Café a mediodía (Nicolás Aguilar )

Hacía un sol de justicia. Desde siempre me ha encantado el verano, pero hoy tengo que reconocer que el calor era insoportable. Tenía la cita con él a las doce en una pequeña cafetería del centro, en la zona del ayuntamiento junto a la gran fuente central. Para mí era otra cita más; no le veía al chico ningún potencial, pero tenía que hacerlo de todas formas.

Las doce y diez y todavía no aparecía. Me quedé esperando al lado de la puerta de la cafetería. Por suerte, no había salido nadie a fumar. No me apetecía verlo y menos todavía tener que seducirlo. Intenté pensar en otra cosa y, casi sin darme cuenta, vacié mi cabeza de pensamientos y me quedé absorta mirando aquella fuente majestuosa. Las palomas gorgoteaban e iban de un lado a otro ajenas a todo lo demás. Si no les echabas comida era como si no existieras para ellas. Y el sol, aunque apretaba, lo hacía todo algo más bonito, lo mejoraba. Ya llevaba más de cinco años destinada en este lugar y he de reconocer que en el fondo me gustaba.

-Disculpe -me dijo un hombre al salir de la cafetería.

Salió y se acomodó muy cerca de mí. Buscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó tabaco y encendedor.

-¿Qué buen día hace verdad?

-Sí, hace un bonito día.

-¿Fuma?

-No, gracias.

Se produjo un silencio incómodo. Yo no tenía ganas de conversar con él y él lo hacía por compromiso. Por compromiso y para poder mirarme el escote al parecer. Pasaron unos minutos y me cansé de sus miradas poco disimuladas. Le miré a los ojos mandándole un claro mensaje; él capto la idea, apagó el cigarrillo y se fue. No me di cuenta de que mi cita ya había llegado.

-¡Hola!

-Hola, ¿qué tal?

-Disculpa el retraso. No sabía que hoy había huelga de transportes. Menudo lío para coger el bus.

-Tranquilo, no te preocupes. No llevo mucho esperando –le dije mientras sonreía amablemente.

-¿Te apetece entrar en la cafetería o prefieres que nos tomemos algo aquí fuera?

-Mejor dentro si no te importa, porque las mesas están muy cerca de la carretera y es difícil entenderse así.

-Claro, claro. Pasa, por favor.

Mientras me invitaba a pasar me posó sutilmente su mano en la parte baja de la espalda. Pedimos en la barra y escogimos una mesa situada en un lugar discreto del local, cerca de una pared decorada con grandes posters. Uno de ellos me llamó la atención especialmente: tenía la imagen de un trompetista tocando su música rodeado por grandes y alegres granos de café. No recordaba aquella ilustración.

Las mesas y las sillas estaban hechas de un tipo de madera oscura, y estaban tratadas y barnizadas. Predominaban, en el local, los tonos tierra y muy especialmente el marrón oscuro, supongo que quizás por su relación con el café, no lo sé. La verdad es que casi toda la cafetería estaba decorada con madera. En cualquier caso, el lugar entero invitaba a quedarse y a disfrutar, pero hoy yo no tenía muchas ganas.

Vino la camarera y nos trajo los dos cafés, uno con leche para él y otro solo para mí.

-Y bueno –empezó él a hablar mientras sostenía su taza-, ¿me dijiste que estabas estudiando y trabajando a la vez?

-Sí, estoy estudiando filosofía y trabajando a media jornada.

-¿Filosofía?

-Sí, me atraen los postulados de los antiguos pensadores. ¿Y tú –cambié rápidamente de tema-, estabas trabajando en algo relacionado con informática avanzada, no?

-¡Sí! Mi equipo y yo estamos trabajando en una nueva inteligencia artificial, no sé si sabes a que me refiero…

-Pues no sé mucho la verdad -mentí.

-Esto que te voy a contar es medio confidencial ¿eh? –me dijo mientras me sonreía y me guiñaba un ojo. Se acercó algo más a mí y bajó un poco la voz-. Verás, al parecer puede que hayamos logrado crear una auténtica I.A., la única de hecho hasta el momento. En las últimas semanas hemos podido comprobar que esta tiene una gran capacidad de aprendizaje, incluso parece tener hasta curiosidad por aprender. Es increíble.

-¿Cómo puede ser eso posible? –pregunté sin demasiado entusiasmo.

-No lo sé muy bien, la verdad… En cierto punto de nuestra investigación simplemente despertó. Al principio pensábamos que se trataba de un error nuestro, pero enseguida nos percatamos de que actuaba por sí misma y que tenía hambre de aprendizaje y conocimiento. Estamos siendo testigos de algo completamente nuevo.

-Vaya, parece un descubrimiento muy importante.

-¡Y tanto! –levantó la voz entusiasmado-. ¡Este descubrimiento podría cambiar el curso entero de la historia!

-Vaya, vaya. No imaginé el otro día cuando te conocí que fueras un cerebrito –le adulé mientras utilicé una de mis mejores sonrisas. Sus ojos le delataron al mirarme más abajo de mi mentón. Se sonrojó un poco al comprobar que yo le había pillado in fraganti-. ¿Me disculpas un momento? Voy al servicio a retocarme.

-Claro, claro –asintió con un tono un tanto impaciente.

Entré en el servicio y cerré el pestillo. Estaba más sucio de lo que me esperaba. Me remangué y miré mi reloj de pulsera. Las doce y media pasadas. Apreté un lateral del reloj y dije la palabra clave. El reloj empezó a transformarse, a abrirse como si de una pequeña flor de metal se tratara, desplegando un holograma en forma de pantalla. Y apareció en la pantalla el general.

-Saludos, general.

-Saludos, comandante. Cuénteme los avances en su misión.

-Creo, muy a mi pesar, que están a punto de encontrar a la inteligencia suprema, general.

-Entiendo. Pase entonces a la fase tres.

-Pero, general, aun no estoy seguro del todo…

-¡Comandante! No podemos arriesgarnos a que los humanos den con ella. Le repito: pase a la fase tres.

-Entendido general; le suplantaré.

-Bien. Corto la comunicación.

Regresé a la mesa junto a él. Y como un niño ilusionado, sonreía algo nervioso por mi vuelta.

-Estaba pensando que mejor continuamos nuestra conversación en otro sitio –le dije sin ni siquiera sentarme.

-¿Tan pronto?

-Sí –insistí sonriéndole.

-Claro, ¿a dónde quieres ir?

-A mi casa.

En ese momento pareció como si se le hubiera parado el corazón. Sonrió sorprendido y satisfecho a la vez. Seguramente pensaba que hoy era su día de suerte; nada más lejos me temo.

Conoce más sobre el autor en http://tengaustedbuendia.wordpress.com/
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7 respuestas a Café a mediodía (Nicolás Aguilar )

  1. David Rubio dijo:

    ¡Qué imaginación! Me has pillado Nicolás; primero una historia romántica, luego en línea con Asimov y, finalmente, algo como Guía del autoestopista galáctico… Y lo mejor es que cuaja bien. Saludos

  2. Pingback: Café a mediodía | tenga usted buen día

  3. coinup dijo:

    Hola, David 🙂

    Me alegra que te guste. Muchas gracias por tus amables palabras.

    Un abrazo,

    Nicolás

  4. Muy chevere, bastante entretenido el relato. Me gustó.

  5. coinup dijo:

    Muchas gracias, María 😉

  6. Rafa Sastre dijo:

    Gran relato, Nico. Mucha suerte.

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