ahora, el barco zarpaba al amanecer y no quedaba tiempo para perderlo en dudas ni inseguridades. Se besaron apasionadamente, la decisión parecía haber sido tomada y la determinación del hombre había ganado la resistencia de la mujer.

Entonces lo vi surgir de entre las sombras, la figura alta de un  hombre de la que no alcanzaba a ver el rostro, con sigilo se acercaba a la pareja que permanecía abrazada, ajena a lo que pudiese ocurrir en su entorno. El brazo derecho extendido de la sombra terminaba en el cañón de un revólver al  que un tenue rayo de luna  arrancó un destello  de plata.

Los dos disparos sonaron como cañonazos  en mis oídos dejándome un fuerte zumbido y una sordera momentánea, vi caer a las  dos figuras abrazadas aun y oí los presurosos pasos de la sombra perdiéndose en la dirección por la que había aparecido.

Al poco y tal y como había desaparecido volvió la sombra a hacerse presente, esta vez arrastraba lo que desde mi posición me parecieron dos grandes sacos.

Con no poco esfuerzo logró separar y meter a cada uno de los amantes en sendos sacos que cerró con una gruesa cuerda amarrada con un fuerte nudo. Sin descanso desapareció y volvió al cabo con un pico y una pala, con vigor se puso a picar justo delante del banco donde yo estaba sentado, al pie de un viejo sicomoro, ignorándome por completo. Cuando el agujero le pareció lo suficientemente profundo arrastró uno a uno los sacos con los cuerpos y los arrojó a la fosa, sin detenerse cubrió con la tierra removida el agujero, con la pala alisó la tierra y cubrió con hojas y ramas el lugar del enterramiento.

Hecho esto y ya con las primeras luces del alba asomando en el horizonte, cuando la sombra se giró para irse pude verle la cara.

Las mansas lágrimas que resbalaron por mis mejillas hicieron que de golpe volviese a la realidad, la ensoñación había terminado.

Treinta años fue la condena, treinta años con sus días, noches, horas, minutos recordando y reviviendo una y otra vez la atrocidad de mi  acto.

Hoy, en el cuarenta  y un cumpleaños de los asesinatos, los viejos fantasmas volvieron una vez más a visitarme, puntuales como cada año.

Lentamente, apoyando con mis dos manos el peso de mi cuerpo sobre la empuñadura del bastón me levanté y emprendí el camino de vuelta a mi solitaria casa. Un camino mil veces recorrido, un camino sembrado de dolor. Los primeros rayos del sol de una radiante mañana acompañaban el lento caminar de mi cuerpo, mi alma, hecha jirones, había quedado para siempre unida a la agreste vegetación del jardín del olvido, le jardín extraordinaire.

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18 respuestas a Le jardin extraordinaire (El jardín del olvido). (David Otero Arias)

  1. pizpireta dijo:

    Me ha encantado esta historia del jardín del olvido que, contrariamente es del recuerdo, el de su conciencia, el del crimen, que pagado ya con tantos años le vuelve a su memoria, de un hombre arrepentido, de un ser que tuvo que amar mucho sin ser correspondido.
    Nos has metido en ese jardín con la facilidad a la que nos tienes acostumbrados, hemos descansado en ese deteriorado banco, hemos oído el chasquido de la cerilla, y hemos percibido el aroma del tabaco de pipa. Nos hemos imaginado la variada vegetación crecida salvajemente, incontrolada por el paso del tiempo, sin orden, como queriendo cerrar el paso a ese recuerdo que le sigue atormentando, y según caminaba torpemente con su bastón, de vuelta a casa, le adivinamos cargado de pesar en su semblante…
    PRECIOSO DAVID, ¡ENHORABUENA!. “Un relato extraordinario”.

  2. santo alcibíades dijo:

    Excelente, me ha gustado, Para reflexionar y una segunda lectura aprovecha mas. Felicitaciones

  3. Gracias Santo. En todo caso es el último relato que envio a este blog, me he dado cuenta de que si no perteneces al grupito de aduladores mutuos es absurdo el enviar nada a estas páginas a las que deseo grandes éxitos. Saludos

    • Yo te dije en su momento que no iba a comentar nada tuyo, ni para bien ni para mal, pero como esto no es un comentario a un relato, me voy a permitir la licencia de recordarte aquello de: “El que siembra vientos recoge tempestades”
      Empezaste mal y veo que sigues en la misma línea. Espero que encuentres tu sitio.

