¿Se equivocó la paloma? (Ana Coralia Fernández)

Se equivocó la paloma.

Se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur.

Creyó que el trigo era agua.

Se equivocaba.

 

Creyó que el mar era el cielo;

que la noche, la mañana.

Se equivocaba.

 

Que las estrellas, rocío;

que la calor; la nevada.

Se equivocaba.

 

Que tu falda era tu blusa;

que tu corazón, su casa.

 

                   Rafael Alberti

 

Víctor nunca se imaginó que llevar a su hijo Gabriel, de nueve años, a conocer las bodegas de la empresa de libros para la que trabajaba, les iba a cambiar la vida.

Y tampoco sé si esta historia es para niños, para jóvenes o para adultos.

Lo que sé, es que una historia, una buena historia, lo que se dice una historia insólita, única, inédita como esta, es apropiada para cualquier edad y para quien sea capaz de entender con la humedad de los ojos y una sonrisa, lo que a veces no se puede explicar con todo lo demás.

Pues la cosa es que el pequeño Gabriel, en vez de seguir a su padre, se quedó ahí parado como una estatua en medio del pasillo. Estaba hipnotizado.

Para él todo desapareció cuando la vio. La voz de su padre se convirtió en un eco muy lejano.

Cuando Víctor se devolvió a ver qué le pasaba, el chico solo señaló la esquina y corrió al punto que marcó su dedo índice.

– Es solo un pichón de paloma que se cayó de la viga-, explicó Víctor apesadumbrado de ver al ave con las alitas abiertas a modo de Espíritu Santo.

– ¿Y cómo haremos para regresarla?-, preguntó Gabriel realmente conmovido.

– No podemos. Desgraciadamente, cuando un pichoncito se cae del nido que le han hecho sus padres, estos no regresan por él, pues no tienen cómo subirlo hasta allá arriba-.

Víctor trataba de medir la altura desde adonde se había caído la paloma con la visera improvisada de su mano, pero Gabriel solo tenía ojos para el suelo y para aquel pajarillo aún sin vuelo.

-¡Llevémosla a casa! Yo la cuidaré.

-Imposible-, dijo el padre convertido en juez. – Morirá sin remedio. ¿Quién la alimentará? ¿Quién la enseñará a volar?-.

 

– Yo la cuidaré. Es mejor eso que dejarla morir aquí.

 

Y como ante la razón no hay discusión, consiguieron una caja, le abrieron un par de agujeros e inventaron un nido de papel periódico para llevar a la pequeña paloma a su hogar temporal.

 

Marta, la mamá de Gabriel, habló todo lo que pudo por aquella ocurrencia, pero cuando se le acabaron las palabras, trajo unos granitos de arroz cocinado y con un gotero le dio agua al bebé paloma y enseñó a su hijo cómo alimentarla. Después de todo, ¿quién puede resistirse a los buenos sentimientos de un niño de nueve años?

Aunque Marta y Víctor no hubieran apostado ni un peso por la vida de aquel retoño, lo cierto es que entre granitos de arroz, maíz picado, gotitas de agua y mucho amor, la palomita se resistió a morir.

Para todos fue asombroso encontrarla muy seria una mañana parada en sus dos patas sobre uno de los lados de la caja.

Por supuesto, apenas los vio, volvió a caerse de espaldas (por no decir una malacrianza), pero de un salto, volvió a subirse a su orilla de cartón.

Gabriel le hizo un posadero atravesando un lápiz de lado a lado en un ángulo de la caja y se sintió muy feliz, hasta que escuchó los gruñidos de Dante, su perro de dos años, quien no estuvo de acuerdo con que aquella cosa diminuta llamara la atención de toda su familia.

– ¡Hum!-, argulló mamá. -No quiero decir te lo dije, pero te lo dije…-.

– No hay que preocuparse por Dante, mamá. Yo lo enseñaré a no ladrarle a…

¡Vaya! ¡A nadie se le había ocurrido ponerle nombre a la paloma!

Es que cuando uno le pone nombre a las cosas o a los seres un poco se adueña de ellos. Es como si los adoptara con el corazón. Es como si ya no pertenecieran a nadie más. Es como crear un hilo invisible entre ellos y uno. No es lo mismo decir “la paloma”, que Victoria, o Isabel, o Amapola, o Paz. ¿Paz? ¡Paz!

A Gabriel le pareció que Paz era un nombre muy apropiado para una paloma. Siempre la había visto representando la reconciliación en las guerras, en la música del himno nacional en la tele y hasta en la iglesia justo en medio del Padre y del Hijo, y probablemente, también fue el ruido que hizo cuando el ave se cayó de la viga: ¡PAZ!

