Nada de homenajes. (Jaime Blanco)

Quería levantarme, pero no podía.

Atado de pies y manos, desnudo ante el mundo y con la boca tapada. No era físico, era mental. Mi cuerpo no respondía, no quería moverse, buscaba en mi disco duro ese fichero que ayudará a encender mi sistema, pero siempre aparecía un fallo.

Los ojos encendidos, pero solo veían un techo algo sucio y una lámpara con las luces fundidas. De repente, aquí dentro, en mi cabeza posiblemente, una voz se escucha y no se le entiende, quién es? Es familiar, pero no puede ser. Ella se fue, nos dejó y no volverá, nadie vuelve cuando muere. Nosotros no tenemos cielo, eso queda para otros “privilegiados”.

Se fue, nos dejó en verano y  ni este maldito sol calienta tanto como tu marcha. Nos dejaste solos, y este mundo se hizo grande, inseguro, asqueroso y ruin. Cada vez que te recordamos intentábamos sonreír, pero era mentira, no te queríamos lejos, somos egoístas y te queremos aquí, siempre, a cada minuto. Aunque seguramente no estábamos cuando tú nos necesitaste más de una vez. Egoístas siempre.

Pero pasa el tiempo y los recuerdos malos se van, los buenos egoístamente de nuevo son los que aparecen. Os acordáis cuando….., ostia con lo que le gustaba…. Y así nos desatamos las manos, comenzamos a iniciar de nuevo el sistema y comenzamos a vivir otra vez. El tiempo pasa y el camino que antes estaba adoquinado, adornado y fácil,  se convierte en el que caperucita coge en el cuento del lobo, largo y peligroso.

Todo esto que escribo, aunque resulte raro no es un homenaje (que se merecía como nadie). Es una puta verdad, una sangrante retahíla de pensamientos que te ahogan, que te sacan de tu cuerpo y hacen mirarte desde fuera y pensar: Que cojones hago ahora.

¿Y haces lo que te han enseñado? Pues no, sinceramente no. No soy una persona respetable, no soy un señor importante, soy lo que decidí ser desde pequeño, no queríamos Dioses y no los tuvimos, no queríamos patrias y no la tuvimos. No queríamos ser respetados, no era nuestra meta.

Algo que siempre recuerdo es la frase de, yo aprendí de mis hijos. No, no fue así, aprendimos de ella y mucho, más de lo que pensaba cuando se fue, pero la realidad es que siempre  y no sabes lo que te lo agradecemos, nos escuchaste sin mirarnos desde arriba. Nuestro árbol genealógico no se hizo jerárquicamente, ¿porque no puede tener razón un hijo?, valiente hasta para eso eras.

Y lo dicho, nada de homenajes, hubiera estado bien hacerlos cuando estabas, ahora para qué?, para quién? No. No voy a homenajearte, ni a decirte que te quiero, que te extraño… no lo haré. Pero una cosa si le diré a la gente, no cambiaría un ápice de lo que fue mi vida, si eso te cambiará a ti. Nada, y sé que desde pequeño hubo un hándicap en nuestras vidas, pero esa es la que viví.

Acabo, creo que he conseguido no sacar las vísceras, decir las cosas claras y escribir lo que quería. No te quería por ser mi madre. Te quiero porque caminaste por nosotros cada día, y casi siempre más allá de donde podías. Con el corazón tan grande que tarde o temprano estaba claro que pararía.

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7 respuestas a Nada de homenajes. (Jaime Blanco)

  1. Pablo Eduardo Oyarzabal dijo:

    Muy lindo, es verdad que se puede asimilar a mi relato en cuanto al fuerte sentimiento que nos dejó una persona tan querida. Suerte.

  2. ojalapaula dijo:

    me ha encantado, hacer un homenaje sin desearlo. Enhorabuena

  3. Jaime Blanco dijo:

    Es el homenaje a quien no lo desea pero lo merece. Se hace de corazón, sin vísceras, pero con entrañas. Con verdades
    Un fuerte abrazo.

  4. Ángela dijo:

    El último párrafo es brutal, es precioso. Me ha gustado este no-homenaje.

    • Jaime Blanco dijo:

      Gracias Ángela. No es más ni menos que una descripción o resumen de lo qie una persona ( en este caso mi madre) puede hacer sin pedir nada. 3 hijos, 33 años y una vida por delante . Aunque siempre quisimos que rehaciera su vida. Solo supo vivir por nosotros, es injusto y precioso. Pero fue así. Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo

  5. leticiajp dijo:

    Yo también pienso muchas veces en que los homenajes sería mejor hacerlos en vida. Cuando se hacen después, son más para los que quedamos aquí, aunque a veces también lo necesitamos. Está claro que este relato está escrito con el corazón y con mucho sentimiento. Yo le daría un repasillo, para cerrar signos y cosas así, pero la idea está clara.

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