Eliana (Manuela Vicente Fernández)

             Llovía. Por las empinadas calles bajaba el agua a raudales, encharcándome los zapatos planos de verano que llevaba puestos. Tampoco la fina gabardina alcanzaba a protegerme, desprovista de paraguas había salido a toda prisa de la casona, ciega de vergüenza y de rabia. La imagen lasciva de Darío fija en mi retina, el llanto que me sacudía y el aguacero de la tarde, me impedían ver por dónde iba, a cada paso tropezaba lacerándome las rodillas contra el frío pavimento, pero seguía avanzando, a trompicones, empujada por la repulsa que sentía. Darío. Oía su risa estridente mientras descendía los escalones y su arrogante sentencia:

  -Volverás. Sabes que sólo yo puedo ayudarte. No la abandonarás a su suerte.

    Oí el claxon del vehículo cuando ya se me echaba encima. Un chirrido agudo de frenos me devolvió al momento presente.

“-¿Qué le pasa? ¿Es que se ha vuelto loca poniéndose en medio?”

    

        Su mirada aturdida y desamparada me conmovió hasta lo más profundo. Era una chiquilla menuda, estaba completamente empapada y parecía extraviada, fuera del mundo que la rodeaba. De increparla pasé a ofrecerle mi ayuda inmediata.

-¿Se encuentra bien, señorita? ¿Necesita que la lleve a alguna parte?

       No hablaba. Sus enormes ojos negros estaban tan encharcados como sus pies. Me quité la chaqueta y la cubrí al tiempo que la hacía entrar en el coche.

-No tengo adónde ir. -Me dijo súbitamente, antes de que pudiese preguntarle.-No soy nadie, no tengo nada.

-¿No tiene a nadie tampoco que la espere?

-Sí. Me espera mi abuela enferma. Espera que le lleve comida y medicinas pero no tengo ninguna de las dos cosas.

-Perdone, no entiendo…

Conduje sin ninguna meta. Ninguno de los dos hablaba. Cuando me hube alejado del centro de la ciudad, tomé una dirección apartada y aparqué bajo unos árboles en un sendero cercano a la carretera.

-¿Cómo te llamas?

-Eliana.

-¿Qué necesitas para conseguir las medicinas de tu abuela, Eliana? ¿No tienes recetas?

-Necesito dinero. Mi abuela no es pensionista. Su tratamiento es muy caro.

Abrí mi cartera y saqué la mayor parte del dinero que llevaba.

-Ten, es lo que puedo darte en este momento.

         El desconocido me recogió en su coche y me ofreció su dinero cuando le dije que no podía comprar las medicinas de mi abuela. ¿Desde cuándo era una indigente? ¿En qué momento me había convertido en mendiga y me enviaban ángeles benefactores? No entendía el giro de mi destino.

-He perdido mi empleo por no querer acostarme con mi jefe.-Solté abruptamente.- ¿Qué espera que haga ahora? ¿Aceptar el dinero de un desconocido?- le pregunté.

-Me llamo Ernesto.-Me respondió.- Ahora ya me conoces.

-Ah no, no se conoce a alguien por su nombre…

-Eliana, soy Ernesto, me conozcas o no. Toma el dinero, te lo doy porque quiero. Acéptalo sin prejuicios, yo no los tengo.-Repuso convencido.

          No lo pensé más. El destino ponía en mi mano una solución momentánea. Mañana pensaría en cómo hacer para seguir adelante. Mi abuela me estaba esperando.

 

          Sus manos temblorosas recogieron el dinero que le tendí. Las apresé en un impulso, estaban húmedas y frías. Quise hablarle y no pude. No fui capaz de retener el momento. Abrió la puerta del coche y bajó presurosa y yo me quedé quieto como un idiota. Quería gritar su nombre, salir detrás de ella, preguntarle qué iba a hacer otro día, cobijarla de la lluvia, del dolor, de la vida. Pero no hice nada. Me quedé como el cobarde que soy mirándola, viéndola desaparecer bajo la lluvia, maldiciéndome en silencio por no ser capaz de reunir el coraje suficiente para seguirla, a ella, que  literalmente se había metido bajo mi coche, naufraga y perdida, sin saber lo sencillo que era para mí desprenderme del dinero y lo difícil que se me hacía en aquel momento arrancar el coche. 

