El abogado del diablo (Manuela Vicente Fernández)

“Calladamente la pena.

Ruidosamente el dolor.

El veneno acumulado

me fue dejando el amor.”

Frida Kalho.

El abogado del diablo.

 

-Dado el escándalo suscitado por el caso, creo que será lo mejor, Montes. Puede recoger sus cosas.- Expresó Jaime, el dueño del bufete de abogados Aragón & Montalvo.

-Mañana mismo salgo. Lo tengo todo listo.- Contestó éste último, y con un gesto de cansancio que denotaba cierta sensación de alivio a la vez, tendió la mano a Jaime que no pudo evitar manifestar el pesar que sentía, ante la marcha del que consideraba el mejor de sus empleados.

-Siento mucho la tensión que has tenido que soportar, Pedro. Créeme que echaré de menos no tenerte con nosotros. Espero que al terminar la excedencia volvamos a contar contigo.

-El tiempo lo dirá, Jaime. Ahora no puedo pensar con claridad.

-Buena suerte, amigo. Mantenme al tanto.

-Descuida.

 

Pedro Montes apura el paso. El avión  que piensa tomar rumbo a las islas Caimán tiene la salida a las 6:45 am. Instintivamente aprieta el billete que lleva en el bolsillo de su chaqueta. Tiene un único pensamiento. Abandonar la ciudad.

 

2 años antes…

 

La prisión de Nueva Cerrada es un edificio moderno, consta de cuatro plantas bien orientadas, todas ellas con vistas al exterior del campo del Cerro. Hoy es un día de intenso calor y el pavimento parece  recalentarse más a cada paso que Montes, abogado con más de veinte años de oficio a sus espaldas, apura para llegar a la entrada.

Víctor Soto es un hombre que mira de frente. Al verle llegar y tomar asiento, Pedro siente una extraña sensación de familiaridad, como cuando uno se encuentra con un compañero de toda la vida, una de esas personas afables, sin doble fondo que hacen que uno se sienta cómodo a su lado. En un gesto inconsciente sacude los hombros e intenta concentrarse en el caso, pero el aspecto del hombre le ha desorientado totalmente. Siempre ha creído que los asesinos tienen su condición, de alguna forma, gravada en su semblante, puede ser la mirada esquiva, un rictus de los labios, un algo que los delata y diferencia del común de los mortales. Pero el informe que tiene delante le abre los ojos ante los hechos. Víctor Soto es un asesino de armas tomar, una bestia, el horrible animal que asesinó a Irene con saña hasta reducirla a meros despojos. No puede engañarse. Viene a recomendarle que se busque un abogado de oficio, él no puede  llevar su caso, es una cuestión de ética, pero Víctor se le adelanta.

-¿Está usted casado abogado?

-No. – Contesta Pedro, contrariado. – No lo estoy, pero en realidad…

-Yo quería a Irene con todas mis fuerzas ¿sabe?

-¡Vaya, hombre! ¡No me diga!

-Irene era la mujer perfecta. La esposa perfecta de cara a la galería. Todo el mundo se lo dirá. Pero lo que no le dirá nadie era que Irene era la perfecta impostora. Esa mujer estaba maldita, en su interior tenían cabida los demonios más crueles…

Pedro hace un gesto de fastidio, otra vez con la monserga paranoica…

-Usted no me cree, pero yo puedo aportarle pruebas de lo que digo. Investigue. ¿Se acuerda de la joven Marie Chantal? fue un caso muy comentado, un suicidio dijeron. Yo tengo su diario y le digo que fue la mano de Irene la que la empujó, no físicamente por supuesto. Marie era débil de carácter, usted recuerda, Irene la explotó en su taller de costura como quiso, hasta hacerla llegar a aquello.

-Disculpe, apenas he tenido tiempo de ver el dossier de este caso…

-Ya. Mire, aquí tengo la dirección de su antiguo psicoanalista, vaya a verle, se lo ruego, aunque no quiera llevar el caso, deme al menos el beneficio de la duda.

