El niño de la luna (Carlota de las Mercedes Gauna)

El desamor…No es acaso la parte oscura del amor…?  

 

A pocos pasos de la entrada del lujoso edificio Nataniel se detuvo expectante, intentando visualizar la escena interior a través de los empañados cristales. No pudo empinarse mas allá de lo que sus cortas piernas se lo permitían y optó por trepar hundiendo las puntas de sus deshilachadas zapatillas en las hendiduras formadas entre las piedras que configuraban la fachada de la pared. Apenas pudo, apoyó su carita contra la superficie helada, sintiendo el escozor de las gotas de lluvia punzando su cuerpo cual finos estiletes de hielo.

Se mantuvo asido de las rejas con sus manecitas ateridas al tiempo que su aliento dibujaba círculos sobre los vidrios teñidos por el destello de las luces esplendentes del recinto.

Intentaba verla, aunque sea por unos mezquinos minutos, danzando feliz entre las parejas que dibujaban los pasos del vals al compás de los violines de la orquesta dispuesta sobre un escenario espejado, detrás de un semicírculo de rejas cromadas entre las cuales se deslizaba una espesa enredadera.

Al rato de permanecer así, casi estático, Nataniel dejó de percibir las cuchilladas del frío, doblegado por la potencia de su obstinado objetivo: no se iría de allí hasta encontrarla.¿Tanto la necesitaba? ¿Por qué si ella lo había despreciado, lo había abandonado para correr en pos de sus desvaríos,  para trocar en realidad los sueños que la atormentaron desde que un mal día se miró al espejo y se encontró con una figura bella y un rostro cercano a la perfección?

De nada valieron sus suaves caricias y sus vacilantes deditos encajados en los bucles dorados que perfilaban aquel rostro hermoso. Aquellos ojazos  grises como el humo evadieron la ternura del hijo que le reclamaba un poco de amor y de atención. A partir de aquel momento, Emiliana comenzó a retirarse de su vida, a dejarlo un poco más solo, cada día. El niño lo percibió antes que su padre.

 

Hay sensaciones que los hijos advierten con antelación a los propios y dolorosos  acontecimientos que se avecinan. Y ello se intensifica cuando la protagonista de los mismos es la mujer que mas se ama sobre la tierra. Ella no acudió más a su dormitorio para leerle cuentos o relatarle episodios donde las hadas empleaban su magia para tocar el corazón de los mortales y correr el velo oscuro que a veces suele envolver las almas para  privarlos del placer de lo auténtico y concreto, de todo lo que convierte el llanto en risa, de lo que nos da fuerzas para arremeter contra la corriente y ganar el trofeo de la felicidad.

Pronto Nataniel aprendió que aquellas hadas habían volado lejos y que sólo la soledad se acercaba a abrazarlo con su gelidez , demostrándole cuan dura puede llegar a ser la existencia sin el sol de una risa amada, bebiendo a diario la esencia ácida del abandono más brutal que una criatura puede soportar.

 

En el asilo , donde al final de su triste peregrinaje fue a anclar, Nataniel aprendió a valorar la tibieza de una cama humilde y el calor de unos leños ardiendo dentro del hogar de una húmeda y austera construcción. Allí se respiraba solidaridad y el valor de compartirlo todo fue la premisa que dirigió sus pasos aunque ya en su mente la idea se había instalado cual una brasa viva que le quemaba las entrañas. Creció y durante dos años, la bondadosa pareja de ancianos que dirigía el establecimiento le bastó para calmar en parte, el hondo dolor que solía acudir a él cada vez que se introducía en su cama e intentaba conciliar el sueño. Era entonces cuando más la añoraba, cuando más escuchaba su risa cantarina, cuando más evocaba a la bella mujer que, envuelta en su ancha falda de muselina, danzaba y danzaba sobre la terraza de la casona, intentando alcanzar la Luna para obsequiársela envuelta en papel de celofán azul.

Y fue así como Nataniel llegó a amar a ese redondo espejo de la noche que a veces resaltaba caprichoso en la negra concavidad, adoptando formas extrañas y ajenas a su típica redondez.