Conoce más de la autora en  http://lascosasqueescribo.wordpress.com
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10 respuestas a Eliana (Manuela Vicente Fernández)

  1. eva dijo:

    ¿Qué bonito…y triste! Me ha dado por pensar en cuántas ocasiones deseamos hacer algo por un desconocido y cuántas más no nos lo permitimos. Me ha transportado a esa soledad que nunca me abandona a pesar de sentirme tan afortunada; y a esos giros de la vida que transforman tu existencia y, hoy, ya ,a mi edad no me sorprenden pero emocionan. Gracias Manuela, me has removido, has sacudido mi conformismo… y eso para mí es un regalo.

    • manolivf dijo:

      Muchas gracias a ti, Eva. Tu comentario sí que es un regalo para mí. No se que edad tienes (hay quien dice que la edad es la que uno siente), pero lo que sí sé es que los sentimientos no pasan, incluso van a más con el tiempo, otra cosa es la salida que les demos. Me alegro de haberte removido. Un abrazo.

  2. Alex de la Rosa dijo:

    Ese cambio de narrador me ha despistado un poco al principio, pero he conseguido volver a la historia conforme seguía leyendo. En general no está mal, pero hay cosas que no me encajan. Intentando meterme en la piel de ella, si una persona es desconocida para regalarte dinero, más lo será para que te metas en su coche. Sin embargo ella ha puesto más reparos en aceptar el dinero que en meterse en el coche. Y por otro lado, él es bastante confiado y crédulo. Me cuesta mucho imaginarme una escena así en la realidad de hoy pero, por otro lado, si fuéramos así, nos íria mucho mejor. Me has dejado buenas sensaciones, pero me gusta también hacer observaciones para sacarle más jugo a las historias. Por supuesto, todo desde mi humilde opinión. Saludos!

  3. manolivf dijo:

    Gracias Alex, por tu comentario. Respecto a tus observaciones lo que puedo decirte es que justamente lo que pretendo es “sacar” al lector de sus clichés habituales, descolocarlo de su realidad cotidiana, por eso, en este relato mis personajes no son racionales, son impulsivos (tambien hay gente así, te lo aseguro), planteo precisamente el tema de los prejuicios (cuántas cosas dejamos de hacer por ellos…! ). Gracias por leerme y por tu opinión. Es`pero haberte aclarado algo. 🙂

    • Alex de la Rosa dijo:

      Siendo así te felicito. Tristemente, me ha costado separarme de la realidad y de la sociedad en la que vivimos, para haber podido valorar la historia desde la perspectiva que comentas. Saludos!

  4. manolivf dijo:

    Alex, respecto a la realidad a la que haces referencia, en mi relato la protagonista ya está un poco “fuera” de ésta porque se encuentra en un estado de ofuscación que hace que prácticamente se deje arrollar por el vehículo, es a través de esta “disociación con lo que está pasando” que se deja conducir adentro del coche con el desconocido, al que le cuenta maquinalmente sus problemas, sólo cuando el desconocido le ofrece dinero “despierta” pues no lo espera, pero puesta en una insólita situación decide aceptarlo como una oportunidad. Al contarlo en forma de monólogos con los pensamientos de los personajes quizá me he dejado algo en el tintero. Un saludo y gracias de nuevo.

  5. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, Manuela, me ha encantado tu relato y la doble visión de la misma historia vista por los ojos de los dos protagonistas para no ser capaces de tomar más decisiones que les cambien la vida. Te deseo felices fiestas y un muy buen año 2014, un saludo. Amaya

  6. BANDOLERA dijo:

    Interesante juego de narradores. Me ha gustado.

    • manolivf dijo:

      Muchas gracias, Bandolera. Quise contar un suceso con las implicaciones y sentimientos que a raíz del mismo se presentan en los distintos personajes. Me alegro de que te guste. 🙂

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