 

Pedro no entiende cómo se ha dejado manipular de este modo, él es un hombre serio que pocas veces actúa por impulso. Pero le ha picado el gusanillo de la duda y para un abogado no hay más que certezas. Está en la clínica del Carmen preguntando por el doctor Estévez. La secretaria de recepción lo mira perpleja.

-¿Cómo? ¿No lo sabe usted? El doctor Estévez ya no trabajaba para nosotros. En realidad había dejado la psiquiatría. Tenemos prohibido facilitarle más información, no será usted de la prensa…

 

Pedro consulta la hemeroteca hasta que da con la noticia que le interesa:

El psicoanalista Hernán Estévez está acusado de un delito de violación por una de sus pacientes: I.B.B. de 32 años.  Al parecer los hechos ocurrieron tras varios meses de acudir la joven a terapia con el médico. I.B.B. cuenta en su haber con pruebas irrefutables que incriminan al psicoanalista…

 –No entiendo su insistencia del otro día en que hablase con el doctor Estévez- afirma Pedro en su siguiente visita a Soto.

-¿Qué es lo que supo de él?

-En realidad no mucho, salvo que pesa una acusación contra él respecto a Irene.

-Pesaba, una acusación de violación que no pudo probarse.

-No fue eso lo que yo leí…

-El doctor Estévez se ahorcó en su celda hace dos meses. La familia prohibió a la prensa que se hiciese eco de la noticia.

-¿Y por qué me pidió que fuese a hablar con él? ¡Está usted loco!

-¿Es que no entiende que todos los que pueden hablarle de la verdadera Irene están muertos?- Apunta Víctor alzando la voz-

-No veo la relación causal, de verdad.- Insiste montes –

-Mire, lo único que puedo decirle es que hable con el doctor Miranda, de la sección de ginecología de la clínica Tiber.

-¿Otro médico?

 -Le dirá que Irene estaba embarazada cuando yo la maté.

 -¿Cómo? ¿Y por qué no se refleja eso en el sumario? – Pregunta Montes, incrédulo.

-Extraoficialmente… yo le pagué a Miranda por su silencio.

-¿Y me lo dice así, campechanamente, como si tal cosa?

-Miranda era mi amigo. Ahora se lo digo a usted, porque no tengo nada que perder. Yo soy el monstruo que la mató y pagaré por ello en la silla eléctrica, pero usted tiene que saber la verdad, abogado. La maté porque no pude resistir por más tiempo sus mezquindades. Hacía la vida que quería y yo lo sabía. Se acostaba con quién se le antojaba. Hacía el papel de la esposa perfecta, pero cuando supe que estaba embarazada de Isaac perdí la cabeza. La destrocé porque no soportaba verla ni muerta, quería destruirla, hacerla desaparecer…

-¡Basta! Isaac es…

-Isaac es mi hijo, sí. El que tuve con mi anterior esposa. El chico no está bien, toma medicación desde niño. Mire, abogado, si no quiere hacer nada le entenderé. Pero si pudiese volver atrás en el tiempo la volvería a matar, sólo que esta vez mucho antes, para que no hiciese tanto daño.

 

Montes abrocha el cinturón de seguridad y cierra los ojos. En su mente relee otra vez el informe forense de la identificación de los restos de Irene Balboa Ballesteros.

“Puede concluirse que los restos analizados con toda probabilidad corresponden a la identidad de I.B.B. Pues guardan una similitud en la secuencia de A.D.N …”

Montes ha leído mucho sobre los gemelos idénticos y su ADN. Sabe a ciencia cierta que Irene no está muerta. Sabe con toda seguridad que los restos hallados proceden de su desconocida hermana gemela. Claro que esto último Pedro no se lo dijo a Soto, por temor a que éste prefiriese la silla eléctrica a la reclusión en el sanatorio mental en el que ha conseguido, al fin, internarle.