A esas figuras amorfas, Nataniel le tenía un inexplicable temor. Sólo amaba la imagen circular destacándose como lámpara votiva entre el ululante follaje de los pinos que circundaban el hogar de sus primeros años de vida. Sobre esa luna mágica solía encontrar a su madre, bailando junto a las hadas de los cuentos perdidos, cada vez que las lágrimas lo sometían a un estado de inercia que paralizaba sus movimientos hasta el dolor. Mirándola, todo lo extraño se le antojaba familiar y lo distinto se transformaba en corriente para facilitarle a su desbordada fantasía la posibilidad de resurgir a la confianza de la cosas comunes que conforman los días de los hombres.

La carencia de afectos personales lo tornó en un niño triste y alejado del resto de la comunidad que con tanta solicitud trataba de cubrir esas facetas, haciéndolo partícipe de los actos sencillos y de las palabras fáciles, desprovistas de los rasgos fantasiosos con los que él trataba de disfrazar su avidez de sucesos emparentados con lo ilusorio. Mas todo intento al respecto resultaba infructuoso y la melancolía creciente del niño parecía ser una premisa que sellaría para siempre su personalidad donde sólo lo sobrenatural parecía encontrar cabida.

Hacia los diez años Nataniel comenzó a escuchar el susurro del viento y, tomándolo en sus inicios como algo inconsistente, pronto aprendió a descifrar las voces de la noche y a divisar los seres alados cabalgando sobre las ondas plateadas de la luna. Lo más sorprendente fue que pronto aprendió a volar con ellos y a mantener largas conversaciones mientras los campos se cubrían de blancas flores y la soledad se tornaba menos angustiosa, sintiendo que su corazoncito inocente latía al unísono de aquellos vuelos rasantes sobre el campanario de la única iglesia del pueblo.

Hasta que un mal día Nataniel se animó a preguntar por su madre. Y fue tan malo ese día que los vuelos cesaron, los duendes se fueron y la grieta de su corazón se abrió más profunda y más dolorosa que antes. Desde entonces tuvo que conformarse con mirar la luna desde la pequeña ventana de su cuarto, limpiando los vidrios manchados con sus lágrimas, hasta que el sueño llegaba para aliviar momentáneamente su pena. ¿Por qué una simple pregunta bastó para arrancar de su lado a los buenos compañeros que su amiga, la luna, le había concedido, manejada tal vez por el mismo grado de cariño que él le brindaba?

De cualquier manera sintió que la vida volvía a hurtarle todo lo más parecido a la felicidad. Y se volvió más hosco y retraído, anhelando sólo el retorno de la noche para poder conversar con ella sin recibir , a cambio, respuesta alguna. Con mucho sigilo, en la reserva de su habitación, Nataniel comenzó a planificar su huida con el único propósito de encontrar a su madre.

 

 

Lo había visto morir lentamente, un poco más cada día, alejado también él del niño que ocho años atrás había sido recibido en sus vidas con incalculable regocijo. Nataniel lo esperaba hacia el anochecer con las pantuflas listas y la copa de brandy llena, junto al hogar encendido, en la amplia sala de estar, sentado sobre la alfombra y la mirada fija entre las sombras nacientes perfiladas contra la dura línea del horizonte. Su padre cabalgaba derecho hasta las caballerizas donde uno de los mozos de la cuadra recibía al animal sudoroso y lo trasladaba hacia el alimento y el abrigo del box. Luego el hombre se acercaba a la casa fingiendo un estado determinado para estar acorde con la espera del niño que lo  observaba desde la enorme ventana que daba al parque de abetos. Caminaba lento, golpeando con la fusta la caña de las botas de montar, anhelando no llegar nunca pues los azules ojos suplicantes le herían el alma, igual que aquellos ojos que tanto amara y se atrevieron a cruzar los confines de la comarca para irse de su lado para siempre. El no apreciaba la luna como Nataniel lo hacía. Todo lo contrario. La odiaba porque una vez se la regaló a ella como presente único de su profundo amor y ella se le rió en la cara, tratándolo de cursi e infantil, pues según pensaba, la Luna era un objeto inerte en el cielo nocturno , imposible de viajar hacia sus manos y menos de ser ofrenda de amor encerrada en el corazón de un amante. Desde esa vez, Horacio Singler odió la blanca piedra iluminada por ese Sol que ella hubiese preferido recibir, ese astro que sería una constante estela para su belleza, tan refulgente como su larga cabellera rubia y tan ostentoso como su particular modo de vivir.

