La playa de los sentimientos (Isabel Antequera)

      Diana mira el mar. Sólo escucha el sonido de las olas golpear contra las  rocas que tiene a su derecha. Está sentada en la arena sobre una toalla y con  una manta sobre los hombros. Es enero y hace frío. La oscuridad apenas le  permite ver mas que unos metros de agua. Todavía no ha amanecido y no hay rastro  de la gran luna blanca encargada de dar luz al inmenso mar. Ahora no le importa  ver, lo que quiere es sentir. Cierra los ojos y nota la brisa marina acariciando  su piel por debajo de la ropa. Un escalofrío recorre su cuerpo. Le resulta  agradable esa sensación. El frío siempre le ha ayudado a sentirse viva. Percibe  el olor del agua de mar. Huele a sal. Con los ojos aún cerrados acaricia la fina  arena. Le gusta el tacto rugoso que tiene. Decide abrir los ojos para observar  la oscuridad. Es justo en ese momento cuando un recuerdo tras otro viene a su  memoria.

    Recuerda con detalle la última vez que  estuvo allí. Fue hace mas de un año. Le llevó allí la necesidad de estar como  ahora, sola consigo misma. Necesitaba pensar, tomar una dura decisión, asumir  sentimientos que se negaba. No tuvo valor para hacer ninguna de esas cosas.  Llegó un martes por la tarde y se sentó en las rocas. Mirando al mar esperaba  encontrar respuestas a preguntas que no quería  formular en voz alta. “¿Debo seguir con  mi novio? ¿Realmente me gusta mi mejor amigo?” Era  incapaz de responderse. Tenía un bloqueo  que le impedía asumir que su relación de pareja la estaba destruyendo. Y que la  persona a la que le había contado todos y cada uno de los malos momentos era con  quien quería estar. Llevaba ya mucho tiempo mal con Federico, su novio, a pesar  de haber hecho un año hacía tan sólo unos días. Sentía que no le comprendía, que  no la conocía en absoluto, pero no se imaginaba la vida sin él. Por otro lado  estaba Juan, su mejor amigo. La persona con la que hablaba a diario y a todas  horas. En este último año apenas se habían visto tres o cuatro veces y siempre  le  había tenido como a su  confidente. Cierto es que las dos últimas veces que le vio sintió que algo había  cambiado y no le miraba de la misma manera. Le encontraba atractivo. Pero se  negaba a sí misma esos pensamientos.

    Volvió al hotel donde había dejado las cosas y se metió en la habitación  para encender la televisión y el teléfono móvil. Llamó a su novio y le contó que  el hotel estaba cerca de la playa y que era bonito. Él no entendía que se le  había perdido a Diana a 250 kilómetros de su ciudad, pero respetaba su decisión  y quedaron el verse al día siguiente, cuando ella volviera a su lado. Cenó un  bocadillo que se hizo con el pan y el salmón que había comprado de camino  y con el sonido de la pequeña televisión  que alumbraba la habitación se quedó dormida.

     Horas mas tarde la alarma le anunció que debía levantarse si quería ver  amanecer. Se vistió y caminó hasta la playa, cámara en  mano, dispuesta a fotografiar la salida  del sol. Quería enviarle una foto a Juan cuando el sol se asomara para, de esta  manera, ver amanecer juntos. Había mucha niebla y no pudo ser. Poco a poco la  oscuridad de la noche dejaba paso a la claridad del día. Se sintió triste,  decepcionada. No había conseguido ver amanecer, ni aclarar sus ideas porque  estaba bloqueada. Todavía no lo sabía pero aquél viaje le ayudó a dar el paso  que daría una semana después, ya que dejó a su novio.

      Todos esos recuerdos acudían a su mente cuando abrió los ojos en aquella  mañana de enero. Eran las siete y aún faltaba casi una hora para que el sol  saliera del lugar donde duerme cuando la luna sale. Al contrario que la vez  anterior, en esta ocasión se sentía feliz. Estaba sola sentada sobre la arena,  pero no tenía ese bloqueo que le impedía pensar con claridad. Lo tenía todo  claro y ese hecho le daba felicidad y paz. Una paz que su corazón no sentía  desde hacía mucho tiempo.

