Encallados. Una historia Americana (Jaime Blanco)

-Deja que el viento arrastre las alas cercenadas de mariposas espeluznantes.

Con frases como aquellas era lógico que Naiara, como poco, diera algo de respeto cuando no miedo a sus compañeros de colegio. Era una chiquilla, apenas 17 años de vestidos negros, tez blanca y cruces invertidas.

En el colegio nunca fue la muchacha más deseada. Aunque en los rincones escondidos de las escaleras, algunos de los muchachos más populares habían querido probar aquella oscura manzana, aunque siempre lo negarían a plena luz y ante la gente, ella les llamaba para sí, vampiros táctiles. Nunca creyó en el amor, pero necesitaba el remiendo sexual de unos dedos nerviosos de algún avanzado estudiante, siempre le gusto la gente que trabajaba con las manos, un pianista, un escritor o un dibujante de labios salados.

Y mientras deambulaba por los pasillos de aquel rancio colegio de época franquista alguien se fijaba en sus pasos, aquellos pasos que para ella eran sobre espinas, para aquellos ojos que la miraban eran pétalos.

 Joan era un tipo normal, demasiado, pensaba para sí siempre. Quería destacar en algo, pero su personalidad era siempre la del otro lado del espejo, alguien que se mueve pero no por sus propios movimientos. A cada instante se tomaba el pulso, ya que ni el mismo se sentía nadie. Solo cuando rozaba apasionadamente las teclas de su ordenador para escribir, cuando sacaba los trastos de su cabeza, sentía su propio latido.  Y tras limpiar aquella marabunta de cachivaches de su cerebro,  siempre, aparecía el mar y el horizonte. Y aquella playa, en la que encallaba palabra tras palabra,  siempre aparecía mojada y desnuda Naiara, quedando la oscuridad de su vestido enterrado en la arena y dejando a la vista además de su blanca piel, la única oscuridad real de su cuerpo, aquella oscuridad en la que querría caer noche y día, Joan.

Quiso el destino pensaba Joan en el baile de final de curso, al que nunca pensó ir, le fuera a ella obligatorio por sus padres, que siempre decían que no entendían esa falta de sociabilidad. Y más suerte para nuestros protagonistas al tener el mismo gusto por la bebida.

 Joan alarga la mano para coger un vaso de sangría sin alcohol, bebida incomprensible que algún profesor había inventado, y sin darse cuenta roza la mano de Naira, pide disculpas, se ruboriza y quiere huir. Pero a veces la fortuna sonríe a los débiles, alguien empuja por la espalda a Naiara, haciéndole tropezar y tirar el vaso lleno de sangría sobre la cara de Joan. Esta vez la tez blanca de Naiara se enrojecen y por primera vez se fija en Joan. Lo conocía de oídas, sabía que era un bohemio, un poeta de versos mudos ya que nadie conocía qué, ni como escribía.

 Joan la mira, mientras la muchacha se echa las manos a la boca. Antes de que pida perdón el chico sonríe, ríe, primero débilmente y después a carcajadas mientras se seca con las manos su cara. Naiara no entiende nada, pero empieza también a reír. El baile sigue a su alrededor pero ya no escuchan la música.  Él mira sus ojos y aparece el mar, el mismo que cuando escribe, ella mira sus dedos y ve al escritor que buscaba para describir letra a letra un verso mojado y sucio de los que a ratos ha esbozado en la soledad de su habitación. Un segundo de silencio que Joan rompe:

-Nunca me había mojado tanto con una chica.- No quiere esperar ni un segundo más para salir camino a su horizonte

– Y a mí que me habían dicho que eras poeta.-Tierna desfachatez en las formas de Naiara que ya siente la tinta de sus dedos

Tras pasar los años, vemos a  Joan se alejarse de las playas, Naiara remedia su soledad con hombres que no tienen arte ninguno. Pero se recuerdan siempre. ¿Que los alejo? Se peguntarán.

Pues a él la edición de un libro que nadie leyó salvo la familia más cercana y a ella un pianista que tras calificarse como virtuoso, solo consiguió darle un “SOL” que no calentaba y “SI” compasivo.  “Si” has estado genial cariño.

Y pensarán ustedes que es un final triste este. Pues no les podría decir ¿han soñado alguna vez con encallar en una playa  o con perderse en los versos de una vida?

Si no lo han hecho, no sabrán nunca cual es la verdadera tristeza.

Descubre más del autor en http://porquenounblog.hostinazo.com
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4 respuestas a Encallados. Una historia Americana (Jaime Blanco)

  1. eva dijo:

    Me ha encantado el lirismo de la narración en general, hay frases que son poesía pura. El final es triste, como la vida, en ocasiones…y en ocasiones, también, he echado de menos signos de puntualización…pero ahí está Saramago, como ejemplo de que pá qué? Me ha gustado, Jaime. Gracias por compartirlo.

  2. Jaime Blanco dijo:

    Gracias de nuevo, es un relato a mi estilo. Muy cinematográfico y por supuesto con muchos problemas de puntualización. Tengo un relato en mi web titulado ” Busquen las 7 faltas, es un juego divertido” donde me autoflagelo por este acuciado problema. Así da gusto seguir escribiendo.

  3. Me encantó. No sabia si sonreír o caer en la nostalgia con tan hermosas palabras.

  4. Jaime Blanco dijo:

    Pues, siempre que se pueda elegir, sonreír. No nos queda más que los recuerdos y estos, siempre que sean buenos, aunque hayan terminado mal. Tienen que aportarnos alegría. Gracias por tus palabras

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