Una camisa para el rey (Manuela Vicente Fernández)

                Esta historia que voy a contar tuve ocasión de leerla a mi vez hace muchos años, cuando la descubrí por azar en un antiguo volumen de cuentos, que mi tío Manuel encontró una tarde entre viejos manuscritos, biblias, librillos de oraciones y algún que otro libro escolar, de aquellos, cuyo desgaste apenas permitía distinguir en sus cubiertas de qué ejemplar se trataba. Mi tío guardaba en baúles y cajas por igual, colecciones de sellos, medallas religiosas, monedas antiguas, pergaminos de índole desconocida, y libros que variaban en su  grado de antigüedad. El volumen al que hago referencia estaba ya muy deteriorado, carecía de encuadernación y le faltaban numerosas hojas. Cuando mi tío revisaba dichas pertenencias, solía obsequiarme a mí, de estar en su casa en tales ocasiones, con alguna que otra medalla, sellos o alguno de estos libros antiguos que sabía que me fascinaban. De no haber estado aquella tarde en su casa, aquel antiguo volumen de cuentos nunca hubiese llegado a mis manos sino que, a buen seguro,  hubiese acabado en el cubo de la basura, debido a su precario estado y entonces no habría tenido ocasión de conocer la extraordinaria historia del rey infeliz.  

      

               Cuentan las antiguas crónicas que en un reino muy lejano, cuyo nombre se pierde en el olvido, existió un rey muy generoso y noble de corazón cuyos súbditos adoraban. Este rey, al que daremos el nombre de Alonso, era conocido por todos por el sobrenombre de “Alonso el bueno” en alusión a su naturaleza. Concienciado con las necesidades de su pueblo, su palacio siempre estaba abierto a todo aquel que solicitase audiencia o quisiese pedir su protección. Varias veces al año el rey organizaba fiestas para recaudar fondos para los pobres y todos los viernes ofrecía comida y asilo para los más necesitados. Este rey tan compasivo había perdido en pocos años a toda su familia por causas diversas, y era de natural muy dado a la tristeza y melancolía. Con el transcurso de los años esta tristeza vino a acentuarse y llegó el día en que los consejeros reales decidieron tomar cartas en el asunto, pues la melancolía del rey había aumentado de tal forma que había perdido el apetito así como toda motivación y de su rostro se había borrado la sonrisa.

               Consultados los médicos más famosos que acudieron a palacio convocados desde todas partes del reino, ninguno pudo pronunciarse sobre la naturaleza y aún menos el remedio de la enfermedad del monarca. Los consejeros y ministros decidieron entonces por unanimidad hacer venir a un chamán muy conocido en el lugar por sus artes adivinatorias y sus remedios para toda clase de dolencias. El viejo chamán una vez hubo examinado al rey pronunció su sentencia:

             -El rey tiene una enfermedad del alma de muy adverso pronóstico, para la cual sólo existe un remedio muy difícil de encontrar…

Preguntando a coro los que se hallaban presentes exclamó el viejo hechicero:

            -Buscad por todos los rincones del reino a un hombre que sea completamente feliz. Y si halláis tal hombre pedidle la camisa y ponédsela a vuestro rey y éste quedará a salvo de la tristeza y la melancolía para siempre.

        Partieron con desánimo los soldados y heraldos del rey en procura de aquel afortunado de entre los hombres que dijese ser completamente feliz. Por más que buscaron cuando creían estar cerca del objetivo, siempre alguna preocupación enturbiaba el semblante del hombre que más feliz les parecía: unas veces era la salud de dicho hombre o de alguno de sus allegados, otra la preocupación por el sustento, otras más era la soledad o la dificultad de éste en conseguir pareja, siempre había un motivo de preocupación que enturbiaba la felicidad.

             Cierta noche en que uno de los soldados más jóvenes hacía su guardia rutinaria por uno de los barrios más pobres oyó gritos de júbilo y alborozo y una voz que decía:

        -¡Ciertamente soy el hombre más feliz de la tierra!

             El joven soldado se dirigió a toda prisa a la cabaña de la cual procedían las voces y se encontró con un hombre toscamente cubierto por unos harapos, que danzaba alrededor de una hoguera con grandes gritos de júbilo.

    -¿Sois vos, el que aseguráis ser completamente feliz? –Preguntó el soldado.

    -Yo soy.-Respondió el hombre interrumpiendo su danza.-En efecto, no puede haber nadie que sea más feliz que yo.

