Abrazos de algodón (Luz María Granero)

Abrió el cajón de la mesita de noche y ahí se encontraban las interminables cartas de su abuela Marín.
Cogió una de ellas y se puso cómoda en la cama, tomó un sorbo de té e inició la tarea de cada noche.
 
-“Abrazos de algodón”. Así iniciaban las cartas de mi abuela y nunca supe porqué. Aquellas palabras siempre cautivaban mis sentidos. Le preguntaba una y otra vez y su respuesta 
siempre era la misma:
 
“Mi dulce Clara, todo a su tiempo”, me decía con una sonrisa, apto seguido me cogía de la
mano y me llevaba al parque para enseñarme la sabiduría que envolvía a la naturaleza. Yo
la miraba atenta, me gustaba escucharla. Una parte de mí se quedaba siempre pensativa.
Adoraba aquellos momentos que ahora añoro, pero que sé que siempre está conmigo.
Falleció hace unos años.
 
Comenzaba a caer la tarde y me apetecía salir pero no sabía que hacer ya que estaba un poco
cansada del largo día. ¡Ya sabéis!, madrugar para hacer un poco de deporte, trabajar y trabajar. Esa era mi rutina, que a pesar de que adoraba mi trabajo alrededor de unos meses sentía que algo no iba bien en mi, no era feliz, como que faltaba algo. Esa sensación en la cual
te haces miles de preguntas y no obtienes respuestas, o al menos no las oía.
 
Llegó media tarde y al fin me decidí a pasear para despejarme y pensar en que podía hacer con mi vida, si tenía que cambiar algo o donde estaba la clave para ello. Es cierto que alguna
vez mi abuela me había hablado y había leído muchas cartas de ella donde decía que la felicidad estaba dentro de nosotros, que no había que buscarla sino que desde nacimiento ya nos pertenece ese estado. Lo poco que había escuchado resonaba en mi interior, como si ya lo supiera, pero a pesar de ello sabía que algo mas grande y profundo albergaba en el fondo de mi corazón.
 
Caminando, caminando sin rumbo, a lo lejos divisé una estación de autobuses donde había un hombre, siniestro, o al menos eso percibía. Traje chaqueta, gabardina y un sombrero. Le acompañaba un maletín. Me paré unos segundos en una esquina donde no podía verme, ya que
ese hombre de alguna manera me recordaba a alguien, como que ya lo había visto antes.
El maletín no lo soltaba ni un segundo. De repente desapareció. Clara estaba aturdida, tenía el corazón en un puño. Y no dejaba de darle vueltas a la cabeza ya que no se había dado ni cuenta. Era como si la tierra se lo hubiera tragado. Así, por arte de magia. Clara frotaba sus ojos con intensidad, nada de nada. Ni rastro de él. Le temblaba todo el cuerpo.
 
-¡Me lo habré imaginado! ¡Una ilusión tal vez! -pensaba nerviosa-.
 
No sabía si moverse de aquel rincón, era presa del pánico. Pero a pesar del temor que recorría en su interior se marchó a toda prisa sin dejar de mirar a su alrededor. Pasó por delante de su escaparate preferido en el cual siempre se detenía para imaginarse como le quedaría ese vestido fucsia que acababa en una pequeña cola, elegante y sensual por el acabado del escote que le hacía sentirse por un momento como una princesa. 
Pero esta vez era diferente, un huracán de terror atizaba su cuerpo sin control. Faltando solo pocas manzanas para llegar a su casa, detrás de ella sintió unos pasos. Ella aceleró mientras iba sacando del bolso las llaves, no las encontraba. Su corazón latía cada vez más fuerte. Al fin se hizo con ellas y al intentar abrirla se le atascó, era como si no quisieran que entrara. La sensación de que alguien había detrás de ella aumentaba cada vez más. Al fin entró y antes de cerrar ese hombre siniestro estaba justo delante de sus ojos. A penas distinguía quien era. A los minutos se marchó y dejó el maletín. Lo cogió rápidamente y se dirigió al comedor con un tanto de misterio. Al abrirlo se quedó desconcertada, contenía toda su vida, todo lo sabía de ella.
 
-¿Pero quién demonios era ese hombre? -gritó-.
 