   La  relación con su novio siempre había tenido altibajos. Es lo que sucede cuando se  juntan dos personas tan diferentes. Ella, una soñadora que cree en el amor para  siempre a pesar de los desengaños. Cariñosa y detallista. Él acababa de salir de  una relación tormentosa y ya no creía en el amor. Durante el año en el que  estuvieron juntos intentaron encontrar “villa en medio” como decía Diana  Pero sus caracteres fuertes chocaban  casi a diario. Había amor en la relación. Miradas cómplices, paseos de la mano,  confidencias. Pero también había mucho dolor. La una intentaba cambiar, dar  menos importancia a las cosas que lo eran para ella. Eran importante los  detalles que demuestra que la otra persona te quiere. Un mensaje romántico sin  venir a cuento, o una frase cariñosa cuando hacían meses. Eso no lo tenía.  También era muy habladora, le gustaba comentarlo todo y cuando veía que algo no  estaba bien no tardaba en decirlo. No le costaba nada abrir su corazón y  traducir en palabras cada latido. Lloraba amargamente cuando se sentía mal y no  tenía un abrazo o esas palabras de ánimo que todos necesitamos cuando sentimos  que todo nos va mal. “Tranquila, cariño, todo irá bien.” El otro quería a su  novia. La quería a su manera. Tenía otro tipo de detalles, como darle las llaves  de su casa al poco de conocerla o presentarle a sus padres en navidades a pesar  de la relación tirante que tenia con ellos. Era una persona muy cerrada y eso  que intentaba abrirse pero el miedo a que le hicieran daño, como ya le había  pasado, era superior a él. Se cansaba de tantas preguntas por parte de ella por  intentar conocerle. No se planteaba las mismas cosas que la persona con la que  dormía todos los días. Hacía todo lo posible porque ella estuviera bien pero  sentía que nunca era suficiente, que siempre había algo que no hacía. La quería  y nunca se planteo en dejarla, a pesar de que el tema de cortar estuviera de vez  en cuando sobre la mesa. Ambos tenían estabilidad y dudaba mucho que la relación  terminara.

   Juan  estaba casado. Llevaba con su mujer mas de media vida y la quería con locura, a  pesar de que también sufría. Cuando llevas tantos años con una persona siempre  hay problemas que da la sensación de que nunca se van a solucionar, es más,  empeoraban con el paso de los años. Las dos familias no se llevaban bien y eso  le dolía mucho a él. El trabajo inestable de una, el estrés del otro… todo hacía  mella en la relación que luchaba día a día por recuperar. Sabía que era muy  complicado que volvieran a estar bien, pero mientras estuvieran viviendo juntos  no tiraría la toalla.

   Diana  y Juan se conocieron un día de final de año. De esos en los que la ciudad se  llenaba de belenes y villancicos. Llevaban unos meses hablando por chat y tenían  ganas de verse en persona. Le gustaba mucho ese chico con el que hablaba a  diario por las noches. Cuando le dijo que estaba casado empezó a verle con otros  ojos. Ella no quería meterse en mitad de un matrimonio por muy mal que  estuvieran. Ella era soltera y buscaba a alguien en su misma situación. Le  encantaba la forma de hablar y de expresarse de Juan. Durante los meses en los  que compartieron letras se contaron todo. Hablaban desde el tiempo que hacía en  la ciudad hasta las anécdotas del trabajo pasando por los problemas familiares.  Tenían muchas ganas de conocerse en persona, de poner voz a la persona que había  detrás del teclado. Diana tenía la esperanza de que no le gustara físicamente,  ya que de esta manera sería mas fácil verle solo como un amigo. Ya le había  pasado en otras ocasiones en las que había chateado con un chico durante un  tiempo y al verse no había química. Sus esperanzas no se cumplieron y la  atracción que sentía ella y que había empezado a sentir él, traspasó la red. La  situación era complicada, y tras pasar una tarde muy bonita llena de risas y  bromas decidieron dejar de hablarse. Diana no podía verle solo como amigo y Juan  era lo único que le podía ofrecer, aunque debía reconocer que le gustaba. 

    Alfredo llegó a la vida de ella de la misma forma que Juan, por el chat.  Hacía poco que le había dicho a su amigo que prefería no hablar durante una  temporada cuando empezó a hablar con un chico descarado que desde el primer  momento le dijo las intenciones que tenía. No era una persona de rollos y no  pensaba estar chateando con ella durante meses para no conocerse. Diana accedió  de buen grado a quedar con esa persona tan segura de sí misma. Cuando los reyes  llegaban de oriente ellos empezaron a salir. Al principio la cosa iba bien,  aunque ya se daban cuenta de lo diferentes que eran. Poco a poco ella fue  recuperando el contacto con Juan. Él se alegraba de que fuera feliz. Como ya no  había esa tensión sexual por el medio pudieron continuar con su amistad de un  forma sana.

