La mala anfitriona (Mar)

Ding-dong. Ya están aquí. Besos, abrazos y buenos deseos. 

Dos horas más tarde me desconecto de la conversación familiar y profundizo en mi pensamiento de preocupada anfitriona:

“No entiendo, con el cochinillo que se han zampado, mas todos los entrantes ¡qué vale, que muy de luxe navideño no eran!, pero yo creo que empezar una copiosa cena con variedad de ensaladas y crudites es sanísimo. Esta claro que se han quedado con hambre porque me han dejado la bandeja de dulces navideños como la pista de aterrizaje de Castellón. Ahí tan tristes, en mitad de la nada, solo queda un trozo de turrón de chocolate y un polvorón, serán glotones”

Una mala anfitriona, eso es lo que soy, por no estar a la altura culinaria la última noche del año y complacer a la familia, si es que tenía que ver los programas de moda de la tele, esos de ganster-chef, o top-chef, o baby-chef o algo así creo que se llaman, tengo que poner más la tele y aprender algo de lo que sale por ella. En este obsesivo pensamiento me encontraba cuando un mal tono aderezado de ironía llegó a mis oídos.

— Deja de meterte más dulces para el cuerpo, le dijo mi cuñado Salva a mi hermana Cris que engullía  el último trozo de turrón de chocolate.

—Me pirra el chocolate, ya lo sabes, y además no me engorda— dijo Cris con una sonrisa de oreja a oreja.

—Ahora, que tienes treinta y tantos, ya veremos  dentro de diez años como estas—le aclaró mi cuñado que era un obseso del culto al cuerpo. Él si que aprovechaba bien su cuota del gimnasio, venerando sus bíceps-tríceps de lunes a domingo.

—Opino como Salva, los kilos a raya, no hay que bajar la guardia ni en fiestas. Y no es por mal meter Cris, pero te estas poniendo…—Ya saltó la frívola de mi cuñada Begoña,  siempre tenía que meterse con mi hermana, pensé.

—Estoy un poco harta de tus consejos sobre dietas, belleza, deporte…en realidad, estoy un poco harta de ti, Begoña. En el mundo hay algo más que un espejo, le gritó mi hermana Cris.

—¡Oye, mona! que yo solo te lo digo para que hagas mas feliz a tu maridito  y le sigas gustando, no vaya a ser que un día de estos lo pierdas.

—¿Qué haga yo mas feliz a quién, que le siga qué, que pierda a quién? Pero so lerda tú, tu te has pasado con el vino, guapa.

Mientras ellas iban caldeando el ambiente con un partido de reproches insultantes, pensé:  “esto del vino va con segundas, ya sabía yo que con cinco  botellas nos quedábamos cortos. La culpa es de mi amigo Mario que se empeñó en decirles que él se encargaba del vino, y claro, se han presentado con una mano delante y otra detrás, ¡hala, en paro que estoy y acoquinar con todo el gasto de la última cena”.

Otro mal tono familiar me sacó de la culpabilidad de mala anfitriona con escasa bodega y entrantes anticrísis, pero este año con el segundo plato me quería lucir y hasta había dejado la cuenta temblando para comprar el pobre cochinillo, que ni idea de cocinarlo, pero me daba en la nariz que era una comida muy navideña, ya que en la carnicería los tenían a docenas y para foto,  algunos con una manzana en la boca, otros con un collar de espumillón y  hasta con gorros de papa noel. Me dije “date con esto quedo de perlas”.

— Que te calles Begoña, que tiene razón mi hermana, te has pasado con el vino— le increpó mi hermano Alberto a mi cuñada.

—Bueno, vamos a dejarlo aquí, pero verdad es, que tu hermana cada día come más y más y eso se nota— informó mi cuñado Salva a mi hermano.

Cris, levantándose como un resorte de su asiento le dijo a gritos a mi cuñado—¡Que estoy más gorda! Serás gilipollas, que sabrás tú si hace meses que pasas por mi lado y ni me ves.

— Qué Begoña, estarás contenta, ya la has liado parda. Venga que nosotros nos vamos, increpó mi hermano a la frívola de Begoña.

—¿pero antes de las uvas?— me atreví a intervenir. Raúl, mi nuevo amigo, que venía de colocar vasitos cargados de uvas de la suerte me dijo: —no insistas que se vayan antes si quieren, faltan uvas.

Se me quedó cara de panolis, y otra vez sumergida en mi culpabilidad de mala anfitriona, tiré rauda y veloz para la cocina a convertir una uva en dos, dejando el salón en silencio y en el aire una bomba de relojería.

Tic,tic,tic,tic,tic el minutero del gordito cocinero  avisaba que quedaban diez minutos para las doce. Apague la música y encendí la tele.

