Amores (Ana Calabuig)

Son las cuatro de la madrugada y no consigo dormir. Tengo los nervios destrozados. El estómago contraído por las palpitaciones. Lo malo es que llevo así mucho tiempo. Necesito relajarme pero no lo consigo, no hay forma. Veo dormir a mi marido, también lo oigo: cada vez ronca más, y el verlo dormir tan tranquilo aún me exaspera más. Es como si mis problemas no le afectaran. Y lo malo es que si le digo algo, tenemos bronca porque, claro, él me dice que sí que le afectan, tanto como a mí, pero que yo exagero la nota bastante. Puede ser. Pero es que ya no puedo más.

En las otras habitaciones están, en una mi madre y en la otra mi padre. Los dos muy mayores. Sobre todo mi padre. Le falta poco para los 100. Cuando hablo con alguien de ellos y me preguntan por sus edades y por cómo están, siempre digo lo mismo, que tengo una gran suerte porque están física y mentalmente bien. Es una bendición que vivan los padres tanto y que mantengan la lucidez, que se pueda hablar con ellos de lo que sea porque ni siquiera chochean. Pero tienen la edad que tienen y necesitan de mis servicios, atenciones y cuidados, tal y como yo los necesité de ellos en su día.

Siempre se ha dicho que el amor de padres es generoso. Siempre dispuestos a todo por los hijos sin esperar recompensa alguna. Porque los padres que esperan recompensas van listos, pues el amor de los hijos es egoísta: siempre cogiendo todo lo que dan los padres sin plantearse nada, siempre pidiendo, exigiendo, sin pensar en nada, solo en disfrutar. Y eso lo sé yo muy bien, pues siempre he sido hija pero nunca madre.

Y ahora me encuentro con que la distribución de esos amores ha cambiado. La edad ha hecho que ellos se vuelvan críos, y pidan, y exijan, casi sin hablar, pero lo hacen; y yo me encuentro con que lo único que hago es dar y no recibir en la medida en que creo que me merezco recibir para sentirme recompensada por los sacrificios que hago.

Y es en este momento de mis cavilaciones cuando entran en juego otros amores. El del marido, que se supone tiene que compartir, comprender, ayudar, pero que también se harta, por buena persona que sea. Porque llevar dieciséis años viviendo con los suegros, a piñón fijo, sin compartirlos con nadie, pues comprendo que harte, por tranquilos y discretos que sean, pero cansa.

El caso es que vivo con el convencimiento de que mi marido me quiere, ya que de otra forma habría dado el portazo. Pero claro, no siempre me siento lo querida que me gustaría sentirme. Y eso ya si que es subjetivo. Es un problema mío interno. Porque tengo que reconocer que hay días que ni siquiera yo me quiero.

Y es  que el amor hacia uno mismo es más importante que todos los demás. Si éste falla, fallan todos. ¿Cómo puedes sentirte querida por alguien si tú no te quieres? Y hay días que no me quiero absolutamente nada. Me miro al espejo y me asusto. Pienso que debería de arreglarme un poco, entretenerme en mí, vamos, y al momento me acuerdo de que tengo que hacer la comida, o la cena, o limpiar, o lo que sea. Y aparco lo mío y me voy a cumplir con las exigencias de los otros amores.

¡Ah! y por si me faltaba algo, también está el amor al trabajo. Porque hoy día, a mis casi 60 años, puedo decir que tengo un trabajo fijo desde hace más de veinte en una empresa privada, en donde, si no pasa nada, hasta me podré jubilar, y eso es tener tanta suerte como la de tener unos padres sanos y un buen marido. Y la verdad, es que quiero a mi trabajo; sí, lo quiero. Me gusta. Me sirve de evasión. En el despacho no me acuerdo de los problemas que me esperan en casa.

Y ahora, a las cuatro de la madrugada, con el cansancio del día pasado y pensando en el cansancio del día que vendrá, me pregunto: ¿Qué problema tengo? ¿A qué vienen esta excitación, este nerviosismo, este insomnio? Tengo unos padres que me quieren; tengo un marido que, creo, también me quiere; comparto trabajo con unos compañeros que  me tienen en gran estima. Entonces… ¿por qué tengo tantos problemas para quererme yo a mi misma?

