La obsesión de Tesa (Ana Calabuig)

Este relato tiene que ver con uno que envié a “El Relato del Mes” en Diciembre de 2011, de nombre “La decadencia de Tesa” y cuyo tema era una foto que puso Jorge. Hago esta aclaración porque esta historia se entiende mejor  leyendo aquélla.

LA OBSESIÓN DE TESA

Anuncia entró en la casa y la encontró muy silenciosa. Le sorprendió no oír las impertinencias y despropósitos de Tesa. Últimamente estaba muy impertinente, siempre malhumorada, siempre al acecho tras las ventanas para cuando ella entrara en la casa enhebrar una ristra de quejas y reproches sin sentido: el más habitual era porque llegaba tarde. Anuncia conocía el porque actuaba así: por miedo, miedo de estar sola, de morir sola; sabía que por las noches no podía dormir. Cuántas tardes, antes de irse, Tesa le suplicaba que le dejara una botella en la mesilla. Hacía tiempo que el alcohol era lo que la mantenía viva, necesitaba el alcohol que sus hijos no querían darle y Tesa, que le aterraba la idea de morir sola, siempre decía lo mismo: -“Al menos, borracha, no me enteraré”. Anuncia, para calmarla, le ponía botellas de ginebra, ron, whisky pero aguadas. -“De todas formas los hijos no se van a enterar”-, pensaba con tristeza, -“para eso tendrían que venir a ver a su madre y con una llamada, han cumplido. No han querido nunca aceptar la realidad”-. Anuncia obraba así con la autoridad que le daba el estar al servicio de esa familia desde hacía más de 30 años, cuando nació el primero de los hijos. Sabía que no la iban a echar de allí porque su madre únicamente la admitía a ella en la casa.

Subió, y al entrar en la habitación la encontró en el suelo, junto a la ventana. Una gran tristeza la invadió y los ojos se le llenaron de lágrimas. Haciendo un esfuerzo se arrodilló a su lado y comprobó que respiraba, con dificultad, pero respiraba. Con mucho cuidado la arrastró hacia la cama y al llevarla se dio cuenta de lo poco que pesaba ya. –“¡Qué poco te queda!” – pensó. –“De que manera tan tonta te has acabado. Con lo que te ha gustado la vida y mira en lo que has quedado”.

Al mover las sábanas para acostarla vio que había una cartulina sucia, pegajosa, -“la foto”– dijo Anuncia en voz alta -“la maldita foto”. Su silencioso llanto cobró fuerza cuando con repulsión la cogió y la miró. Ya casi no quedaba imagen de tanto como la había besado, manoseado, masajeado por todas las partes de su cuerpo. Anuncia la había pillado en varias ocasiones masturbándose con ella, se la pasaba por los pechos, por el vientre, por su sexo, hablaba con el hombre que había en la imagen. Esa foto se había convertido en una obsesión. Recordó que hace algún tiempo Tesa abofeteó a su hija Clara porque intentó quitársela. Ninguno de sus hijos conocía la historia, el porqué pasaba horas con la mirada fija en ella y la mente perdida en recuerdos antiguos.

Sin embargo, Anuncia cada vez que la veía recordaba aquella triste mañana en que al llegar encontró a Tesa en el salón, sentada en el suelo, en camisón, despeinada, temblorosa, gimiendo y con la cámara de fotos junto a ella. Cómo empezó a hablarle de forma excitada y convulsa, y cómo, poco a poco, le fue desgranando la historia del joven que le había robado, que se había burlado de ella, que se marchó corriendo y riendo mientras escuchaba como le llamaba y le suplicaba que volviera.

Sí, se había convertido en una paranoia aquel joven. Aquel encuentro había enajenado a Tesa y vivía obcecada por ello, marcó su fin, fueron sus últimas horas sintiéndose viva. Toda su frustración quedó plasmada en la imagen del joven que se iba. Ahí quedó su mente, pero sigue llamándole día y noche, a gritos y en silencio.

 -“¡Pobre mujer! nunca aceptó el paso de los años”.  La entristecida Anuncia le puso la foto entre las manos, comprobó que su respiración aunque débil era constante, la tapó y salió de la habitación.

-“Bueno”- se dijo con determinación, -“ha llegado la hora de llamar a los hijos”-. Bajó al salón, cogió la agenda y con mucho pesar se puso a marcar un número en el teléfono.

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6 respuestas a La obsesión de Tesa (Ana Calabuig)

  1. Manger dijo:

    Hola, Ana. Siguiendo tu recomendación, primero he leído tu relato del 2011. El primero me ha parecido bastante bueno, recogiendo los primeros momentos de la nostalgia de esa mujer en una juventud ya perdida. En este último te cargas al personaje sin más miramientos, de una forma bastante “agresiva”, sin perdón, quizás porque ella no supo (o no quiso) superar sus desdichas de sentirse vieja y despechada por un amor, digamos, “no recomendable”. En fin; que tu relato me ha parecido bueno y triste. Mis saludos cordiales y suerte.

  2. Ana Calabuig dijo:

    Muchas gracias por tu tiempo en leer los relatos y por tu comentario. Te lo agradezco. Y sí, mi personaje no acepta la realidad, no acepta el paso del tiempo, y de ahí su autodestrucción.

  3. amaiapdm dijo:

    Gracias por escribir, Ana, para mi es un gran placer leerte y siempre una grata sorpresa, aunque tu escrito esté lleno de dolor y soledad. Un saludo. Amaya

    • Ana Calabuig dijo:

      Como dicen tus compañeros, este ha sido un relato triste. Gracias por emplear tu tiempo en leer mis relatos. Saludos.

  4. manolivf dijo:

    Es muy triste tu relato, Ana. Deja un sabor amargo, el que nos queda al asomarnos a las debilidades y miserias del ser humano…Consigues que el lector entre con su mirada (la del alma) en ese dormitorio. Un salúdo.

    • Ana Calabuig dijo:

      Sí, el relato es triste porque triste es el fin de mi protagonista. Muchas gracias por tu comentario y, sobre todo, por leerme. Saludos.

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