Una nueva vida (Milyvall)

El sonido estrepitoso del martillo compresor estaba perforando sus oídos, metió la cabeza bajo la almohada y la apretó tanto contra las sienes que creyó ver saltar la tapa de los sesos por en medio de la habitación.

Era imposible, estaba demasiado cansado, hasta para manifestar su enfado con todos  y cada uno de los obreros que trabajaban bajo su ventana, incluso no se atrevía ni con el martillo compresor, que de buena gana lo habría metido en el primer furgón de alguna agencia de envíos rápidos y se lo hubiera hecho llegar hasta Linares, a su querido tío. Seguro que le iría bien en aquel establo, donde un día hubo muchos y variados animales, y hoy tenía  una gran cantidad de todo tipo de artículos, que por otro lado no se explicaba para que los guardaba, o “coleccionaba”, como a tito Manolito, le gustaba decir.

Sin abandonar sus pensamientos, en los que se estaba “cociendo” la posibilidad de, no solo deshacerse del martillo compresor, sino también de los obreros, que no dejaban de echar  risas y  más risas, además de escupir palabras insolentes en un tono descomunalmente alto. De manera instintiva, se levanto, y dentro de la casi total oscuridad en la que estaba la habitación, pudo llegar hasta el baño.

Encendió la luz, pero sus ojos se negaron a soportar el destello y la apago inmediatamente, levanto la tapa del WC, y echando mano de algo que diríase estaba medio erecto, lo posiciono delante de la taza, dando gracias por no haberse equivocado en la dirección apuntada, entonces comenzó a sentir el placer de cómo su vejiga se iba vaciando, y durante unos segundos su cara esbozo una ligera sonrisa de alivio.

 Al terminar de lavarse las manos, y siendo la dueña de sus pasos, la oscuridad, se dio un golpe en el pie que le hizo propiciar un fuerte quejido.

Entonces, escucho un ruido, como si alguien se moviera, se paró en seco, y agudizo sus oídos, pensó <<habrá sido fuera, en la calle>>. Volvió a meterse en la cama, pegándose a las sabanas como un sello de correos a un sobre, mientras que dejaba el rabillo del ojo en el despertador, <<las siete y veinte, pero si solo hace dos horas que me acosté>>.

En ese instante, dio un bote de la cama y de un solo golpe se sentó en ella.

No estaba solo, alguien más había llegado con él la noche anterior, alguien a quien nunca dejaría y que había cambiado su vida para siempre, un bebe, un hermoso y bello bebe llegado desde oriente y llamado Monyit.

Por eso no habían dormido, era la primera noche de los dos en casa y todo había sido un “estira y encoje”, es como si el enano le hubiera estado echando un pulso para medir sus fuerzas. Aunque en realidad, lo que Raúl pensaba es que su hijo y el estaban tejiendo el cordón umbilical que les uniría para siempre.

Ahí mismo, sin dudarlo ni un segundo, se levanto y dirigiéndose a la cocina, al coger el biberón para calentarlo se volvió a golpear, esta vez fue con el coche de su hijo, su cara se iluminó y en esta ocasión, si dibujo una amplia sonrisa.

Con mucho cuidado, decidió desafiar a la luz soleada que había detrás de las cortinas, echándolas ligeramente hacia un lado. Estas, muy tímidamente entre una pequeña rendija, acogieron a los rayos del sol para dejarlos caer sobre la carita de Monyit. Allí estaba, moviendo sus pies y sus manitas y con sus balbuceos lleno de tiernas notas todos los rincones de la habitación.

<<buenos días corazón, aquí esta papá y tu biberón>>.

Su hijo, se agito ante su presencia, acelerando el movimiento de sus manitas y sus pies, de esta forma le pedía que le cogiera entre sus brazos, y así lo hizo, entonces, Monyit  correspondió a su padre con una dulce y tierna sonrisa.

Ya no importaba no haber dormido, hasta el sonido del martillo compresor parecía emitir una melodía interesante.

 Su hijo y el ya comenzaban a crear una nueva vida.

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7 respuestas a Una nueva vida (Milyvall)

  1. Mar dijo:

    Muy bonito y tierno ese padre tejiendo su cordón umbilical, curiosamente establecido por un hombre, se sale de lo común, que sería una tierna madre, eso es lo que hace especial a este relato. Mi enhorabuena Milyvall, te auguro buenos presagios en este blog.

  2. Ángela dijo:

    Es un relato muy tierno. Nos cuentas la primera noche en la vida de un padre adoptivo. Pero realmente yo esperaba que ocurriese algo, y no es así. No sé, me debato ahora mismo en lo que escribirte, si decirte que siento que me has dejado a medias, o felicitarte por la ternura del relato. Mira, te diré una cosa: este relato necesita algo más. Pero esto es solo mi opinión.

  3. Camaróniko dijo:

    buena historia y muy dulce, esa manera de explicar las cosas de una manera diferente. Además es una historia con muchos trasfondos; el que más me ha gustao es el modo de sacarle lo bueno a las cosas, tanto el martillo compresor como la risa del bebé han resonao en mi cabeza 🙂 enhorabuena!!!
    (Por cierto, como me dedico a la enseñanza te tengo que decir que me ha faltao alguna tílde, pero aun así se entiende todo a la perfección)

  4. pilar dijo:

    Muy buena descrpción de la gran influencia que tiene un bebé.Da energía,ánimo,ilusión,alegría…vida.Su presencia lo modifica todo

  5. Silvia dijo:

    Preciosa historia, repleta de metáforas, donde la noche, llena de incertidumbres (como el comienzo de las relaciones padres-hijos), da paso a la luz del día, que nos llena de alegría (como los propios hijos). Original, dulce y muy real. Enhorabuena, Milyvall

  6. Jose dijo:

    Bonita historia contada de una manera original. Es fácil ponerse en el lugar de ese padre hecho polvo pero ilusionado…. ÁNIMO

  7. Milyvall dijo:

    Gracias a todos por vuestras alentadoras palabras y criticas. Mil gracias!!!

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