El valor del silencio (Vicente Novella Garcia)

  Hacía tiempo que deseo oír el silencio. Muchas veces he pensado donde podría estar tranquilo, sin ruido de tráfico, ni otro sonido que no sea el de la naturaleza.

  Todos los días en mi trabajo tengo que atender y escuchar a un número determinado de personas; a los clientes, a los compañeros, a los jefes, a mis hijos, a mis amigos; estaba saturado de oír a los demás y atender a sus problemas y buscarles soluciones, aunque muchas veces no puedo ayudarles, por mucho que me esfuerce, esto hace que me sienta mal.

  Cuando mas agobiado estoy, sueño despierto con llegar a un sitio en que solamente escuchara el sonido de la naturaleza, en mi mente buscaba ese sitio. Bueno pues hoy es el  día en que he decidido buscarlo. Cuando termino a las tres de la tarde en mi trabajo en Puerto Real, me subo a mi coche y en vez de irme para mi casa en El Puerto, me dirijo hacia Jerez, se que hay una carretera por la que no había pasado nunca y que veo el cartel que la anuncia cada vez que voy a Jerez, te lleva a un sitio llamado Morabita y decido dirigirme hacia ella.

  Tomo por la autovía y la nueva circunvalación de Jerez, llego hasta la salida que tomo normalmente para ir a los centros comerciales, giro a la izquierda en la rotonda y enfilo la carretera hacia Morabita, el día es esplendido, uno de esos días, que aunque aun es invierno son soleados y con una temperatura fantástica al mediodía; cuando se oculta el sol la cosa cambia y la temperatura baja de manera acusada. En los campos el trigo empezaba ya a estar verde, tampoco estaba todo sembrado de ese cereal, había grandes parcelas sin sembrar, esperando el momento de la siembra del garbanzo, el girasol u otro tipo de planta.

  Conduzco despacio saboreando el paisaje, un terreno ondulado, en el que se aprecia los distintos colores de la tierra en esas lomas, perdiendo altura hacia las marismas de Lebrija y a la derecha las alturas de Monte Gil, por donde me habían dicho que transcurría una calzada romana.

  Cuando ya llevo recorridos unos diez kilómetros pienso que ya no escucharía ningún ruido del tránsito de los vehículos en la autovía. La carretera no tiene tráfico alguno, busco un sitio donde parar fuera de la carretera, encuentro la entrada a uno de esos campos, apago el motor, me bajo del coche, y mirando al poniente  intento percibir el silencio de la naturaleza, que alegría, ningún ruido de motor de ningún tipo, he temido que hubiera tractores realizando labores agrícolas, solamente escucho algunos pájaros lejanos. La tierra se junta con el cielo en un horizonte interrumpido únicamente por algún árbol ocasional, los campos se extienden sin interrupción hasta el Guadalquivir. Permanecí por lo menos media hora contemplado todo lo que me rodeaba y sobre todo escuchando el silencio, transcurrido ese tiempo decidí marcharme para casa, unos ruidos, aunque de la naturaleza, en este caso humana, solicitaban ya el almuerzo.

  Es una experiencia muy gratificante para mí, me siento relajado, feliz. No he vuelto a repetirla. Ahora, cuando ha pasado un tiempo de aquello sé que nunca más podré hacerlo, aunque vuelva a esa carretera; en mis oídos ha aparecido un sonido continuo ocasionado por la toma de un medicamento y del que siempre voy a estar acompañado, si vuelvo no escuchare el ruido de los vehículos, pero el canto de los pájaros tendrá un nuevo sonido de fondo.

Conoce más del autor en http://vicentenovella.wordpress.com/
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4 respuestas a El valor del silencio (Vicente Novella Garcia)

  1. aprendiz de poeta dijo:

    Interesante…la lucha por estar en comunión con la paz de la naturaleza.Saludos.

  2. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, Vicente, me ha gustado mucho tu relato y, por un momento he querido escuchar el silencio como tú. Te deseo felices fiestas y próspero año Nuevo, un saludo. Amaya

  3. Ángela dijo:

    “Cuando ya llevo recorridos unos diez kilómetros pienso que ya no escucharía ningún ruido” . Creo que deberías vigilar los tiempos verbales, Vicente. Si, todos anhelamos de vez en cuando escuchar los latidos del silencio, se vuelve muy necesario a veces. 🙂

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