Deseo de sol (Amaya Puente de Muñozguren)

En Frimundo habían vuelto a subir las tarifas del sol y eso, en época de crisis, se notaba mucho.

Empezaba a ser normal ver vehículos por las avenidas sin el consabido rayo de sol sobre ellos, también era habitual ver calles enteras llenas de peatones oscuros sin el consabido rayo de sol iluminándolos. A veces se veían madres con niños parados en los semáforos, todos a oscuras menos el pequeño de la casa que iba iluminado por un tenue sol, a veces, sus hermanos más mayores, metían las manos en el rayo de su hermano pequeño para disfrutar durante unos segundos de su caricia y calor. Un círculo en sus frentes señalaba el tiempo que llevaban sin tomar un baño de sol, el círculo verde significaba que llevaban más de una semana sin tomar el sol, el  naranja significaba que hacía más de un mes que no tomaban el sol, el rojo que hacía más de un año y el negro quería decir que hacía más de cinco años que no tomaban el sol y que ya estaban en la etapa de locura y autodestrucción.

Iba a ser el cumpleaños de mi hijo pequeño, Javier, diez años cumpliría el próximo viernes y no tenía el dinero suficiente para comprarle el mayor de los deseos: “Un rayo de sol por un día”, a veces comprábamos uno para toda la familia y lo disfrutábamos entre los cuatro agotándolo en las seis horas que pasábamos viendo nuestra piel cambiar de color y sintiendo nuestro ánimo llenarse de alegría y ganas de reír. Últimamente solo podíamos comprar el sol  para utilizarlo en la huerta ya que nuestros árboles y hortalizas lo necesitaban para producir y sin su producción nuestra familia moriría de hambre.

Decidí coger el carro con el burro y  acercarme a la ciudad para vender nuestras manzanas y así poder conseguir un rayo de sol para el pequeño Javier. Cargué cuatro cajas que llené de manzanas con restos de sol que brillaban en su verde piel y me dirigí a la ciudad, dejé el carro en la avenida de las bestias y fui, empujando la carretilla cargada con las cajas de manzanas, hasta la plaza Nueva, allí aún se veían a familias enteras disfrutando de sus rayos de sol, casas iluminadas por su luz y personas que aún no tenían ningún círculo de color en la frente porque nunca había sufrido carencia de sol. Todos los peatones oscuros los mirábamos pasar con admiración y cierta dosis de envidia.

Por la noche todos se volvían oscuros y opacos como los demás pero sin círculo de color en la frente, eran los seres más afortunados del planeta, a los que todos envidiábamos internamente.

Me senté en una caja vacía junto a las cajas de manzanas que puse delante mío, la gente pasaba a mi lado estirando las manos para poder robar un poco del tibio sol que aún irradiaban mis frutas, fui vendiendo poco a poco, por más que bajaba el precio y gritaba a los cuatro vientos los beneficios de unas manzanas tan frescas como aquellas no conseguía venderlas. Las personas que pasaban se quedaban mirando soñando con los viejos tiempos en que las manzanas estaban al alcance de cualquier bolsillo.

Una familia de soleados paró junto a mi puesto y estuvieron mirando y hablando de mis frutas hasta que regatearon el precio y se llevaron una caja entera y media de regalo. ¡Javier iba a poder tener su regalo de cumpleaños¡, fui al banco para comprar una porción de sol y tuve que esperar a que se abriera la caja fuerte para que sacaran la siguiente remesa, era un sol recién empaquetado que aún venia caliente. Vibraba dentro de su caja de cartón como un ser vivo.

En el portal casi tropiezo con un hombre que pedía limosna “por favor, un rayo de sol”, pedía, tanta lástima me dio que abrí el paquete de sol de mi hijo y le di un rayo que enseguida apagó el círculo negro de su frente y lo convirtió en rojo. Gracias, señora, gracias. Repetía emocionado mientras me alejaba.

Llegué a casa y mientras descargaba en el almacén las cajas oía como mi padre les contaba a los niños las historias que él oyó a su padre de cuando era pequeño y se vivía con derecho a tener sol siempre que saliera y durante todas las horas que uno quisiera hasta el anochecer.

-Padre, que bien que has podido venir a la fiesta del pequeño Javier.

-No me lo perdería por nada del mundo, hija –contestó tras darme un beso. Al acercarse vi como tenía su círculo de color negro y como su piel era tan gris que casi parecía transparente.

