Fortunato… el afortunado de la familia (Joan Manuel García Paz)

La tarde muere en el  último sol  colgado del limonero del patio  y el hombre en mangas de camisa que fuma con fruición,  no puede evitar un estremecimiento  de culpa al  aspirar el aroma  de los azahares en el viento. Tiene un secreto que está a punto de ser develado . Los naranjos y púrpuras del ocaso terminan por animarle.  Decidido, cruza el patio y va directo a la cocina  donde su mujer “muele” grandes pilas de tortillas para que vengan a cenar sus hijos y los mozos que  trabajan  en las fincas de  café y de plátano.  El olor  perturbador de los frijoles con epazote que hierven en el fogón de leña y el café recién molido terminan  por jugarle una mala pasada, la indecisión le gana,  y solo atina  a sentarse  a la mesa mientras su abnegada mujer le sirve con devoción y manteles blanquísimos.

El Profesor , respetado en la comunidad casi como patriarca, se  resigna  y piensa  para sí que ya habrá oportunidad  para decírselos, no quiere deshacer la tranquilidad  del momento… siempre ha sido así, han pasado los años y su secreto de carne y hueso  ha tenido que esperar para hacer su aparición. Corren los años cuarentas y el machismo es cosa común en su entorno, sin embargo; el Profesor  tiene arraigados en su alma la nobleza y la timidez de la familia…y la desidia también. Así que deja que el destino le indique el futuro.

El “Nato es  hijo de  una pareja anterior, ha crecido y ahora, con 18 abriles a cuestas se ha convertido en un mocetón  sui géneris, cuyas excentricidades  los vientos vecinos se han encargado de acercarle,:

– Fíjese usted tío “Lipe” que el Nato hace  esto y hace esto otro.-Le dice doña  Micaela.

-Había usted de recoger  al Nato, que ya se  está  tirando  al vicio. Le  sugiere  don Sabás.

Y el más cruel: – Vaya usted por  el Fortunato que todo mundo en el rancho dice que está loco.

Felipe, fumando su tabaco de hoja con la mirada perdida en el cielo azul profundo de esa noche  premonitoria, se esconde  en su tibieza  de carácter y en su miedo al escándalo  y llama a gritos a los peones para jugarse una partida de baraja y huirle al destino.

Jamás confesó su verdad. El “Nato” llegó un día, solo, con aire  de quien ha  recorrido el mundo con soltura. Sus carcajadas espantaron a las gallinas y sus amplias espaldas apenas cupieron en la puerta de la cocina donde Doña Patricia, su abnegada madrastra (quien había  ido a pedirle que se viniera a vivir a la casa familiar ) se encontraba como siempre, sumida en el quehacer del medio día guisando la comida y las cholotas para el Profesor, que llegaba en punto de las 12: 30 para regresar a la una y media a su trabajo de juez en el Palacio Municipal. La matriarca había hecho de su orgullo de esposa un ovillo y lo había tirado por el desván del caserón no importándole las habladurías vecinas por el amor inconmensurable que le tenía a su marido y también  porque lo conocía más que así misma y sabía que él, jamás le habría de confesar sobre el hijo proscrito, así que una vez más, como siempre; ella tomó la decisión.

          Pronto, el Nato se hizo un poco ídolo de Manuel y Eloy , los mayores  de sus medios hermanos,  se ganó el cariño de sus  hermanas  y el miedo de su hermano menor Pascual que siempre lo vio con ojos de espanto por el escándalo de su modo aparatoso  de caminar  por el patio y cantar a voz en cuello las canciones rancheras que hacían aullar a los perros  y huir a las palomas en el zarzo. Era un buen muchacho, solo que demasiado  extraordinario para el esquematizado  actuar pueblerino de su entorno. Pronto dio trazas de que ese mundo le quedaba chico, era trabajador como el que  más, y tan fuerte como un toro, ningún mozo osaba  retarlo a la hora de cargar los costales de café recién cosechado que él, levantaba como sacos de algodón. Nadie podía comparársele a la hora de “echarse” clavados desde el puente  recién estrenado en el pueblo que tenía ¡ 15 metros de altura! No, nadie comprendía por qué  a veces se le sorprendía hablando a solas con las azucenas que brotaban en el patio después de los aguaceros, ni como era posible que alguien quisiera comerse el caliche de las paredes y los muñequitos de lodo que aparecían en los días de lluvia ahí donde los jacales tenían su desagüe, y mucho menos nadie comprendía cómo era capaz de meterse brazas o carbones encendidos a la boca y apagarlos con su saliva de bárbaro. Quedaba claro que  algo pasaba con el Nato, no obstante; siempre mostró diligencia para ayudar en los quehaceres y un respeto que rayaba en idolatría hacia el señor serio y formal que llegaba a comer al medio día y amor  hacia doña Paty y sus hermanos que también lo amaban.

