Libertad cero (Erika Romera)

Lo confieso, fui yo. Moira Gómez. Yo lo hice.

Aquel día al torcer la esquina, de Lima con Castroserna, las tornas cambiaron. Ya no era yo la que corría delante intentando escapar. Aquel quiebro urbano nos había puesto, por fin, cara a cara. Él y yo bajo las sombras de la noche, diluidos en el negro vacío. Aplastados por el silencio de la muerte inminente. Él o yo. Él. Tenía en mi mano, la ventaja de lo inesperado.

Desde que tengo uso de razón guió mis pasos, complaciente y dulce si elegía entre lo que me ofrecía.  Condescendiente con mis juicios si no me salía de lo establecido. Me aburría. Me cansaba. Odiaba saber que la decisión ya estaba tomada, incluso antes de confirmarla. Sólo hacía eso. Confirmar lo supuesto. Ponerle el sello de válido a un producto de antemano prefabricado. Con el tiempo sentí la necesidad imperante de la libertad absoluta. ¿Existía? ¿Sería capaz de encontrarla? Al menos tenía que intentar buscarla. Quería conocerla y experimentarla. La libertad cero. ¿Cómo sería?

Ahí comenzó la persecución. Una carrera de fondo entre él y yo. Escapando siempre en el último minuto. Evitando sus opciones e inventando las mías. Desarrollé varias técnicas de huida. Dribles en el último momento imposibles de prever, disimulos ensayados frente al espejo, falsas intenciones hechas verdad. Cambiaba mis movimientos como el firewall más avanzado y sin embargo, nada sirvió. Perseguía mis movimientos siempre un paso por delante. Nunca conseguía una ventaja útil.

No podía seguir así, mi deseo de caminar sin rumbo, vagar y crear mi propia dirección, cada vez era más intenso. Sólo había una solución. Matarle. Así, sentada en el Bar de José tracé mi plan en una servilleta, el que acabaría por fin con él, con su existencia.  Saboreando lo que podría ser mi futuro más cercano,  disfruté de la cerveza observando cada paso de mis vecinos. ¿Tendrían ellos también atada la vida como yo? o ¿caminaban ajenos a todo este ardid? Me puse el sombrero, la chaqueta negra y el foulard rojo y me encaminé, en una deriva, hacia donde el azar me llevase, pues ahora estaba de mi lado. Cuando hube recorrido toda la ciudad evitando cualquier lugar meditado, elegí el sitio al que le atraería. Esta zona era perfecta. Dos calles convergentes en un punto, a primera vista paralelas. Oscuras y silenciosas. La falta de presupuesto para las obras del barrio había dejado media calle en penumbra. Aprendí cada centímetro de adoquín para no desorientarme la noche del crimen. Apenas se veía y ahí estaba mi ventaja. El no advertiría mis pasos, ni mis intenciones. Si conseguía cegarle, podría tener una oportunidad. El cambio de rasante escondía el vértice donde yo lo apuñalaría.

Había llegado la hora. Como no podía ser de otra manera, a cada paso que daba, el preparaba como debía ser el siguiente. Esta vez yo no me resistía y accedía a cada incidente que presentaba a mi paso, aunque sus intentos por guiar mis pasos eran inútiles. Sólo había una dirección y una salida. El por Castroserna, yo por Lima, andábamos en la oscuridad hacia la convergencia. Sin darse cuenta estaba consiguiendo burlar su instinto natural. Sólo unos pasos más. Me puse los guantes y preparé el cuchillo, en un instante nos cruzaríamos. Conté hasta tres y torcí la esquina sin pensar, como un tifón arrasé su cuerpo y hundí en él el acero inoxidable. A penas tuvo tiempo para comprender que había pasado, como había sido capaz de asestarle tal golpe. Mortal. Cayó sobre el asfalto. Su caída sonó como un golpe seco y poco a poco su sangre se derramó dejándole sin aliento. Yo respiré tranquila. Sentí flotar mi cuerpo en el infinito sin condicionamientos. Mi mente divagaba sin ninguna traba. ¿Qué pasaría ahora? No tenía ni idea y eso me fascinaba. Lo único certero era que el Sr. Fatum había muerto y eso significaba una cosa, la libertad cero. 

Conoce más sobre la autora en http://erikaromera.com/
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4 respuestas a Libertad cero (Erika Romera)

  1. amaiapdm dijo:

    Erika, muchas gracias por escribir. Me ha gustado tu relato. Un saludo, felices fiestas de Navidad y próspero 2014. Un saludo. Amaya

  2. Ana Pascual dijo:

    Muy original tu relato, me gustó la idea de burlar y acabar con el destino. Suerte y saludos.

  3. leticiajp dijo:

    Me ha parecido una idea interesante, desde el propio título, aunque aquí lo importante no es la confesión. Debo de reconocer que si no es por Ana, no habría sabido que Fatum se refería al destino y no lo habría entendido bien. Una cosa más que he aprendido :).

  4. Mar dijo:

    Estupendo relato. Felicidades

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