Hipótesis del oficio de oreja (Lilián Costamagna)

   Usted piensa, amigo lector, que se trata de ser un “correveidile” del jefe o del patrón, una especie de espía. El oficio de oreja se refiere a escuchar las dudas, incertidumbres, contradicciones y deseos de todas las que acuden a mí, para desahogar sus penas. Ellas derraman con toda confianza lo que sienten y que las tiene enredadas en una maraña de intrincados senderos; no las dejan tomar un rumbo con total convicción, ni logran su norte cuando intentan desembarazarse de la soledad. Y piden consejo.

   Grité en el aulladero como le decíamos a la vieja caballeriza donde dormía Capitán hasta que lo robaron para hacer chorizos o vender la carne del equino en los suburbios de la ciudad la cuestión es que grité hasta que la voz se quebró y las lágrimas se secaron como se seca el aljibe de la tapera y de las napas del desierto todo eso pasó después que reaccioné le falta sal dijo y empujó el plato caliente dejó la servilleta retiró la silla en un silencio gélido esta vez la última que dijo le falta sal no lo soporté más porque habían sido tantos los almuerzos y tantas las cenas que había callado y con una mueca triste había recompuesto la comida un poco más de sal un toque de canela al postre más condimento a la tortilla tantas veces que estrellé un plato contra el ventanal y vacié la cacerola en el tacho de residuos orgánicos para el compost se oyó un portazo brutal y cayeron de los estantes los potes de cerámica las velas de buenos augurios y casi toda mi energía, con el resto, salí corriendo…

   Ya hice lo que tenía que hacer desde que presentí que las cosas no andaban tan bien aburrida me dijo formal y estructurada me dijo no quiero sexo con él y mi amiga la morocha que a él lo seduce ni espiar tras las cortinas las cabriolas de parejas en la cama Isla de los micos un mico me siento en la selva amazónica lujuriosamente sola dándome la calma que necesito mis manos fluyen suaves por mis pechos redondos sobre mis muslos cálidos y sedosos mientras miro reposar las flores flotantes lentejas nenúfares que fluyen lentas sobre las aguas infectadas de caimanes negros que me observan con ojos fluorescentes los dientes afilados salen de sus bocazas me persiguen pero creo que sólo bostezan porque soy aburrida y no quiero nada más con él el que me mancilló tanto como una vez cuando … no quiero hablar más porque ahora veo que la laguna se estremece cuando los animales saltan muerden se sacuden se disputan un brazo y otros atacan una mano la cabeza ha sido desprendida del planazo de una cola portentosa, aunque,  desde la maleza contemplo con mis propios ojos cómo finalmente las aguas se aquietan…

   Besos dulces le di unos besos cuando subíamos los peldaños tenebrosos de paredes descascaradas el ascensor no funcionaba como cuando una vez se cortó la luz y salí a ver qué había sucedido entonces me encontré con el vecino que había bajado hacia la vereda oscura y lo tomé del brazo para que me protegiera de la noche y del miedo y un ramalazo eléctrico me sacudió como cuando no pude contenerme y me arrimé al sillón donde dormía el primo de mi amiga que había llegado a la ciudad para casarse al día siguiente me había gustado tanto su sonrisa cuando me ayudó a acarrear las bolsas del supermercado y yo tenía que acariciarlo vino rojo que me impulsa a apretarme a un cuerpo desolado de un tango tristón y sensual tajo impúdico de la falda de milonguita escote profundo que deja ver mis senos pequeños pedigüeños a los que acuden las manos callosas del viudo reciente otra vez besos tiernos a las encías desdentadas del vejete mirón de glúteos fláccidos que dan lástima…

   Estoy en baja deprimida  sin apetito sin  billete nostalgia del amor que ya se fue felpa de la añoranza del mar de linos florecidos de mi infancia y trigales mecidos por la brisa del viento norte hago cuartetas metáforas de angustia y turbias lágrimas mojan las mejillas desteñidas fluyen constantes regulares sobre el cuello y la remera hasta mojarla agua de borrajas el pincel se humedece y la acuarela no logra reflejar la luz difusa del ocaso tras los rascacielos negros que devoran a las sombras que ya cubren como un tul de luto y lloro perlas en el desierto…

   Me MORIA si no me llamabas escribió y las letras bailoteaban en el celular la distancia hace difícil la comunicación y yo vi esas mayúsculas sin acento y me enojé ahora tiene otra que se llama Moria y ni siquiera se toma el trabajo de disimular el muy desgraciado comedia de enredos que más bien es un drama que me encuentra arrollada como un feto en las aguas amnióticas de una vigilia que nunca acaba que engrosa mis párpados que aprieta mi pecho que estrangula mi garganta o tal vez volvió con su mujer ya amanece porque el zorzal canta en mi ventana ya está decidido hasta que no me envíe escaneada el acta de divorcio en el futuro no atenderé sus llamados…pero no dejo de extrañar su risa los brazos protectores e impúdicos y quiero manipular el reloj para acercar los momentos del reencuentro…

   Desde que se fue y lo perseguí con escafandra y oxígeno como buzo entre los corales y los huecos de barracudas y anémonas de mar ya no busco a tientas la piel rugosa o peluda o tersa que se palpa que se recorre con besos con labios con dientes con manos ahora la pantalla del monitor me devuelve y me conformo con la imagen desnuda del amigo de la red social que busca desesperadamente y con sudor el instante de un primavera fugaz que explote por el ciberespacio…