Se frotaba los ojos para ver si lo que observaba era real o un sueño, pera parecía ser que era real. Ojeó otra vez el contenido: fotos, hojas que describían todo de ella, sus pensamientos, sensaciones, las ideas mas profundas y jamás contadas a nadie estaban escritas ahí. 
No sabía que hacer.
 
-¿Es increíble, cómo es posible? -gritó a pleno pulmón al mismo tiempo que paseaba de una lado a otro en el comedor-.
 
De repente sintió esa sensación mágica que solo su abuela le transmitía desde bien pequeña, y ahora que no estaba palpitaba en su corazón la misma energía benévola y gentil que cuando estaba viva. La sentía una vez mas junto a ella. Su voz apareció de la nada en el momento en el que se levantó para dirigirse a la cocina.
 
-“Cariño, tranquila, todo en la vida tiene un sentido y sucede por algún motivo. 
Empecemos por el principio, esas palabras que siempre te han llamado la atención y que deseabas saber su significado, pero todo a su tiempo como bien te dije en su día. 
Ahora creo que estas preparada, a pesar de ello imagino que sabrás que significa.
Sé como te sientes, ahora estas sorprendida. No temas, intenta mantener el equilibrio siempre y sé fuerte, referente a ese hombre siniestro que ves en ocasiones son tus miedos. Ámalos. No
pueden hacerte daño, son ilusiones de la mente que hacen creer que son reales pero no es así.
Y el maletín simboliza tu interior, lo que eres en realidad, un ser divino, donde yace toda la sabiduría. Sabe todo de ti, lo que sientes, piensas y como actúas.
 
En definitiva, cada día es un regalo que se nos brinda para disfrutarlo al máximo, son “abrazos de algodón”, es decir la vida guarda en sí un gran misterio que irás descubriendo día a día a través de las experiencias donde en cada situación, hasta de lo más insignificante te desvelará un mensaje que tal vez sea el que andabas buscando, y solo así lo verás en un estado de quietud, de silencio. Por tanto, abraza la vida, baila con ella y saboréala desde el amor”.
 
Clara se quedó paralizada justo antes de entrar en la cocina en el momento en que escuchó la voz de su abuela. Miraba de un sitio a otro para ver se la veía pero no fue así, a pesar de ello no le importaba ya que su dulce voz, las palabras que le transmitía la acobijaban en un manto de seda a la vez que una lágrima acarició su mejilla. Se arrodilló en el sofá con las manos en la cara y justo en ese instante sintió que la acariciaban con amor, un amor puro y transparente como el agua. Y entonces lo entendió todo, aquella nube negra que se posaba a su lado una y otra vez fue desvaneciéndose como por arte de magia cuando llegó la comprensión del alma. Al poco de dormirse como un bebé desapareció.
 
 
Moraleja:
 
No puedes huir de tus miedos, de ti misma. Están ahí para que aceptes, ya que tanto el miedo, la rabia, la ira, etc son expresiones de amor mal calificadas, nada más. Todas proyectadas por la mente, pero que con amor y el control de ti mismo todo se puede lograr, sabiendo que depende solo de ti. Ese es tu logro. Es como una madre acobijando a su bebé, es decir esas emociones que causan daño representan al bebé llorando y la madre al calor, al consuelo, esto se refiere al amor. No temas, nunca estas solo. Y recuerda: Nada se puede apoderar de ti si tú no lo consientes porque el poder lo tienes tú. Solo tú. Es más, ¡SI ERES UN SER DIVINO, RADIANTE DE AMOR, QUE MIEDO PUEDE VENCER AL SENTIMIENTO MÁS PURO Y BENÉVOLO QUE EXISTE Y QUE SIEMPRE REINARÁ EN TODO EL MUNDO!
 
 
 
Conoce más sobre la autora en: http://relatosconalmabenevola.blogspot.com.es/
 
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3 respuestas a Abrazos de algodón (Luz María Granero)

  1. Ana Calabuig dijo:

    Un poco liado el relato, pasas del narrador omnisciente al narrador en primera persona y luego otra vez al narrador omnisciente y eso complica un poco la comprensión. Saludos.

  2. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha gustado la idea de tu relato pero es posible que mejore mucho si lo repasas, ya que pasa de un narrador a otro y complica la comprensión del relato. Creo que la moraleja no es necesaria ya que todo queda bien explicado. Un saludo. Amaya

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