Con la cabeza hundida en una nube verde manzana (Marilyn González)

Nunca he aprendido a flotar verticalmente dentro del agua. Pero en el aire, con la cabeza hundida en una nube verde manzana, no tengo que agitar los brazos y las piernas en el vacío. La nube cierra su boca alrededor de mi cuello y me mantiene allá, me da a respirar, me da de comer, me da de qué pensar cuando te veo a través de sus arterias transparentes.

Esta noche va lenta. La poca gente que logra hacerse visible desaparece segundos después. No salí a ti, ni por ti, ni para ti, pero me traje la nube verde manzana entre manos por si acaso.

Es que no todo puede tener tu sombra, me dije hace una hora en la ducha (últimamente converso contigo casi todo el tiempo), y descubrí tu sombra saliendo de mis pies y acomodándose sobre los azulejos. Levanté la mano para saludarte y me saludaste con la misma cantidad de dedos. Eso me gustó, es algo tuyo. Nunca, nunca, nunca dar más que lo que recibes. O te extingues, dirías (últimamente siempre me estás hablando al oído).

Tu sombra estaba de espaldas a mí. Descubrí que quiero tu espalda. A veces te muestro cosas absurdas en la distancia para pararme detrás de ti y girarte por los hombros hacia ellas. Entonces me saco la nube del bolsillo y veo los símbolos invisibles en tu espalda, y en tu cuello. La gente planta cosas ahí, espero que lo sepas. Las que más me gustan son las que
nacieron y crecieron contigo. O las que voy a estar dejando yo cuando te escriba estas cosas que a veces casi te hago, porque voy a querer que lo sepas.

Sobre los azulejos, sin necesidad de nube alguna, marco tu espalda con mis dos manos. Extinguirme es un precio que puedo pagar. Ahí mismo regresó el pánico de anoche. Yo no puedo tener tu sombra si tú no tienes la mía.

Anoche te apareciste igual de tú. Yo era mi sombra y sobre mi espalda golpeaste la canción. Salió polvo, y así se formó la nube verde manzana. 

Si hubieras sabido qué estabas golpeando, a quién…me lo hubieras dicho. Fuiste la irrealidad, y te fuiste. Dejaste sola a la niña y su pregunta pegada en la frente con goma de mascar, aplastando un algodón verde de azúcar hasta hacerlo una pelota pequeña fácil de esconder.

¿Y este miedo?

¿Y este miedo a que seas en realidad tú acorralado contra los azulejos, a que sea yo la que deja marcas de agua sobre tu espalda? Ese tú que se deja escribir combina bajo la ducha con esta yo que desempolvaste ayer. Y mi locura. Por favor, tú eres la irrealidad.

Hoy la gente me mata del aburrimiento. Si saco la nube puedo hacerlos desaparecer, porque la nube sólo te ve a ti. Me voy a casa, a menos que oiga tu voz. Oigo tu voz, aquel tú me dice “ven y te quedas”. “Voy y me quedo”, responde esta yo.

Con la cabeza hundida en la nube verde manzana lo veo todo gris, menos esa línea verde doblemente manzana que se parece a tu sombra tirada sobre el pavimento. No todo puede tener tu sombra, no todo puede tener tu sombra.

Mi pobre Mundo sigue echado al lado de mí, amarrado al cordón de mis zapatos. Gris jadeante. Se pone de pie y avanza hacia tu sombra, asqueado de ser la mía. Gira la cabeza y me grita “Fresh paint, you idiot!”, mientras se embarra las patas y el vientre de verde manzana, y gira sobre tu sombra como un perro loco hasta que solo le falta la frente por cubrir. Entonces mi Mundo dobla las patas delanteras y la coloca sobre el pavimento, y me susurra “Fresh paint, you idiot, fresh paint”. Mi pobre Mundo. De vez en cuando debería acariciarle el lomo, dejar que se persiga la cola, permitirle un poco de hierba.

Tu sombra verde manzana termina en ti. Esos de ahí son tus pies, frente a los míos. Esa de ahí es tu mano acariciando mi Mundo. Cuando acaricias mi Mundo dejo de pensar que es un perro, porque tú nunca, nunca, nunca acariciarías un perro desquiciado de la calle, enfermo de rabia. No quiero mirarte a los ojos.

Quieres que te siga a través de la carpa. Levanto la cabeza por primera vez y tu espalda me asusta. Tiene símbolos nuevos. ¿Quién los puso ahí? Cállate Mundo, ya sabes quién. Llegamos al carrusel. Tengo que darles la mano a todos los personajes del carrusel. 1, 2, 3, 4, 5…10…El carrusel me agota. Tú dices…no, no dices, entredices, “tú eres el centro del carrusel”. Y me haces reír. Es bueno ser el centro de algo tuyo, te digo, pero no me escuchas porque mi cabeza está envuelta en la nube verde manzana.

Entonces llega este personaje con una música que va a alegrarnos a todos, y todos se alegran. Creo que tú eres el dueño del carrusel del circo, porque empiezas a acomodar a los personajes en sus puestos, y cuando el piso comienza a dar vueltas mi Mundo y yo estamos en el centro del carrusel, que es el único centro que queda fuera del juego porque si lo miras te dan náuseas, y tienes que bajarte a vomitar golosinas a medio digerir.

Este Mundo es un perro idiota. Tiene las patas húmedas de verde manzana y anda resbalando encima de la maquinaria que mueve el carrusel. No sé si quiero salvarlo, o si quiero lanzarlo contra las ruedas para que todo se descomponga de una vez. Extinguirlo es un precio que puedo pagar.

Nadie entiende por qué se apagan las luces y la música cesa. Me voy, siguiendo el rastro frío del agua, a sacar la cabeza de la nube donde nadie me vea.

Cuando apareces de nuevo eres de nuevo tú y yo he dejado de ser yo. No soy nada sin la nube. Odio mi sombra, que se deja llevar por tu mano y se acomoda en una silla hasta que vuelvas a sacarla de allí. Odio mi Mundo, que se volvió gris y no se atreve a lanzarse sobre el mecanismo. Odio el trayecto a tu casa, y juego peligrosamente con la pelota verde que encontré en el bolsillo de la niña.

Hay que hacer silencio porque estás dormido. Hay que quedarse quieta porque estás dormido. Hay que dormirse ya, porque estás dormido hace dos horas. “O no”. Cállate, Mundo. Te va a despertar. O no. Hizo que te giraras hacia el lado que me prestaste de tu cama. Si tú giras yo giro, hacia el lado que más te gusta de tu cama. Si no te despiertas, le aflojo la correa a mi Mundo y saco la nube.

Con la cabeza hundida en una nube verde manzana, veo tu sombra diseminada sobre el colchón. Debajo de ti, debajo de mí. Mundo está en dos patas empujándome por la espalda. “Fresh paint, you idiot!”, y me dan gracia las cosas que sabe ese perro viejo. Resbalo sobre tu sombra disminuyendo los milímetros. Su extinción es un precio que puedo pagar…10…5, 4, 3, 2, 1…

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2 respuestas a Con la cabeza hundida en una nube verde manzana (Marilyn González)

  1. Mar dijo:

    Un relato distinto de lo leído hasta ahora que me atrapa desde el principio. Envidiable esa forma de narrar el amor, nuestro mundo, esa nube verde manzana. Estupendo relato.

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