    Cuando la gente ya planeaba las vacaciones de verano, Juan decidió  separarse. No podía con la situación, no era feliz y tenía miedo de acabar  odiando a la persona con la que dormía. Fue una decisión dura. Nunca estuvo sólo  ya que en todo momento tuvo el apoyo de Alfredo y Diana. Pasaban los meses y  ella le acompañaba siempre que podía a hacer los papeles. Se veían mas que antes  y eso le hizo sentir a Diana que algo estaba cambiando, que ya no le veía de la  misma manera. Era como hubiera retrocedido en el tiempo y volviera a ver en Juan  con los mismos ojos que las navidades pasadas. Se negaba a sí misma que eso  fuera así. Dejó pasar el tiempo hasta que un día de noviembre se fue a la playa  ella sola, necesitaba pensar. El viaje no le iba a servir para mucho ya que  estaba bloqueada pero eso ella aún no lo sabía.

   El  día de San Valentín Juan y Diana quedaron en verse. Ella llevaba sola algo mas  de un mes y necesitaba decirle a su amigo lo que sentía por él. Le quería. Así  de sencillo y de complicado. Desde que había vuelto de la playa apenas habían  hablado porque necesitaba poner en orden las ideas y los sentimientos que le  invadían cuando pensaba en su amigo. Se lo dijo y él le dio un beso como  respuesta. Fue un impulso y cuando se separaron bajó la cabeza. Le dijo que lo  sentía que no era eso lo que quería hacer. La quería mucho pero solo como amiga.  Cierto es que la atracción física seguía estando pero aún no se sentía preparado  para mantener una relación ya que no había superado su divorcio. Era la primera  vez en años que alguien le decía cosas tan bonitas y por ese motivo la besó.  Ella no sabía donde meterse. Quería pegarle, decirle que le odiaba. Durante los  segundos que sus labios estuvieron unidos se sintió la mujer mas feliz de la  tierra y ahora se sentía mal. Se abrazaron. El abrazo duró unos minutos que a  ella le sirvieron para relajarse. Juan le pidió tiempo. No podía verla como una  amiga porque de lo contrario no la habría besado, pero tampoco la podía ver como  novia porque no tenía claro lo que sentía. Sabía que el beso le había gustado y  necesitaba aclarar las ideas. Seguirían hablando como hasta entonces y quedaron  en que dejarían pasar el tiempo.

   Un  ruido de pisadas hace que Diana se sobresalte. “Tranquila, cariño, soy yo.” La  voz de Juan hace que se relaje y siga mirando el mar. Hace varios meses que no  se ven pero ella no vuelve la cara. Su mirada sigue perdida en la oscuridad.  Nota como le abraza y el olor de su colonia compite con el de la brisa marina.  La última vez que hablaron fue por teléfono hace un mes. No podía con la  situación. No había conseguido olvidarse de lo que sentía y necesitaba saber si  él le correspondía o no. Le dijo que se iría a la playa el último día de enero.  Que si quería, podía ir con ella para ver amanecer. Si no iba, sabría que la  respuesta era no. La noche la ha pasado sola. Apenas ha dormido. Tenía la  esperanza de recibir una  llamada  que le preguntara en que hotel estaba. Pero no fue así. Poco antes de que sonara  el despertador se durmió pensando que vería amanecer sola. Justo cuando los  primeros rallos de sol asoman donde acaba el mar, Juan quita un mechón de pelo  de la mejilla de Diana. “Te quiero” Le susurra al oído. Segundos mas tarde se  funden en un beso, justo cuando el sol está en el  cielo.

Conoce más sobre la autora en http://lebasisenail.blogspot.com.es/
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Una respuesta a La playa de los sentimientos (Isabel Antequera)

  1. amaiapdm dijo:

    Isabel, muchas gracias por escribir, me ha gustado tu relato aunque a veces lo he notado algo confuso, quizas tendrías que repasarlo un poco o yo leerlo otra vez. Un saludo. Amaya

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