Un cuento para Navidad (Alex de la Rosa)

Un cuento para NavidadLa anciana se dirigió cojeando al salón, apoyándose en las paredes que iba encontrando. A sus casi setenta años de edad, sus huesos estaban desgastados y frágiles, y cada paso que daba, se convertía en un tormento de dolor. A veces, se había imaginado que su esqueleto fuese de plastilina y que, con cada segundo que pasara de pie, su cuerpo fuese menguando hasta quedar sumido en un amasijo de carne y ropa. Mientras buscaba con la mirada su sillón preferido, ese orejero de piel que parecía hecho para ella, se rio divertida, pensando en esto último. Su hija siempre le decía que tenía mucha imaginación, y no era para menos.

Cuando se acomodó en el sillón, cerró los ojos para dejarse envolver por el fuego que salía de la chimenea. Siempre se quedaba embargada con ese calor tan confortable, por el olor y el crepitar de la leña quemada. Era la misma sensación que sólo podía encontrar en esa época del año, y no había cambiado desde que era pequeña. Un año tras otro, cuando llegaba la Navidad, su familia se reunía alrededor de la chimenea a cantar villancicos o, en su caso, a contar historias. Le encantaban las historias y, en especial, los cuentos de Navidad.

Una vez hubo despertado de esa especie de trance en la que se introducía cuando entraba en contacto con el fuego, alzó la voz y llamó a las niñas. Tenía tres nietas, a cual más preciosa. Parecían tres muñecas sacadas de algún cuento: piel fina y suave, blanca como la nieve, cabellos dorados y brillantes, como si cada hebra estuviera hecha del oro más puro que pudiera existir, ojos grandes del color del zafiro…<<Oh, Margareth…otra vez fantaseando>>, pensó la anciana con una sonrisa de oreja a oreja.

Las pequeñas llegaron al instante, pues sabían que cuando la abuela se sentaba en su sillón junto al fuego por aquella época y las llamaba, era para contarle una de sus historias. Y ellas se lo pasaban en grande. Se sentaron en la alfombra, frente a su abuela, y esperaron impacientes a que ésta comenzara su cuento. Siempre le gustaba hacerse de rogar al principio pero, una vez que empezaba, nadie podía interrumpirla hasta que no terminase.

<<Hoy os contaré una historia diferente, pero me tenéis que prometer que no se lo diréis a vuestra madre>>, susurró la anciana. A continuación, aguzó el oído para averiguar en qué parte de la casa podría encontrarse su hija. Escuchó pasos que parecían provenir de la segunda planta, lo que sirvió para tranquilizarla. Las niñas asintieron, con la cara de no haber roto un plato. <<Os voy a contar una historia de miedo, que pasó hace ya algunos años>>. Al instante, las pequeñas se levantaron y comenzaron a dar saltos, gritando y riendo. Los relatos de miedo eran sus preferidos, aunque su madre no opinaba lo mismo, puesto que luego no conseguían pegar ojo por las noches.

<<Es un cuento de Navidad, sobre Papá Noel…>>, empezó la anciana. Las niñas se pararon al unísono, y la miraron entre confundidas y decepcionadas. Un cuento sobre Papá Noel, no podía ser de miedo jamás. Sin embargo, la abuela hizo un ademán con las manos para que se sentaran y siguieran escuchando. Ellas obedecieron, porque querían mucho a su abuela, pero no pudieron evitar el mantener el semblante enfurruñado.

Envueltos de nuevo en el silencio, acompañadas simplemente del crepitar del fuego, la anciana se aclaró la garganta y comenzó su historia.

<<Cuentan algunas lenguas, que existe una razón por la que nadie ha visto a Papá Noel y, aquél que lo haya visto, no ha podido contarlo. Antes que nada, os tengo que contar que, en el lugar donde me crie, llaman a vuestro Santa Claus El Barbudo, y ahora veréis por qué. Se dice que El Barbudo no quiere ser visto por nadie: unos cuentan que el hecho de repartir regalos casa por casa, no es sino un castigo impuesto por algún ser superior como purificación de algún pecado que pudo cometer en su día; otros sostienen que lo que reparte no son regalos, sino objetos horrendos traídos desde su guarida, pero que nuestros ojos, bajo el hechizo de la Navidad, lo ven de la forma en la que lo vemos, año tras año. >> En éste punto, las pequeñas se miraron inquietas. El cuento comenzaba a tomar un matiz diferente al que habían pensado en un principio. Y eso les gustaba. Aunque, ciertamente, la abuela no sonreía como lo hacía cuando contaba los cuentos. Eso les provocaba cierta desazón.

<<De cualquier forma, sea lo que sea lo que El Barbudo nos traiga en éstas fechas, lo último que debemos hacer es descubrirlo mientras lo hace. Si él sabe que alguien lo ha visto, ya sea un niño o un mayor, no se irá hasta borrarle esa visión. >> La voz de la abuela sonaba ahora áspera y escabrosa. La más pequeña de las crías, se agarró fuertemente a sus dos hermanas. Afuera, en la calle, el viento soplaba con fuerza, haciendo crujir las maderas de la casa. Crujidos que parecían pisadas de alguien invisible que se paseaba por el salón.

Margareth hizo una pausa y volvió a aguzar el oído. No quería ni imaginar la que le caería encima si su hija la descubría contándole tremenda historia a las niñas. Una vez que se hubo cerciorado, se dirigió de nuevo a las pequeñas para terminar su historia. Ya debían de ser cerca de las diez, hora de irse a la cama para las pequeñas.