Llegó el gran día y todos ante el pastel de manzana y las velas cantábamos a Javier los mejores de los deseos. El niño reía feliz esperando sus regalos y por fin llegaron. Uno le regaló un libro, otro unas cuantas velas para poder leer, otro una caja de lápices de colores, otro un camión con sirena y ya solo quedaba mi regalo, el sol vibraba en su caja entre mis manos, cuando se lo entregué con un beso lloró de alegría. No se atrevía a abrirlo. Todos pensamos, como era normal, que lo quería sólo para él, pero en cuanto se levantó el abuelo para irse le hizo darle la mano y salir con él, nos pidió a todos que les siguiéramos hasta la entrada de la casa, nos mandó sentar en círculo y puso en medio el paquete con su ración de sol, pidió que todos nos cogiéramos las manos y así lo hicimos. Los seis agarrados de las manos frente al sol que destapó y nos cegó durante unos minutos, notábamos su calor en la piel y como iba cambiando de color el círculo de nuestra frente. Estuvimos horas cantando, riendo y contando historias frente al sol y, poco antes de llegar a su ocaso, justo en el momento en que la luz empezaba a perder intensidad, nuestro hijo se soltó de mi mamo y de la de su padre y pasó uno por uno ante nuestros rostros para mirarnos fijamente a los ojos y decir, en voz alta, como eran nuestros rasgos al sol y de qué color teníamos los ojos. Lloré de emoción al volver a ver sus preciosos ojos azules iluminados por un sol que llegaba ya a su ocaso. Luego disfrutamos con pena de la puesta de sol.

Los vecinos, que nos veían desde lejos, nos dieron la enhorabuena y todos fuimos a dormir felices de haber disfrutado de aquél maravilloso regalo. 

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16 respuestas a Deseo de sol (Amaya Puente de Muñozguren)

  1. manolivf dijo:

    Fabuloso Amaya!! Me encanta. Gracias por compartir este rayo de sol, una autentica riqueza que se nos brinda cada día ^_^

  2. amaya dijo:

    Muchas gracias por leerme y compartir tu opinión, un beso literario. Amaya

  3. Mar dijo:

    Me gusta mucho, Amaya, aunque me ha dejado un poso triste, así que, apago el ordenador y me voy a tomar el sol que queda del día. Un abrazo.

  4. amaiapdm dijo:

    Me encanta que hagas eso, Mar, disfruta del sol que queda mucha noche para el ordenador. Ya sabes, las pérdidas siempre dejan un poso de tristeza. ¡Ah! y muchas gracias por leerme y comentar. Un beso literario. Amaya

  5. Ana Pascual dijo:

    Me ha encantado. A mi me ha dibujado una sonrisa por el mensaje que transmite, el hecho de compartir los momentos de felicidad y, disfrutarlos con quién más se quiere. Un abrazo.

  6. Muchas gracias por tu comentario y por leerme, Ana, es un placer contar contigo. Un beso literario. Amaya

  7. Nelaache dijo:

    Me ha parecido un relato muy original y bonito. Sobre todo, da ganas de pensar en que hay cosas que tenemos a nuestro alcance y en las que ni siquiera reparamos. Te felicito. ¡Suerte!

  8. amaiapdm dijo:

    Mucha gracias por tu comentario Nela, si, realmente no valoramos las cosas que tenemos porque parece que nunca las vamos a perder, quizás si las valoráramos más seríamos más felices por tenerlas. Un beso y gracias por leerme. Amaya

  9. Ángela dijo:

    Pues me ocurre un poco como a los demás, que me ha alegrado y me ha apenado a partes iguales. Me apena porque aunque no creo que esto ocurra, al meno no de esta manera (tener que ir al banco a comprar el sol) deja en evidencia lo mal que lo pasan las familias que padecen la falta de algo fundamental y cuan afortunadas son aquellas que nunca han carecido de nada. Muy bien.

  10. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por leerme y por tu comentario, Ángela, mes un gran placer hacerte pasar un rato entretenido. Un saludo. Amaya

  11. Carolina Garcés dijo:

    Nos has demostrado cómo de una manera simple y original se puede contar una gran historia. ¡Felicidades!

  12. amaya dijo:

    Muchas gracias por leerme, Carolina, es un placer escribir para vosotros e intentar haceros pasar un rato agradable. Un saludo. Amaya

  13. eva dijo:

    Ufff!! Me quito el sombrero ante tu creatividad. Original, triste, conmovedora y esperanzada historia. Y comparto con Ángela el que es una historia para pensar, pero me quedo con el mensaje optimista del final. No está todo perdido en éste nuestro mundo, todavía hay lugar para la generosidad y el amor, pese a todas las desigualdades. Un abrazo, Amaya. Gracias por compartir tu rayo de Sol.

  14. Muchas gracias por leerme Eva, para mi es un placer pensar en que mis pequeños relatos os puedan regalar un rayito de sol y una sonrisa. Un saludo. Amaya

  15. Tritio dijo:

    ¡¡Maravilloso!!

    La historia, la idea, el concepto… es sencillamente perfecto. Las siempre presentes castas enfocadas desde una nueva perspectiva de condición vital. Una expresión adecuada (he de reconocer que este mes no he analizado con tanto detalle los relatos y no he hecho más que un par de lecturas de cada uno, por lo que revisiones ortográficas detalladas no he hecho, pero a simple vista no ha habido nada que me saltase la alarma), una narrativa veloz pero no apresurada.
    Si de mi dependiera, este relato pisa el podio este mes. Enhorabuena.

  16. amaiapdm dijo:

    Muchísimas gracias por tu comentario, para mi es un gran placer escribir y conseguir que el lector sienta algo especiál al hacerlo. Gracias por leerme y animarme a seguir luchando con las ideas y las palabras. Un saludo. Amaya

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