Luces (Carmen Ballester)

Él se despertó en su habitación, era fiesta, no había hoy que ir al trabajo, era … Navidad.
La noche anterior había sido agradable, sus pequeñas sobrinas y su hermano cenaron con él y entre todos, a pesar de las ausencias, se divirtieron  en la cocina preparando los platos de Nochebuena y cantando al hogar.
Hoy estaba solo, pero estaba tranquilo, hacía mucho frío, hoy no saldría.
Su tristeza en la esquina de la barra de un bar tomando cervezas era su  única opción, tampoco era un plan muy apetecible. Él no hacía amigos, no buscaba amigos, se refugiaba en su soledad. Mejor así.

Se quedaría en casa, aún quedaba  comida y bebida, algún programa de TV y arreglar un poco su pequeño  apartamento, confeti por el suelo, y, … esas figuritas desde el portal  de Belén, que parecían mirarle este año de forma especial.
Las acarició. Todos los años con  cuidado, con sumo cuidado, las trasladaba desde los altillos de su  armario hasta ese lugar reservado para ellas en estas fechas.
Formaban parte de él: María, José, el Niño, los animales, pastores, y Reyes, habían estado juntos desde su niñez.
Esas imágenes sabían, …todo: sus alegrías, sus penas, como cada año que pasaba eran menos a la mesa, y … el latir de su corazón.

El día fue pasando tranquilamente, algunos familiares  llamaron por teléfono, al fin y al cabo era Navidad.
———-

Ella estaba alterada, demasiada gente en casa, demasiados compromisos adquiridos por sus adinerados padrastros.
Iba de un sitio a otro saludando forzadamente, hablando sin parar y sin  saber exactamente que estaba diciendo, conversaciones insustanciales.  Hipocresía impuesta para  elevar los Balances de esos negocios. Esa era  La Navidad en esa mansión.
Sólo adornos lujosos sin ningún sentido.
No había Belén.
Era Navidad, mas su mente estaba en  otro sitio, hace ya algún tiempo que estaba en otro sitio, un lugar con  menos gente, rodeado de montañas, menos lujoso pero más bello, más frío  pero a la vez más cálido, mucho más cálido.
Ella siempre le tenía a él en su corazón, pero en estas fechas, ….
No estaba él.
En estos días pasados su preocupación iba en aumento, sabía que había algo en el aire, algo que él nunca le dijo, …tal vez algo iba mal.
 
–         (¡Jesús!, … es Navidad)
Intentó quitarse esa idea de su mente, no podía ser, todo estaba bien.
Su opulenta madre le sacó de sus pensamientos.
–         – Enma, ¿que haces aquí?,  acaba de venir el Sr. Forrester, es un buen cliente, ves, invítale a una copa. ¡Vamos!, ¡Haz algo!.
– ¿Cómo?, sí, sí, voy.
La cena había empezado, 20 ó 30  comensales, cada uno con su conversación, llego un momento en que Enma  se encontró sola y en silencio.
–         – ¿Dónde vas?, sinceramente  no sé en que mundo vives, no sé en qué piensas, ¿tengo que estar yo en  todo?, vuelve pronto, vamos a sacar el champagne.
– Sí, sí, …claro.

Enma avanzaba por el largo  pasillo, en realidad no sabía donde iba, pero sí que necesitaba salir de ahí. Dorado, y plata, pero nada más,…recordó esas figuritas que él le  enseño a amar, ellas que parecían dar, …sin pedir.

En su camino tropezó con el teléfono, sabía el número de memoria, había mucha gente, tal vez otro momento, …o no.
–          
–         David, David, …¡por favor!.
–          
Casi como una oración.
———
 
David estaba dormitando en el sofá, pensando en sus cosas, pensando en otros tiempos, soñando en un bonito futuro, …con Enma.
En su regazo la figurita de ese Niño que en el Belén faltaba, su pequeña osadía.
Su necesidad.
– (Jesúsito de mi vida, eres niño como yo…)
 
Esa letanía que su madre le enseñó desde siempre. Una pequeña lágrima en sus ojos.
–          
–          
De repente el sonido del teléfono llenó la pequeña habitación.
– ¿Sí?, ¿Quién es?…¿sí?..
– David, David, … soy yo, Enma.
El sonido no era muy alto ni muy nítido, pero era Enma, su Enma.
El corazón de David se sobresaltó, mariposas volaban en su estómago, una  mano sujetando fuerte y delicadamente a ese Niño de antigua porcelana …
Habían pasado pocos años, pero era la  misma sensación, que esa Navidad en que la conoció, sensación a la vez  de angustia, miedo y felicidad, inmensa felicidad.

