Perfumes y aires de antaño (Rosa María Barreiro Díaz)

Vi como el tren se alejaba y tras su marcha me invadió la nostalgia y la tristeza. Estaba de vuelta y al cabo de tantos años, casi todo seguía igual. El Sr. José, el de la taquilla, por supuesto ya no estaba y María, su mujer, también había fallecido. En su lugar otros que no conocía me miraron de soslayo ¿quién es esa?, se preguntaban mientras un taxista me salía al paso. Tras la indicación de que de momento no necesitaba su servicio, salí de la estación y me dejé caer en el mismo banco que me vio crecer, el mismo donde mi madre me vigilaba tras mis idas y venidas corriendo de un lado a otro, el mismo donde con mis amigas preparábamos el domingo, el mismo donde le di mi primer beso a Manuel, el mismo que fue  reposo en muchos momentos de mi vida. Sentada en él, oliendo el lugar  y al igual  que entonces, la vida se me antojaba muy fácil y placentera.

Observé a mi alrededor, la avenida estaba desierta y en aquel momento tan sólo existíamos mi banco y yo, como antaño.  La tarde se aparecía fría y allí solos  recibimos el viento del otoño anunciando su llegada. A su paso las hojas caídas y ahora secas que otrora relucían frescas y fueran la sombra de los enamorados y paseantes de los domingos, eran transportadas desde el suelo hacia el cielo y  dirigidas después hacia un camino que se adivinaba de descanso hasta que de nuevo volviera a traerlas la primavera ó quizás, a otro lugar donde cobraran vida, otra diferente:  una vida de antaño, una vida de recuerdos.

Cerré los ojos y sentí aquél viento en la cara junto al olor de algo perdido en el tiempo y recuperado sólo en el recuerdo, el olor también de mi vida de antaño, al igual que las hojas, mezclado con los demás olores de las personas con las que conviví: el perfume de mi madre, el masaje de afeitar de mi padre, el olor de la tienda de ropa, el olor de las telas esparcidas por los rincones, el olor de una vida de valores, el olor de una vida de sueños.

 Por eso estaba allí, necesitaba descanso y  volver atrás. Sentía la necesidad de empaparme de  todos esos recuerdos y olores para valorar mejor la vida que tenía ahora. La felicidad del presente no podía olvidarse ni dejar de agradecerse y necesitaba, por primera vez en mi vida,  que todo estuviera justo en su sitio, ordenado desde el primer día igual que  aquellos cajones llenos de hilos, agujas y telas que marcaron mi existencia.

Mi mente evocó aquellas  tardes sentada al lado de mi madre, ojeando nerviosa todas aquellas revistas antiguas que le servirían de manual para sus futuros bocetos. Me transporte de nuevo a aquella habitación y sentí su olor. Ella, mi madre,  yacía sentada detrás de su máquina de coser en aquel  pequeño cuarto de costura donde tantas horas pasaba arreglando los trajes de los que llamaban a su puerta y  que entre arreglo y arreglo se permitía unirse a mí y soñar con todos aquellos trajes  de época que despertaban sus emociones y le permitían sonreir. Algún día, me decía, estos trajes volverán de su época firmados con mi nombre, desfilaran por una pasarela mágica donde todo el mundo aplaudirá y volverá a revivir una época de antaño llena de historia, quizás de bailes de época, quizás de bodas de reyes y consortes. Una vida con el entrañable olor que une los tiempos, el olor de telas inspiradoras dignas de personas de alcurnia.   Cada noche y antes de irnos a dormir,  dejábamos que la felicidad nos llevase a esa vida futura donde nuestro taller se hacía  más grande y famoso.

Allí sentada volví a sentir la emoción y los nervios de mi madre ante su primer desfile. ¡lo había conseguido! .  Volví a saborear sus lágrimas de agradecimiento a la vida y a Dios, que resbalaban por sus mejillas haciéndome participe de todo el amor que me profesaba. Volvía a sentir los aplausos, vi encenderse las luces y volvía a notar aquellos olores de diseños antiguos famosos otra vez en el presente por unas manos llenas de talento. Después el éxito del desfile y las personas que salieron al paso a felicitarla. También rememoré la fiesta posterior en el Hotel Morgan, el mejor de la ciudad, llena de lujo y de olores de perfumes caros mezclados con trajes de los mejores modistos de la época, donde brindó con unos y con otros por la maravillosa colección y también por los nuevos contratos que ya algunos le ofrecían. Me empapé del sabor del éxito y me di cuenta de que aquel sueño cumplido de mi madre,  también me pertenecía y me seguiría en el camino de mi vida tal vez incluso después de que ella ya no estuviera. Y así fue.

Ahora, en el presente y en aquel mismo banco, en este preciso momento y lugar, mi corazón y mi mente atraparon detalles, sonrisas y personas que sin duda me ayudaron a llegar a la vida que ahora disfrutaba y que sin duda amaba, igual que la amé a ella.

El frio de la tarde me obligó a abrir los ojos. El tiempo había pasado sin darme cuenta y empezaba a anochecer. Ya era hora de llegar a casa.  Mamá ya no estaba allí pero su espíritu seguía vivo y estaba segura que ella me ayudaría a ordenar lo que quedaba de mi vida para seguir adelante. Recuperé al taxista de antes y le indiqué la dirección. Mientras se ocupaba de mis maletas, sentí el presente de un pasado que no quería olvidar, con el que deseaba caminar pero que necesitaba guardar.

A lo largo del camino que me devolvía a casa, abrí mi mente y mi corazón al amor de unos años felices, al sueño conseguido  y continuado, al olor del cofre que guarda  historias pasadas y antiguas fotografías que retratan y expresan la sensación de todo vuelve a empezar.

Es tiempo de recordar, es tiempo de sentir los aires de antaño, es tiempo de oler perfumes olvidados, es tiempo vintage.

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3 respuestas a Perfumes y aires de antaño (Rosa María Barreiro Díaz)

  1. Sese dijo:

    Una gran escritora

  2. Ana Calabuig dijo:

    Un bonito relato de recuerdos, de cómo nos cambia la vida y nos gusta rememorar lo pasado. Sólo quisiera hacerte un puntualización, dices “mi madre yacía sentada en su máquina…”. Yacer es estar echado o tendido, extendido, acostarse con alguien, etc., tiene muchos significados pero no el de estar sentado en un silla. Salvo eso, tu relato me ha gustado. Suerte.

  3. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha gustado tu relato aunque hay un par de palabras que no quedan muy bien. Un saludo literario. Amaya

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