El calvario de Jorge Tagua (Miguel Oviedo Risueño)

La fiesta, tal y como lo prometía el cartel pegado en la pared y a los postes de energía resultó de lo más divertida. El sol ayudaba a que sobre la plaza, recostadas en las bancas, se dieran cita mujeres bonitas, de provocativos vestidos y, dieran a la escena un cierto aire de bacanal romana. Comenzó la “verbena” parte del carnaval de negros y blancos, con un conjunto musical que sonaban muy bien, pero que al Jorge Tagua solo lo invitaban a pedir otro traguito, cerrar los ojos y dormirse. A las doce y media, justo cuando el joven pensaba en irse a bañarse, cambiarse de ropa; aparecen por la puerta de entrada a la plaza del carnaval la banda que habían dado los mejores y más divertidos momentos de baile, música y son sureño. Gabriel, de nuevo manejaba con arte sus posibilidades con tal de llevarnos a la vera del divertido y descomunal bar de los dos puentes. Tras un par de bailes en la plaza y viendo que las jovencitas con las que estaba bailando no pensaban moverse del sitio hasta que cesara la música, el Jorge Tagua, que ante todo no quería dejar pasar un sitio sin conocerlo, tuvo que tomar la difícil decisión de abandonar a las pastusitas a su suerte y partir a explorar lo desconocido.

El indio que ya tenía aprendido el manual del turista y que encima estaba en tierra conquistada se las prometía muy felices. Sale de la plaza, sabiendo que a unos doscientos metros existía una parada de carpas y tablados musicales. Pregunta cuál es la calle que le llevaría al centro y cuál la caseta en la que se debe bajar. Como se llama el lugar donde iba y la ruta de “ida y vuelta”…. ¡Carajo!. Lo preguntó ” el Jorge Tagua”, pero por lo visto al más loco del pueblo. Al menos le dijo bien donde se tenía que ir, que calle era y poco más. Más tarde veremos que la mala información le tuvo al borde de quedarse perdido donde más fácil, presumía, sería regresar al hotel.

Resulta que el Pueblo debe ser inmenso, pero fuera de lo que es la ciudad. En dos pasos anduvo el jovencito todos los recorridos turísticos que pudo encontrar en el quiosco que junto a los dos Puentes, daban información sobre los sitos a visitar. Desde el parque Santiago hasta el Museo del oro, la catedral, el palacio de gobierno, los parques con sus iglesias, el Paseo del rio, Plaza Mayor, La del carnaval. Total que en dos “patas” se quedó el “descerebrado” del Jorge Tagua sin nada que hacer y no eran más allá de las cinco de la tarde… ¿Qué hizo el Jorge Tagua?. Lo natural en él. Buscó en el casco histórico, por cierto que me dice el indio que estaba todo restaurado con piso de piedra, limpio, tranquilo. Daba gusto pasear, una calle plácida con un coqueto cafecito que tuviera mesitas en la puerta en las que degustar “un buen champús”. Que tuviera wiifi gratis. Que la mesera fuese simpática y bien buena. Como ya tenía “datos” en el móvil, metió toda esta información en el “google” y le salió el “Café del Parque”. Un barcito sin pretensiones que vive de dos centros la calle 18 y la calle 17 que se encuentran atravesadas por él y que ese sábado abría porque a la tarde la dueña cumplía 37 años y estaba preparando su fiesta de aniversario. Allí a 1,50, se tiró el Jorge Tagua el resto de la velada, departiendo con las chiquillas y con los dos o tres estudiantes que se dieron cita allí. Durante ese tiempo se dedicó a enviar wassap, subir fotos, charlar amigablemente y beber aguardientico.

Y en ese punto comenzó su calvario.

Una hora antes del toque final se fue a la Plaza de la constitución. Creía el inocente que la información que tenía del autobús era la correcta. Se subió confiado y comenzó a juguetear con esa terrible herramienta que es la mensajería instantánea. Cuando creyó que estaría cerca de llegar a su destino levantó la cabeza y el bus iba por una avenida “Carretera del Ejido”, para más señas, en la que se apreciaba, sin ser el más listo de la clase, que lo separaba cada vez más de su destino. Consulto al conductor y éste, con cara de poco amigos, dice: “Si deseas ir a la Laguna de la Cocha vas muy bien. Pero si quieres regresar al centro de la ciudad, donde se ¡vive el Carnaval!. Bájate ahora mismo y coge este mismo bus pero en el otro sentido”. El autobús no era de línea circular, sino de “ida y vuelta”. Además él lo había cogido en un sentido y en el contrario no lo hacía por la misma avenida, si no por otra llamada Idema. Miró el Jorge Tagua el reloj y ya comenzaron a temblarle las piernas… Las agujas del reloj estaban corriendo claramente en su contra. No tardó demasiado el bus de regreso y al decirle al conductor que iba al parque central, le contesta: “Este lo más cerca que tiene parada en esta dirección es en el Centro Comercial de la pana”. Así que el Jorge Tagua, no solo tenía que llegar a su parada, si no bajarse y correr hacia el centro, cruzando medio centro de la ciudad. Adivinar si la plaza principal estaba a la izquierda o a la derecha de la salida del centro, cruzar toda la calle 16 y subir a la plaza de bombona antes de que Gabriel le saliera de los huevos quitarle la credencial que le daba acceso al pasaje de regreso.

Por supuesto, si algo puede salir mal, saldrá. El Jorge Tagua tiró para la izquierda, cuando la entrada a la plaza estaba a la derecha. Anduvo. No encontró la entrada por la que había salido. Regresó sobre sus pasos y ya nada le parecía igual que en la mañana. Se aventuró y miraba el reloj, mientras que con el otro ojo miraba al cielo, que se ennegrecía por momentos igual que su futuro inmediato. Tras minutos que le parecieron horas encontró la entrada y al fondo veía como las carpas de bienvenida del carnaval, donde habitualmente invitaban a un trago a los turistas cuando regresaban, no estaban. Se sentó en un andén y resignado, vio pasar el desfile del carnaval, una multitud lo lleno de polvo blanco, otros le ofrecieron aguardiente, mientras reían y se divertían, Él brindo al cielo y lento, lento, lento, comenzó a subir hacia su calvario.

Conoce más sobre el autor en http://www.miguel-oviedo.blogspot.com.es/
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Una respuesta a El calvario de Jorge Tagua (Miguel Oviedo Risueño)

  1. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, un saludo. Amaya

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