El vestido rojo (Carlota de las Mercedes Gauna)

Los ojos azules de Verena se iluminaron de emoción cuando vio el vestido rojo colgado de una percha de madera , en la vidriera atiborrada de objetos pasados de moda de ese negocio casi escondido entre otros que destellaban en armoniosa decoración en ese sector del shopping.

Como toda mujer que se jacta de coqueta, pudiendo dar fe de la extraña fascinación que la ropa ejerce sobre el alma femenina, lo descubrió entre lazos, puntillas, sombreros y bolsos , entre un pantalón a cuadros y una camisola de crépe color naranja.

El vestido era sumamente elegante, con su falda tableada y su pechera abotonada sobre la que caían festones y guardas con pequeñas florecillas rosadas y hojuelas apenas delineadas sobre el algodón. Los botones dorados que cerraban la cartera hasta la altura de la cintura quebrada, hacían juego con las diminutas tachas del angosto cinto que colgaba de las pretinas, sobre el pliegue a las alturas de las caderas, formando profundos bolsillos laterales disimulados bajo el doblez de dos tablas enfrentadas

El ruedo llegaría hasta la mitad de sus piernas-pensó Verena- y le permitiría lucir las bonitas sandalias de tacón alto que se había comprado la semana anterior, del mismo color que la prenda admirada tras los cristales.

Al entrar al interior del local, comprobó que, en realidad la hebilla del cinto era de carey transparente como lo había pensado. Nada podía ser más bonito que ese vestido y su decisión de comprarlo ya había sido tomada antes que la empleada se acercara a atenderla.

-Ese vestido…- susurró señalándolo con un dedo tembloroso -Creo que es de mi talla-

La vendedora advirtió la sensación que ondulaba en el lenguaje corporal de la joven, con mayor vehemencia que en sus palabras. Lo quitó del escaparate y se lo acercó:-¡Ha tenido usted muy buen gusto!- le dijo sonriendo- Y no es la primer cliente que se ha sentido atraída por él-

-¿Si? Le confieso que me encanta la ropa del pasado. Muchos de mis amigos me dicen que estoy “out”, tanto en mis elecciones de muebles y accesorios como en mi manera de vestir, pero…-Acarició lentamente la suavidad del poplin combinado con la seda que componían la delicada trama de la tela, confiriéndole una justa consistencia al dobles del tableado.

-Al ver esta ropa que fue usada por personas que vivieron antes que yo, siento que se establece una rara conexión entre sus antiguos dueños y mi alma-

Se detuvo unos segundos para observar si aquellos ojos pardos de la vendedora se llenaban de asombro por estar conversando con una espécimen “traído de los pelos”pero la jovencita le sonreía con afecto, comprendiéndola más de lo que ella aspiraba.

-Tiene usted mucha razón. Esta hermosa ropa nos habla de un pasado de vidas que nos precedieron, que amaron y sufrieron cuando nuestras madres y nuestras abuelas eran sólo hijas. Estas prendas abrigaron sueños que de alguna manera podrían enseñarnos a conseguir nuestras metas-

Verena la observó confundida. Ella estaba metiéndose en sus pensamientos y las palabras que pronunciaba eran las mismas que pululaban por su mente sin atreverse a sacarlas a la luz.

Y por primera vez se animó a encararla de frente, sintiendo que ambas tenían mucho en común.

-¿Es tuyo este negocio?-

-Si, me llamo Elizabeth y toda esta ropa que ves la he conseguido de viejos arcones depositados en las bohardillas de varias casonas de mis familiares.-

Los ojos pardos parecieron volar hacia lo remoto con la velocidad de un pájaro atravesando los cielos hasta desaparecer cerca del horizonte.