Montes cuenta hacia atrás en el momento del despegue. Hizo cuánto pudo por el caso, hasta que se encontró con ella. Irene se convirtió en una obsesión. Cierra los ojos, reproduce sus rasgos de memoria: pelo lacio color caoba, labios gruesos, carnosos, ojos verde oscuro. Tiene una voz dulce, melodiosa, justo la que está oyendo ahora:

 

“Bienvenidos, señores pasajeros, Aerolíneas Delta les desea un agradable vuelo…”

Conoce más sobre la autora en http://lascosasqueescribo.wordpress.com
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12 respuestas a El abogado del diablo (Manuela Vicente Fernández)

  1. aprendiz de poeta dijo:

    Me gusta el juego de los tiempos y ese final inesperado, también la trama. Lo encuentro muy atractivo.Suerte Manuela y saludos.

  2. Joan manuel García Paz dijo:

    Suspenso, intriga, vuelcos inesperados, tu relato tiene todo para ser un guión de cine diría yo, es muy interesante y atrayente.Me atrapó. Saludos afectuosos Manuela. Un abrazo.

    • manolivf dijo:

      Muchas gracias, Joan Manuel. Un placer volver a encontrarte por aquí después de estos meses de ausencia. Escribí este relato hace un tiempo y le tengo un especial apego. Me atraen las tramas de intriga y pasiones… Me alegra que te haya gustado. 🙂

  3. Alex de la Rosa dijo:

    ¡Que bueno! Me ha gustado mucho. Es una historia que daría para más extensión, pero lo has hecho breve y, sin embargo, no me ha resultado precipitado. Que miedo encontrarse con alguna Irene en la vida…crucemos los dedos. Genial, Manoli. Saludos!

  4. Muchas gracias, Alex. Me alegro de que te guste y de que hayas “calado” al personaje, precisamente me preocupaba que al ser un relato breve me dejase algo por contar y no se entendiese bien la historia…a decir verdad cruzaba los dedos esperando vuestras preguntas; Tiendo a escribir historias largas, me gusta el enredo y la intriga. Un saludo. 🙂

  5. David Rubio dijo:

    El relato corre bien, entretiene y se nota el pulso creativo. Pero creo que faltaría alguna situación en la que el abogado descubra lo de la hermana gemela. En todo el relato no se hace ninguna referencia a ello. Te lo encuentras al final sin previo aviso.Y me he quedado con las ganas de saber cómo averiguó el tema de la gemela. Creo que lo podrías desarrollar a través del embarazo. Un abrazo

    • manolivf dijo:

      Es precisamente en ese final (quizá inesperado para el lector) dónde dejo o intento dejar caer la bomba, para que el lector saque sus conclusiones: el abogado que aparenta en un principio averiguar cae seducido por la propia Irene, por eso sabe que no son de ella los restos hallados. Ella es la gran enredadora. Efectivamente me surgieron dudas al hacer ese salto en la narración, tienes razón David, quizá he .debido desarrollarlo más, me pasa mucho por estar acostumbrada a escribir obras más largas. Te agradezco mucho tu comentario. Un abrazo. 🙂

  6. Ángela dijo:

    Cómo parece que a todos nos ha gustado (a mi también :)) yo te aconsejaría que lo pulas un poco, que he visto bastante errores por ahí. Un repasito y te queda cojonudo.

    • manolivf dijo:

      Gracias por tu comentario, Angela. Estoy segura de que hay errores y por eso también me gustaría que fueses más explicita, siempre ayuda conocer la opinión. Me alegra saber que te gustó.
      🙂

  7. Mar dijo:

    Genial, Manoli, no falta nada, asesinos, amor, intriga,… es increíble que podáis crear relatos así con tantos ingredientes de novela negra… ¡¡un abrazo, y feliz año!!

  8. manolivf dijo:

    Igualmente, Mar. Me alegra mucho que no eches nada a faltar, algo se me quedaría, pero estoy contenta de que te guste. Un abrazo. 🙂

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