<<Conozco la historia de una niña que cometió el error de mirar al Barbudo. Cuando os la cuente, tenéis que iros a la cama, que ya es tarde. Y recordad, me habéis prometido no contarle nada a mamá. >> Las niñas asintieron, aunque no con el mismo ímpetu que al principio.

Sin más preámbulos, la anciana reanudó su relato.

<<La muchacha se despertó en mitad de la noche de Navidad de 1952, debido  a unos extraños ruidos que parecían proceder del interior de su casa. Asustada pero decidida, bajó las escaleras en busca de lo que fuera aquello. Sin duda, estaba convencida de que sería Papá Noel. Y que estaría colocando sus regalos debajo del árbol de Navidad.  Una tenue luz refulgía desde el salón, y se proyectaba sobre el descansillo de la escalera. Sólo le quedaban varios pasos para encontrarse con la razón de los misteriosos sonidos. Y entonces lo vio. Sólo le dio tiempo a ver como aquel ser vestido de rojo que había visto miles de veces por las calles haciendo sonar una campana, o en la televisión soltando su famoso “jou, jou, jou”, se dirigía hacia ella con una expresión espantosa. La agarró fuertemente con una sola mano, mientras dirigía la otra hacia su pequeño rostro. Con los dedos, unos dedos largos y huesudos, terminados en unas horribles uñas puntiagudas, le sacó los ojos a la muchacha…>>

Las tres pequeñas pegaron un grito, tapándose la cara con las manos. La más joven, que se acurrucaba temblorosa entre sus dos hermanas, se había orinado sin darse cuenta y, a su alrededor, se empezaba a formar una mancha oscura sobre la alfombra.

<<Abuela no nos gusta nada ese cuento>>, gritó la mayor de las nietas mientras se levantaba. Cogió a su hermana pequeña en brazos y a la otra de la mano para salir de allí cuanto antes. Sin duda esa noche no conseguirían dormir. <<Además>>, agregó justo antes de salir de la estancia, <<No puedes inventarte algo así sobre Papá Noel. Él es bueno, y si nadie ha conseguido verlo es porque es mágico, y puede hacerse invisible. Y esa niña de la que hablas no existe. Mamá tiene razón, tienes demasiada imaginación. Pero ésta vez te has pasado. >>

La anciana giró su cabeza hacia las niñas. Podía sentir como temblaban de arriba abajo, e incluso le llegaba el olor de la orina impregnado en la alfombra. Ahora sí que la había hecho buena. Sin duda, su hija, le reñiría durante los próximos días. Pero, llegados a éste punto, se dijo Margareth, sería mejor terminar de cerrar la historia. Lentamente, se llevó la mano a los ojos y, con suma delicadeza y con la ayuda de dos de sus dedos, se sacó primero un ojo y luego el otro, y los colocó sobre la palma de su mano, mostrándoselo a las niñas. Ahora en su rostro había dos enormes y profundas cuencas negras completamente vacías, que le daban un aspecto espeluznante y que, junto con su aspecto arrugado y pálido, hacían que pareciera un muerto recién salido de su tumba.

<<Queridas niñas…Aquella muchacha de la que os he hablado existe, y conozco demasiado bien su historia. Aquella niña soy yo>>.

FELICES FIESTAS

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8 respuestas a Un cuento para Navidad (Alex de la Rosa)

  1. Joan manuel García Paz dijo:

    Independientemente del tema, me parece que tu narración es magistral : “sentí”, el pánico y la desilusión de las niñas y el final, me parece le da una contundencia irrefutable.Saludos.

    • Muchas gracias compañero. Me alegro que te haya gustado. Es mi particular explicación de porqué nadie ve a Papa Noel esa noche…de los Reyes Magos no diré nada porque les tengo más cariño. Un saludo!!

  2. manolivf dijo:

    Vaya Alex, esta versión de papá Noel no tiene mucho marketing, desde luego vende más la tradicional por no hablar del shock de los más pequeños si llegan a conocerla…pero con su crudeza y todo me gusta, porque la ancianita no se queda atrás tampoco, ni el mismo Sade le gana. Original e inquietante…una historia para no dormir. 😉

    • Alex de la Rosa dijo:

      Gracias Manoli! Soy más de los Reyes Magos y nunca me ha hecho gracia eso de que Papá Noel se instale por aquí…aunque por lo que veo ya no tiene vuelta atrás y ahora los niños piden a los dos jaja. Me alegro que te haya gustado. Saludos!

  3. David Rubio dijo:

    Un relato que mezcla Navidad y Halloween. Muy entretenido. La única revisión que te propongo es el inicio, para mi gusto debería se más corta la introducción. Lo que interesa es la historia de la anciana con Papa Noel, cuanto antes sitúes a la abuela contando el cuento a las niñas mejor. Por lo demás excelente, Saludos

    • Alex de la Rosa dijo:

      Gracias por tu lectura y comentario David. Me alegra que te haya gustado. Con respecto al principio, sí puede que resulte algo largo, pero mi intención era dar un giro brusco a la historia, situándo a un personaje de abuelita encantadora para acabar haciendo lo que hace. Además, el hecho de que sea tan “fantasiosa” es algo que puede despistar al lector, para no preveer demasiado pronto el desenlace. Pero tengo en cuenta tu valoración. Gracias y de nuevo y un saludo!!

  4. Ángela dijo:

    ¡Jesús! que miedo, carajo. Muy chulo. Nada como una historia de terror contada a la orilla de la chimenea por una anciana con imaginación jaja

  5. Mar dijo:

    jajaja, madre mía!! menos mal que lo he leído después de las fiestas que sino sueño con el barbudo…. Muy bueno, Alex. y feliz año

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