El amor sin rostro (Carto Pereton)

-El otro día… me acosté con una mujer –dijo Miguel rompiendo el espeso silencio que hasta ahora enfriaba la comunicación entre paciente y doctor- a mis cuarenta años, jamás había hecho así el amor.

-¿Cómo fue? –dijo una voz desde la oscuridad.

-Fue diferente, extraño, muy extraño. Me lo recomendó un compañero de trabajo, alguien se lo había recomendado antes a él –el temblor de su voz cada vez era más evidente.

-¿Qué te recomendó, Miguel?, cuéntame.

-Me habló de una experiencia única. Primero no le hice caso, pero luego lo vi anunciado en muchos lugares, ¿no te has fijado?, aparece en la televisión, en los diarios, en la radio, en todos los sitios está el mismo anuncio.

-Yo no lo he visto, pero te creo.

-Al final me rendí y llamé al número de teléfono, una voz masculina contestó después de varios tonos… – Miguel dejó de hablar.

-¿Estás bien?, ¿quieres que descansemos un poco? –dijo de nuevo la sombra.

Sin poder decir nada más se puso a llorar como un niño, después de pasar en cuatro noches en vela, cabeza, cuerpo y alma se rendían dejando escapar lágrimas desesperadas y amargas. Después de unos minutos de sollozar logró recuperar la calma, se secó la cara con sus mangas de camisa y prosiguió con el relato.

-Sí…  estoy bien, perdona no sé qué me ha pasado… no debí hacer esa llamada.

-¿Por qué llamaste? estás casado y tienes dos hijos, ¿no eres feliz con tu familia?

-Sí que soy feliz… no sé, ya no sé lo que siento por mi familia, mi mujer lleva mucho tiempo obsesionada conmigo, te diría que meses, me mira fijamente como queriendo saber que siento por ella, ya no podía más, tuve que llamar y ahora todo ha cambiado, esa noche lo cambió todo.

-Cuéntame que sucedió, quiero ayudarte.

-Aquel hombre me dio día y hora, como si fuera el dentista o algo así –dijo Miguel con un suspiro largo- me hizo muchas preguntas, algunas muy personales. Cuando confirmó el ingreso que le hice en una cuenta al día siguiente, me llamó y me dio la dirección, no la conocía, nunca había estado allí.

-¿Tuviste dudas o al momento decidiste que ibas a ir?

-Sí, tuve dudas, pero mi compañero parecía feliz, sonreía a todas horas y yo también quería ser como él. Quería recuperar algo que había perdido poco a poco, la ilusión por la vida, la fantasía, la pasión.

-¿tu compañero te dijo que recuperarías todo eso?

-Sí, me dio su palabra, me dijo que al salir de aquel lugar sería otro hombre. Y eso sucedió.

   Miguel cerró los ojos aun humedecidos y empezó a recordar:

 

   “Le dije a mi mujer que iba con mi compañero Fernando a tomar algo, quedábamos de vez en cuando, así que no sospechó, tampoco me hizo demasiadas preguntas esa vez, ya sabía mis respuestas; volveré pronto, no beberé mucho, todo eso que decimos para poder salir por la puerta en paz. Estaba nervioso, lo noté mientras conducía, algunas marchas no entraban y fui un buen rato sin luces.

   Al llegar a la dirección pensé que me había equivocado, aquel edificio era siniestro, las ventanas oscuras de la fachada no dejaban ver el interior, parecía abandonado, por lo que revisé mis notas. Era allí.

   Por un momento quise desaparecer de ese lugar, pero como si me hubiera oído, la puerta corredera de la entrada se abrió invitándome a pasar. Y eso hice, sin pensármelo dos veces avancé, quizás en el interior, protegido por aquellas firmes paredes mis piernas dejarían de temblar.

   La puerta se cerró de nuevo detrás de mí. Estaba casi en penumbras, cuando una persona vestida toda de negro y cuya cara no tuve tiempo a ver con detalle, vino a recibirme. Sin mediar palabra me puso un extraño objeto en la cabeza. Era algo así como un antifaz ciego que únicamente me tapaba los ojos, iba ligado a una correa y atado a mi nuca con hebilla. Al momento se hizo la completa oscuridad. Luego una voz masculina habló.

Buenas noches, señor D, buenas noches señora D.

