Los españoles primero (tarodsim)

Hoy no me apetece demasiado escribirte maldito diario. Pero me obligo como siempre, aunque más desfallecida que de costumbre. Hoy rompí con Danyer. Bueno, rompió él, aunque fue por una tontería y espero que recapacite. ¡Lo echo tanto de menos y sólo hace unas horas que no le veo! Pero no me acabo de acostumbrar a su temperamento caribeño.

Esta noche ha sido otra muestra más de cómo puede perder los papeles por nada. Cuando reservé mesa en El buen cristiano ya intuía yo que no era una buena idea, pero estoy cansada de privarme de comer rodeada de gente bien.

En El buen cristiano puedes disfrutar de platos nacionales de verdad. Aún recuerdo cuando iba de pequeña que siempre tomaba un plato hasta arriba de alubias con callos. El vino, una de las muchas asignaturas pendientes de Danyer, ¡y es que tengo tanto que enseñarle!, es aquí una delicia. Siempre Rioja por supuesto, pero de bodegas clásicas, yo siento debilidad por el Castillo de Igay, con ese aroma a fresas salvajes y frutos silvestres. Su color rubí casa a la perfección con los capotes de los carteles taurinos que adornan el local y con el rojo sangre de la denostada bandera. El gentil águila de dos cabezas encuentra refugio en este local, ante tanto indeseable que quiere acabar con ella. Esa pandilla de frikis de izquierdas que sólo piensan en lo verde, pero que luego la toman con un pobre animalito. Debe ser que piensan que es un mutante o el espíritu santo reencarnado. La paloma de la paz ya pasó a mejor vida.

Hubo algún problema con la reserva porque cuando llegamos nos miraron de forma extraña y nos hicieron esperar en la puerta. Sólo con ver la cara de Danyer me temí lo peor. Es demasiado susceptible y en seguida se piensa que le discriminan por ser cubano. Le dije que eso no tenía ningún sentido y que de hecho varios camareros son inmigrantes muy bien adiestrados y que todos los clientes, madrileños de pura cepa, fuman habanos de la mejor calidad.

Encendí un marlboro y obvié un comentario hiriente del que no quiero acordarme. Por suerte el silencio que iba a ser insoportable no duró demasiado. Llegó el hijo de unos amigos de mis padres al que hacía años que no veía: Borja Polo de Borbón-Franco, acompañado de una pelandrusca. Por lo visto era su novia desde hacía un mes, más o menos como yo con el cubano. Era una chica brasileña con un aire a Gisele Bundchen pero sin ninguna clase. No hacían buena pareja precisamente.

Tengo que reconocer que sentí unos celos terribles. Siempre pensé que en alguna de esas convivencias  del Opus a las que fuimos de adolescentes acabaría confesando los pecados que quería cometerme.

Hablé un rato con Borja, lo justo para ponerme al día y darme cuenta de que tenía que haber sido yo la que le susurrara mis fantasías. Tanto él como yo tuvimos el exquisito gusto de no presentarnos a nuestras respectivas parejas. Danyer, como buen latino, al no verse incluido en nuestra conversación no dudó en coquetear con la rubita despampanante que me miraba con cara de odio.

—Oye chico, que cosa más grande caballero. ¿Y no tenéis que ir entrando?—tuvo la desfachatez de decirle en tono hostil mi cubano a Borja.

—Yo siempre tengo mesa libre, o sea que si queréis puedo hablar con el dueño para que te dejen pasar—le contestó súper calmado Borja, el arquitecto mejor colocado de su promoción. ¡Dios mío, qué sexy puede ser un hombre con un trabajo como Dios manda!

Me temía la respuesta de mi zafio acompañante cuando con el don de la oportunidad salió el camarero. Vestía impecable chaquetilla blanca con charreteras rojas y ribete dorado.

—Señorita María, siento decirles que no vamos a tener ninguna mesa libre—dijo apurado. Y le cambió la cara cuando vio la figura caballeresca de Borja.

