El Luthier (Mar)

Magui,  agarraba la pernera del pantalón de su padre con la misma fuerza que se agarra el único saliente en lo alto de una montaña antes de caer al vacío.

—¿Queda más pan, abbá?

—No, hija mía.

—¿cuándo llegamos?

—Ya falta poco.

—Es que vuelvo a tener hambre y  empiezo a tener frío, mucho frío.

Jaim acurrucó en un lado de su regazo a la pequeña Magui y en el otro a Amira, de ocho años, dos años mayor que  Magui. Acariciando sus cabellos y entonando la nana con las que las arrullaba años atrás, consiguió que se durmieran.

Años atrás y hasta hacia un mes, Jaim era un afamado luthier, todos en Berlín confiaban en él. Los músicos de la filarmónica que debían tener sus instrumentos siempre apunto, para deleitar con sus conciertos a los más pudientes ciudadanos alemanes, no dudaban en confiar al luthier Jaim, su especial herramienta de trabajo. Como un arquitecto construye su edificio, él construía y reparaba los más delicados instrumentos de cuerda. Sus delicadas manos; tensaban, barnizaban, lijaban y engrasaban violines, violas y chelos con la misma delicadeza que se acaricia la suave piel de un recién nacido. Jaim había estudiado para violinista, pero prefirió aprender el oficio de su padre, crear y cuidar de la salud de sus instrumentos, a los que procesaba el mismo amor que a sus dos pequeñas.

Ya había pasado un mes, desde aquella noche en que vio como su taller ardía con su padre dentro. Con un poco de suerte las llamas le hubiesen calcinado a él también, y todo habría acabado, pero aquella noche salió antes del taller para ayudar a Lilia, su mujer, a acostar a las pequeñas que habían cogido al unísono la varicela. Aconsejó a su padre que no se entretuviese, ya que su sexto sentido le alertaba de que el hombre puede llegar a ser el peor enemigo del hombre. Aquella noche y el resto de días y años la fiereza del hombre ario y del salvajismo nazi demostraron de lo que es capaz la raza humana.

El tren paró y el silencio sepulcral hizo que Amira se despertase. Apretó la mano de su padre y preguntó:

—¿Seguro que cuando lleguemos estará ima esperándonos?

—Claro hija, seguro.

Amira no entendía porque no habían viajado todos juntos. Los ojos del luthier se llenaron de lágrimas ahogadas en el silencio que había prometido a su esposa y que selló con su último beso. El oficial de la gestapo resolvió con un balazo, que atravesó el bazo de Lilia, la negativa de abandonar el hospital  donde ejercía como enfermera y subir al camión de reclutamiento. Aquella misma noche, junto al único vecino judío en quien confiaba, el luthier, dio sepultura  al cuerpo de su mujer.

No les digas que he muerto, di que me han llevado a mi primero, y esas fueron las últimas palabras de Lilia.Y así fue como mintió una vez más a sus hijas, diciéndoles que a mama se la habían llevado los nazis porque necesitaban enfermeras que ayudaran a salvar vidas en sus campos de trabajo.

El tren volvió a ponerse en marcha, y Amira se durmió sintiendo, desde la distancia, el abrazo de su madre que en breve recibiría.

 

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13 respuestas a El Luthier (Mar)

  1. Hermoso y triste a la vez me gustó. Un lindo relato…todo lo que hacen los padres por sus hijos.

  2. manolivf dijo:

    Muy emotivo, Mar. Se siente la soledad de los personajes en ese tren. Describes bien sus sentimientos. Un abrazo.

  3. Mar dijo:

    Muchas gracias, Manoli. Me alegra que te éste te haya llegado. Otro abrazo.

  4. Mª Paz dijo:

    Precioso. Muy emotivo

  5. Luis Lorenzo dijo:

    Emotivo y bien narrado. Sigue así Mar. Un abrazo

  6. Ángela dijo:

    Uy, este relato lo leí el otro dia y se me olvidó comentarte lo mucho que me gustó. No sé si has visto “La vida es bella”, si no la has visto te la recomiendo. Ha sido un gran placer leerte, Mar, me has emocionado mucho.

    • Mar dijo:

      La he visto más de una vez, eso sí, con un kilo de Kleenex al lado. Aunque, me vino el pálpito de escribirlo cuando hace unos días recordaban a la víctimas del holocausto, y como además estaba leyendo un libro de Jaume Cabré “Yo confieso” en el que trata el tema, pues me dije “a escribir” y me salió este humilde relato.
      Me alegra que te guste, Ángela, viniendo de ti es todo un lujo. Un abrazo.

      • Ángela dijo:

        No he leído ese libro, me lo apunto en mi larga lista de pendientes Mar, muchas gracias.Tu relato está muy bien, puedes sentirte orgullosa.

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