   ¿Señora D? ¡Había una mujer a mi lado!, no la veía, pero la escuchaba respirar, estaba nerviosa, igual que yo.

Las normas son claras, ya hicieron el pago adelantado como les exigimos hace unos días, ahora les toca vivir una experiencia única e irrepetible.

   Seguíamos sin decir nada.

No se pueden quitar las máscaras, ni utilizar la violencia el uno contra el otro, sus identidades permanecerán en el anonimato en todo momento, no se conocen y no lo harán nunca, esta historia de pasión empieza y acaba hoy. Mañana no intenten encontrarse, no va a ser posible, nadie lo ha logrado antes. –la voz continuó- Los hemos elegido gracias a sus perfiles psicológicos y a su situación personal. Los dos están casados. Si comparten información personal, sus familias, anónimamente, serán informadas de este encuentro, se pueden imaginar que no es una situación agradable. ¿han comprendido las normas?

Sí –dije yo.

Sí –dijo ella.

   Ese “sí”, sonó dulce y casi como un susurro, fue maravilloso. La imaginé muy guapa, seguramente ojos claros y piel fina y blanca, un poco más bajita que yo. Mi corazón iba ya bastante rápido, no supe decir si los latidos se estaban escuchando fuera del pecho.

Pueden caminar en la dirección en la que están orientados ahora hasta llegar a la puerta del fondo, ese será su lugar de encuentro, buenas noches y buen amor.

   Ese hombre se marchó, sus pisadas, primero fuertes, se fueron debilitando hasta que ya no se apercibía ni siquiera una débil vibración. No me moví, esperé a que ella diera el primer paso, pero tampoco se movía, solo se seguía escuchando su respiración agitada. Yo estaba inmerso en la estrategia cuando noté una cosa que me hizo estremecer, algo rozó mi dedo corazón durante una fracción de segundo, esperé un poco más, otra vez ocurrió, era su mano se acercaba a la mía, quería cogérmela, entrelazar sus dedos con los míos para sentirse segura. El vello de mi nuca y brazos me hizo estremecer, no quería que lo volviera a hacer, o tal vez sí.

   Finalmente me acerque yo a ella, encontré su mano pequeña y fría y la abracé con mi palma abierta y fuerte, la noté temblar.”

-Miguel, ¿estás bien? –estás temblando tú también.

   En efecto, el paciente casi saltaba en el sofá reclinable.

-Intenta inspirar profundamente, eso te relajará para poder seguir.

   Miguel hizo caso al doctor y poco a poco fue volviendo a sus contantes normales, unos minutos más respirando pausadamente lo relajó de nuevo y continuó relatando su experiencia.

-Lo siento.

-No te preocupes, continúa cuando estés listo.

 

   “caminamos juntos, cogidos de la mano. Cada paso era muy cuidadoso, como si el suelo estuviera hecho de fino cristal. Algo sucedió sin darnos cuenta, un extraño aroma vino hacia nosotros, al principio era algo muy difícil de describir pero poco a poco ganó en intensidad y se convirtió en una fragancia maravillosa que entraba por los poros de nuestra piel y fluía después a través de los órganos para llegar a nuestro cerebro donde algo químico y maravilloso empezaba a suceder. Se podían separar algunos matices, como la canela, jazmín, hasta me pareció identificar algo más, cacao. En pocos segundos estábamos completamente absorbidos por aquel perfume de los dioses. Aquella mujer que avanzaba a mi lado ya no cogía mi mano con miedo, ahora la notaba firme y dispuesta a afrontar sus miedos, yo también quería afrontar los míos.

   Al llegar a la puerta, noté la madera áspera y caliente, con mi mano libre cogí la maneta y empujé hacia dentro, se abrió con facilidad. Después entramos y cerramos detrás nuestro.”

 

-¿Pensaste que os habían drogado? –dijo de nuevo la voz profunda.

-No estoy seguro, pero lo que sí sé, es que éramos dueños de nuestros actos, solo que había desaparecido la vergüenza y el pudor. Nos sentíamos libres.

-¿Quisiste huir en algún momento?

-Aunque quisiera no hubiera podido, ya no había marcha atrás, los dos lo sabíamos.

-Sigue, por favor.

