Esa lenta tristeza… (Carlota de las Mercedes Gauna)

Recuerdo que festejábamos su cumpleaños número treinta y tantos…Y por primera vez lo habíamos  programado solamente entre mujeres ya que,sin lugar a dudas, los cumpleaños más divertidos son  los que se realizan entre personas del mismo sexo. Y mucho más cuando esas personas pertenecen al “bello sexo”.
El parque de la gran casa era inmenso, como todo lo que desde la terraza se podía entrever. Todo allí se había organizado para pasar una noche realmente inolvidable. ¡Y cuánto ignoraba que los sucesos efectivamente serían así!
Desde el balcón donde me encontraba acodada podía escuchar la música “ochentosa” que me derivaba a mis jóvenes años, que me presentaba escenarios distintos pero pletóricos de alegría como el que allí se desarrollaba, entre palmeras exóticas, piscinas curvas y farolas diseminadas entre jazmines, rosas y madreselvas.
Las estrellas inundaban el cielo azulino, como de estreno, con su iridiscencia diamantina esparcida en broches multiformes, sobre el terciopelo oscuro acicateado por la efervescencia de los astros salidos de las manos de un orfebre espectacular y único. Mirando ese cielo me preguntaba cuántas de ellas habían cesado de vivir, hundidas en gigantescos cataclismos, pero cuya lejanía aún las mantenía encendidas para los humildes espectadores de este planeta, tan miserable como ellas en  cuanto a su destino mortal.
Yo había cumplido las cuatro décadas de mi vida un mes atrás. Y desde mi pequeño departamento, acodada en la ventana de mi cuarto, había visto caer los últimos suspiros de una estrella despojada de su formato inicial.
Presentía detrás de mí al ángel obediente que había acunado mis sueños más hermosos. Jamás le había agradecido su paciencia, su inalterabilidad, su callado consentimiento. Pero sí había desoído la sabiduría que imprimía a cada uno de sus consejos, ignorándolo con premeditación, aún estando segura de que iría a llorar con la cabeza oculta bajo un ala, acurrucado en el rincón cercano a mi mesa de trabajo problablemente para continuar  esperando de mi parte una confesión que me resarciese de tanta lejanía ,con las marcas indelebles que vamos consiguiendo a través de vivencias que creemos grandiosas y elocuentes y tan sólo sirven para entender que aún hay tiempo de ser nobles , de admitir nuestros fracasos y de intentar iniciar nuevos derroteros.
Yo permanecía ajena a su dolor pues también se sumaba a mi arrogancia el desconocimiento del castigo que él recibiría por haberme abandonado a mi libre albedrío. Mas de esto no me consideraba  culpable pues , al ser sólo humana, no tenía por qué conocer los decretos de las leyes celestiales. Además, siendo aún joven, deseaba una vida intensa que no dejara intersticios por donde pudiese colarse la tristeza. ¿Dónde va quedando la infancia cuándo se van agregando años en nuestro calendario?… Pero era mejor abstenerse de realizarse esos cuestionamientos y resolver lo cotidiano, sin pensar en el futuro, ya que existe el miedo a todo lo que se desconoce y también, en consecuencia, la desazón por lo imprevisto, que no es tal, sino que siempre ha sido el resultado de las nuevas experiencias…
El nacimiento de Isabella significó para mí el comienzo de la madurez, el dejar atrás las luces de colores y el poner cada cosa en su lugar. Fue y es mi único retoño. Había plantado un árbol en el pequeño espacio de mi casa paterna. me faltaba escribir un cuento o algo semejante para alcanzar “el sumum” de la complacencia individual. No sabía que esa noche, entre milagrosos reencuentros de amigos ausentes, aflorando la amistad como la gema que cosechábamos en la adolescencia, (esa palabra tan cara que nos transforma en valientes y nos hace menos miserables), precisamente dentro del culto que jamás dejó de profesarse entre nosotras, encontré la punta inicial del hilo que me llevaría al más grande desconsuelo.
La vi llegar, asida de su brazo y sentí que el  corazón me galopaba desbocado contra las costillas. Delia  le sonreía encantadoramente, la vista clavada en el hermoso rostro de Humberto Zanotti, el padre de mi hija, que catorce años atrás cayó como un cometa mortal sobre mi universo para astillar mi ilusorio concepto del amor. Creí haberlo olvidado…¡Qué estúpida e ilusa criatura fui!
Nunca había notado tan dichosa a Delia. Estaba recuperando aquella energía vital que parecía haber sucumbido ante el fallecimiento prematuro del que fue su marido.