Así que en aquella familia ya eran cinco: Víctor, Marta, Gabriel Dante y Paz, y ya se sabe que ¡no hay quinto malo!, pero no todo fue bueno, porque Paz desató una guerra de celos en Dante por el amor de Gabriel.

Y aquello se convirtió en un infierno. En el nuevo infierno de Dante.

Paz dormía en una de las barandas de la cama del niño y Dante a los pies.

Si Gabriel se levantaba al baño por la noche, se llevaba a Paz en el dedito y Dante por supuesto, se adelantaba para que él lo notara, hasta provocar una zancadilla involuntaria y toda la familia se despertaba.

Si Gabriel dejaba unas boronas de galleta al borde de su plato para que Paz desayunara, Dante rasguñaba las piernas de su amo para que le dieran su tajada de pan y entonces venía el regaño y la discusión de todas las mañanas.

Y así, a cada acción, una reacción, una competencia, un gesto de triunfo en el perro y una mirada de curiosidad “a ojo de pájaro”.

Lo más extraño, es que conforme pasó el tiempo y Paz se fue haciendo más grande y fuerte, empezó a seguir con devoción de discípulo a Dante, como si éste fuera un maestro Zen.

Si el perro corría a saludar a su amo, ella caminando a paso corto, lo seguía.

Si el perro levantaba la pata para hacer lo que ustedes ya saben, ella muy digna aprovechaba para hacer lo suyo.

Si el perro se echaba una siesta al pie de la cama mientras Gabriel hacía la tarea, Paz se dormía sobre la manigueta de la cómoda.

Y el día en que la paloma le cayó estrepitosamente a Víctor en la cabeza mientras leía el periódico, (producto de sus incipientes lecciones de vuelo impartidas por Gabriel a punta de tirarla para arriba), no quedó la menor duda.

La paloma no se estaba aferrando a la vida. Se estaba “aperrando” a ella, porque Dante se convirtió en su modelo a seguir, pues el perro daba unos saltos enormes en cada intento de vuelo, todo con tal de llamar la atención de su legítimo dueño y aquello para Paz solo significaba una cosa: su tutor la impulsaba a despertar la fuerza de sus alas para que ambos fueran el mejor equipo, la mejor pareja, el “Batman y Robin” de las mascotas, las más zagaces, las más fieles, las más unidas, las más iguales, las más felices.

Y su graduación definitiva fue aquel sábado por la tarde cuando Rafles, el gato vecino, pasó por el patio buscando un bocadillo muy parecido a Paz.

Dante salió furioso a ladrar y a corretear al intruso, y Paz… ¡también!

En vez de huir de su temible depredador, salió furibunda volando en círculos y dando rabiosos picotazos sobre la cabeza del felino. Ante aquel acto imposible, el gato decidió retirarse con la cola parada, hacerse una alcoholemia y buscar un terapeuta.

Víctor, Marta y Gabriel lo notaron ¡y lo contaron!, pero nadie les creyó. ¿Quién iba a dar crédito a la historia de una paloma que se sentía perro?

Trataron de buscar definiciones en Animal Planet, explicaciones extraterrestres en X-files, sobrehumanas y científicas, pero la ciencia no explica cómo hace el amor para hacer milagros en todo lo que toca.

Una planta se pone hermosa si le cantan rancheras.

El bosque se torna azul si le cuentan historias.

La luna se llena con la poesía.

Una paloma vuela a recibir a su amo aunque no pueda mover su cola.

Un perro deja que la Paz descanse sobre su lomo mientras duerme, y el mundo es mejor si todos nos queremos y tratamos de entendernos.

Ahora Dante ladra como siempre para ahuyentar a los extraños y Paz, su aprendiz y compañera, le avisa si se acercan tocando el vidrio con su pico para defender lo suyo.

Y lo suyo es una casa que se hizo nido y un niño con corazón de árbol que hizo lo que hacen todos los chicos por naturaleza: seguir su instinto y hacer el bien. 

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Tema libre y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a ¿Se equivocó la paloma? (Ana Coralia Fernández)

  1. Alberto Casado Alonso dijo:

    Un cuento muy tierno. Me ha gustado mucho, Ana. Te felicito. Un beso.

  2. Catalina Arguedas dijo:

    Orgullosamente, la autora de este cuento es mi mamá. Mayor es el orgullo de que le hayan publicado esta historia pacífica y adorable. Te amo, mimí.

  3. Maty Crespo dijo:

    Ana un cuento súper especial: entretenido, imaginativo, tierno,con su sentido del humor, con gran enseñanza y excelente para ser contado. Imágenes bellas y vos narrándolo, ¡doble éxito!! Abrazote, Maty

  4. Hermoso este relato, tierno, entretenido y muy bien contado. Deja una buena enseñanza, Felicidades

Tu opinión es importante

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s