De Reyes, camellos y esas vainas navideñas (Ángela Eastwood)

Comíamos tranquilamente un suculento estofado de patatas cuando la imagen del santo padre iluminó de forma agradable la pantalla. Hablaba el hombre, sí, decía algo.  ¿Qué dice el santo padre? Preguntó mi enjuta suegra empujando un buen pedazo de vaca con un considerable pedazo de pan. Dice que debemos descartar, en el pesebre,  la presencia del buey y de la mula, madre—dijole mi santa. Mi hija pequeña, mi ángel rubio, la luz de mi vida, me miraba con los ojos encharcados de lágrimas y ya temblaba su boquita formando un puchero. Ella, que recién había sacado la gran caja de cartón, donde cada año guardaba las entrañables y antiguas figuritas de belén. Cómo acariciaba ella con sus manitas de caramelo a esa gran familia de reyes, pajes, camellos, vírgenes, san joseles, angelillos, pastores, cabras, vacas, cerdos; familia que, por otra parte, se había ido ampliando con algún indio cheroqui y alguna caravana llena de fulanas (yo a las fulanas las llamé pastorcillas) y generosos barriles de wiski.

¡Ah! Pero no acabó ahí la desgracia, pues el santo padre anunció algo más y tal vez mucho más importante: que los Reyes Magos, sus majestades los Reyes Magos de Oriente, no eran de Oriente ¡No! Parece ser que provenían de un lugar llamado Tarsis. ¿Dónde está eso? Farfulló entre dientes mi suegra.  Dice el santo padre que está en Andalucía—dijo mi santa. ¡Uy! Pues seguro que son de Matalascañas, como yo—dijo la momia enlutada. No madre, que dice el santo padre que son de Huelva—aclaró  mi santa a la madre, que refunfuñó resabiada.

Desesperado me fui a beber al bar. Sí, necesitaba encontrarme entre hombres, hombres duros que tal vez también habían recibido un mazazo de esa índole, u de otra. ¡Tú te crees, Amancio, que ha dicho el Papa que los Reyes son de Huesca!—le dije a mi amigo, agarrándome a la barra del bar, para no caer. Y éste, que me aprecia, me puso una mano en el hombro y me dijo así: no nos podemos fiar de nadie, tronco.

Llegué, o me trajeron, muy borracho. Yo, evidentemente, no recuerdo nada.

Al día siguiente, cuando volví de trabajar, encontré a mi pequeña observando entre hipos el portal, huérfano ya del buey y la mula. Yo, su padre, debía decirle las palabras que ella necesitaba y no sabía cómo hacerlo. ¿Debemos cambiar los reyes, papá, debemos tirar estos a la basura como hemos hecho con el buey y la mulita? ¿Debemos buscar unos reyes que sean de Huesca? Sí hijita, así debe ser—le dije, sorprendido por la grandeza de su alma infantil. Me mordí los puños con desesperación y me tiré a la calle dispuesto a solventar el problema. Espérame aquí chiquitina, papa lo solucionará—le dije y le mandé un besito aéreo. Deambulé por las calles. Miré escaparates navideños donde  figuritas de toda índole harían las delicias de cualquier niño, mas no de la mía, arraigada como estaba a sus viejas costumbres.

Apesadumbrado y apunto de desistir vislumbré entonces una tiendecita especializada en rarezas navideñas y amablemente le pregunté al vendedor si tenía Reyes Magos de Huelva, a lo que éste, impertérrito, me contestó que de Huelva no, pero que tenía un terceto de cuerda y violín, labrados en madera  de nogal, que eran la leche y me informó extasiado que uno de ellos, negro como el azabache, tocaba de manera efusiva la pandereta. Mostróme la cara del negro zumbón y ciertamente su sonrisa resultaba en extremo distendida y alucinada su mirada. Miré al vendedor, confundido. ¿Lo querrá con los camellos? Quiso saber el vendedor, y, ante mi desconcierto, dejó el terceto sobre la mesa, esperando pacientemente mi respuesta.

Las declaraciones del santo padre nada decían sobre la procedencia de los camellos, tampoco especificaba el número de jorobas, así que mi respuesta al vendedor fue negativa. Camellos ya tengo, buen hombre ¿Y qué diablos voy a hacer yo con un terceto de cuerda? El hombre se encogió de hombros y salí de la tienda.

Días después, la piadosa faz del santo padre iluminó de nuevo la pantalla de mi televisor y anunció, emocionado, que tras seguir con sus pesquisas detectivescas, había hallado nuevos datos, y estos eran textualmente que los reyes andaluces no montaban sobre jorobados camellos,  sino sobre nobles, autóctonas y aterciopeladas mulas.