Desde ese día, Horace comenzó a transitar la lenta muerte de los que se van despacio, sin ruidos ni alertas, sin pausa pero sin prisa, invariable en su anhelo de ya no ser, hastiado de sufrir y de mendigar un amor que jamás llegaría.

Nataniel, a pesar de su corta edad, lo supo comprender y respetar su deseo fue su mayor consigna , su otro gran dolor nacido de la desesperanza.

 Sólo pudp esperarlo cada noche, cada vez hasta más tarde, convencido de que pronto tendría que despedirse de él y sumergirlo , como a su madre, en el baúl de sus recuerdos.

 

 -Es una enfermedad muy extraña- dijeron los médicos cuando Horace cayó en cama para no levantarse ya -Hemos realizado todos los estudios pertinentes y no hemos encontrado factor alguno que justifique la increíble disminución de sus glóbulos rojos. -Trataremos de mantener alto el nivel , lo más alto posible, pero no garantizamos ninguna mejoría a corto plazo. Al contrario, según como están las cosas, notamos una tendencia decreciente en su  deteriorada salud-

Nataniel permaneció largas noches junto al lecho del enfermo cuyo rostro macilento se tornaba cada vez más cadavérico, atemorizando al niño de tal forma que lo obligaba a temblar cual una hoja al viento al presenciar los estertores que sacudían aquel cuerpo consumido por una enfermedad desconocida para los médicos.

Sólo Nataniel presintió la verdadera causa de aquella agonía…Y sabía que su amiga,la luna, era la que lo inducía a ese sueño profundo, casi catatónico, desde donde la veía a ella descender sobre el cuerpo de su padre bajo la forma de una enorme mariposa negra, pegarse a su cuello y con su fino aguijón sorber golosamente el líquido caliente y dulzón que manaba de aquella arteria pulsadora en el cuello del hombre indefenso.

Desde aquella revelación, el amor se le transformó en algo muy parecido al odio. Ella no se contentaba con haberlo abandonado cuando más la necesitaba. Ahora venía a llevarse a la única persona que tenía una clara y afectuosa condescendencia hacia él para terminar con la caótica misión de dejarlo completamente solo en este mundo.

 

Cuando los últimos terrones de tierra cubrieron el féretro, Nataniel no encontró ninguna mano amiga de la cual asirse para no sentir ese agudo sufrimiento partiendo en dos su corazón. Allí , frente a él, estaban sus familiares fingiendo un dolor que ninguno profesaba. Los adivinaba eufóricos, prestos a saltar sobre los bienes que por derecho le pertenecían sólo a él . Ahí, frente a los restos que descendían hacia el vientre de la tierra, el pequeño supo que él también debía alejarse del lugar, que ya nada había allí que lo detuviese, que había llegado el momento de partir. Ya los buitres estaban abriendo sus alas y sus picos babosos se mecían sobre su cabeza. Debía ganarles de mano si pretendía continuar vivo. Y él tenía, por delante, una poderosa razón para no morir.

 

 

Lo encontraron casi muerto a la vera del camino, cubierto de nieve, prácticamente inconsciente, con la luz de la luna llena dándole de lleno. Gracias a eso lo localizaron y luego lo llevaron al asilo, sin encontrar entre sus ropas documento alguno que atestiguase su identidad. Sin motivo aparente, sin razón ni lógica, todos comenzaron a llamarlo”El niño de la Luna”, y por ese apodo lo reconocieron y trataron hasta que pudo pronunciar su nombre, Nataniel, sin agregarle ningún apellido que reafirmara su familia original. Así, el niño de la luna pasó a ser. Simplemente Nataniel y fue, por dos años, un miembro más de la humilde pero fraternal comunidad del asilo.