   Mi abogado me dijo que ahora él está en un asilo desde que lo sacaron por la fuerza de la casa que era nuestra y que él se negaba a abandonar porque había que vender ese bien ganancial y terminar con los papeles del divorcio pero ese día las llamas empezaron a asomar por las ventanas que dan al sur y un ruido ensordecedor de estruendos salía entre las bocanadas de humo negro ahora dicen que le dan permiso para salir del hospicio y yo temo que vuelva a instalarse entre las paredes desnudas de la casa mirando el cielo con ojos despavoridos desquiciados desalmados entre los tirantes quemados y la chimenea que no arrulla los leños del hogar dulce hogar que antes era…

   Tu amigo me prometió que me iba a presentar a un colega del hospital y yo me preparé con mis mejores ropas hasta fui a la peluquería me hice las manos y retoqué las uñas de los pies y los juanetes hasta me dieron masajes con piedras calientes fui a la cita pero el fulano era un maniático que quería sólo amor físico sexo contra-natura y sesiones de sadomasoquismo corrí corrí por los pasillos que dan a la morgue y a los grandes recipientes con desechos patológicos mientras el ulular de la ambulancia traía al acuchillado habitual de las grescas callejeras olvidé el corpiño y los zapatos y no puedo olvidar esos ojos libidinosos y las correas entrelazadas en sus dedos mugrosos.. o seré frígida me pregunto…

   Cuando le señalé dónde estaba él a una amiga que no lo conocía y le dije es aquel que parece un cieguito ése fue el momento en que me dije no va más si parece un viejito y sin embargo tiene diez años menos que yo vamos al cine le pregunto y no hace mucho frío vamos a cenar a ese restaurante nuevo no porque sale muy caro vamos a bailar no porque estoy cansado estoy aburrida de hacer el amor siempre yo abajo mirando las manchas del cielo raso hay una telaraña que va desde la lámpara hasta el placard y la araña se balancea tendré que pasar el plumero y él arriba sacudiendo su triste figura en la misma frecuencia y la exacta intensidad son cinco o seis no más empujoncitos un empeñón aquella mancha que parecía un angelito mofletudo y culón otra embestida se ha transformado en la fumarola de un volcán en erupción tercer sacudón apareció una mancha nueva parece una mariposa  y se va la cuarta yo doy unos grititos para acompañar y después llegó la quinta embestida  buenas noches querida y quedamos espalda contra espalda como dos siameses unidos por las dorsales y yo no tengo frío entonces imagino paisajes tropicales aguas cálidas y pececitos de colores hasta que sobreviene el sueño y la monotonía de los días siempre iguales…

   ¡Con razón los psicólogos suelen tomar unas largas vacaciones para desentenderse de la psiquis atribulada de sus pacientes! Hasta ellos se equivocan al decidir el lugar más apropiado para el descanso. Suelen concurrir a espacios abiertos de mar y de playa, pero como la obra social del colegio de psicólogos ofrece alojamiento y servicios a precios convenientes, no pueden descansar como desearan y, por el contrario, allí se encuentran los colegas. Unas jóvenes de rulos ensortijados, ropas desprejuiciadas y gesto aprendido de intelectuales. Unos barbados individuos que esconden sus desvelos tras gruesos anteojos que no logran, sin embargo, hacer ver el camino que han de sugerir. Otras son mujeres de rostro cruzado de líneas compungidas de expresión que delatan mucha teoría freudiana por aquí, concepciones nuevas de Lacan por acá, estudios piagetianos por allá, sin desdeñar estrategias de desmanicomialización, textos en boga de sanación orientalista ni libros de autoayuda. Y ahí están, bronceándose en las playas mientras dialogan de profesional a profesional, cuentan casos, piden opinión e interconsulta. Unos se reúnen cada mañana a practicar ejercicios de Tai Chi Chuan o de respiración consciente al rumor de las olas. Otros prefieren meditaciones en solitario con postura de yoga, mas, deduzco, sólo arriban a occidentales reflexiones en las costas bonaerenses.

   En este punto querría desarrollar una hipótesis que cada vez me convence más: “El escuchador apabullado y sorprendido en las sucesivas sesiones de cuarenta minutos, va quedándose paulatinamente sordo”. La comprobación científica llegará más tarde y sin necesidad de refutar. Le seguro, estimado lector, que no será una falaz justificación, ni un silogismo. Esto me recuerda a aquel asistente del científico que procedió a interrumpir el camino negro de las hormigas hacia el hormiguero, con la intención de jugar con su laborioso andar. Había escrito en su cuaderno de notas: “Cuando a la hormiga le vamos cortando las patas, se queda ciega”

    Y yo, que no soy psicóloga, pero oficio de oreja, estoy por corroborar la hipótesis enunciada, mientras me aprieto la oreja derecha, meto el dedo para sacar un poquito de cera, echo una gotita de alcohol boricado, la palpo rítmicamente con la intención de destapar, salto repetidamente sobre el pie derecho y me atormenta cada vez más el zumbido. Pido un turno con un otorrinolaringólogo.

-El jueves a las cinco… traiga una orden de consulta de su obra social y debe pagar un plus por el lavaje del cerumen, en caso de ser necesario.

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Una respuesta a Hipótesis del oficio de oreja (Lilián Costamagna)

  1. Discúlpame, pero no puedo leerlo, me ahogo…. ¿y las comas?

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