 

   “La oscuridad era ahora nuestra aliada, nos arropaba para darnos protección y calma. No puedo decir cómo eran las dimensiones de la habitación, solo sé que en medio de la estancia había una cama muy grande y cómoda. Sin dar muchos rodeos nos tumbamos de lado y permanecimos así quietos hasta que por arte de magia nuestros labios se fueron acercando poco a poco, milímetro a milímetros, ese era el momento en que todo iba a cambiar, las reglas del matrimonio se iban a romper con un acto tan puro y delicado como un beso. Y así fue, se produjo el contacto, dulce, cálido, sensual.”

-¿Podemos decir que fue un beso de amor?

-Por raro que parezca, no sé cuál puede ser es la diferencia, yo recuerdo mi primer beso de amor y fue muy parecido, también me llegó al alma, también tatuó algo en mis labios.

-Veo que lo tienes muy claro.

-Sí, estoy completamente seguro.

   “Lo que ocurrió después escribió un capítulo que trastocó nuestras vidas, nos desnudamos, nos besamos, sentimos el calor de nuestros cuerpos y finalmente hicimos el amor. Estuvimos mucho tiempo haciéndolo, sin descanso y sin medidas de protección de ningún tipo, no se nos ocurrió o no quisimos usarlas, el caso es que así sucedió. Estuve con aquella persona compartiendo lo más íntimo de mí, sin ningún pudor ni arrepentimiento, no sentí deseo sexual o físico, creo que allí, en aquella habitación, solo hubo amor, amor puro y limpio, amor inocente e infiel a la vez. Después de varias horas nos quedamos dormidos, extasiados, necesitábamos fuerzas para poder continuar, pero el sueño duró poco, alguien entró en la habitación y se dirigió a mi amante, era otra mujer, le invitó a acompañarla y así desapareció para siempre. Cuando me quité la máscara estaba solo. De nuevo solo. Su ropa tampoco estaba, no quedaba nada de ella, ni siquiera dejó su voz, no hablamos en todo el tiempo, solo sus gemidos retumbaban aun en mis oídos.”

-¿Cómo te sientes ahora?

-Pues no muy bien, estoy enamorado de esa chica.

-Y ¿cómo es la relación en tu casa?

-Intento disimular mi estado delante de mis hijos, pero con mi mujer es más difícil, me nota raro y creo que sospecha algo –dijo Miguel frotándose la cara con las manos como queriendo borrar una imagen.

-Debes tomar una decisión, no puedes continuar así.

-Qué puedo hacer, amo a una mujer que no conozco, no sé dónde buscarla, ni siquiera sé si es joven o mayor, no tengo ninguna pista, puede ser cualquier mujer, mi vecina, la maestra de mi hijo, podría ser hasta mi madre, ¿no lo entiendes? Es una locura.

-Debe ser muy complicado.

-Si, lo es, voy andando por la calle y mi cabeza la busca, miro a todas las mujeres detenidamente, quiero ver algún gesto que la descubra, cuando una me sonríe pienso que puede ser ella, si una chica me gira la cara también creo que la he encontrado y a lo mejor quiere evitarme. Necesito olvidarla o me volveré loco.

-No os podéis reconocer por que no os visteis.

-Y si ella se quitó la máscara y me vio, como sé que no me está vigilando. Ayúdame a sacarla de mi cabeza. -Miguel lloró de nuevo, quería salir del pozo de la desesperación y necesitaba que alguien le tirara una cuerda.

-Bien, te voy a ayudar. –dijo el doctor acercando su cara a la luz y mostrándose muy serio- Escúchame atentamente, no estás buscando una mujer, estás persiguiendo una experiencia sin rostro, nunca vas a reconocer nada físico, porque nada físico viste, dices que fue amor y no utilizaste los ojos para encontrarlo, no los utilices ahora para buscarlo de nuevo. El hombre que os dictó las normas ya os avisó, “mañana no intenten encontrarse, no va a ser posible, nadie lo ha logrado antes”, ¿recuerdas?

-Si, lo recuerdo…

 

   Diez minutos más tarde Miguel salió de la consulta y se fue a casa, había entendido el mensaje, dejaría de buscar, era inútil. Lo que si debía hacer era hablar con su mujer, quería contarle la verdad, era justo que la conociera.