Rompí el silencio, cargado de adrenalina de los cinco comensales, anunciando que lo sentía, pero que las uvas no eran una sino media, y que no se dieran prisa con las campanadas que tampoco había doce uvas sino ocho. Y añadí con risita tonta de desastrosa anfitriona —no os importe me han dicho que si rompes la tradición de alguna manera el fin de año, el año nuevo te irá mejor.

Y ¡cómo no! tuvo que saltar Begoña diciendo:  —La tradición ya la has roto tú querida cuñada, que el cochinillo debe quedar jugoso y tierno y el tuyo estaba seco y duro— Y antes de que me diera tiempo a reconocer mi falta de talento en la cocina y sentenciarme culpable, Begoña ya nos estaba anunciando su buena nueva diciendo:  —Y ahora, yo también voy a  romper con la maldita tradición—  se levantó de su silla y tambaleándose por la embriaguez vinatera, añadió —¿sabéis qué? que esta es la última Navidad que pasamos con vosotros ¿verdad Salva?

Todos miramos a mi cuñado Salva que mucho hablar pero ya masticaba ansiosamente y a dos carrillos el último polvorón,  al oír la voz de pito de Begoña anunciando su buena nueva, su tez  pasó del  blanco neutro al rojo vivo en décimas de segundo, y es que el  último polvorón se le había pegado a la garganta. Gracias que  estaba a su lado mi amigo Alberto, que trabaja en el Samur, levantándole en volandas y apretando con los dos puños  su estómago, consiguió que todo el  polvorón saliese disparado de su boca aterrizando en la cara de Begoña, que mientras se cagaba en todos nuestros muertos y se limpiaba su maquillada cara le dijo a mi hermano: —Escucha bien esto, llevo un año tirándome a tu cuñado Salva, justo desde la noche vieja pasada, que por cierto también cenamos fatal— Y fulminándome con su mirada de pestañas postizas descolocadas, continuó diciéndole al medio tonto, pero cacho pan de mi pobre hermano: —No entiendo como cada año te empeñas en venir a casa de tu hermanita que cocina de pena. Por fin,  para mi esta es la última vez. Ya no te aguanto más , ni a ti, ni a tu hermanita glotona, ni a la mala anfitriona de tu otra hermanita,  ni a sus cambiantes novios año tras año, que a cual peor, mira éste último, el que se encargaba del vino, a lo mucho se ha gastado 3 euros por botella y encima trae pocas.

Nos quedamos petrificados, como los cantantes del anuncio de la lotería de Navidad. Cris, con la boca abierta, miró a su marido que ya se levantaba de su asiento, sabía que mi hermana nunca le dejaría volver a casa ni siquiera a recoger su maleta. Los dos amantes, uno tosiendo y cabizbajo  y la otra tambaleándose  desde lo alto de sus tacones, salieron de mi casa por Navidad para nunca más volver.

El portazo de salida nos sacó a todos del estado  de mutismo y mi hermano con atribulada voz nos anunció” ya están aquí los cuartos”,  y yo pensé “año nuevo anfitriona buena” no me pierdo el próximo programa de  ciudadano-chef.

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15 respuestas a La mala anfitriona (Mar)

  1. arturo daussà dijo:

    Mar, nuevamente sorprende tu relato, descripción de la misma vida, gracias por deleitarnos cada vez con tus escritos. Un saludo
    Arturo Daussá http://comentametulibro.blogspot.com.es/

  2. Ángela dijo:

    Buenísimo, Mar, me ha encantado. Solo ha faltado la suegra rancia y el niño repelente para ser cuasi perfecto. Muy bien.

    • Mar dijo:

      Me alegra un montón que te guste Ángela, te digo lo mismo que a Arturo, que me leáis y comentéis escritores como vosotros me halaga. ¡Feliz año!

  3. Rafa dijo:

    Me gusta, pero no te preocupes, … volverán …

  4. Joan manuel García Paz dijo:

    Muy ameno, y además satirizando la esencia de las reuniones de una manera menos dolorosa(diría yo).La verdad es que nos escenificas tan vívidamente la historia que me parecía estar allí saboreando un generoso trozo de lechón …aunque fuera un poco duro. Saludos y suerte.Mar.

  5. manolivf dijo:

    Tu relato pone ese toque de humor (no diré negro, porque a mí la anfitriona me parece de lo mejor intencionada). Lo que más me gusta es lo puesta al día que está con los reality de la tele. Un abrazo, Mar.

  6. Mar dijo:

    Muchas gracias, Manoli. Desde luego que la pobre anfitriona pone toda su esencia para que todo salga bien, pero…. ¡Feliz año!

  7. mpjimenez5 dijo:

    Yo diría que has reflejado muy bien una de tantas reuniones familiares que se dan en las fiestas navideñas, ésta, además, con lío de pareja.
    Saludos.

  8. Luis Lorenzo dijo:

    La anfitriona se tenía que sentir orgullosa, porque desde luego la cena no puede ser más animada… jajajajá
    Muy bueno el relato, nos deja con el intringulis de saber como será la cena del Fin de Año próximo…

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