Sobreponiéndome, me hice cargo de los comentarios de mi enamorada amiga en la noche crucial de su cumpleaños. Porque entre amigas siempre existe la sorpresa y el dejar suceder, hay detalles que nunca pasan de moda, se canta reiteradas veces el “¡Cumpleaños feliz, que lo cumplas feliz/ que lo cumplas, amiguita, /que lo cumplas muy feliz!”, Y se repiten las estrofas, verso a verso, cada vez más eufóricamente, mientras las miradas van de una arruga a la otra, y los besos se suceden como para no dejar de imitar el jolgorio de nuestras hijas quinceañeras.
-¡Pide tres deseos! ¡Sólo tres deseos!- gritaban secundando el ritual de las velas. Y mientras ella batía palmas, alegre como una niñita, miré al hombre que la tomaba por lo hombros pero que sólo  me estaba mirando a mí.
Cargando mi mochila me alejé del salón. La encontré demasiado pesada para mi agobiada espalda. Demasiado cargada con lo que me hubiese gustado olvidar, demasiado triste con lo que sabía me acompañaría por el resto de mis días, ansiando llegar a casa para llorar junto al ángel ya enquistado en la pared del rincón de castigos, esperando la llegada de un día distinto, que tal vez me depararía mucha sobrevivencia y mucha gente aplaudiendo alrededor de mi próximo pastel de cumpleaños.

Afuera y lejos del bullicio, retorné a mirar al cielo. El tránsito nocturno de los astros se me ofrecía cual una expectativa de cambio. Y pensé que la noche, así oscura y desolada como la pensamos, no está, en realidad, tan sola. Al menos me tiene a mí, entre tantos otros que penan por los caminos,ansiando encontrar una estrella que nos permita , a través del valor de confesar nuestros  ilusorios saltos al vacío, lograr un nuevo renacimiento.

 

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12 respuestas a Esa lenta tristeza… (Carlota de las Mercedes Gauna)

  1. eva dijo:

    Aceptación y dulzura. Sensible relato. Gracias por compartirlo Carlota.

  2. amaiapdm dijo:

    Carlota, muchas gracias por escribir. Me ha gustado tu relato. Un saludo, felices fiestas y próspero 2014. Un beso. Amaya

    • Carlota Gauna dijo:

      Gracias mi querida Amaia…recién le comentaba a Eva respecto a la esencia de la mujer . Agrego a ello la capacidad que tenemos de aferrarnos a nuestros códigos internos y entregar el desaliento en las manos de la providencia…Todo lo esperamos del amor, pero, a la vez, estamos dispuestas a relegarlo en lo profundo del alma si ello es necesario para ser íntegras con nuestros valores….¡Un beso enorme!

  3. Quizá inspirada por la exquisitez de una ópera Carlota nos va desarrollando la trama de su relato. Un adagio venturoso que nos lleva a un molto vivace en su parte central para sorprendernos con un fortissimo en ese encuentro con su retorno. ¿Tiene algo que ver música y relato?. Si. Todo. Para quienes escuchamos música clasica representa la trama de una ópera cuya musicalidad crece a lo largo del relato. Sueños, realidad, tristeza y ese final a toda orquesta en la oscuridad son transmitidos con una delicada calidez..

    • Carlota Gauna dijo:

      Querido amigo…¡Sencillamente impactante tu interpretación de la lectura de este relato! Ay, amigo!…¿Dónde están los duendes del viento que bañados en la luz de la luna se han hecho palabras para abrillantar cada letra de mi prosa? Leyendo lo que has escrito puedo dimensionar lo que traté de especificar…Y a través de vos, lo he logrado…¡GRACIAS, RUBÉN DI BUCCIO!

  4. Victor Hugo Devia dijo:

    No soy muy afecto al arte literario, sabes que lo mio es más gráfico, soy un poco vago para leer, pero debo reconocer que este relato mantuvo muchas expectativas en mi desde su comienzo hasta ese final inesperado, felicitaciones Carlota, por utilizar un termino de mi arte preferido te diría que lo considere como un paisajismo hiperrealista…todo perfectamente detallado.

    • ¡Qué hermoso encontrarte aquí, mi querido y buen amigo! Encontré mucha verdad en tu comentario que, viniendo de la mente de un hombre como vos no puede menos que despertar un sano orgullo en mi…¡Miles de besos, compinche de la vida!

  5. Marcela dijo:

    me encantoooooo!!! siempre tan magica, bella y brillante Carlota 🙂 abrazoooooo grande!!

  6. leticiajp dijo:

    El cumpleaños era sólo de chicas, pero ¿el tal Humberto sí había ido? Es que no sé si lo he entendido bien o no, jeje. Creo que escribes bonito, pero a mí me ha faltado un poco más de “acción”, tengo la sensación de haber leído la introducción a una historia más larga, como si al final hubiera un “continuará” (¿lo hay? Si no te lo has planteado, igual podrías seguir tirando de este hilo).

    • Tienes razón, Leticia. Eres una persona muy suspicaz. Trataré de enviarte a tu muro mi relato completo. Y perdona si no vi tu comentario antes pero con estos cambios que está haciendo face, hay cosas que no puedo leer ni encontrar. Hoy lo logré y me emocioné al leer tu escrito. ¡Un beso enorme, querida Leticia!

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