         Sin embargo, pronto todo ello se vería ensombrecido cuando una mañana de Diciembre al Nato se le ocurrió pasearse desnudo por entre los almendros de allá afuera y entonces, su cuerpo de 90 Kilos fue azotado por un padre energúmeno que jamás había golpeado a sus hijos, y que sacó valor por fin para darse cuenta de lo mucho que le había hecho falta cuando creció y de su falta de valor de entonces y de ahora…que no sabía como enfrentar el problema.

          A los 20 años, ( dos años exactos después de su llegada)  el Nato desapareció. Algunos dijeron haberlo visto irse con los de la feria ambulante que apareció por el pueblo, otros contaron que se había ido con unos seminaristas que estuvieron temporalmente  en la parroquia y que le habían tomado cariño al gigante agradable. El caso es que sus hermanos y Doña Paty  lloraron  su partida sin  adioses  y su padre respiró un poco aliviado por  evadir una vez más al presente. El Nato pasó a segundo término y la vida transcurrió sus caminos acrecentando el patrimonio familiar con los dos sueldos del profesor y los esfuerzos de la menudita Patricia cuya  tiroides le exigía actividad constante y su férreo carácter alimentaba y fortalecía la pasividad del profesor.

         Una tarde el señor de la casa llegó cabizbajo y les contó a todos que le habían llegado noticias de que el hijo pródigo había matado sin intención a un militar y había desertado. Sí, el Nato era soldado  y por desobedecer una orden sin razón(que disparara sobre unos manifestantes) forcejeando en un vehículo en marcha, su superior cayó con la mala suerte de que su cráneo reventó en el filo de una banqueta. Así que el Nato huyó, sí, huyó mas de si mismo que de los demás, traspasó la línea divisoria de los renglones torcidos de dios y se perdió en el marasmo de  los inadaptados.

        Al cabo de un tiempo, Pascual  se encontraba jugando canicas en el patio, cuando una sombra gigante se interpuso entre él y el sol . Pascual estaba agachado y solo veía la gran mano velluda que tocaba sus canicas pero  al escuchar  las carcajadas estentóreas  le regresó  el pasado . Sí, era el Nato, que regresaba irreconocible, su tez, antes pálida, ahora era morena brillante, sus pelos antes hirsutos ahora eran espinas que apuntaban hacia el sol de ese medio día delirante. Sus hermanas corrieron a abrazarlo y el  Nato se instaló de nuevo en casa  como si no hubieran pasado los 4 años que duró su exilio. Sin embargo, esa misma  tarde cuando llegó el Profesor, el Nato dio muestras de  que su extravío era irreversible, delante  de la mesa atrapaba las chilascas y se las saboreaba una  a una con deleite. Durante la cena contó que había viajado por el mundo y que en cierto lugar al otro lado del Océano, había dejado 2 hijos a una china que trabajaba en un burdel, sin espantarse de  profanar los castos oídos de sus familiares. El padre, lo llamó al pasillo. Lo interrogó por dos horas llegando a la conclusión ineludible  de que esa noche habían  perdido al Nato para siempre y no al revés, como sus hijos y esposa creían.

          Sus paseos nocturnos y al amanecer completamente desnudo espantaban a algunas vecinas mojigatas y a otras, les brindaba la oportunidad de admirar lo asombroso de su animal genital, y pronto, fue  necesario amarrarlo de las manos  a la hora  de dormir con todo y ropa para evitar el escándalo matutino. Durante el día, trabajaba como mulo y a la noche después de despacharse 20 tortillas y dos cazos de guisado, eructaba tan fuerte y con tal deleite que las salamandras besuconas parecían estar esperando su señal para empezar su concierto de  chistidos. Solo bastaron unos meses para que se fugara de la realidad para siempre,…se le encontraba vagando por la vecindad y por los árboles de naranja haciendo señales obscenas a las nubes y a los  árboles de zapote. Decidieron recluirlo en un cuchitril de 3 por cuatro con una sola cama y una ventana tapiada con barrotes de  madera de cedro para evitar la curiosidad  de los inquilinos, que hablaban del gigante amigable, como “el loco de Don Felipe”. Todos le dieron la espalda y ahí quedó, revolviéndose en su propia inmundicia   como la conciencia y la reputación familiar. Solo era sacado para bañarlo cada 15 días y para despiojarlo, pero a él se le veía feliz siempre y más ,cuando su hermana diligente le pasaba a escondidas por las rendijas de su cárcel ilusoria, un cigarrillo que él  recibía cantando “farolito que alumbras apenas mi calle desierta” se le veía feliz cuando su hermana le pasaba unas gorditas y un café caliente o cuando fue pelando de caliche  los muros de su reclusorio con su lengua y cuando no se sabe cómo ni cuando encontró un carbón y empezó a escribir por las cuatro paredes algo ininteligible que años después un sobrino catalogaría como poemas en lengua náhuatl.

