Una de indios (Leticia de Juan Palomino)

Mamá preguntó si me pasaba algo mientras regresábamos del colegio. No quise responder. Estaba preocupado. En realidad, muy preocupado. Carlota había gritado en el recreo, delante de toda la clase, que el abuelo era rojo. Se lo había oído decir en casa a su tía Antonia. Todos creíamos que no era su tía, porque las tías no son tan viejas, pero yo a ella no se lo decía para no causarle un disgusto. Al principio me resultó una confesión interesante. Todo el mundo sabe que los pieles rojas son los indios, así que quizás yo era descendiente de Toro Sentado. La voz de pito de Carlota se apresuró a contradecir esta teoría. Al parecer, no tenía nada que ver con la raza, sino con el tono del alma y a Dios no le gustaba ese color. Los rojos estaban condenados al infierno. Yo pensé que la “no tía” de Carlota debía de ser tonta por creer que el abuelo, la persona más buena del mundo, no iría derecho al cielo. Sin embargo, el runrún no se me iba de la cabeza.

A mamá no quise decirle nada, no fuera a ser que le diera un patatús al descubrir lo de su padre. Debía hablar con el interesado directamente. Por eso, esa misma tarde, me senté junto a él en el salón, tratando de encontrar la mejor manera de interrogarle sobre un tema así.

– Arturo, hijo, ¿te sucede algo? No paras de revolotear a mi alrededor.

– Carlota me ha dicho que eres rojo. Yo creí que podíamos ser indios, pero resulta que igual te vas al infierno cuando te mueras.

En ese instante dejé de hablar, porque el nudo de la garganta, que me había perseguido a lo largo del día, estalló y me puse a llorar. Entonces el abuelo me secó las lágrimas y empezó a contarme una historia.

–  Como ya habrás aprendido, entre los años 1936 y 1939 en España hubo una guerra civil. Eso es lo peor que puede ocurrirle a un país, hermanos luchando contra hermanos y la nación sumida en el miedo y la pobreza. Ahí no hay buenos, ni malos, algunos ni sabían de qué parte estaban. Ganó el bando nacional y Franco se convirtió en Jefe del Gobierno del Estado. En mi familia siempre habíamos sido socialistas, es decir, del grupo perdedor. A partir de aquel momento, tuvimos que disimular aquella condición y tener cuidado. En realidad, yo era bastante joven y sólo conocía las cosas de oídas, pero sufrí un acontecimiento que me marcó para siempre. Me obligaron a ponerme a trabajar en una fábrica por cuatro duros y, un buen día, discutí con el encargado y decidí dejarlo. No pensaba volver a ese lugar. Cuando regresé a casa, había una patrulla de policías y unos cuantos hombres más, vestidos de paisano, con gabardinas de color beige. La idea era sencilla y estaba clara: o volvía al trabajo, o se llevaban a mi padre detenido. En aquella época, eso significaba una posibilidad bastante alta de no volver a verlo. ¿Sabes qué hizo tu bisabuelo? Les dijo: “Si el chico no quiere marchar, no irá, pueden llevarme donde quieran”. Era un hombre muy valiente.

– ¿Y qué tiene que ver eso con el color rojo?

– A los partidarios de la izquierda, especialmente a los comunistas, se les llama rojos.

– ¿Y el infierno?

– Es un poco complicado. Digamos que el comunismo y la iglesia no se llevaban muy bien. Pero no te preocupes Arturo, Dios y yo no tenemos ningún problema.

El abuelo me guiñó un ojo. Eso me llenó de tranquilidad.

– ¡Yo también quiero ser rojo!

– Tú eres muy joven para saber eso. Ahora estamos en democracia y todo es diferente, aunque no tanto como debería de ser, todavía queda camino por andar. Tú estudia para no permitir que nadie destroce lo que costó tanto construir. Tener cultura, comprender lo que pasa y ser capaz de discriminar qué es real y qué no, ese es el verdadero poder. Nuestro nuevo problema se llama crisis y la tonalidad principal es la del dinero. Tengo hambre, ¿te apetece un helado?

Me levanté de un brinco y agarré la mano del abuelo con fuerza. Seguía siendo el mejor hombre del mundo y era mi abuelo. Se iba a enterar Carlota al día siguiente cuando tuviera que escuchar la historia. Y además, de una vez por todas, ¡le iba a contar lo de su “no tía”!

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11 respuestas a Una de indios (Leticia de Juan Palomino)

  1. J.P.Galera dijo:

    Sabía que alguien escribiría sobre esto.

    Lo que más me gusta; la perspectiva de la mejor escuela del mundo (las vivencias contadas por nuestros abuelos al calor de una chimenea).

    Lo que menos; el nombre (yo lo hubiera llamado “Alma Máter”).

    Bien en general, Es un Oscar Kilo, o.k
    Saludos Leticia.

