Terroristas. (Santo Alcibíades)

Entré al Lloyd TSB para solicitar una cuenta: la región había sido una posesión inglesa y en tales casos conviene siempre contar con los servicios de un banco británico. Como recién llegado disponía de curiosidad exacerbada por el exotismo del lugar y pronto descubrí una inglesita muy bella que esperaba su turno frente a una de las cajas. Su origen destellaba por su cabello rubio y lacio, lo impersonal de su atuendo y una cierta elegancia descuidada, mas bien como intrínseca antes que propuesta. Contrastaba nítidamente con la polifonía del resto de la gente, turistas y locales, que desplegaban un colorido y llamativo conglomerado de adoradores de la moda de ocasión. Me acerqué a la joven y la saludé con cierto desapego, ella me sonrió y me miró con sus grandes ojos que, como había imaginado, eran azules y brillantes. Esbocé una sonrisa amigable y le dije:

-Perdón ¿eres de la ciudad?

-Oh no, soy de Leeds, Inglaterra -me contestó en un sorprendente y respetable español.

-Ah… ¿te puedo preguntar que haces tan lejos?

-Vine de vacaciones, con mi amiga. Buscamos un poco de sol, un bien escaso en Leeds.

-¿Como te llamas?

-Juliette Balfour -me dijo extendiéndome su mano con formalidad británica.

-Manuel Fernández -le contesté a mi vez- soy argentino y he venido a radicarme acá.

-Buenos Aires! me tengo prometido un viaje sabes, tal vez las próximas vacaciones, adoro el tango ¿tú lo bailas?

-Por supuesto -le dije y una súbita alegría interior me embargó por lo fácil que venía aquello

-Puedo invitarlas a tí y a tu amiga a un lugar en la isla en el que hay buen tango, casualmente anoche estuve y había gente muy agradable y dispuesta.

Ella sonrió y me iba a responder cuando entraron de pronto al pequeño banco varios encapuchados con armas en la mano y comenzaron a gritar:

-¡Todos al piso, las manos en la espalda, vamos yá!

Mientras me arrojaba prestamente al piso ví que cerraban desde adentro las persianas. Luego, horrorizado, escuché que uno de ellos gritaba:

-¡Allauh Akbar!

¡Eran terroristas islámicos! e inmediatamente, consternado, me di cuenta que estaba al lado de una inglesa y entonces, sin pensarlo, comencé a alejarme de ella lenta y disimuladamente.

Los terroristas comenzaron a caminar entre nosotros y nos observaban cuidadosamente.

Pronto descubrieron a dos ciudadanos presuntamente ingleses y los apartaron. Uno de los árabes ne ordenó:

-Tus documentos.

Se los di con mi mano extrañamente temblorosa.

Los miró y me los devolvió, luego le ordenó lo mismo a la inglesita. Ella se los alcanzó con su pequeña mano extendida.

-¿Eres inglesa?

-De Leeds, Yorkshire.

-Levántate -le ordenó el encapuchado.

Por el rabillo del ojo ví que ella se levantaba y su expresión era tranquila, parecía no tener miedo.

-¿Que van a hacer con nosotros? – le preguntó mirando al árabe fijamente

-Ya lo sabrás, en su momento.

Luego la maldita inglesa se volvió hacia mí y me dijo:

-Manuel, nos veremos después, supongo, espero que cumplas tu palabra y me lleves a bailar tango.

Juraría que lo hizo a propósito la desgraciada, el musulmán me miraba y le dije atropelladamente

-No la conozco, yo soy argentino -y me di cuenta que mi voz salía con falsetes, como la de un adolescente.

Ella sonrió un tanto sorprendida y el árabe me dijo:

-Todo un caballero ¿eh?

¡Maldito lío en que me metió la rubia! el terror me impedía hablar. Luego ella dijo:

-Lo conocí recién, en el banco, él se acercó a hablarme, parecía simpático. No tiene nada que ver conmigo.

-Tienes suerte -le dijo el encapuchado- no parece ser gran cosa.

Ella sonrió ampliamente.

-Es que está asustado el pobre, déjalo tranquilo, es comprensible y razonable que tenga miedo…

-¿Tú no tienes miedo?

-Seguramente…  pero yo soy inglesa y nuestros sentimientos son privados…

Me pareció que entre el terrorista y la inglesita se había establecido, instantánea e intagiblemente, algo parecido a un campo energético mutuo, no dejaban de mirarse directamente a los ojos.

Les ahorro el resto, el banco fue rodeado por la policía y luego de un par de horas de negociación los terroristas, que resultaron ser un grupo local de jóvenes inexpertos y que no sabían bien que querían, se entregaron y fuimos liberados.

Después sufrimos el acoso de la prensa, tuve que dar una larga entrevista a un diario de Buenos Aires -el que mejor se cotizó, claro- en la que hice un detallado relato de nuestra aventura, con algunos adornitos que supe agregar en beneficio de quienes me habían pagado por la entrevista, por lo que me presentaron en Buenos Aires casi como un héroe nacional. Les diré que pasé a ser una celebridad local por lo que mi vida en la isla comenzó a ser una fiesta permanente. A la estúpida inglesa no la vi mas, creo que se volvió a Inglaterra y, por suerte, estuvo muy parca con la prensa. Después de todo era una mala persona que intentó perjudicarme en en un momento tan difícil como el que pasamos… En fin, en este mundo hay de todo.

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2 respuestas a Terroristas. (Santo Alcibíades)

  1. Ángela dijo:

    Muy bueno. Menudo cobarde e hipócrita este argentino.

  2. leticiajp dijo:

    Buen ritmo y muy divertido. Eso sí, muy tranquila la inglesita para ser amenazada por un supuesto terrorista, por un momento creí que estaban compinchados.

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