      -¡Hola Enma , …hola, ¿Cómo éstas?, Enma, Enma, … gracias.
      – David,…necesitaba oírte, …¿estás tú bien?.
      – Nada , pensando, pensando…
      – ¿Algo interesante?..
Por primera vez en días, David se sonrío alegremente.
–         Sí, seguro, seguro.
———-
–          
Lejanamente, en casa de Enma, la puerta del comedor se abrió ruidosamente, Doña Ruth  se acercaba nerviosa.
–        
– Enma, ¿Qué haces ahora?, acaba pronto.
–         …

     – David,  …
     – Oye, Enma, espera …
     – ¿Qué?
     – Quiero decirte,  … te amo Enma, ¡Feliz Navidad!
     – …
    – ¿Enma?”
    – …
    – Tranquila Enma, yo sé, yo sé, tranquila, … no puedes.
Doña Ruth entró de nuevo en la cocina  cargada de copas. Estaba sofisticadamente bella, pero su expresión era  de continua crispación.
–         – ¡Vale ya!,¡Ayúdame!…, cuelga ya, por Dios, muchacha.
– Voy, voy, voy un momento al baño.
Enma esperó que su madrastra  se alejara hacía el comedor.
–         David, David…
Enma apenas, raro en ella, podía  articular palabra, su luz interna y esa figurita que recordaba, aquel  Niño del pesebre que él le enseñó, .. le había escuchado.
      – David, …¡feliz Navidad!, te tengo que dejar.
      – No te preocupes, todo está bien, yo estoy bien, ¡feliz Navidad!

El teléfono volvió a su sitio.
Ella se fue directamente al cuarto de baño y cerró la puerta. Ahora estaba  tranquila, se miró al espejo,…una mueca sonriente y fuera de control iba de oreja a oreja, las mejillas sonrosadas y los ojos vidriosos, …habría que esperar un poco antes de salir.
–         ¿A ver mamá, que hay que hacer?
 
Doña Ruth miraba atónita.
–         Nada, nada estar con todos, ¿Pasa algo?
–         No, todo esta bien, todo está muy bien.
Enma era feliz,  muy feliz, había recibido su regalo de Navidad, su más preciado regalo.
 
Sólo esas dos palabras.
 Amor.
——-

David, cientos de kilómetros más al norte, sostuvo el teléfono durante un rato en su mano, aunque en éste ya no estaba ella.
Luego depositó suavemente al Niño Jesús a su lugar, en ese Portal. David  solitario en ese día tan especial, pero lleno, estaba completo, se  sentía aliviado, se sentía feliz,…le acompañaba su Portal de siempre,  iluminado.
Era Navidad, tal vez algún día sí, tal vez la Navidad siguiente, sí…tal vez.
 
Su Belén se completaría.
 
Desde ese pobre pesebre, ese Niño, … sonrió.

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3 respuestas a Luces (Carmen Ballester)

  1. Ana Calabuig dijo:

    Muy tierno el relato, pero quizá faltaría saber el porqué de su separación para poder valorar mejor los sentimientos que tienen. Del final no se desprende que haya esperanza en una unión.
    Saludos.

  2. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por tu relato, Carmen, me ha gustado y he disfrutado de leerlo. Un saludo. Amaya

  3. Ángela dijo:

    Pues opino lo mismo que Ana, que me gustaría saber el motivo de esa separación, cuando claramente se nota que ambos están enamorados el uno del otro. Pero en fin, tal como anda el mundo de las redes que nos hacemos amigos de gente que vive en la cochinchina, no me extrañaría que andara por ahí la cosa.Da lo mismo,porque me ha emocionado mucho. Felicidades.

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