Navidad en Dinamarca (Patricio Núñez Fernández)

Debajo de la crucifixión me esperaba la vejez, esa trampa sin salida que es ser ajeno a los deseos. Ahora me mofo de quien no creía en las vírgenes que colgaban de su cadena. Estoy sumergido en el agua que se pudre por estancarse. Soy el corrompido que ríe para no creer que todo es posible. El cielo se llena de estrellas, las tapo para poder reír sin pensar, como un idiota.

El mundo se derrumba y mi conciencia se preocupa por la pronunciación de Rosencrantz y Guildenstern, cuando con el asesinato de Gertrudis me hubiera liberado de mi desenfreno para entregarme a una agonía absoluta que sería mía, únicamente mía. La tendría que haber estrangulado para no mirar con pánico la cruz. Polonio es quien sospecha. También morirá, junto a Laertes. Inmóviles, carentes de brios como lo estuvieron siempre.

Amanece, es lo mismo. Nada se detiene sino para morir y volverse pestilente. Morir, dormir, es lo mismo. Mi inconciente es un ser repulsivo que detesto y me obliga a despertar para no morir pidiendo por el cuerpo de ella que se descompone sin morir. La quiero solo para mí.

El amigo de las islas esta perdido en nuevos naufragios mientras lo que anhelo se desangra por mi ausencia. Mi miedo disfrazado con una mascara de carnaval. Todas mis amantes buscan alejarse de la repulsión de tener que escucharme pendiente del fantasma con quien hablo que me envía directrices ambiguas de lo que él no hizo y ahora lamenta. No quiero lastimarlo. Está muerto y su funeral será el lecho nupcial de todos mis crímenes. Dios se ruboriza al saber mis planes de invadir y conquistar el paraíso con miedo.

Vuelvo a ver la cruz. Me ilumina. El agua se pierde por lugares en donde el sol domina con sus rayos cansados. Ahora somos dos los que padecemos por pecados absolutos, sin expiación.

Ella duerme.

Miles de kilómetros nos separan. El claro de la mañana alumbra su rostro. Sus labios laten por el deseo de volver a tenerme. La llevé a la locura. Sentirá el júbilo cuando perezca en ese río puro. Su sepulcro será el movimiento del agua que fluye hacia un mar cristalino. Elegí a Gertrudis antes que a ella. Mi amor es mi maldición. Siempre demasiado tarde. Ahora la amo. La perdí y la amo.

¿Sentís como late mi corazón? Esta es la confesión que será el sueño de otro que sufre por no saber lo que es el dolor y la felicidad.

Es el desenfreno por no sentirme culpable. De saber que todo es la misma farsa. Una y otra vez.

Descubro que estoy solo en esta biblioteca sabiendo que el espíritu de Quijano me tomó por sorpresa. Lo único que deseo es volver a sus brazos. No quiero ser otro. Nunca más. Sus ojos negros me miran guardando para sí el misterio de mis sueños.  Ella sabe todo lo que yo no comprendo. 

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2 respuestas a Navidad en Dinamarca (Patricio Núñez Fernández)

  1. Alberto Casado Alonso dijo:

    Interesante e intrigante. Me ha gustado. Un saludo.

  2. Patricio Nuñez Fernández dijo:

    Gracias por tu comentario Alberto.
    Un saludo grande.

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