    • Mayte Sánchez Sempere dijo:

      David, creo que te equivocas y además, por si no te has dado cuenta, les estás faltando al respeto a todos los que te han votado, a los que han ganado alguna vez, a los que no habiendo ganado nunca, siguen intentándolo, a los que comentan… vamos, que con cuatro palabritas has faltado al respeto hasta al lucero del alba. Creo que no te has dado cuenta aún de la clase de sitio que es este… A otros he animado a seguir participando, a ti no voy a hacerlo, visto que ni como autores, ni como lectores merecemos tu respeto.
      Y ya en plan de guasa, para el “grupito de aduladores”: deberíamos proponer a Jorge que ponga en la portada la leyenda “Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate”. Así los nuevos sabrán a qué atenerse 😀

  4. Gracias Alicia y Mayte por vuestro comentario tan atinado, efectivamente Mayte “dejad fuera toda esperanza”. Te encanta llevar la batuta de esta orquesta de mediocridades donde un stradivarius evidentemente no consigue hacer que suene afinada, por lo tanto seguid preocupándoos de las comas, los puntos y las tildes, a falta de ingenio para crear algo que transmita emociones de verdad, sensaciones, mundos nuevos, dedicaos vuesas mercedes a la ominiosa labor de ser juez y parte. Os deseo muchos éxitos en vuestro empeño. Todo esto dicho “sin animus molestandi” por supuesto.

  5. J.P.Galera dijo:

    Estas vacaciones me han servido para leer casi todos los relatos, créame. Si le soy sincero, usted no debió haber echado leña al fuego en su momento. Pero tomó una decisión y la ha mantenido, me parece bien, al menos usted no tiene dudas y eso es importante. Personalidad inquebrantable, cómo yo. Pero discrepo en las maneras, caballero.

    Incluso Dios tiene errores, él permite que mucho talento se quede por el camino. Pero no es su culpa, es nuestra al no aguantar los golpes que nos da la vida, buenos o malos. Aquellos golpes morales que usted recibió (críticas de acentuación, comas, relato extenso y demás) eran golpes buenos y debían haber sido tenidos en cuenta y en su caso respondidos con elegancia.

    Sé que no se refiere a todo el mundo con eso de “aduladores mutuos”. Pero debe rectificar, no deje que sus respuestas empañen la decisión de la gente acerca de usted. Ha construido un gran imperio de estilo (a mi gusto mejorable en dos puntos: 1º una palabra mejor que tres, 2º paciencia antes de, o sea, antes de darlo por terminado) que pide a gritos no marcharse por la puerta de atrás. Apague la radio del odio y escuche a su corazón, rectifique y usted será un grande aquí, y allá.

    Entre todos los que participasteis en la guerra desatada, (que conste que no lo digo para ofender) habéis construido un gran guión de respuestas de gran nivel (literario) impactantes y de gran calado. Me gusta. Elegancia. Por eso he comentado. Pero no lo haré más, aquí. Pues lo que venga después será degenerativo si sigue el mismo argumento. La gente aquí tiene ilusión, y nadie va a quitársela. Sin más, espero le hayan servido de algo mis palabras y poder seguir compitiendo contra usted. Un saludo y recuerde, amistosamente, que una mujer es un Mundo, dos; un Universo.

  6. Gracias Galera por su comentario sosegado y juicioso. Efectivamente tiene usted toda la razón en cuanto al universo. El mio es otro, seguramente peor ¿ quién sabe? pero distinto, es un universo que comparto solo con quien yo me siento agusto, usted podría formar parte de ese universo sin duda. No voy a entrar en el juego pueril de las provocaciones ridículas de quien no tiene la capacidad intelectual suficiente para enfrentar otra dialéctica que no sea la de la señorita Pepis. Galera, no hay nada más insoportable que el despecho y la intransigencia. Por supuesto que no todos los que escriben aquí forman parte de esa banda de cornetas y tambores con ínfulas de orquesta sinfónica, hay plumas brillantes y talentos encomiables, no va con ellos todo esto, ellos lo saben y les agradezco que lo entiendan.
    No me voy por ninguna puerta de atrás, simplemente me voy, sin más. Cada cual debe de saber cual es su sitio y evidentemente este no es el mio.
    Si alguien se ha sentido ofendido lo siento, no era mi intención afrentarle, esto es simplemente un juego de ingenios con “animus jocandi” solo eso. Saludos cordiales Galera

  7. pizpireta dijo:

    Querido Stradivarius, siento mucho que te vayas, pues eras para mí el que mejor escribía, pese a las comas, puntos y tildes. El escribir es transmitir sentimientos, es compartir vivencias, es querer dar a conocer experiencias, es querer hacer llegar al lector la imaginación, la invención ó la realidad, la magia con la que tú sueñas y das rienda suelta a través de tu pluma para que los demás sientan como en un momento se puede cambiar el mundo, se puede transformar y engancharse en tu lectura para olvidarse de preocupaciones, problemas y meterse de lleno en la historia que te relatan como si fuese exclusivamente escrita para tí, hacer volar la imaginación ó pegar los pies al suelo, no a los zapatos, para entender realidades que a veces no tienes más remedio que aceptar…
    Pena me dá tu marcha, sé que no vas a volver y lo siento, como siento que esa “orquesta, mal sonante”, se quede sin aplausos y que a mitad del concierto la abandonen con abucheos…
    Mis felicitaciones a la mayoría de los escritores de esta página que no ofenden con barriobajeras críticas y para “las sabiondas” mi desprecio, mi mayor desprecio, por no dar valor a la lectura que tanto dicen amar, más bien se dedican a escribir “fanfarronadas”, en lugar de
    crear algo que valga la pena.
    Ni me contestéis, no voy a entrar más en esta página, sintiéndolo por Jorge especialmente, pero es una verdadera pena que tengan acceso a ella elementos tan negativos y pobres como
    Alicia y Mayte, suerte, la vais a necesitar, y espero no ver ningún libro editado por vosotras ni en la basura… Los buenos sólamente estarán en las manos del que los aprecie, del que sepa valorar una buena obra, una buena enseñanza, una buena lectura… Ya sabéis, empezad por el “CATON”.

    • MayteSanSem dijo:

      Pizpireta, no sé si es buena idea contestarte, no porque digas que no vas a leerlo sino porque me da la sensación que te va a dar exactamente igual la respuesta. Pero dado que insultas directamente en público, la respuesta ha de ser también en público.
      Sé leer. Y ninguna de tus opiniones o las de David van a hacer que cuando encuentro en un texto un error ortográfico, de traducción o de edición, lo considere algo baladí. Cuando se publica un texto, aquí, en papel, dónde sea, se ha de cuidar la presentación. Lo que aquí hacemos quienes indicamos los errores no es ir de sabiondos ni tratar de humillar a nadie, sino ayudar al autor que posiblemente no se ha dado cuenta del error. Lo he dicho mil veces: corregidme a mi también, por favor. No lo sé todo, no presumo ni nunca lo he hecho.
      Os empeñáis, David y tú, en poner el acento en esas críticas recibidas, considerando a quienes las hacemos ignorantes… bueno, es vuestra opinión, es vuestra forma de valorar la literatura. Si os valen las cosas hechas de cualquier manera y sin corregir es vuestra elección. A mi me gusta el trabajo cuidado, el esmero y la dedicación en algo que no es únicamente un entretenimiento. Si se pretende crear una obra que merezca la pena ser leída por alguien más que la familia, los amigos y los admiradores incondicionales, hay que cuidarlo todo. Hay diferencia entre “¿Te gusto?” y “¿Te gustó?”, una noche de amor de diferencia, por ejemplo. Si no sois capaces de entenderlo, autor y lectora, no superaréis el nivel en el que ahora estáis. Repito, es vuestra elección.
      Pero por favor, guardaos los insultos, las faltas de respeto, las tonterías, para quienes realmente no aman la literatura y los libros. Es una pena encontrar a gente que, como vosotros dos, desprecian la corrección y se sienten ofendidos porque alguien les hace ver sus errores.
      Nadie os obliga a entrar o salir, haced lo que gustéis, pero es de muy mal efecto marcharse escupiendo insultos. Y no te voy a contestar a tus deseos de fracaso para Alicia y para mi..
      Paz y letras.

  8. Gracias Pizpireta, gracias por haber expresado tan bien lo que significa saber leer un texto. Un cordial saludo y hasta siempre.

