Soliloquios en los idus de marzo. (Santo Alcibíades)

JULIO CÉSAR: Comienzan los Idus de Marzo y extraños auspicios me rodean. Mi esposa Calpurnia ha soñado con mi pináculo destrozado y luego me ha rogado llorando que no concurra hoy al Senado. Los adivinos me anunciaron que no eran faustas las señales. Artimodoro, amigo de Bruto y Casio, me trajo un memorándum pero lo dejé en la guardia, me habla de conversaciones ocultas que yo no quiero escuchar. Mi segundo, Tito Labieno, me exige que retome mi guardia permanente pero he decidido que no, el pueblo de Roma y su Ejército son mis respaldos y si el Senado me traiciona, a ellos traiciona. Resolví ordenar a Marco Antonio que disuelva el Senado pero enseguida me desdije ¿cómo podría estar sujeto el criterio de César a los adivinos o a los sueños de Calpurnia? ¿acaso en Las Galias no había yo dispuesto convenientemente las vísceras de las aves sacrificadas para que los adivinos auguraran los faustos y pudiera yo emprender, con la confianza de mis soldados, la batalla que necesitaba?

BRUTO: Casio ha socavado los ímpetus agradecidos de mi cuerpo a mi protector, el Divino César, y me ha dispuesto al sacrificio y aún al mas grande de los crímenes para impedir que los reyes regresen a Roma. No recuerdo ya a mi madre, Servilia, ni a su amante, el gran hombre que perdonó mi vida y devolvió mis honores luego de habernos derrotado en Farsalia. Me debo al Senado y a la República.

CÉSAR: Me encamino al Senado y pienso en las advertencias de Artimodoro y otros sobre mi ahijado Bruto y sobre Casio pero yo no desconfío del joven robusto y de alborotada cabellera sino del delgado y pálido Casio.

BRUTO: Casio me ha dicho -” la culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas sino nuestra”-

CÉSAR: Es extraño mi destino, desciende mi familia de los antiguos reyes de Roma y relatan las historias que la diosa Venus fue nuestra antepasada, pero esta familia de dioses terminará conmigo, la muerte prematura de mi hija Julia mientras yo estaba en batalla nos ha dejado sin futuro. Ayer, en el Foro, cuando yo dialogaba con el pueblo de Roma, Marco Antonio me colocó dos veces la corona de Rey y yo las dos veces la rechacé. Mi gesto mostró al pueblo que mi título es Dictador, nominado por el Senado ante la exigencia del pueblo, y sólo eso seré mientras los romanos me necesiten

BRUTO: Porcia ha escuchado las conversaciones con Casio y ha sido presa de la desesperación ¿que será de mi esposa si rindo mi vida a la República?

CÉSAR: Era yo aún un joven díscolo y pretencioso cuando descubrí que el valor de Roma no estaba en el Senado sino en su vigoroso pueblo. Los venerables ciudadanos se han ido convirtiendo en una clase patricia corrupta que se aisla del pueblo y se sirve de él y sus esfuerzos para enriquecerse y detentar el poder. Hoy el Senado es mi enemigo y el pueblo romano mi amigo; yo, el Dictador, dudo en convertirme en Rey y si tal conviene a la grandeza de Roma.

CÉSAR: Mientras camino hacia el Senado Artimodoro ha interrumpido mi dictado en plena calle diciéndome que habían comenzado los Idus de Marzo pero yo le contesté que aún no habían terminado.

CÉSAR: me llegan noticias que Albino, Décimo Bruto, ha estado desacreditando a los augures que hablan del peligro que acecha mi vida y ese alegato vuelve a encender sospechas y mina mi confianza. Pienso en Casio, pálido, calvo como yo y todos los hombres de decisión, delgado y de oscuros ojos sesgados, pero a su lado siempre está Bruto, el hijo de mi amada Servilia, y a quien yo perdoné del castigo del servil Senado que buscaba halagarme luego de la derrota que infligí en Farsalia a su general, mi ex yerno Cneo Pompeyo.

MARCO ANTONIO: Bruto ha tomado del brazo a César y le ha impulsado a entrar al Senado rodeado por una pequeña turba de jóvenes exaltados. Bruto Albino me retiene afuera casi tomándome de mi pechera de guerra tan bien honrada en Las Galias, me deshago en forma violenta del tribuno y entro al Senado. César yace en el suelo bajo su toga teñida con ríos de sangre y pienso que ahora sólo podré seguir los designios y humores del pueblo si decido conservar mi vida para la grandeza de Roma y la mía propia.

MARCO ANTONIO: Mi discurso ante el cadáver de César en el foro ha encendido al pueblo y ahora debo hacer justicia contra Bruto, Casio, Casca y demás complotados y encontrarlos donde hayan huído.

MARCO ANTONIO: Se ha hecho justicia a César y a Roma, sus asesinos yacen muertos ya por acción de las fuerzas de Octavio, Lépido y mías o por propia mano.

AURELIA, (llamada así en honor a la madre de César) esclava de Porcia: ella, Porcia, destrozada por la muerte de su esposo, Bruto, me ordenó acercarle el brasero y delante mío tragó los carbones encendidos muriendo entre lágrimas y sin emitir un grito

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Una respuesta a Soliloquios en los idus de marzo. (Santo Alcibíades)

  1. eva dijo:

    Me he quedado con la boca abierta, me ha encantado como tratas una circunstancia histórica desde la situación de cada personaje; la humanidad que encierra todo suceso y lo que implica. Me ha resultado ameno hasta el final, y eso, que para mí, es un tipo de relato que encierra gran complejidad, en el tema y la exposición. Lo has resuelto estupendamente, cautiva y emociona…
    Gracias por compartirlo Santo A.

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