 

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13 respuestas a Amores (Ana Calabuig)

  1. Esta es una fiel copia de lo que puede vivir una persona con tantos dilemas, me ha cuestionado el hecho de que preguntes ¿por qué tengo tantos problemas para quererme yo a mí misma? y te digo lo que dije en un debate hace poco: “el amor empieza por casa y la casa soy yo”…si no me quiero a mí mismo, jamás podré disfrutar del amor de otro. No es mi intención cuestionar la vida de otras personas, para eso uno mismo posee auto-crítica.

    • Ana Calabuig Teruel dijo:

      He intentado transmitir a una mujer superada por todo y que se encuentra en un momento puntual crítico que hace que quizá exagere la nota. Bueno, es solo un relato y te agradezco que lo hayas leído y sobre todo tu comentario. Es cierto que si uno no se quiere a sí mismo, no puede disfrutar del amor de nadie. Gracias de nuevo.

  2. Marietth Suan-Maria Edith Suárez Nogales dijo:

    Relatas una buena reflexión.

  3. Ángela dijo:

    Como el tema del mes es el amor, tú nos hablas tal vez del amor cansado, de aquel que sobrevive a duras penas entre la rutina y las adversidades, el amor gastado. Luego está el amor de los padres, nuestros padres, que nos lo han dado todo y luego solo piden un poco de calor. Nosotros, los hijos somos egoístas, como tú muy bien dices, y te lo digo yo que soy hija y madre. Ahora veo las cosas desde ambos lados y me doy más cuenta que nunca.

    Como relato me hubiese gustado que lo hubieses enfocado más como una historia que como una especie de confesión, pero me parece correcto, emotivo, real.

    Bien.

  4. Ana Calabuig Teruel dijo:

    Tienes razón que como una historia hubiera quedado mejor, pero la idea la tuve a la vista de una viñeta, lo escribí en un momento mientras estaba trabajando y una historia hubiera quedado más larga. De todas formas, por lo que me dices, he transmitido lo que quería, una confesión a sí misma de una mujer sobrepasada y un pelín desmoralizada. Gracias por tu comentario y sobre todo por tu lectura.

  5. Pienso que este relato puede ser el inicio de un monólogo, independiente a mi comentario anterior, pues diré que está muy bien para que a partir de allí, escriba la historia más completa de ese alguien y lo plasme en una novela, igual usted misma decide, simplemente es un comentario que me parece oportuno hacerlo en vista de la calidad expresiva que presenta.

  6. manolivf dijo:

    Es un relato en el que la pregunta que surge es: Por qué todo es nada? Es que no hay nada más? esa rutina devastadora, ese amor que languidece, esa angustia existencial en suma es lo que me transmite. Y me gusta que sea un monólogo, porque en realidad es el pensamiento del personaje. A mi juicio es un relato logrado, Ana. Un saludo.

    • Ana Calabuig dijo:

      Tienes razón Manolivf. Sobre todo es la rutina lo que nos mata, lo que hace que todo languidezca. Cuando vi la viñeta, eso fue lo que me transmitió inmediatamente la imagen de la mujer. En aquel momento la única forma de transmitir lo que veía en ella era mediante un monólogo. Gracias por leer y comentar mi relato. Saludos.

  7. Manger dijo:

    Con el transcurrir de los años, y a base de atender con cariño diariamente a los que nos rodean en nuestra proximidad, haciéndolo costumbre, llegamos a olvidarnos de nosotros mismos. Las reflexión es muy buena, y habría que hacerlo a diario para mejorar nuestra relación con nosotros mismos. Sin autoestima caemos en el pozo. Buen relato. Mis saludos.

  8. Milyvall dijo:

    ¡Bien Ana!, muy buena descripción de lo que muchas personas viven en su día a día, como bien dice Ángela son amores “cansados” y porque no, yo me atrevería a decir “desgastados”, pero no por ello irrecuperables. Solo miremos nuestro interior, “arreglémoslo” y seguro que sentiremos algo nuevo . . . . . Suerte!!

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