El Dedal (Pilar Jiménez)

El  Dedal 

(de mis escritos sobre cosas “insignificantes” que tenemos en las casas)  

 

Me voy a presentar. Me llaman DEDAL; creo que este nombre me lo pusieron porque mi cometido es el deproteger el dedo cuando una persona utiliza la aguja para coser… De ésta, la aguja, compañera inseparable, ya os contaré cosas en otro momento.

Aunque soy pequeño, soy muy importante. Mi dueña no puede vivir sin mí. Ella tiene una  cosa que llamacaja de costura; casi siempre muy ordenada, donde yo descanso tranquilo mientras no me necesita. Pero cuando una mano infantil, de las muchas que revolotean en torno a mi dueña, revuelve los insoldables misterios que para ella guarda la susodicha caja, yo por arte de magia desaparezco. Esas manitas creen que yo soy un juguete. Unas veces me utilizan para imitar a mi dueña; buscan un trapo y haciendo que cosen pinchan en él la aguja (mi amiga) y empujan con el dedo en el que no me han puesto, a la vez que, desde el que sí me han puesto, caigo al suelo y dando botes voy a parar a cualquier rincón. Si la manita tiene ganas de seguir jugando conmigo, me busca y para que no  me vuelva a escapar de su dedo cambia de juego, y entonces me convierte en un muñeco, pero esta vez me coloca en su dedo  en alto, e  inicia conmigo una conversación que a veces sigo, porque la manita me cae bien y otras veces me callo, entonces ella se aburre y en el mejor de los casos me vuelve a guardar en la caja de  costura.

Otras veces, cuando rodando he ido a parar al rincón de turno y la manita después de echar un vistazo no me encuentra, me deja abandonado a mi suerte; allí permanezco hasta el día que toque hacer zafarrancho de limpieza apareceré y volveré a ocupar el sitio que se me ha sido destinado, y aquí no ha pasado nada; eso contando con que la persona que me encuentre no me guarde en uno de sus bolsillos y se olvide de mí.

 Cuando estoy perdido quien peor lo pasa es mi dueña que no sabe trabajar sin dedal. En ocasiones me ha contado que se acostumbró a mí porque cuando ella era pequeña tuvo una maestra de labores, en el colegio, que les decía “Costurera sin dedal, cose poco y cose mal”. La verdad es que yo tengo un suplente para cubrir mis ausencias, pero ocurre que no es del agrado de mi dueña, ésta dice que no trabaja como yo. Lo entiendo; mi suplente es un dedal muy joven, sin experiencia, y yo llevo a su servicio más de treinta años. ¡Estamos muy compenetrados! Realmente ya me podría jubilar, pero… ¿a dónde iría a parar yo? ¡Es tan confortable la caja de costura de mi dueña!    

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Una respuesta a El Dedal (Pilar Jiménez)

  1. Me gustó este relato , porque me es muy familiar. Mi madre era una supermodista, y cuando dejó de coser, más que nada por la vista,,. heredé todo lo de costura, entre ello un dedal que ella utilizó durante más de treinta años-,yo lo he utilizado otros veinticinco, y aún lo tengo, aunque el pobre ya está agujereado e inutilizable, pero lo tengo como una reliquia, Tu relato me ha traído binitos recuerdos. Mucha suerte!

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