   Al llegar sus hijos ya dormían, fue para la habitación y vio que María ya estaba en la cama, estaba despierta, miraba al techo fijamente.

-Cariño, tenemos que hablar –dijo Miguel mientras se sentaba en el borde del colchón y le cogía la mano con delicadeza.

-Hola Miguel, que pasa amor mío, cuéntame –dijo ella mirándole a los ojos.

-No soy el de antes, he cambiado, creo que a peor.

-¿Qué te ha pasado?

-Me ha ocurrido algo difícil de explicar, he conocido otra manera de amar o algo parecido, aun no estoy seguro.

-¿Te has enamorado de otra persona?, puedes contármelo, lo entenderé.

-No me he enamorado de alguien, me he enamorado…

-De algo, ¿verdad?

-¿Cómo lo sabes? –dijo Miguel sorprendido.

-Pues… porque yo también fui al mismo sitio.

-¿eras tú?

-No, yo estuve hace algún tiempo… pero si hablé con Fernando para que te recomendara ir, también fui dejando diarios abiertos por la página donde aparecía el anuncio, busqué canales de televisión y de radio donde pudieras verlo y escucharlo. Yo te dejé marchar esa noche sabiendo a donde ibas. La culpa no fue tuya, fue mía, yo caí en la tentación, tú, te viste forzado.

-Amor mío, no te eches la culpa, lo hiciste porque no te cuidé bien, te dejé de lado mucho tiempo. Ahora que vamos a hacer… -Miguel la entendía, sabía de primera mano lo que estaba sintiendo ella, le acarició la cara mientras sus ojos se nublaban de nuevo- estamos perdidos.

-Te empuje a ese lugar porque era la única salida, yo tampoco encontré a ese hombre  –Maria sacó de debajo de la cama una caja, en su interior había dos máscaras negras, con una tapó los ojos de Miguel y otra se la colocó ella- te llevo esperando muchos meses, te necesito.

   Los dos volvieron a recuperar la pasión esa noche y nunca más la perdieron. Solo piel con piel, amor sin rostro.

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9 respuestas a El amor sin rostro (Carto Pereton)

  1. El amor es ciego. Interesante realto. Mucha suerte

  2. Marietth Suan-María Edith Suárez Nogales dijo:

    Muy bueno, con un mensaje oculto. Interesante

  3. manolivf dijo:

    Me ha gustado. Me esperaba al final que la misteriosa mujer fuese la suya propia y ambos se reconociesen aunque así es menos previsible. El misterio está bien logrado durante todo el relato, lo único que el final sabe a poco tras las expectivas creadas,personalmente me da la sensación de que falta algo. Por lo demás la historia es muy interesante.^_^

  4. Carto Péreton dijo:

    Gracias por vuestros comentarios, son de gran ayuda. Un saludo.

  5. Manger dijo:

    Es un relato interesante… Mis saludos.

  6. Ángela dijo:

    Interesante, muy interesante. Me he pasado todo el relato rezando por que no me metieses en el desenlace que era su propia mujer, su esposa, la mujer del antifaz. Muy bien, no lo has hecho, no has caído en esa trampa. Incluso por enredar más el tema yo hubiese preferido que su esposa nada supiese del tema, que escuchase su confesión en silencio, tal vez llorosa y en un futuro cercano se fuese ella misma a buscar su hombre del antifaz. Pero en todo caso, muy bien,me has mantenido fielmente pegada a la silla leyendo sin pestañear. Interesante, con un conflicto que da que pensar.

    Que mala es la rutina en el amor ¿verdad?

  7. Carto Péreton dijo:

    Hola Ángela, he intentado buscar la originalidad ante todo, que fuera su mujer también me parecía más previsible así que lo descarté en seguida, es difícil acertar con los finales. Me alegro que te haya parecido interesante.
    Si que es mala la rutina en el amor, aunque a según quien le da seguridad, es un tema complicado creo. Gracias por tu comentario.

  8. Ángela dijo:

    Tú fuiste otro de mis votados, felicidades.

    • Carto Péreton dijo:

      Muchas gracias, he quedado décimo, estoy contento era mi primer relato. Todavía me queda mucho que aprender, el tuyo es genial, con muchas menos palabras dices más cosas.
      Un saludo y enhorabuena.
      David.

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