   – ¿Haríais por tanto partícipe de vuestra felicidad a vuestro rey, que está aquejado de una terrible tristeza, si estuviese tal don en vuestras manos?-Preguntó de nuevo el soldado.

  -Por supuesto, si de mí dependiese tal hazaña. Contad con ello.-Repuso el buen hombre.

 -¡Dadme entonces presto una de vuestras camisas!-Ordenó el soldado.

-¿Una camisa? -Titubeó el hombre.

-Sí, presto, no os demoréis.-Apremió el soldado, nervioso.

-Es que… no tengo.-Afirmó contrariado el hombre.

-¿Qué no tenéis qué? Preguntó el soldado, confundido.

-No tengo camisa, soldado.- Afirmó el hombre señalándose a sí mismo.-Comprobadlo si no me creéis.

 

             Pasaba de la medianoche cuando el joven soldado traspuso las puertas del palacio real y pidió audiencia con el rey y sus consejeros.

-Excelentísima alteza y señores ministros –comenzó a hablar el soldado.-Me encuentro ante vos con el único hombre que pude hallar que dice ser completamente feliz.

Un murmullo de voces recorrió la sala de audiencia real.

-Éste es el hombre. –Señaló el soldado.-Pero ved, es un hombre feliz aunque pobre, y por eso mismo no tiene camisa.

              Cuentan las crónicas que en el semblante del rey se dibujó una sonrisa al ver la sencillez del hombre feliz y que en un claro gesto de cercanía y solidaridad se despojó de su propia camisa y acercándose al hombre  le quitó una de las pieles que traía en torno al cuello para colocársela seguidamente en el suyo y,  pasándole un brazo amorosamente por los hombros avanzaron por entre el séquito real que les miraba boquiabiertos y salieron los dos a pasear…

Descubre más obras de la autora en http://lascosasqueescribo.wordpress.com
Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Tema del mes "Sonrisa" y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

12 respuestas a Una camisa para el rey (Manuela Vicente Fernández)

  1. David Rubio dijo:

    Delicioso cuento. Enhorabuena

  2. Nelaache dijo:

    Un cuento precioso. Me ha recordado mucho, por su técnica y estilo, aquellos que me encantaba devorar cuando era pequeña. Mi enhorabuena.

  3. Gracias, Nelaache. Me alegro mucho de que hayas disfrutado al leerlo. 🙂

  4. MayteSanSem dijo:

    Tolstoi. Este me lo contaba mi abuela cuando era pequeña, un poco a su manera. Los buenos cuentos son así: se leen, se recuerdan, se cuentan y pasan de generación en generación.

  5. manolivf dijo:

    He procurado respetar la esencia de un cuento que oí contar de distintas maneras yo también. Quise aportar mi granito de arena haciendo esta versión, intentando trasladar algo de la magia que yo sentía al escucharlo (no he leído el cuento original) tienes razón en que los cuentos se heredan de generación en generación. Gracias Mayte. 🙂

  6. Mar dijo:

    Yo no lo conocía, me ha encantado, esta narrado de maravilla, Manoli. Un abrazo.

    • manolivf dijo:

      Muchas gracias Mar. Lo que no me gustaba de este cuento es que en las versiones que a mí me llegaron (orales) terminaba siempre mal por eso quise hacer mi propia versión, cambiándole el final, dejando abierta la puerta a la esperanza. En cuanto a la narración he intentado también contarlo como a mí me hubiese gustado escucharlo. Lo comparto como una humilde invitación
      a la sonrisa, con todos mis respetos al
      grandísimo escritor que según dice Mayte escribió la versión original -Tostoi- no podía ser otro (aunque yo desconocía este dato). Si consigo hacer llegar algo de la magia que a mi me sugiere me doy por satisfecha. Un abrazo Mar y gracias. 🙂

  7. Milyvall dijo:

    Hola Manoli, es la primera vez que “te leo” (estoy recién aterrizada), me gusta mucho como esta narrado, y efectivamente, le das un giro muy bonito al final del cuento, que yo conocía. Enhorabuena, saludos.

  8. Carolina Garcés dijo:

    Aún sin tener nada puedes ser completamente feliz. Lo material viene por añadidura, lo importante es la grandeza y la humildad de los corazones. Me ha llegado mucho tu historia Manuela, felicidades.

    • manolivf dijo:

      Muchas gracias Carolina, por leerme y por tu comentario. Creo que tienes razón en que la felicidad está dentro de uno mismo, afortunados los que puedan sentirla!!. Me alegra que te haya gustado. 🙂

Tu opinión es importante

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s