Hannah (Chapter Two) (Santo Alcibíades)

Luego que Bob, su aliado de la CIA, se había retirado de la lúgubre habitación en aquel suburbio de Buenos Aires Hanna, conciente que ahora estaba realmente sola ya que no sabía nada de sus compañeros de la Mossad, se había sentado en el suelo con sus largas piernas cruzadas al estilo oriental. Luego de unos minutos, ante el silencio sepulcral de su captora, Samir, que miraba hacia abajo con sus manos esposadas en la espalda, levantó su cabeza y le dijo:

-¿Que esperas? Yo estoy listo para unirme con Allah.

Hannah sonrió.

-Dudo que Allah te admita en su Paraíso, el Corán no avala a los asesinos, amigo.

-“¿Acaso pensaron que los hemos creado como diversión y que no habrían de volver a nosotros?” Ensalzado sea Allah, no hay dios sino Él, el Señor del Noble Trono: Corán, 23:115-116, mi querida Hannah -contestó Samir

-“No flaqueen, pues, invitando a la paz, ya que serán ustedes los que ganen, Allah está con ustedes y no dejará de premiar sus obras”. Corán 47:35, amigo Samir -contestó Hannah sin dejar de sonreir

-Confieso que me has sorprendido Hannah…

-Antes de trabajar en los servicios de mi país me recibí de Doctora en Teología en la Universidad de Jerusalem…

-Ahá… ¿Y que parte de la Torah justifica el asesinato, Hannah?

-No te preocupes amigo, hace tiempo que tengo una crisis de fé en Dios y que aún no he superado.

-Bueno, te daré una ayuda para que decidas que hacer conmigo: Eric, tu Jefe, no vendrá porque poco antes que el maldito de la CIA, que ya te abandonó, me encontrara lo habíamos atrapado, además mi grupo tiene esta dirección y mas tarde o mas temprano vendrán aquí.

Hannah lo miró sin expresión, Samir agachó la cabeza y volvió a rezar, impávido. Un rato después se escucharon pasos en el pasillo. Hanna se levantó con un impresionante salto casi felino y abrió una ventana que daba a un patio mientras se escuchaban ruidos en la cerradura de la puerta..

-Mátame y huye, Hannah, son ellos…

Hannah disparó dos veces hacia la puerta y apuntó a Samir.

-Allah es grande -gritó Samir

Hannah sonrió y le dijo mientras saltaba por la ventana:

-Siempre supiste que no lo haría, amigo… leishtraot!

Luego corrió por el pasillo y saltó ágilmente el muro de ladrillos sin revocar, cayendo a la vereda de un callejón desierto. Comenzó a correr velozmente todavía con la Walther en la mano cuando se dio cuenta que había dejado la mochila en su huída. Arrojó el arma en dirección a una mata de pasto crecido y siguió corriendo a todo ritmo. Pronto llegó a la esquina del callejón que daba a una avenida medianamente concurrida e iluminada aunque reparó que no tenía dinero y ni siquiera sabía donde ir. Caminó tranquila por la acera durante algunas cuadras hasta que divisó un locutorio, entró y le dijo a la joven empleada

-Oye, no tengo dinero pero necesito hacer una llamada.

La empleada sonrió

-¿Eres turista?

-Sí, claro.

-Te ha pasado algo?

-Me robaron mi mochila y he quedado a la calle.

-Bueno, si es una llamada local yo me hago cargo, pasa por la cabina cuatro

-Gracias, amiga -le dijo Hannah sonriendo.

Llamó a la embajada de Israel donde luego de esperar un rato le dijeron que llame al Consulado, le dictaron un número y cortaron.

Hannah se volvió hacia la empleada y le hizo una seña levantando dos dedos a la que ésta respondió afirmativamente con una inclinación de cabeza.

Llamó al Consulado y  les dijo que era turista y que le habían robado el dinero. La hicieron esperar un rato , luego le dijeron que llamaran en unas dos horas y que verían que podían hacer por ella..Luego se dirigió al mostrador.

-No se que hacer… nadie me atiende -le dijo a la empleada.

-¿Y en tu embajada?

-Ahí llamé y me derivaron al Consulado, ahora tengo que esperar… oye amiga ¿tienes un cigarrillo para invitarme?

-Sí por supuesto -dijo la joven alargándole un paquete y un encendedor.

Hanna sacó un cigarrillo y lo encendió aspirando el humo con fruición.

-¿Cómo fue que te robaron?

-En realidad la dejé en la mesa de un bar y ni siquiera se donde… he caminado tanto hoy en tu bella Buenos Aires… dime ¿estamos lejos del centro acá?

-Una hora en taxi, eso es bastante lejos… te puedo prestar para el taxi.

-Eres muy amable amiga ¿cómo te llamas? Yo me llamo Hannah.

-Griselda.

-Me gusta tu nombre… Griselda, suena lindo en tu idioma…soy de Israel y he venido a visitar unos parientes. Igual te agradezco pero no es necesario que me prestes tu dinero, sólo déjame hacer otra llamada.

-Por supuesto Hannah

-Hannah volvió a la cabina y llamó al celular de Bob, cuyo número, si bien lo había llamado varias veces, había aparecido milagrosamente en su memoria. Cuando el norteamericano la atendió le contó rápidamente lo sucedido.

-¿Donde estás? -le preguntó Bob.

-Oye amiga -dijo Hannah volviéndose hacia Griselda -¿cual es esta dirección?

La joven se la dijo y Hannah se la repitió a Bob. Luego saludó a la empleada con un beso y la promesa de volver a visitarla y salió a la calle para esperarlo.

Caminó despacio hacia la esquina cruzándose con un joven alto y de aspecto atractivo o por lo menos así le pareció a ella, se volvió sabiendo que la miraba de reojo y le dijo:

-Oye, amigo ¿tienes un cigarrillo para mí?

El joven se detuvo y la miró con expresión de sorpresa.

-Ay no fumo – dijo con voz compungida

-Bueno, no importa, gracias igual -contestó Hannah con una amplia sonrisa.

-Pero… -el joven no sabía que agregar… -¿de donde eres? -luego se serenó y dijo un tanto atropelladamente -eres muy linda. ¿como te llamas?

-Hannah… soy de Israel… y tú también eres muy atractivo y me encanta tu aspecto tan argentino…

-Hannah…, de Israel…-dijo él y que ya había recuperado el dominio de sí mismo-¿eres turista?

-Sí.

-Yo me llamo Alfredo ¿que haces por este lugar? Es decir es mi barrio aunque no lo creo interesante para los turistas

-Ah, es un poco largo de contar. Mira Alfredo, eres muy simpático pero tengo que irme. Créeme que me ha dado mucho placer en conocerte aunque sea un encuentro tan breve, pero no me he de olvidar tan fácil de tí…

El joven estaba evidentemente conmocionado.

Hannah le sonrió y le dio un sonoro beso en la mejilla.

-Adiós amigo. Laila tow!

Luego se dio vuelta y siguió caminando hacia la esquina mientras él la miraba y parecía a punto de llorar.

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