El sentido de la vida (Alex de la Rosa)

Dicen que todos tenemos un rol en esta vida. Pues bien; yo, a los cuarenta y ocho años, aún no lo he encontrado. O quizás no me haya dado cuenta. ¿Es quizás mi rol el de haber dejado de estudiar a los dieciséis años para ponerme a trabajar y así ayudar a mis padres? O mejor,  ¿es el de aguantar a mi marido durante casi treinta años, con todo su contenido (a saber: ronquidos, comer con la boca abierta, flatulencias varias, olor a sudor casi las veinticuatro horas –que, por mucho que él se defienda con la misma frase siempre: << si huelo a sudor es porque me paso todo el día trabajando, cosa que tú no>>, yo diría que todo se resume a una cosa: el no ducharse lo suficiente -, el irritante (<<Oh venga ya, te quejas por todo>>) chuperreteo de la cuchara cuando es sopa (o cualquier elemento líquido), o bien de los caracoles, etc?.

Y aun así, la gente me toma por una suertuda: << ¿Cómo te puedes quejar, si tienes la vida resuelta?>>. <<Ojalá tuviera yo un marido que ganara lo que gana el tuyo, anda no te quejes>>. <<Yo si fuera tú viviría la vida y dejaría de preocuparme por tonterías>>. Pues, ¿sabéis qué? No puedo vivir la vida de ésta manera. A todas las listas que, por supuesto se consideran todas ellas mis mejores amigas (amigas para algunas son que les invites a un café los viernes por la tarde cuando ellas salen del trabajo), tengo que decirles que les voy a decepcionar. No. No soy feliz. No. No puedo vivir la vida.

De pequeña pensaba  que algún día encontraría al marido de mis sueños, me casaría y nos iríamos a vivir a una casita de playa. Creo que todo esto lo vi en alguna película, y los niños, ya sabéis, de imaginación van sobrados. Pero no sólo no estoy en una casa de playa (que, no es que sea exigente, pero a todas nos gustaría: soñar es gratis), sino que no me he casado con el marido de mis sueños. Cuando tienes dieciocho años vas sobrada de dos cosas: hormonas en la sangre y pajaritos en la cabeza. Así que cuando conocí al primer hombre (no al primer hombre atractivo con el que me crucé…no, no), creí que podría empezar mi vida de película.

Y, sin embargo, aquí me veo. Dejé de trabajar hace quince años, para poder cuidar al pequeño y, cuando uno se va al trabajo y el otro a clase, aquí me quedo yo (porque después de años buscando trabajo, una vez que el pequeño ya no fue tan pequeño, me he dado por vencida. Sí. Hay crisis. No. No hay trabajo. O eso, o no quieren a una mujer madura y responsable – una pureta – como diría mi hijo. Gracias. Te quiero). Y, como mis “amigas” también están trabajando, y esperando a que llegue el viernes para que yo les pague el café, lo único que puedo hacer es limpiar una y otra vez la casa. ¿Mi casa? La casa donde yo duermo. Y entre trapo y trapo, se me ha ocurrido escribir unas líneas que me sirvan de desahogo.

Me puedo imaginar los comentarios si alguien lee esto: <<Pero, de ¿qué te quejas? Un marido que te mantiene, un hijo maravilloso y una casa pagada. Ojalá fuera tú>> <<Vive la vida>> <<No seas tan desagradecida>>

Pues, ¿sabéis qué? Vosotras nunca os quejéis; agradeced siempre a vuestro marido que os mantenga; si ronca que ronque: pobrecito, el estrés. Si huele que huela: pobrecito, el trabajo. No os quejéis y agradeced. Vivir vuestra vida, así como la he vivido yo hasta ahora, que yo, a partir de hoy, viviré la mía.

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7 respuestas a El sentido de la vida (Alex de la Rosa)

  1. MayteSanSem dijo:

    Me gusta esta declaración de independencia, tan real. Quizá no sea una historia demasiado novedosa, en el sentido de que no sorprende, pero está contada muy bien… y además, el cierre abierto nos da pie a que imaginemos la vida de nuestros sueños o bien que nos regales después otros capítulos 🙂
    Un saludo y suerte.

  2. Jaime Blanco dijo:

    A mi me gustó, pero aún hay gente que diga:
    “Pero, de ¿qué te quejas? Un marido que te mantiene, un hijo maravilloso y una casa pagada. Ojalá fuera tú”
    Si es así, no hemos avanzado nada. Y lo mismo, con la persona que estando asqueada, aguanta y aguanta. De estos casos, conozco alguno más.
    Me parece un relato con claras intenciones.
    – Señoras y señores, despierten de una vez y bienvenidos al SIGLO XXI.

  3. Alex de la Rosa dijo:

    Muchas gracias por los comentarios; es cierto que debe de haber más de un relato que trate sobre el mismo tema, pero he querido que sea principalmente una historia de reivindicación (aunque con toques de humor). Desgraciadamente, esto existe; y está a tan solo un paso de convertirse en un drama (aún mayor) simplemente si una de sus amigas dijera: <>…pero no he querido traspasar esa línea, de momento.
    De nuevo muchas gracias por los comentarios, me anima mucho a seguir escribiendo.

    • Alex de la Rosa dijo:

      si una de sus amigas dijera: por los menos a ti no te pega (se me ha borrado en el comentario anterior)

  4. Joan Manuel García Paz dijo:

    A vces es bueno escribir…ayuda un poco a exorcisar nuestros demonios.Creo que lo hace muy bien.Saludos.

  5. Ángela dijo:

    Describes muy bien a ese personaje agobiado, frustrado, deprimido. Una mujer como tantas otras, que se conforma con su presente y no busca ningún modo de salir de él. Haberlas haylas, yo conozco algunas. Supongo que debe ser muy duro vivir de esa manera, así que lo has hecho muy bien. He sentido el aburrimiento, el hastío, y la cobardía.

  6. leticiajp dijo:

    Yo creo que has conseguido tu objetivo: una historia de reivindicación, con toques de humor. A mí me ha hecho sonreír varias veces. Lo único, me ha costado un poco seguir el primer párrafo con tantas frases seguidas y anidadas, comillas, corchetes… Es cierto que desde fuera, los problemas de los demás parecen más pequeños y los nuestros más grandes, y eso que luego cada uno siente las cosas de una manera. Lo importante es buscar aquello que nos pueda hacer felices.

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