El frío (Paraguas Amarillo)

Faltan los pingüinos para terminar de decorar el paisaje que curte la sangre. Cuellera, bufanda, gorrito, guantes, dos remeras, camisa, pullover, campera, un par de medias gruesas sobre un par de medias finas; aún así no me podían dejar de llorar los ojos, mis huesos tenían frio. 
Iba caminado hacia la escuela y sólo podía mirar el piso que era lo que menos frío daba (el ver la helada sobre el techo de los autos, o la escarcha cubriendo el pasto, hacían que la sensación térmica bajara considerablemente). 
Igual es placentero estar abrigado con este frio, padecerlo sin enfermarse. Que maravilloso frío polar, este frío provinciano, con humedad, asesino. Hermoso salir a la calle y afrontarlo, salir de la cama y afrontarlo (debo reconocer que es de los actos de arrojo y valentía mas envidiables, pero una vez ahí, en el campo de batalla, uno tiene todas las de ganar, se despiertan las neuronas, los ojos lloran, morados los labios, (tiritando frescura que atraviesa el cerebro)
Con esfuerzo sobre-humano imagino lo diferente de un día de agobiante calor, hablando de recuerdos más que de sensaciones es más fácil ambientarse. Un día de calor la mente no está fresca, el cuerpo está grasoso, húmedo, expandido, cocido, el cerebro también, desoxigenado, saturado, quemado, el sol no hace llorar los ojos, sino que los arde y ciega, el cuerpo pesa el doble, y el alma hace un trabajo esclavo en soportar ese kilaje de carne relajada que se deja arrastrar, la modorra recorre el todo. El sol tuesta, lo admito, queda, en algunos casos, mejor estéticamente, y, como las iguanas, desparramados en el pasto y con agua cerca, puede producir una sensación similar al placer. Como un feto, rendido, sin esfuerzos, la falta de oxígeno y lo agobiante del calor van haciendo imposible el funcionamiento de las neuronas, y nos vamos relajando y entumeciendo sobre nuestro propio ser. Pero esa grata sensación se desvanece cuando tenemos que levantarnos, hacer el más mínimo esfuerzo, darnos vuelta, pararse, todo se mueve, mareo, falta el aire, todo cuesta arriba.
Sin embargo siempre habrá gente que prefieran los veranos a los inviernos, si en este mundo hay gente para todo, inviernistas y veranistas, la pelea de siempre, creo que mi posición es más que clara, argumentos me sobran. 
Quiero anexar una crítica a una defensa del verano que, me imagino, los de aquel bando pueden llegar a formular. En el verano está la pileta, el arroyo, el agua, el río, el mar, no lo vas a comparar. Pues claro que los voy a comparar, y vas a perder forro. La pileta parece placer por lo deshidratado que estás por dentro, porque el calor ya te cocinó vuelta y vuelta y se te hace insoportable la mera existencia de tanto calor. Pero el agua de la pileta, del mar, o lo que fuere, en comparación con el afuera, siempre está helada, y es una tortura meterse, y salvo algún juego, que mucho no podrá extenderse para que no se te arrugen los deditos, no es tanta la diversión, es mas el mito y la fantasía alrededor del agua, que el verdadero placer que se siente.
Otra posible defensa que imagino, ya la he escuchado muchas veces, es el hecho de la cerveza fría, de lo rico de tomarlas cuando el calor aprieta la garganta. Es un placer no mínimo, debo reconocer, y uno de los pocos puntos a favor que pueden esgrimirse en términos generales en defensa del verano. Sin embargo, luego de unas horas la cerveza, por más fría que se haya ingerido, comienza o termina produciendo aún más calor del que se tenía al comienzo. En cambio cualquier clase de alcohol, en invierno, es siempre una inagotable fuente de satisfacción, y de arma en contra de la temperatura.
Pocos podrán negarme el argumento que voy a presentar a continuación, es la carta maestra, el contraste más grande y grave que puede hacerse en comparaciones climático-estacionales. Y esto es el tema de la noche, de dormir. Taparse hasta la nariz con frazadas tras frazadas, o esconder la cabeza en las mismas, es uno de los placeres más gratos conocidos por el hombre, el peso de todo ese abrigo por sobre el cuerpo es un deleite inimaginable, ya no queremos dejar nuestros aposentos por nada del mundo, porque es el lugar más cálido que existe. En cambio, la noches de verano, ¡Por Dios!… La imposibilidad de dormir, uno pegajoso en una cama pegajosa, vueltas sobre vueltas sobre vueltas, la falta de aire, el ahogo, los mosquitos ruidosos que acechan y pican, acechan y pican, todo colorado y carnoso, todo insatisfecho, todo insomnio, entresueños-pesadillescos, minutos-horas, y horas-días , la espera de conciliar el sueño que tarda un poco más y un poco más en llegar. Decadentes veranistas. Decadentes.
Existe un mito, no sé si un mito, ya que puede tener algo de realidad, pero sí un lugar común. Los pueblos donde hace calor son más alegres, más fiesteros. Los pueblos, sociedades o países donde hace frío, en cambio, son más sombríos, aburridos, espectrales, conservadores. Puede ser que algo así suceda, pero no olvidemos esto, esos pueblos caribeños que tanto festejan nunca sacan los mejores escritores, éstas gentes vienen casi siempre de lugares fríos, de la nieve de Rusia, del frio polaco, de la Europa oriental, y esto ocurre porque el frío hace funcionar más y mejor a las neuronas, las despierta, el calor las atonta y las atrofia.
Como todo, igualmente, tengo que reconocer que hay de todo en todos lados, y uno se puede encontrar genios en el Caribe como imbéciles en el Polo Norte, pero quería apuntalar un poco mas mi justificación en post de la defensa del invierno, y eso que estamos en invierno, y estoy en la calle, y estoy padeciendo en carne propia al terrible frio, y eso que uno tiende a añorar el calor cuando está en medio del frío, como cuando está en medio del calor busca y añora el frío – así como también cuando uno está en pareja se busca la soltería, cuando se está en soltería se busca pareja, se busca estar en China cuando se está en Japón, estar en Japón cuando está en China-. Desde el invierno banco al invierno y no añoro el verano. Punto para mí. Veranistas putos. Gatos. Corrieron.

