A un ingrato como tú (Mª Luisa López Cortiñas)

Hola José.

¿Te acuerdas de mí?

Me dejaste tirado como a un perro.

Haz memoria.

Nimes. Feria de la Vendimia. Un sol de justicia. 16 de septiembre de 2012.

Mi entrada no fue nada triunfal, me equivoqué, accedí  a la pista por un callejón del que salieron despavoridos los presentes. Mi lazo amarillo, revoloteaba al compás de mis andares, cuando llegué al centro de la pista, allí, solo estabas tú. Llevabas puesto tu traje de domingo color pizarra y oro, corbatín rojo y medias rosas.  Éramos el centro de un curioso maridaje de algarabía y calma. Hasta allí llegaba olor a puro y  fiesta, a colonia cara diluida en sudor barato, también llegaba la emoción de los que esperan, la luz amarillenta de un Sol radiante, el rumor de voces, el clarín, la guitarra inexistente, el preludio del triunfo.

Tú me miraste y te miré, con ambas manos sostenías tu capa amarilla y rosa, me miraste a los ojos, y  preguntaste ¿bailas?… Yo nunca había bailado, pero algo en tu mirada me decía que debía confiar en ti, que me dejara llevar, que no fuera cobarde y me lanzara a la aventura. Y así, con la timidez del adolescente que se descubre de repente enamorado, con mi morena piel impidiendo que vieras mi sonrojo, como sin querer, comencé a seguir tus pasos y tú capa. Principiaba mi  incursión en el mundo del baile.

Un, deux, trois.

Un, deux, trois.

El echaînement comenzaba funcionar.

Quatre, cinq, six.

Quatre, cinq, six.

Te envolvías en tu capa, y yo, desnudo, sólo podía admirar tu figura. Volvías a invitarme, variaban los pasos, una saltillera decían unos, un farol admiraban otros, y yo, sólo veía como tu escondías la capa tras tu espalda, abrías la boca en un gesto indefinible y me ordenabas VEN. Yo coqueto me acercaba, besaba tu falda y poco a poco la  elevabas por los aires creando un dibujo indefinible, un dos tres, un dos tres, yo seguía tus pasos. Era tal nuestra armonía que ya no estábamos allí, y entre nubes y prados,  habitamos el país del que uno nunca querría irse. Los testigos de nuestro arrebato aplaudían. Tú, en todo momento pendiente de mi, cesaste el baile, y yo silente, era subyugado por tu porte. Fuimos estatuas vigilantes de su amor.

Creí que todo había acabado, cuando tus pasos me llevaron hacia el  botijo amarillo pegado a un caballo con lanza, un pinchazo y salí de allí como  alma que lleva el diablo.

Pero tú, y tu capa, me estabais esperando, la sostenías esta vez con una sola mano, hecha un gurruño, la movías delante detrás, detrás delante, delante detrás, y yo pasando feliz por debajo de tu capa apañuelada. Bailar contigo  era aprender y cambiar, cambiar y aprender.

Canjeaste capa por trapo rojo, y yo me convertí en su eco y en tu voz.

Comenzamos un nuevo baile, tímidos y largos. Tú fijo y firme como un tornillo sin fin, yo loco por dibujar el trazo que marcabas. Poco a poco acortamos distancias, cada gesto, una mirada; cada paso, una liturgia.  Yo tocaba el trapo, y tú girabas con él dibujando en el aire mariposas de fuego, eras un dios inalcanzable, y yo suspiraba por besarte. De cuando en cuando nos mirábamos, dos amantes en mitad de un mundo vociferante y bullanguero. Como por arte de magia, el brillo del metal de una espada rompió el hechizo, me miraste, te miré, tú dispuesto a arrancarme la vida, yo dispuesto a dejarme matar y morir a tus pies, pero esa mañana quisieron mis hados burlar al destino.

Los expectantes comenzaron a teñir la plaza de un blanco titilante y reluciente, petición de gracia y baile.  Unos minutos, y ya teníamos afición, ¡los amos de la pista!

Diste un par de pasos, un par de vueltas, espada al suelo, me miraste, te miré, dije te quiero y tú no sé; si sé que tocaste suavemente mi lomo y el tiempo se detuvo, fuimos burbuja y pompa, agua y  fuego,  leyenda de un  instante sólo para nosotros que celebramos como si fuera nuestro primer día sobre la tierra, y  olé torero, ya sabes que “si tú me dices ven lo dejo todo”.

Como sólo sabe hacer un caballero, me acompañaste a la puerta que conducía a mi casa, entre dos flancos fui consciente de tu ausencia, me di la vuelta, y sólo aviste tu figura envuelta en aplausos, no me devolviste la mirada, ni el saludo,  y yo me quede allí, tirado como un perro. Sin rastro de desdén, seguí el camino que muchas manos señalaban ¡no fuera nuevamente a equivocarme!

Según me contaron, los dioses, cuando acaban, no pasan por chiqueros, salen a hombros por la puerta de los cónsules.

Pues bien, ha pasado más de un año, y a fecha de hoy no tengo noticias tuyas. Cansado estoy de esperarte. He aprendido nuevos pasos, punta, talón, punta, talón, derecha izquierda. Ensayo mucho con Vanesa -la vaca- el mambo nº 5, pero no es lo mismo que bailar envuelto en tu capa.

Ansío tu respuesta y tu visita, no necesariamente por ese orden.

Firmado.

Ingrato (a un ingrato como tú).

PD: Basado en hechos reales, con unas cuantas licencias.

Conoce más de la autora en http://cuentosparamatarelviernes.blogspot.com
Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Tema del mes "Amor" y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Tu opinión es importante

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s