La puerta del destino (Pablo Eduardo Oyarzabal)

¿Cómo conocí a mamá? bueno está bien, ahora ya estás grande para escuchar la historia completa… Esto pasó algunos años atrás, dos años antes que nacieras, en pleno invierno, mucho frío en todos lados menos en mi departamento de soltero donde la calefacción rondaba lo ideal como para andar liviano de ropa. Ese día como tantos otros, a pesar de la temperatura exterior, yo paseaba por mis habitaciones en ropa interior con apenas unas chancletas, sí, ya sé porque esa risa, con medias como es habitual en mí. Siempre tuve esta costumbre hasta que sucedió lo que sucedió.

Dado mi fanatismo por la cocina y que en pocos minutos estaba por recibir a una hermosa morocha que no era tu mamá, digna de una agasajo culinario que no quise dejar pasar, puse manos a la obra a una receta especial. De pronto veo que la basura ya había sobrepasado la circunferencia superior del tarro y pedía a gritos un recambio de bolsa. Después de realizar esa horrenda tarea con desperdicios de días, me quise desprender de estos y otros residuos depositándolos en el cuarto del pasillo de las escaleras del edificio destinado a este propósito.

Son sólo 30 segundos en salir y volver, no me voy a vestir para esto con el poco tiempo que resta para la cita, pensé. Abrí la puerta, miré para ambos lados y al ver el pasillo despejado, salí tal como estaba vestido. Conociendo los riesgos de que la puerta sólo abre con la llave del lado de afuera, tomé una botella y la coloqué en la abertura como traba. En el mismo instante en el que estoy depositando la bolsa siento un fuerte viento y un ruido seco detrás mío que me hizo suponer lo peor. Giro mi cabeza y confirmo el principio del fin, mi puerta fue la responsable de dicho sonido.

Con cara de susto miro que a metros sigue la botella haciendo trompos girando vertiginosamente sobre ejes inciertos. Mis posibilidades de abrir la puerta eran nulas y mi desconcierto era total. Me toco los costados de mi calzoncillo como buscando un bolsillo y en el mismo segundo mis manos fueron directamente a la cabeza anticipando que mi reputación ya no estaba en juego, estaba absolutamente perdida.

Lo que no me imaginada es que mi pesadilla recién empezaba. En apenas dos minutos escuché ruidos de mujeres bajando por las escaleras, entonces comencé a bajar algunos pisos a escondidas y a oscuras tratando de esquivarlas. Una vez aliviado de no sentir esas voces suspiré ante la incomodidad de un posible encuentro bajo estas condiciones con alguna persona del sexo femenino. Al final, mi escape fue sólo en apariencia, en uno de los codos de la escalera quedé frente a frente con una jovencita con una garganta de la talla de una fanática de Justin Bieber. Empezó a utilizarla ferozmente de tal manera que no tuve otra alternativa que correr hacia abajo ante semejante sonoridad al grito repetitivo e intenso de “degenerado, degenerado”, vi que salieron varias personas, muchos hombres con no sé qué cosas en la mano para utilizarlas contra mi alma. El susto y la desorientación hicieron que huyera hacia el único sentido, la puerta de salida.

Al cabo de unos minutos noté que había corrido más de quinientos metros como loco desesperado por el barrio, recién ahí, por una pausa ante el cansancio, pude sentir el frío reinante en la ciudad.

De pronto veo pasar un grupo de chicas, las miro como pidiendo ayuda, pero apenas me ven se ríen señalando mis partes bajas. Sonrojado y disminuido me alejo excusándome diciendo “es el frío, es el frío”. Bueno, esa parte no importa, cuando seas más grande lo vas a entender.

El problema ya no sólo era la temperatura y lograr volver a mi departamento, sino que a su vez, por el ruido de las molestas chicas, me ve un policía y me pide que lo acompañe. La verdad es que no pude explicar la situación y quizás la explicación de lo ocurrido podría empeorar las cosas. Así que terminé en la dependencia policial demorado por exhibiciones obscenas en la vía pública.

Fue difícil inventar alguna otra historia, pero al final conté algo creíble, argumenté que fui víctima de un robo y convenciendo al oficial de tal episodio, luego de asentar la denuncia del falso hecho, me dieron una manta y me trasladaron a la casa de un amigo por expreso pedido mío donde por suerte la policía desaparece de esta historia.

Cuando mi amigo me abre la puerta, se sorprende terriblemente y me pregunta que fue lo que ocurrió, porque me trajo la policía y otras dudas que ya no recuerdo. Le conteste que después le contaba todo con lujo de detalles y le pedí plata, un taxi y algo de ropa para volver a mi hogar.

Luego de esquivar la exigencia perturbadora de mi amigo para evacuar sus dudas volví a mi departamento vestido y con un cerrajero tan caro como la alta hora de la madrugada.

La morocha fue a la hora citada, tocó timbre y terminó hablando con algunas personas del edificio. Me mandó un mensaje con insultos e incluso se creyó una historia tan perversa como la mente de mis vecinos, por suerte el planteo fue por correo electrónico. ¡Terminó siendo una loca según pude comprobarlo!

La verdad es que todos agrandaron el episodio, dijeron cosas terribles de esta simple historia, no pude soportar la mirada acusadora y las palabras desprestigiadoras hacia mi persona. Así que decidí mudarme del edificio y de la zona, por eso terminé en este lado de la ciudad. Antes de irme se aclararon muchas cosas, muchos me pidieron perdón pero ya el vínculo con ellos estaba roto, no había vuelta atrás.

Ahora, con las cartas sobre la mesa, pienso que todo lo que pasó no fue tan terrible y agradezco que haya pasado, empecé a buscar un nuevo lugar, un nuevo barrio, nuevos vecinos, nueva vida. En ese cambio, me tocó la vecina más linda que me pudo haber tocado, una hermosura. Al poco tiempo saludo va, saludo viene, charla va, charla viene, me terminé enamorando perdidamente de ella y por suerte no demoré mucho en agasajarla con mi especialidad culinaria. Sí, como te estarás imaginando, esa preciosa mujer es tu mamá.

Supongo que el destino así lo quiso, no sé, supongo que si no fuera por ese episodio tan repentino ni siquiera me hubiera mudado, nunca hubiera conocido a tu mamá y vos nunca hubieras estado acá. Si el viento no hubiera soplado en ese momento… pero por suerte, sopló.

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5 respuestas a La puerta del destino (Pablo Eduardo Oyarzabal)

  1. Ángela dijo:

    Vale, pues le echaremos la culpa al pobre viento jaja. Un relato muy divertido con un prota muy desafortunado pero que lleva a un final feliz. Gracias por las risas.

  2. manolivf dijo:

    Las cosas del destino…! Original excusa para cambiar de residencia. Lo mismo podía llamarse:”Adónde lleve el viento”… Muy bien narrado y manteniendo la clave de humor, que es un tanto a favor. Me ha gustado.

  3. Pablo Eduardo Oyarzabal dijo:

    Si logré provocar al menos una sonrisa, entonces logré mi objetivo, soy feliz 🙂
    Si, es verdad, buen título sería ese.
    Muchas gracias por los comentarios, son motivantes.

  4. Las cosas pasan justo en el momento que deben suceder. Así es en la vida real, muy buen relato bastante chistoso, bien contado.

  5. Nelaache dijo:

    Un relato divertido y narrado con excelente humor. ¡Las casualidades de la vida que nunca se presentan solas! A veces pienso que todo sucede por algo. Gracias por amenizar mi tiempo y enhorabuena.

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