Excusa (Patricio Nuñez Fernández)

Vidal la siguió por varias cuadras, siempre manteniendo una distancia prudencial para evitar ser descubierto, un retraimiento inusitado lo invadió. Ella se detuvo en la sorbetería de via Castiglione, ingresó y a los pocos minutos salió con un helado para continuar con su marcha. A Vidal se le hacía tarde, quería saber quien era ella, pero no presentarse. -me estaré poniendo viejo- pensó, aunque sabía que era más que eso. El tiempo lo venció y retornó a la universidad. En el camino se encontró con su colega Ludovico Palvese, quien nuevamente lo invitó a cenar para poder conversar acerca de las planificaciones cuatrimestrales que solicitarían en cualquier momento. Lo despachó rápido, confirmaron la comida para el martes de la semana entrante.

 

Todos sus alumnos lo respetaban, pareciéndoles interesante su acento y su visión Latinoamérica de la realidad política europea. Su Buenos Aires le daba un aire de varón del novecientos, cosa que impactaba a las señoritas que concurrían fielmente a su cátedra y él religiosamente correspondía con todo tipo de galanterías que le aportaban un éxito mayúsculo en ese ámbito.  Al finalizar la clase Vidal fue al bar de siempre a tomar un café y debatir algunos puntos de la clase con unos estudiantes. Dentro del bar descubrió que la mujer que había perseguido estaba en la  barra intercambiando palabras con Filippo, uno de sus alumnos con menos luces. Este la saludó sonriendo para dejarla ir. Vidal se acercó a la puerta para interceptarla, pero el tumulto de personas que ingresaron lo impidió. Con disimulo, consultó a Filippo acerca de la señorita. Le informó que su nombre era Chiara y frecuentaba la biblioteca y el bar.

Vidal pasó la noche en vela. Una extraña atracción no le permitía conciliar el sueño, la imagen de Chiara se presentaba constantemente.

Los días siguientes Vidal caminaba metódicamente repitiendo los supuestos pasos de la mujer, la biblioteca, el bar, la sorbetería, las mismas cuadras que caminó el día que la vio por primera vez. Todo fue en vano.

El martes fue a lo de Palvese. Al tocar el timbre, le abrieron por el portero eléctrico. Un jardín interno se develó y en el una escultura romana ocupaba el centro del lugar. -Cada calle, cada edificio, todo detalle de Bolonia- pensó Vidal-, es digno de los mejores museos del mundo.

Detrás de la escultura una puerta abierta lo esperaba. Palvese ya tenía una copa en la mano para su invitado. Cuando se estrecharon las manos Vidal observó que Chiara estaba sentada en la mesa. Ella, al notarlo, se puso de pie y fue a saludarlo calidamente. Palvese los presento llamándola Alessandra.

Durante la comida, Vidal no podía hablar, se llenaba la boca de tortellini y bebía vino mirando fijamente a la mujer del anfitrión, que no detenía su discurso sin que le importen demasiado sus interlocutores.

Chiara se sentía incomoda, pero la atenta mirada de Vidal y la poca atención de Palvese la halagaban, tanto que se animó a interrumpir para preguntarle al invitado que era lo que más extrañaba de Buenos Aires.

-Escuchar a la gente silbar- le respondió-. En Buenos Aires necesitamos silbar.

Palvese realizo dos guturales sonidos que trataban de imitar silbidos y riendo fue a buscar otra botella de vino.

-Me comentaron que preguntó por mí.-dijo silenciosamente Chiara.

-Creo que me confunde.

-Me siguió a la sorbetería, estuvo todas las tardes en la biblioteca, nunca fue tantas veces al bar de la universidad como en esta semana ¿dice que me confundo?

Vidal estaba pálido, no lograba comprender lo que sucedía, sin embargo estaba algo excitado por el ímpetu de la mujer.

-Mañana lo espero a las cinco de la tarde en el lago del jardín Margherita.

Palvese retornó a la mesa con un chianti. Chiara se levantó argumentando que estaba extenuada y que los dejaba para que conversen de la universidad. Se despidió besando a Palvese tiernamente, mientras lo hacía miraba a Vidal. Este también se excusó argumentando que el vino le había producido un efecto soporífero.

Vidal volvió a departamento caminando por Santo Stefano tratando de comprender que significado tenía esa noche. Si Chiara o Alessandra lo había seguido a él, cuál era la relación que ella tenía con Palvese.