—Ah, muy buenas noches señorito-Borja-Polo-de-Borbón-Franco, ¿quiere usted su mesa de siempre?

—La mesa de siempre Sancho, pero puede que hoy nos acompañen unos amigos—Borja me guiñó un ojo para confirmar su invitación.

—Lo siento mucho señorito, pero ya sabe la política de Don Andrés…si quiere puede ir pasando usted con la señorita—dijo el camarero señalándome. No puedo explicar lo orgullosa que me sentí al ver que Sancho daba por supuesto que era yo la novia de Borja.

—Anunciaron agua y cayó mierda. ¿Y cuál es esa política chico?— Danyer como siempre con esas expresiones malsonantes que encima ni se le entienden.

—La política de Don Andrés, chico, es que la clientela es selecta. Aquí sólo entra gente defensora de lo razonable, lo ético y lo moral. Y por supuesto que sepa hablar con corrección nuestra maravillosa lengua cervantina—por suerte estaba ahí Borja para poner en su sitio a ese isleño desarrapado.

—Tú no me calculas chico, ya vamos echándola María—si hay algo que no soporto es que me den órdenes.

—Danyer, tengo hambre y hace mucho que no veía a Borja. Vamos entrando que seguro que en cuanto quede una mesa libre en la cocina os dejan pasar—le solté. Vale, igual fui un poco zorra, pero la verdad es que no veía el momento de quedarme a solas con Borja.

— ¡Le roncan los cojones! Estás en llama chico—le espetó a Borja. Esa frase es de las pocas que yo entendía. Le había llamado feo en su dialecto extraño. ¿Feo? Si tú supieras…

— ¿Cómo dices chico, en llama? Ah sí, pobre, quieres decir que estoy “on fire”. Bueno sí, siempre fui un hombre de éxito, la verdad sea dicha—menos mal que Borja, todo inocencia, se hizo el tonto para evitar un conflicto.

La rubita empezó a decir cosas muy desagradables que no merecen que te las cuente. Se marchó calle Serrano arriba y se le debió caer algo porque Danyer fue corriendo detrás de ella. Borja sonrió como sólo un hombre rico sabe hacerlo y me ofreció el brazo para entrar juntos.

La cena fue deliciosa. Borja escogió a la perfección. Empezamos con unos Ibéricos de Bellota acompañados de un Viña Tondonia porque dice Borja que el Igay ya no es lo que era. Seguimos con un salmón ahumado escocés Keia. Borja me explicó que lo marinan con sal y panela con el humo denso y lineal de roble, haya y barricas de Rioja alavesa. ¡Sabe de todo este hombre! No lleva conservantes y eso es algo que Borja valora mucho, porque le gusta cuidarse. Debe tener un esperma de alta calidad, eso espero al menos. Como de suprema estofa eran los troncos de bonito encebollados con salsa de perdiz que pusieron la guinda a este festín.

Después del café unos amigos de Borja le invitaron a jugar una partida de mus mientras veían el partido del Real. Yo respeté el lugar que me corresponde como mujer y me quedé calladita sonriendo. Cuánto se aprende escuchando a gente de mundo. Hablaron de cierta información importante y reservada sobre no sé qué acciones y del cartel para San Isidro en las Ventas. Borja me lanzaba miradas al escote en cuánto podía.

Más tarde la nostalgia invadió la pequeña reunión. Los mayores empezaron a recordar la navidad del 80. Parece que en aquel invierno Tejero, del Bosch y otros grandes hombres frecuentaban El buen cristiano y ultimaron los detalles de un proyecto que tenían entre manos, mientras el dueño del local revisaba los baños, no fuera a ser que hubiera algún rojo escondido.

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2 respuestas a Los españoles primero (tarodsim)

  1. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, nombre impronunciable, me he reído un montón con tu relato, te agradezco que me hayas hecho pasar un rato tan agradable. Un saludo. Amaya

  2. Tarodsim dijo:

    Hola Amaia, muchas gracias a ti por leer y comentar. Era una vía que quería explorar, el humor. Gracias por los ánimos! 😉

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