Zinco (María Pilar Jiménez)

Le pusieron Zinco porque fue el quinto de una camada. Había nacido en el seno de una familia de importante “pedigrí”`y sus padres, muy apreciados y mimados por sus dueños, eran campeones de quién sabe cuántos concursos.  El destino de Zinco debería ser el mismo. Sin embargo, se hallaba confinado en una estrecha jaula de un albergue para animales abandonados; la naturaleza cometió el error de dotarle con un sólo testículo y, por ello, no apto para el negocio de sus dueños… y por ello… no apto para recibir el cariño y los mimos que sus padres y hermanos de camada, recibían de sus amos. Se convirtió en un marginado en aquella casa, donde los perros, por constituir una fuente de ingresos, era  tratados a cuerpo de rey. Decían de él que era malo, agresivo, que destrozaba lo que encontraba y que no podía convivir con los demás. Y así fue a parar al albergue…     

Era un bonito ejemplar de Pastor Alemán; en su enorme cabeza destacaban las orejas, siempre alertas, y unos ojos con una profunda y triste mirada. Era todavía cachorro, tendría nueve meses, cuando fue adoptado por una modesta familia numerosa. En su nueva casa, unos niños rodearon con caricias al perro, que esperaban iba a ser su amigo. Zinco movía el rabo y se dejaba hacer; hasta se tomó la libertad de agradecer con un lametazo, las caricias que estaba recibiendo. Esta escena la contemplaba sonriente, otro niño, sentado en una silla de ruedas. El perro, cuando  notó su presencia, fue hasta él y con sumo cuidado posó su cabeza sobre las piernecitas del pequeño, quizá esperando la caricia, que éste no podía dar porque  sólo tenía movimiento en los deditos de la  mano derecha, que colgaba fuera de la silla.  Zinco se desplazó suavemente hasta la pequeña mano y así el niño y el perro iniciaron su amistad.    

Desde ese momento, el perro, tomó posición en el lado derecho de la silla, donde la mano del niño caía justo sobre su cabeza y una comunicación interminable, se estableció, para siempre, entre ellos.

Javi tenía siete años y su vida transcurría en una silla de ruedas, privado de cualquier tipo de movimiento, excepto el  que esa mano derecha permitía a sus pequeños deditos. Su carita sonriente y sus ojos, eran su único lenguaje.

Con mucho esfuerzo consiguió articular el nombre de Zinco, al que nombraba, a la vez que sus deditos acariciaban su cabeza. Juntos contemplaba, y disfrutaban de los juegos de los otros niños; juntos pasaban el día y la noche, porque a Zinco le colocaron su cama, muy cerca de la del niño; así se convirtieron en amigos inseparables.

Eran frecuentes, debido a su delicado estado de salud, las visitas del niño al hospital. En tales ocasiones, el perro esperaba  paciente, el regreso de su amigo. Pero un día, el niño no volvió… y el perro no supo vivir sin él. Tendido,  junto a la cama vacía de su amigo, permanecía con los ojos cerrados, quizá soñando que  sus deditos lo acariciaban. Sólo cuando los otros niños, en su afán de animarle se acercaban,  abría los ojos y movía el rabo, en señal de agradecimiento. Pero, un día, cuando los niños, al volver del colegio, como siempre, se acercaron, Zinco no abrió los ojos… ni movió el rabo…

Nunca se supo si el perro fue en busca del niño o si el niño ya liberado de ataduras, vino a buscar a su amigo… De lo que no hay duda es que el niño y el perro juntos,  ya son felices jugando con las nubes…

Conoce más de la autora en www.pilita.es
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8 respuestas a Zinco (María Pilar Jiménez)

  1. Alberto Casado Alonso dijo:

    Bonito alegato al amor por los animales. Yo tengo una pareja de Yorkshire toys, preciosos; por eso y por la buena redacción, te llevas mis votos.

  2. Alex de la Rosa dijo:

    Es asombrosa la fidelidad de los perros. Hace poco ví una noticia en la que dos perros callejeros habían estado mucho tiempo juntos y al uno morir, el otro se quedó junto a él hasta que un viandante lo enterró. Me toca la fibra sensible el tema de los animales, en concreto de los perros. Y si encima tratas el tema de un pequeño enfermo ya me matas. Triste relato, pero bueno. Saludos!

  3. Ángela dijo:

    Una historia muy tierna y emotiva. Un gran homenaje a los animales: esos seres que nos dan tanto pidiendo tan poco.

  4. Mar dijo:

    Esta más que comprobado la excelente terapia que ejercen los animales en las personas de delicada salud, y tú lo has contado muy bien en este tierno relato. Feliz año!

  5. mpjimenez5 dijo:

    Feliz año también para ti. Gracias por tu comentario.

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