 

 

Aferrando  las rejas con mayor intensidad, Nataniel advirtió que había cesado la lluvia y que, por entre las fajas de nubarrones barridos por el viento, se asomaba una luna redonda, tímida al principio, enérgica y decidida después. Entonces Nataniel ya no tuvo dudas:había llegado el momento  buscado por  tanto tiempo.

Entre la maraña de rostros, piernas, brazos y telas de diversos colores, pudo divisar el inolvidable perfil de su madre, tan bello y reluciente como siempre lo estuvo.

Danzaba en los brazos de un hombre alto y corpulento que le sonreía como embobado frente a una estrella caída del cielo. Su aspecto saludable revelaba que aún la mariposa negra no se había posado sobre él, aunque revoloteaba en su entorno con una insistencia admirable. Por un momento se preguntó si no había llegado demasiado tarde pero eso él no lo sabría nunca. Ni tampoco tenía que preocuparse por aquellos que habían caído hechizados por tanta belleza  desprovista de alma y sentimientos nobles. Sólo a él le era concedido el derecho de ver el aura oscura y escuchar la risa repelente que emanaba de aquel cuerpo perfecto pero lleno de podredumbre. Tenía que obrar rápido. Todo lo malo debía derretirse en el fuego de un infierno semejante al suyo pues ya no le quedaban opciones que lo salvaran de su destino fatídico. Decidido a entrar dio un impulso a su cuerpo para llegar a sostenerse de la pared que circundaba la terraza a la que daba el salón de fiestas. Con una maniobra digna del mejor equilibrista dio una voltereta en el aire y pronto se encontró de pie frente a las puertas de vidrio que abrió con un empujón certero.

Al tomar conocimiento del niño mugriento, de raídas ropas que estaba frente a ellos mirándolos con ojos más fríos que el hielo, los bailarines e invitados más cercanos al recién llegado se fueron apartando con gestos de rechazo hasta formar un pasadizo que desembocaba justo en la única pareja que tardó en darse cuenta de lo que ocurría. Cuando Emiliana volvió el rostro su risa se petrificó y buscó, temblorosa, el apoyo del cuerpo de su acompañante para alejarse y protegerse del niño que avanzaba hacia ella con paso resuelto y mirada desafiante. El azul más azul de los tiempos mezclándose con el gris humo de sus ojos de gata.

Entonces, con un salto felino, la mujer trepó hacia el escenario donde los músicos miraban la escena pasmados por la sorpresa. ¿Qué estaba sucediendo con la condesa? Jamás la notaron tan aterrada y dispuesta a dar lucha a un niño tan pequeño y andrajoso como el que tenía adelante y que la estaba mirando con una dulce sonrisa en sus pálidos labios.

 

-Qué estás haciendo, mamá?- le dijo casi en un susurro – No me conoces acaso?¿Tan diferente estoy de aquel Nataniel que abandonaste sin el menor remordimiento?- La mujer emitió un agudo grito que pareció traspasar todos los rincones del recinto.

-¡Vete! ¿Qué haces aquí?Tú no puedes estar aquí, tú estás…estás…

-¿Muerto? ¿Eso ibas a decir?…No, mamá, ¿no ves que no lo estoy?-

-¿Que pasa aquí, Brunella?- vociferó de pronto el hombre que oficiaba de acompañante de la mujer.-¿Quién es este mocoso?¿Qué hace él en tu casa?-

-Vamos, mamá, díselo, no lo pongas más impaciente…¡Es hora de que la verdad vea la luz!- Se volvió muy lentamente hasta el hombre.

– Su nombre no es ése. ¡Dí cual es tu nombre, mamá!

-¡Basta!Todo esto es un complot en mi contra. ¡Tú no eres tú y te exijo que te vayas de inmediato de mi casa!

-Vamos, mami, ¡mami queridaaaaaa! ¡Basta ya, por favor! Tu juego llegó a su fin…¡Lo sabes! ¿Lo sabes?

-Nataniel.,vete por favor, vete por donde viniste y no regreses nunca más- suplicó casi entre sollozos la mujer.

_Lo haré si me prometes algo-

-Qué deseas ahora?-

-Que me acompañes al jardín mientras me cuentas ¡UNA BELLA HISTORIA DE DUENDES, HADAS Y PRÍNCIPES FELICES!-

Emiliana vaciló. ¿Tan fácil le resultaría desprenderse otra vez de ese niño? Y…¿por qué no? Cuanto antes lo hiciera, más rápido sería libre otra vez.