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6 respuestas a El frío (Paraguas Amarillo)

  1. Alberto Casado Alonso dijo:

    Cuando se vive los extremos del verano e invierno, tendemos a decantarnos por uno u otro. Pero cuando el clima es suave en ambas estaciones, nos da igual, como sucede en la costa peruana, donde el invierno no lo es tal, y el verano es poco caluroso.
    Está bien la reflexión que has hecho de los pros y contras de una estación u otra, pero en mi caso, me da igual. Un saludo.

  2. leticiajp dijo:

    Veo un claro alegato a favor del frío :). No sé si te has inspirado en el tema del mes o de verdad eres “inviernista”. Al principio creí que habría alguna trama más, alguien que lo contaba por alguna razón o algo así. ¿De dónde eres? Algunas palabras no las entiendo, aunque me encanta conocer términos nuevos. Yo donde más identificada me he sentido es en lo de las noches, es verdad que hay mucha diferencia entre acurrucarse o no saber ya como ponerse. Algunas frases las haría un poco más cortas para que fuera más fácil de seguir.

  3. Genial me gusto, y es cierto lo que dices “hay gente para todo”. En mi caso personal prefiero el frío, del calor lo único que disfruto es la cerveza jajaja. Con cada palabra logras transmitir de verdad la sensación de calor o frío, muy bien.

  4. Alex de la Rosa dijo:

    Tiene buenos detalles pero, en general, hay como una mezcla de intenciones y a veces parece que te has dejado llevar demasiado por la improvisación. Hay momentos en los que pierdo la visión de ese niño que va hacia la escuela. Por otro lado, hay frases que transmiten casi literalmente sensaciones vividas tanto con el frío como con el calor, y es fácil identificarse con el texto. Saludos.

  5. Ángela dijo:

    Me parece más un alegato para convencernos de las ventajas del invierno que un relato, pero me ha gustado, porque está bastante bien escrito. Tengo varios amiguetes argentinos así que el lenguaje no me ha molestado para nada y lo he entendido muy bien. A mi me encanta el invierno.

  6. Nelaache dijo:

    No sé si es un niño el que está haciéndonos esta comparación entre el frío y el calor, y termina decantándose por el frío. Desde luego, no creo que un niño se expresara nunca así. Su lenguaje sería más fresco y sencillo. Por lo demás, una buena comparación entre dos polos opuestos, aunque para mí es mejor el calor.

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