          Al  recluso se le veía feliz canturreando y escribiendo sin parar, borrando todo y empezando de nuevo a escribir sus garabatos demoniacos como los niños del vecindario decían. Pero una mañana inesperada, su corazón valiente; aguijoneado quizá por el olvido que acrecentaba sus abismos… se detuvo para siempre. Y ahí quedó…era  Diciembre, frío  e insensible, pero   con un cielo azul inmaculado que podía  verse  por los barrotes ilusorios de su prisión. Así lo encontraron, atisbando su paraíso azul y profundo, husmeando al horizonte y a todas sus utopías, divisando entre la única nube y su suerte de paria, la miserable mierda de los porqués. Sí, el Nato se fue, increíblemente  de pie; como vivió.

         Cuando el padre Ramos acudió para aplicarle los santos óleos, pidió que acostaran al necio,  pues estaba  aferrado en artículo mortis a la ventana cerrada. Fue necesario llamar a más de dos inquilinos para que lo doblegaran. Nadie comprendió qué buscaba tan afanosamente  entre las rendijas de su claustro ilusorio.

            En el velorio, ante el ataúd abierto del rostro, todos pudieron admirar su bella sonrisa, ésa que siempre admiró a las mujeres de su entorno y relajó a su padre, que  aplacaba un poco su conciencia,  fumando su cigarro con el presidente municipal y el representante del gobernador, con flores y coronas de sindicatos inservibles para el Nato, que solo fue feliz a la manera y forma que dios, o la genética implacable le dictaron. Y mientras el pueblo se volcaba por el morbo o por piedad al jolgorio improvisado con cafés y polvorones, la noche transitaba sus inquietos abalorios y tres metros bajo tierra, una madrastra increíblemente humana, sonreía feliz , de que por fin, el Nato había encontrado su lugar en este  mundo.

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12 respuestas a Fortunato… el afortunado de la familia (Joan Manuel García Paz)

  1. manolivf dijo:

    Muy buen relato, Joan Manuel. Narrado desde la perspectiva de lo cotidiano que es a la vez donde reside lo extraordinario. Me ha gustado. ^_^

  2. aprendiz de poeta dijo:

    Conmovido me has.Estimado paisano,con tu huella de realismo y esa cuota de magia que me son tan entrañables cuando no puedo estar aquí.Placer leerte.Loas a Fortunato y a tí camarada.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Un gran gusto saludarte, hace mucho no te veía por la red.Gracias mil compañero, que tu voz sea el aliento de mi mar.Abrazo fraterno.

  3. Jaime Blanco dijo:

    No es agria la muerte, si en vida vivió feliz. Bonito y emotivo relato.

  4. Mar dijo:

    GRANDE El Nato, Joan Manuel. Como siempre, haces que me sumerja en tus personajes. Enhorabuena.

  5. Ángela dijo:

    Ay! que me acabo de enamorar de este relato. Note diré nada más para que no te conviertas en un ufano pavo real. Rendido me has, en todo caso. Adoro al Nato.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      jajajajaja mi tío abuelo novelado.Muchas gracias Ángela con pocas palabras has logrado al pavo real,jaja Te admiro.saludos.

  6. leticiajp dijo:

    A mí me ha costado un poco entrar en el relato y luego a veces seguirlo, supongo que porque hay palabras que no comprendo bien, pero después el desarrollo me parece interesante y con unos personajes bien perfilados.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Hola leticiajp, gracias por tus observaciones y comentario.De ser posible y si gustas,con toda seguridad te podría ayudarte a conocer el significado de esos regionalismos que mencionas.saludos.

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