Se acercó y el niño tomó su mano derecha.-Vamos , mamá-

Caminaron por el pasadizo humano que , sin dejar su asombro de lado, les marcó el camino inverso al que momentos antes había realizado el niño.

Una vez afuera, el frío de la noche los estremeció. Racimos de estrellas colgaban desde la amplia bóveda aterciopelada. Vahídos de bruma se acumulaban tras los altos árboles circundantes.-¡Es muy linda tu casa, mamá!-

Ella lo miró y de repente lo oprimió contra su pecho estallando en amargo llanto–¡Perdóname, Nataniel!

-Cuéntame el cuento de los duendes que cabalgaban en el viento…-

-¿Ése? ¿Por qué precisamente ése?-

-Es el que más me gustaba. Es la historia que me ayudó a no morir-

-Sentémonos aquí, en este banco, hijo mío-

La narración comenzó y lágrimas pequeñitas asomaron a los ojos del niño. Recordar le hacía mucho daño. Saber lo que vendría, también.

La mujer continuaba el relato, tan absorta en sus palabras que no se percató de las manos de su hijo haciéndose rosquillas entre sus rulos dorados.

-¿Por qué el pájaro nocturno cayó desde lo alto de la nube, mamá?

-Porque tenía que morir…¡No! ¡No, por favor,!¡Nooo!- Había caído en su propia red. Las palabras del hechizo habían sido pronunciadas. Sólo la apertura de la luna podría salvarla pero el niño estaba comandando al astro con su mirada azul.

-No, hijo, no…¡¡¡Perdóname!!!-

-Ya es tarde, mamá. Debes pagar por todo el mal que has hecho. Debes pagar por tantas muertes, principalmente la de papá-

-Yo no tuve la culpa, Nataniel! ¡Fue culpa de la luna, de tu amiga luna!

-A pesar de todo, te he querido mucho mamá. ¡Te he necesitado hasta más allá del horror!-Con un movimiento brusco el puño golpeó cual una maza la cabeza de la mujer. Emiliana cayó hacia atrás y mientras lo hacía la mano del niño penetró en su pecho hasta arrancarle el corazón. Éste era tan solo un pedazo de piedra tallada sobre la cual habían aparecido algunas pequeñas flores rojas. Arrepentimiento tardío… Nataniel lo ubicó sobre el pasto Y esperó escuchando los gritos de los habitantes de la casa cuyas puertas se habían cerrado herméticamente impidiéndoles escapar.

 

Cuando el enorme pájaro aleteó sobre la casa, Nataniel alzó sus manos y el animal aterrizó a sus pies.

-Toma,¡¡¡cómelo!!!- ordenó. El ave devoró el corazón de piedra y luego, retomando vuelo, se alejó sin rumbo fijo. Sobre el pasto mojado yacía una masa informe de carne y huesos.

-Por fin estás en paz, mamá querida.!!!Ojalá te encuentres con papá y puedan llegar a ser felices, de verdad! ¡Los quiero a los dos!¡ Los perdono a los dos!-

La luna apareció  entre las nubes e iluminó el parque con una claridad nunca vista. El niño se puso de pie y dio un giro entero con su cuerpo alargado hacia el cielo. Una bandada de pájaros blancos emergió de aquella luz rodeando a Nataniel. Por fin había encontrado su razón de nacer en esta tierra. Y para cumplir su misión salvadora se vistió con el tul blanco que la luna le había regalado, sintiendo que, por fin, era amado de verdad.

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22 respuestas a El niño de la luna (Carlota de las Mercedes Gauna)

  1. se ha dejado un breve comentario al inicio de la página.

  2. Olga del valle Gauna dijo:

    Un relato tan conmovedor!!!Tanta tristezas y desaires!!pasó
    esa criatura!!!hasta que la luna….se compadeció de él!!….y en un vuelo raudo y ágil!!!!su madre…..dejó este mundo!…que fue tan cruel…para ese inocente!!..que por fin…se quedó..solo…mirando la luna…que le brindaba su luz y su paz!!!!!!Y..sintió que un haz de luz lo rodeaba!!..sabiendo..QUE POR FIN!!..sería amado!!!!!!

