Carta de un centurión (Alberto Casado)

Mi amada Aradia:

Escribo estas palabras, quizás las últimas, desde el frente de batalla. Deseo que sepas cuánto te amo y lo mucho que te extraño. Sin ti los días se hacen eternos y las noches aburridas, mas soporto los unos y las otras, con la esperanza de volver a verte algún día. Hazle saber a mi familia que estoy bien y que les tengo siempre presentes en mis oraciones.

Las disputas entre César y Pompeyo se han enquistado, pues su odio es tal, que ninguno cederá hasta que el otro se rinda. Mañana los dos ejércitos se enfrentarán y mi centuria está presta a darlo todo por Julio César, e incluso morir por él y por Roma, si fuere necesario.

Dile a tu padre que llevo con orgullo su vitis(1) y la loriga(2), que en una gran muestra de aprecio, me obsequió. Mi tribuno es un hombre rudo pero de buen corazón y sabe valorar a los soldados veteranos como yo. Mis hombres, aunque agotados, me seguirán en la batalla decisiva, y ya sea con pilum(3) o con puñales, se comportarán con la bravura que de ellos se espera.

Ya oigo a las trompetas llamar a los oficiales. He de dejarte, mas aunque viva o muera, permanecerás anclada en mi corazón.

Tuyo siempre,

Julio Cornelio, centurión de la I Legión romana.

 

     La guerra civil que enfrentó a Pompeyo y César, a mediados del primer siglo antes de Cristo, se decidió en la batalla de Farsalia, localizada en la actual Grecia. La noche anterior al enfrentamiento, mientras las más numerosas y mejor dotadas tropas de Pompeyo celebraban por anticipado una futura victoria, las comandadas por Julio César, cenaban su rancho a base de trigo y col.

     Al día siguiente, los ejércitos se dispondrían para el combate con una separación no superior a los 200 metros. César sería el primero en lanzar sus hombres al ataque, pero ordenó que se detuviesen a la mitad del camino. Pompeyo ordenó cargar a su caballería, honderos y arqueros contra las tropas de Julio César, mas en aquel momento, este hizo una señal a sus seis cohortes de reserva, quienes atacaron furiosamente a las huestes de Pompeyo, que no se lo esperaban y dieron media vuelta.

     Ante el desorden en el repliegue de las tropas enemigas, las legiones cesarianas acorralaron y derrotaron a las pompeyanas, desalojándolas del monte cercano donde se habían tratado de refugiar. Pompeyo se rindió.

     No se conoce cuál fue el destino del centurión Cornelio, cuya carta fue hallada en el campo de batalla por uno de los legionarios a su mando.

 

(1)   Vitis: Bastón de mando del centurión, que servía como insignia de la categoría, así como medio de castigo para los soldados indisciplinados.

(2)   Loriga: Coraza de cuero cubierta de una cota de malla. Cuando dicha cota era de láminas de bronce a modo de escamas, cosidas con alambres, se llamaba loriga squamata.

(3)   Pilum: Es el plural de pila, lanza arrojadiza característica de las legiones romanas.

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5 respuestas a Carta de un centurión (Alberto Casado)

  1. David Rubio dijo:

    Un texto extraordinario. El tono épico conseguido demuestra una gran cultura y eso da libertad para atreverse con cualquier tipo de historia. Un abrazo

    • Alberto Casado Alonso dijo:

      Gracias, de nuevo, por tus generosos comentarios; más viniendo de un magnífico narrador como tú. Un saludo.

  2. Ángela dijo:

    Totalmente de acuerdo con el comentario de David Rubio, nada más que añadir. Muy bien.

  3. mpjimenez5 dijo:

    Alberto, interesante y didáctico. Da gusto leerte.

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