A las cinco del otro día ambos estaban en el jardín. Ella tenía un sobretodo rojo que resaltaba su cabello. Vidal no podía estar más ansioso. Alessandra le tapó los labios cuando él iba a comenzar a hablar y lo besó pidiéndole que la llame Chiara. Caído en la tentación la llamó Amor Mío.

Caminaron juntos hasta el departamento de Vidal donde hicieron impacientemente el amor sin preguntarse nada.

Quedaron en encontrarse la semana siguiente nuevamente en el jardín. Vidal se sintió vivo por primera vez en años. Se había abocado a su profesión sin dejar que las mujeres entren y eclipsen sus estudios, eran meros estímulos físicos para mantener la libido ocupada. Pasó toda la semana radiante, sonriendo, festejando el amor. Sus estudiantes no comprendían el porque su entusiasmo y brindaban constantemente con él en el bar rondas que, despreocupadamente, Vidal invitaba.

Chiara estaba con su sobretodo rojo esperándolo. Vidal la vio de espalda, se supo por primera vez dichoso. Se fundieron en un abrazo que no pudieron controlar. Ella le aseguró que podían ir a su casa, ambos sabían que Palvese no regresaría hasta bien entrada la noche. Ya en la cama de Palvese, Chiara le dijo al oído,

-Necesitaba esto como nadie, sos la excusa perfecta para que una mujer pueda ser feliz.- Vidal la abrazo besándola, quiso hacerlo nuevamente, pero ella dijo que necesitaba un té primero,

-Entonces uno cargado y con limón para mí.- le pidió él.

Después de beber el té Vidal se quedo profundamente dormido. En su sueño copulaba con Chiara una y otra vez, salvo que esta vez Palvese los observaba y aplaudía feliz, rápidamente el sueño se trasladaba al aula Mater de la universidad. Palvese junto a los estudiantes que ovacionaban de pie la performance sexual de Vidal. Tal era el ruido que lograron despertarlo.

A su lado estaba Palvese sollozando, estaba desencajado. La habitación estaba dada vuelta. Lo único que se encontraba tal cual era la silla donde descansaba la ropa de Vidal.

-La porca se fue. Me abandonó, nos dejó a los dos.

-Yo no se muy bien…

-No digas nada,- interrumpió-, sos una basura, pero estas enamorado, contra eso no se puede luchar. Me llamó por teléfono y me lo confesó todo, tus cartas, tus llamados a mitad de la noche, lo interesado que estabas en ella. Ahora se fue, no va a volver. Ni vos ni yo. Se fue para no lastimarme. Los hombres hacemos cada cosa, me pidió que te lo diga a vos, que te ama, pero no me puede hacer esto. Te pido el favor que te retires. Estoy al límite de mi educación.

Palvese aguardó fuera de la habitación a que Vidal se cambié y dejo la puerta abierta de la casa.

La historia no cerraba para Vidal, él nunca había llamado o escrito a Chiara. Se conocían hacía muy poco y casi no habían hablado. Toda la pasión y el amor que le profesó fue explosivo y solo cuando estaban cerca.

Ensimismado siguió caminando, puso sus manos en los bolsillos de su abrigo y encontró una pequeña nota.

 

Perdón por hacerte esto, no es nada personal, simplemente Filippo no quería ser el culpable de mi separación con Ludovico, por lo menos no en público. Amo demasiado a Filippo como para no cumplirle este capricho. Además Ludovico se va a sentir mejor si lo traiciona un extranjero y no un italiano.

Eternamente agradecida.

                                               C. o A.

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6 respuestas a Excusa (Patricio Nuñez Fernández)

  1. manolivf dijo:

    Que manipuladoras pueden llegar a ser algunas mujeres…!Aunque un profesor algo pagado de sí mismo también puede llegar a ser una buena excusa…Me ha gustado Patricio.Un buen relato ^_^

  2. Patricio Nuñez Fernández dijo:

    Gracias Manoli. Que bueno que sea de tu agrado.
    Saludos.

  3. Es muy bueno ser consciente de la naturaleza de la mujer. Felicitaciones por entenderlo y podes plasmarlo en una historia que esperemos que sea ficción pura (o que al menos no te haya sucedido algo similar).

  4. manolivf dijo:

    Felicidades! Tu relato se lo merece Patricio, me alegro de ese primer puesto. 🙂

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