  9. leticiajp dijo:

    He estado ausente algún tiempo y no sabía que había pasado. Estoy bastante sorprendida. Cuando comencé a pasarme por aquí el año pasado tenía dudas de que esto pudiera ser un grupo de gente que se conocía y donde podría ser difícil encajar y sin embargo me llevé una grata sorpresa. Continuamente aparece gente nueva y el blog sigue funcionando. El objetivo del mismo es que otras personas te lean y te den sus opiniones sinceras. Tener una corte de aduladores no te ayuda a mejorar ni a saber realmente lo que a los demás les gusta de ti. Yo sé que a mi madre le encantará todo lo que escriba y para ella estará perfecto. Mayte siempre ha hecho críticas muy buenas y, de hecho, creo que antes eran un poco más “feroces”. A mí me ha pasado también igual, a veces me da miedo que se entienda mal algo que pongo o que piensen que no me gusta un relato por una crítica. En mi opinión, un buen relato tiene que tener una buena idea, debe expresarse bien y debe tener una buena forma. De esa manera, hay textos que yo veo escritos perfectos, pero no me llegan y al revés. Entonces, digo lo que pienso. No vale lo de que al escribir rápido se cuelan los fallos, eso es cierto, pero para eso está la revisión, que es un rollo y un esfuerzo, pero es parte de la escritura. Publicar historias aquí para que te sigan los que ya te conocen y te lleguen de elogios, no creo que sea muy útil, para eso puedes tener un blog personal. Desde luego, que me corrijan faltas de ortografía o gramática no me preocupa y lo agradezco, por si se me habían pasado por alto. Y que me den ideas sobre la extensión, el argumento, el título… Como los gustos son diferentes, algunas las tomo en cuenta y otras no, pero todas las respeto y las medito. Eso también demuestra que se han esforzado en leer a fondo mis relatos y en ayudarme a mejorar. Pensar que uno es el más creativo, el que mejor escribe, el más interesante… no creo que ni la mayoría de los grandes tengan esa impresión, porque además no existen criterios universales. Por cierto, la otra parte de estar aquí no es sólo ver que les parezco yo a los demás sino también aportar al resto e intercambiar impresiones. Creo que las descalificaciones sobran y que además no están justificadas. Todos recibimos alguna vez una crítica que no nos gusta o con la que no estamos de acuerdo, pero esas nos ayudan incluso más que las otras y en la vida, anda que no nos encontraremos otras peores…

  10. coinup dijo:

    Gran relato, David. Está muy buen escrito y transmite muy bien las sensaciones.

    Un abrazo,

    Nicolás Aguilar

  11. Ángela dijo:

    Escribes muy bien David, este relato y el anterior que presentaste son una prueba de ello. Tal vez deberías creer un poco más en ti y dejar de lado otros asuntos. Mira, a mi me encanta que me comenten con elogios ¿a quien no? pero elogiar es fácil, con poner debajo del relato un “me ha encantao” todos quedamos la mar de bien, pero al autor eso no le ayuda del todo, porque, al menos a mi, me gusta que me digan que es lo que ha gustado y que es lo que no, donde fallo, donde flojeo, donde me voy por los cerros de Úbeda…, todo eso. Por otra pare si el comentario no me aporta nada, si solo viene a hacer daño, pues lo desecho automáticamente, pero te puedo asegurar que es la manera de aprender, eso y asumir que no podemos gustar a todos. Venga, no te enfades, y sigue regalándonos trabajos tan buenos como este. Alguna coma si que te ha faltado, eso si que te lo digo, y que las descripciones son estupendas.

    • Gracias Ángela por tu ponderación y buenos deseos. Ocurre que cuando yo entré por primera vez en estas páginas desconocía el funcionamiento exacto de la misma, es más pensaba que quienes tenían que calificar con sus votos los relatos eran los lectores, no los propios relatores. Creo que ese es el problema, desde mi humilde punto de vista, de este foro, no se puede ser juez y parte. Pronto me di cuenta de que me había equivocado al elegir ” el relato” para dar a conocer pequeñas pinceladas de lo que escribo. Bien que lo siento porque me hubiese evitado agrias polémicas que no conducen a nada.
      Yo, como dije en una de mis respuestas a Mayte, no escribo para enseñar a nadie, tampoco pretendo aprender de nadie, escribo porque es una necesidad vital en mi, podré tener errores sintácticos, gramaticales e incluso ortográficos, no me gustan pero no son mi mayor preocupación, mi verdadera necesidad es transmitir al lector lo que en el momento que escribo siento, solo eso.
      Se que a algunos no les gustará nada, a otros les parecerá espantoso y anatema mi falta de delicadeza con las comas, los puntos o las tildes, a otros, estoy seguro, les llegará la esencia de mi relato, el alma de lo que escribo, eso es para mi lo importante, eso es para mi escribir.
      Las editoras se encargan de corregir esos pequeños defectos, lo que no conseguirán nunca es hacer que algo insulso, escrito con la pulcritud de un académico de la lengua, transmita absolutamente nada.
      De nuevo gracias por tu comentario Ángela, seguro que nos leeremos en algún otro lugar, estoy seguro de ello. Saludos cordiales.

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