    • Carlota Gauna dijo:

      Olga querida…¡Cuando describes tu asombro, cuando me cuentas tus sensaciones y me presentas los impactos , tu al ma parece llenarse de magia…¡Eres extraordinaria para comprenderme y acertar con tus palabras…resumes en tus comentarios un río de agua mansa que fluye y se desliza por todo lo que toca…¡Gracias, mil gracias, Dios te bendiga!

  3. Ángela dijo:

    ¡Guau!menuda historia! La mujer hermosa que quiso ser bailarina y abandonó a su hijo y a su esposo para conseguir sus sueños. El niño triste que mira a la luna y recuerda la belleza de su madre y los cuentos que esta le contaba y la va odiando por su abandono; y luego el padre, que se muere poco a poco de una extraña enfermedad que el niño relaciona con el abandono de la madre; después nos cuentas que el niño comienza a verla como un ser vampírico, que extrae la sangre del padre para hacerle aún más daño. Bueno, este relato me aporta unas imágenes muy muy bellas: la luna, su resplandor, la bailarina danzando en la oscuridad, la tristeza del padre, su desamor y luego esa mezcla de odio y veneración que el niño siente por su madre. No entiendo mucho, no obstante, como has resuelto el final. ¿es un niño pequeño el que le da con la maza y le introduce la mano en el pecho para arrancarle el corazón? esto me parece un poco brutal y me ha chocado algo. Pero aclaro que la historia es muy bonita, y tiene unas imágenes preciosas, también está bastante bien escrita. Para mi gusto le falta un pelín para ser redonda, pero no sabría decirte en qué consiste ese “pelín”. Tal vez me parece poco creíble la imagen del niño sobre el escenario y ella, la madre, saltando por el escenario y huyendo aterrorizada, lo planteas como si fuese el niño pequeño de “cementerio de animales”, realmente esa es la imagen que me ha venido a la cabeza. Y creo que me hubiese creído más a una madre que se sorprende, que le tiemblan las piernas y cae arrodillada, sintiendo una mezcla de terror y arrepentimiento, pero abriendo los brazos a ese pequeño al que contaba cuentos.

    En fin, perdona la extensión del comentario, que seguro que no te aporta nada, pero me niego a comentar con un ” esta bien” o un “me gusta” que para eso ya tenemos el Face. Un abrazo y felicidades, porque escribes bien.

    • Carlota Gauna dijo:

      Angela querida…Te agradezco profundamente tu comentario…Mi historia tiene mucho de irrealidad, de confusión, de miedo y de situaciones propias de lo oscuro…Una madre oscura dio a luz a un hijo oscuro, que siendo salvado por lo que más lo amaba, la Luna, tuvo el coraje de salvar el alma de su madre en una metafórica representación del amor desolado pero generoso al fin…La luz de la noche pudo más que las sombras en la que los seres de esta historia debieron vivir…Todo lo demás lo dejo a entera disposición de la imaginación de cada lector….¡¡¡UN ABRAZO GIGANTE!!!

      • Carlota Gauna dijo:

        Y ten siempre presente que el comentario de cada lector es totalmente bienvenido y totalmente oportuno en esta aventura del escribir…¡Y me encantó que fueses tan explícita! Eso me da más fuerzas para proseguir, querida Angela…¡Gracias por detenerte y analizar mi relato! ¡Ojalá hubiese muchos que actuaran como vos!

  4. manolivf dijo:

    Una historia desgarradora, en algún momento me has recordado a Oscar wilde, y me han venido a la mente figuras espectrales y ángeles de piedra. Es un relato de gran belleza, pero al igual que Ángela me confunde como se va desarrollando la acción y el final me parece un tanto acelerado, también me parece que le falta algo para enlazar lo que se cuenta …aunque al fin, me parece un relato bastante alegórico que puede ganar mucho con algún retoque. Un saludo.