    • leticiajp dijo:

      Lo cierto es que este relato lo tenía escrito de antes, a falta de una última corrección y vi que iba perfecto con el tema. Lo tenía escrito porque la historia del abuelo es real, es la que me ha contado mi abuelo a mí muchas veces y pensé que merecía la pena sacarla al mundo, pero tampoco quería darle un excesivo dramatismo. Quizás algún día pueda elaborar algo más largo y profundo con todo lo que él me cuenta, porque son muchas historias y muy interesantes.
      Con el nombre, ¿te refieres al título?
      Muchas gracias por leer y comentar y saludos para ti también :).

      • J.P.Galera dijo:

        Mi abuelo también me contaba vivencias así. Por eso no hay mejor escuela que la que se transmite desde la voz bajo la mirada de un ser querido. Ellos son nuestra universidad de la vida, ellos son nuestro Alma Máter verdadero, pero es solo mi humilde opinión sobre el título, pero no pasa nada que así también lo veo bien, Un saludo grande.

  2. Jaime Blanco dijo:

    Cuando me puse a escribir algo sobre el tema del mes, pensé directamente en política. El caso es que empecé, empecé y tengo un relato de 14 páginas que no me pegaba mucho para el concurso, así que adapte el de Cartagena. que es el que he presentado.
    Las vivencias de cada familia son las que al final crean nuestra opinión sobre lo que ocurrió. En mi caso es algo parecida a la que tu has señalado, pero con un cambio. En mi caso siempre hubo un bueno y un malo. Unos defendían( puede ser que algo equivocado) y otros atacaron ( es posible, aunque no es mi opinión, que como dicen fuera por algo mejor ). Pero ya dicen que la historia no es real, es lo que cuentan los libros de texto. Como dijo la compañera, un relato muy correcto. Un saludo

    • leticiajp dijo:

      Bueno, las vivencias de mi familia también hacen ver que hubo unos mejores que otros y mi opinión también es esa. El relato no pretende profundizar en esto. Por otro lado, pienso que en las guerras todos los bandos hacen cosas horribles, pero sobre todo las personas que están “arriba” y tienen diferentes intereses. Con buenos y malos se refiere al españolito de a pie, a aquel que se vio envuelto en medio de una contienda que no deseaba o ni siquiera entendía y que tenía que luchar contra hermanos, vecinos, amigos… De todos modos, es un tema que da para mucho, así que no me extraña que te salieran 14 hojas y más ;). Si yo me hubiera puesto a escribir concretamente sobre esto, creo que me habría pasado algo parecido… Gracias por leer y comentar.

  3. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha gustado tu relato, describes con mucha ternura la relación entre abuelo y nieto dándole un gran valor, que en los tiempos que corren, no se da mucho. Un saludo. Amaya

  4. Mar dijo:

    Hola Leticia, lo primero de todo gracias por tu comentario en el relato de este mes. He hecho un comentario genérico a todos ya que he vuelto de vacaciones y tengo mucho que leer y opinar. . He hecho un comentario genérico ya que he vuelto de vacaciones y tengo mucho que leer y opinar. Para mi, es un gustazo compartir contigo el premio del pasado mes, no es que crea que no lo merezca, es simplemente, que empecé a escribir, ahora hace un año, y no tengo ninguna técnica pero me encanta leer vuestros relatos y esta claro que estoy aprendiendo a vuestro lado. Como le decía a Jaime, esta claro que la huella de la guerra civil nos ha marcado a todos y lo que nos han contado, en mi caso, mi padre y madre, nos ha marcado. Por eso opino que no hay que olvidar y no esta nada mal recordar lo que paso en nuestro país y lo que tuvieron que padecer. Me ha encantado como tratas el tema, lo haces tan fácil que es simplemente BRILLANTE. Un abrazo.

    • leticiajp dijo:

      Tampoco sé yo muy bien que técnica tengo… Intento aprender de vuestras historias y de los errores de las mías, trato de fijarme en lo que leo y en lo que me gusta y lo que no. Tu relato del mes pasado fue uno de mis favoritos. Luego, tendrán más aceptación unos que otros, como nos pasa a todos. Y los gustos también influyen. Son tantas cosas… Gracias por la valoración de mi relato y muy feliz de que te guste. Otro abrazo para ti.

  5. Ángela dijo:

    Que bonita manera de contarle a un niño todo el tema de la guerra, cuanta ternura y sencillez. Yo he escuchado a ancianos relatar cómo era el sonido de las bombas al caer, y del hambre y de la falta de alimentos, luego hubieron alimentos pero no había dinero. Y de las cartillas de racionamiento, del estraperlo . He escuchado a esos mismos ancianos contar cuánto se celebraba el hallazgo de un pedazo de pan duro en la ventana. Pero sobre todo ese miedo a esos “paseillos” nocturnos. Que suerte tenemos de no haber vivido nada semejante, que afortunados somos. Me gusta mucho este relato, mucho. Gracias por compartirlo con nosotros.

  6. Tritio dijo:

    Estoy con Ángela, la ternura con la que el abuelo lo cuenta, cuando habría mil maneras de contarlo. Y ese momento de “te estoy explicando algo muy complicado y de pronto, tengo hambre, vamos a comer, fin del tema,” me gusta, jejeje

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