Mi hija rompió a llorar ¡Esto ya era demasiado! En un arrebato de ira, muy poco navideña, tomé a los tres reyes de Oriente con sus respectivas monturas jorobadas y los lancé a la basura.

Y en su lugar coloqué a tres reyes del deporte: Messi, Maradona (que ya tiene camello propio) y al bueno de Iniesta, que un día nos hizo tan felices.

Y no hay más, señores.

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15 respuestas a De Reyes, camellos y esas vainas navideñas (Ángela Eastwood)

  1. Y a la niña la traerán el Balón de Oro.
    ¡Que bueno!
    Felices…fiestas!

  2. Maria Pilar dijo:

    Buenísimo y con gran sentido del humor.
    ¡Felicidades!

  3. Alex de la Rosa dijo:

    Me ha gustao, aunque todavía no me queda claro si los Reyes son de Huelva o de Huesca. Escribes los dos nombres y me dejas desconcertado. Tiene partes en las que me has conseguido sacar una sonrisa, aunque lo de Maradona no me ha gustado mucho. No soy partidario de bromear con esa lacra. Aunque sé que lo has escrito con toda tu buena intención. En general, escrito cuidadosamente como suele ser habitual en tí. Tienes madera de escritora. Un saludo y felices fiestas!!!

    • Ángela dijo:

      Así me gusta Alex, que os fijéis en los fallos. Lo de Huesca ha sido un error, las prisas ya sabes. También hay un error en el título que debería ser: De reyes, camellos y otras vainas navideñas. Y alguno más hay por ahí, que se me ha pasado. Efectivamente lo de Maradona es una broma sin mala intención, también yo respeto mucho ese tema. Creo que resaltar los fallos es algo muy constructivo que nos ayuda a mejorar y yo los comentarios de ese tipo los agradezco mucho más que un simple: me ha gustado mucho. Este es un relato que he enviado simplemente para darle un toque navideño y alegre al asunto, sin muchas pretensiones. Y si os he arrancado una sonrisa ya me conformo.

  4. manolivf dijo:

    Suscribo el comentario de Alex, opino lo mismo que él, tanto en los peros como en los elogios. Muy apropiado el tema que da para largo. Un saludo Angela y feliz Navidad (con vainas navideñas y todo. 😉

  5. Alex de la Rosa dijo:

    Me alegro Angela y estoy contigo en lo mismo. Siempre que sea desde el respeto, que en esta página lo hay, es preferible las criticas constructivas. Por cierto, si queréis otro punto de vista navideño, pasarse por el que colgue hace poco ” Un cuento para Navidad “. Es algo distinto…pero tengo un puntito macabro, que le vamos a hacer jaja. Un saludo navideño!!

  6. Ángela dijo:

    Mirad chicos, palabritas del bueno de Stephen King: “Cuando leo una crítica muy negativa, me callo la boca para que el crítico no sepa que lloriqueo. Pero siempre las leo porque quiero aprender, y cuando una crítica está bien hecha, te ayuda a saber lo que hiciste mal. Si todos dicen que algo no funciona, te puedes fiar. En todo caso, la mejor réplica a una crítica la hizo un músico del XIX cuya ópera fue demolida. Le escribió una carta al crítico diciendo: “Estoy en la habitación más pequeña de mi casa. Tengo su crítica delante, y muy pronto la tendré detrás”.

    • Alex de la Rosa dijo:

      Investigando por la red, ya que me habías dejado intrigado, he descubierto que el autor de dicha frase es Johann Baptist Joseph Maximilian Reger, como respuesta a una crítica a una de sus obras. Que curioso. Ya que nombras a S.K, creador de lo mejor y de lo peor, a veces no logro a entender como algunos de sus libros han sido best-sellers (los han sido prácticamente todos, pero algunos son realmente malos como para llegar ahí arriba). En fin me desvirtúo muchísimo del tema. Deberíamos tener un foro o algo para hablar de cosas de éstas. Un saludo Angela!!

  7. Ángela dijo:

    Y ahora lo que me encantaría es saber de qué músico se trata, curiosa que es una.

  8. aprendiz de poeta dijo:

    Muy buen relato, me gusta el juego que debate un poco con el dogma y a la vez resalta la ternura implícita en “estas vainas navideñas”Humor, reflexión, encuentro mucho en tu texto.Gracias.

  9. Mar dijo:

    jajaja! qué bueno, Ángela! que arte que tienes para hacerme reír, es GENIAL. ¡Feliz año!

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