    • Carlota Gauna dijo:

      Si, así es…Creo también que algo le falta…Sólo te puedo decir que los hilos que unen a los personajes son la noche, la Luna, el desamor, el abandono y los desencuentros…que se entrelazan en acciones metafóricas y en un libre final que veo felizmente conseguido…Os lo dejo a vosotros y os agradezco infinitamente por vuestro meritorio aporte…¡Son maravillosos los lectores que se involucran con cada autor y su obra!

  5. No voy a ser tan extenso con mi comentario, solo expresar que he leído una hermosa historia, triste por cierto, pero magnífica. Me has hecho recordar a grandes autores de gran nivel, Es un placer y un honor leer un relato de esta magnitud. Lo más importante de todo, es que lo tenemos en nuestra localidad. Saludos.

    Tienes mi voto.

    • Carlota Gauna dijo:

      Gracias por haberme permitido llegar a tu corazón y divagar por tu mente hasta encontrarme con tu yo interior…Es lo que más anhelamos los que escribimos, lo que nos depara esta hermosa tarea de darnos el alma sin dejar ningún intrincado laberinto por recorrer…¡Gracias, Fabricio!

  6. Muy bonito. Narra con estilo propio… Felicitaciones!

    • Carlota Gauna dijo:

      ¡¡¡Gracias!!! Eso que forma el estilo es nada más que nuestra verdad y nuestra esencia puestas a vuestra disposición…¡Un abrazo enorme y totalmente íntegro!

  7. Carlota Gauna dijo:

    Si, así es…Creo también que algo le falta…Sólo te puedo decir que los hilos que unen a los personajes son la noche, la Luna, el desamor, el abandono y los desencuentros…que se entrelazan en acciones metafóricas y en un libre final que veo felizmente conseguido…Os lo dejo a vosotros y os agradezco infinitamente por vuestro meritorio aporte…¡Son maravillosos los lectores que se involucran con cada autor y su obra!

  8. Una historia que nos hace identificar a cualquier persona que lo lea. Es muy dolora en toda su extensión. Pero es muy real, como la vida misma. Se podría definir de tantas maneras por su contenido que a decir verdad, no hace falta. La narración habla por si sola. Muchas sombras y luces se desarrollan en la acción y espero que esa magnífica capacidad creativa te aporte toda esa suerte que te mereces. Un placer leerte, felicitaciones y que cada día nos dejes relatos, poemas, prosa poética o lo que sea. Que siempre vale la alegría tener unos instantes para apreciar tus letras, Carlota. Un fuerte abrazo desde mi tierra gallega.

    • Carlota Gauna dijo:

      Mi hermoso amigo del alma , de las letras y de la tierra que tanto amo por ser parte de mi misma, de mis raíces, de mi todo…Has sabido ver entre las sombras y las luces que deshilvanan la trama el mensaje que quise dejarles…¡Va mi agradecimiento en un apretado abrazo lleno de emoción!

  9. fascinante , Carlota es la reina delos relatos ,m,amiga seras una gran escritora, wau , dejame tu autografo

    • Carlota Gauna dijo:

      Darío querido…y tú eres el poeta del amor que nace cada día en el rocío y el color de las mañanas y las flores de tantos jardines y espacios soleados…¡Gracias por ser mi amigo, gracias por dejarnos tus letras y tu optimismo…¡Te quierooooo!

  10. ¡Felicidades, Carlota!
    Mucha suerte.

    • Carlota Gauna dijo:

      ¡Mi estimado y querido Juan! ocupas un lugar preferencial entre mis “amigos virtuales” que no lo son en absoluto pues a través de nuestras palabras y comentarios, nos conocemos el alma y eso es lo que importa para necesitarse y esperar que el otro lea y opine sobre aspectos que uno desea sean resueltos por un corazón sabio y una mente alerta…¡Gracias mi maestro inolvidable!

  11. Montse dijo:

    Muy bien redactado, me gusta!

  12. Cuando se logra sacar del dolor tanta belleza y espiritualidad estamos no sólo ante una gran escritora, si no, también ante una persona maravillosamente humana. Carlota Gauna, de no estar nutrida de estas condiciones no podría conmovernos tanto en éste relato., donde los interiores juegan un papel determinante. ¿Una síntesis? : impactante. Ruben Di Buccio

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