El viaje (Vicente Novella Garcia)

  Ana sonrió al escuchar las palabras de la canción. Le parecieron a un tiempo promesa y confirmación. Y se sintió feliz. El champaña le agudizaba  la vista y el oído, le ayudaba a ver claro lo que pasaba en aquel instante, a estimar en su justo valor aquel extraordinario y magnífico acontecimiento de su vida. Pensó que algún día, dentro de cinco o diez años, se preguntaría con estupor cómo había sido posible hallar tan increíble felicidad. Todo aquello le parecía entonces un enigma, un misterio del que jamás dejaría de sorprenderse. Pero ocurriría dentro de algunos años. En aquel instante, envuelta en las notas mágica de la canción, el misterio le parecía completamente normal, como si no pudiera ocurrir de otra manera. Igual debía de ocurrirle a él. Sentí deseos de que me cogiera de la mano, y en el mismo instante, posó su palma tibia sobre el dorso de mi diestra. Sentí deseos de beber, y sin que mediara una sola palabra entre ellos él le sirvió champaña.

  -Ha llegado el momento de que hablemos en serio –dijo Juan, dejando la botella en su cubo niquelado-.

  Ana lo contempló. Hablar “en serio” no la inquietaba, tenía la certeza que no podía esperar más que cosas buenas de él.

  -Vamos a decidir una cuestión –prosiguió él- . ¿Iremos a Irlanda o a Sicilia en tus vacaciones?

  Ana levantó la cabeza.

-Lo más razonable sería ir a Sicilia, tendremos playas y mejor tiempo que en Irlanda.

  -Cogeremos un avión –dijo Juan- y después allí alquilaremos un coche para conocer toda la isla.

  Ella estaba atenta a la letra de la canción. Su corazón se detuvo con inquieto estupor:

                                   Es triste, triste.

                                   Triste hasta el llanto,

                                   Que nos hayamos encontrado

                                   Demasiado tarde en la vida…

  Demasiado tarde era cierto. Pero, ¿sería verdaderamente demasiado tarde? Las circunstancias que rodearon a nuestro encuentro fueron realmente mágicas.

  Juan seguía contándole los lugares que iban a visitar, Ana cerró los ojos tratando de concentrarse en lo que le hablaba. De fondo seguía repitiendo el estribillo la canción: “…que nos hayamos encontrado demasiado tarde en la vida”. Sería un viaje al paraíso, lo habían hablado en numerosas ocasiones, visto fotos de los lugares a visitar, se sentía feliz. Juan parecía tan seguro, tan contento, iban a ser nuestras primeras vacaciones juntos. Nos había costado mucho tiempo el conseguirlo.

  Le miró fijamente a los ojos y le pareció que a través de ellos veía sus pensamientos su amor por ella. No había en aquellas pupilas nada sombrío solo sinceridad. Jamás había experimentado igual sensación al mirar a otra persona. Nadie había sabido abrir la puerta de su interior para que ella se asomara al fondo de su ser como él.

  Me había rescatado de una vida anodina en la que llevaba sumida muchos años, y de la que no pensaba salir.  Llegó y me removió todo mi ser, me hizo reír, ilusionarme hacer cosas que ya me había resignado a no hacer, fue verdaderamente un milagro el encontrarlo.

  Cogió las copas de champaña, sabía que me gusta tomarla por las mañanas, aunque hoy no había podido ser, y se acercó a mí dándome un ligero beso.

-Bebe, tienes que irte.

Quería que la hubiera cogido entre sus brazos y la besara con fuerza, pero él siguió hablando del viaje, sabía que quedaba poco tiempo para tener que volver de nuevo a su casa y que todo volvería a su normalidad y la rutina.

Tendría que confesarle, era su única salida, que no realizaría ese viaje con él, que de nuevo su pareja, Marcos, le había dicho a donde la llevaría y no podía decirle que no. Ese era el obstáculo, no tenía fuerzas para resolverlo aunque fuera muy feliz con Juan, que nos impedía el vivir juntos y realizar todos nuestros sueños. Se dirigió a la ventana y contempló el cielo iluminado por el atardecer, las farolas brillaban en las calles. Se volvió y recogió su ropa de la cama destapada y comenzó a vestirse, el momento de felicidad se había acabado, de nuevo la tristeza la invadía, tendría que conformarse con el recuerdo de estos momentos que se repiten de tiempo en tiempo.

Ha llegado el momento de despedirnos.

-Lo siento mi cielo –me abracé a él- no podremos hacer ese viaje juntos, Marcos ya tiene planificado otro y le he dicho que sí, no puedo hacer otra cosa.

El silencio se hizo entre los dos, le dio un beso y salió de la habitación. Juan se asomó a la ventana para verla subirse al coche, de nuevo le quedó una sensación de mentiras y engaño. ¿De qué servía tanto amor? Dio unos pasos hacia la cama. Pensó que el milagro seguía siendo posible, no se rendiría jamás.

Conoce más del autor en vicentenovella.wordpress.com
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6 respuestas a El viaje (Vicente Novella Garcia)

  1. amaiapdm dijo:

    gRACIAS POR ESCRIBIR, ME HA GUSTADO TU RELATO, UN SALUDO. aMAYA

  2. eva dijo:

    ¡Ay qué descompensado está el mundo! Triste historia…y ¡¡tan real!! No me gusta la figura de los amantes, en general, creo que es un mal papel tanto si estás enamorado como si no. Pero en fin, que éste Juan perseverante, galante y enamorado ha removido mis fibras más románticas. Huelga decir que ella no me gusta un pelo. Gracias Vicente por compartir este relato de amor a una banda…la de Juan ¿No?

  3. leticiajp dijo:

    Me gusta la idea del relato, aunque no sé si el cambio de un narrador a otro ha sido intencionado o no, pero confunde un pelín. Eso sí, te animo a que sigas escribiendo muchos más :).

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