-Te confieso que fui tildada de loca cuando me dispuse a realizar mi proyecto y comencé la restauración de estos artículos impulsada por ,diría, una especie de obsesión- Se volvió hacia el entorno y miró todo como adorándolo -Las principales prendas las hallé en el altillo de la vieja casona de mis abuelos.¡Hasta vestidos de novia encontré! Y me pasé todo el invierno transformando estos tesoros en algo tan hermoso como lo que ves: sombreros con plumas de faisán y tules con motas de terciopelo, guantes de raso con botones de nácar o forrados en satén, blusas manchadas por la humedad que traté con químicos especiales para no dañarlas y volver a darles su viejo esplendor, como aquella donde se destacan los bordados con mostacillas. Delantales y manteles de cocina con sus respectivas servilletas con contornos de puntillas al crochet y flores aplicadas y festoneadas con hilos de raso. Boinas de cuero labrado, bolsos de arpillera pintada con laca vegetal, enaguas con puntillas de encaje deshilado y aplicaciones de tul sobre flores de bombasí , corpiños de tafetán con cordeles de seda para ajustar el talle hasta lograr “cinturas de avispa”; camisones de franela con delicados floreados, largos hasta las pantorrillas y mangas arruchadas prendidas en los puños o desavillées de organza, ligeros y sueltos, sobre los ajustados pijamas con alforzas y piernas “bombé”…En verdad que fue mucho mi trabajo, pero creo que cuando a uno le gusta lo que hace es porque ha encontrado su verdadera vocación-

Verena la había escuchado, sorprendida por la locuacidad de aquella bonita joven, casi de su misma edad, calculaba.¿Cuántos años tendría? Probablemente no más de dieciocho, como ella, y ya se presentaba tan centrada y segura en un accionar maduro que a muchas adolescentes les cuesta tanto alcanzar.

-¿Crees que me quedará bien?- preguntó sacándola de sus elucubraciones.

-¡Oh,si, claro que si! ¿Deseas probártelo?Aprovecha que los vestidores están desocupados. A eso de la una de la tarde comienzan a desfilar los enemigos de la siesta por los que me he visto obligada a cambiar mis horarios de atención.

-¿Y te arreglas vos sola?-

-Por supuesto! No le confiaría el trato de mis prendas a nadie que no fuese yo, aunque creo que ahora me ha salido una competidora- agregó sonriendo- que ama tanto la moda “Vintage” como yo-

Sintiendo que enrojecía, Verena se increpó internamente, como tantas veces, por ser tan vergonzosa. Y se introdujo veloz en el entorno delimitado por biombos de piel de cordero, trabajada como en Los Pirineos, según le había comentado su abuelita Rosa, para hacer las botijas donde acarrear leche y agua hacia los territorios más yermos de la región. Estos cuadrantes se hallaban sostenidos por varillas de hueso labrado y cada panel del lugar destinado al probador de las prendas presentaba un paisaje pintado de algún lugar de Italia . Al notar la pregunta escondida en la expresión azul de aquellos ojos, Elizabeth se apresuró a aclarar que aquellas eran reliquias que viajaron con sus antepasados en un gran barco que trajo a media familia Franceschini desde la guerra del 14 hasta las fértiles tierras donde construyeron su presente y el futuro de los que vendrían a hacer patria en este territorio argentino bendecido por Dios.

-…tres generaciones vivieron en la vieja casona cerca de Los Palmares, en la provincia de Entre Ríos-

Verena la escuchaba con complacencia, deseando prolongar aquel aluvión de resortes que hacían brincar su corazón. Escuchándola había volado con ella por los más intrincados recovecos de la imaginación que desbordaba de ambas como cataratas.

-Ahora, mídete el vestido. Comprobarás lo bonito que queda puesto-

 

Frente al espejo biselado enmarcado por un marco filigranado pintado en dorado, Verena se detuvo pasmada, disfrutando del momento mágico como una quinceañera frente a sus admiradores. Ésa reflejada en el cristal biselado no era ella. Era alguien que se le parecía bastante pero que no respondía a los movimientos de su cuerpo. Para comprobarlo levantó su brazo derecho y se estremeció violentamente al notar que su reflejo hacía caso omiso de sus tentativas:la mujer que se dibujaba en el espejo vestía el mismo vestido rojo pero permanecía inmóvil, con sus largos bucles cayendo sobre sus hombros y una cinta de terciopelo sujetando la cascada de rulos que descendía por su espalda…

-¡¡¡Elizabeth!!!- gritó aterrada al tiempo que apoyaba sus manos sobre la superficie ovalada. Cuando Elizabeth entró alarmada por su grito, la figura del espejo tenía las manos en su misma posición, palmas contra palmas, cóncavo y convexo, mientras el miedo se iba cayendo como una tormenta de verano

-¿Qué sucede, Verena?-

-No, nada, no me hagas caso…Algo que me ha parecido, algo realmente desconcertante-

Elizabeth la ayudó a sacarse el vestido y se alejó llevándolo colgado de la percha con una sonrisa leve en sus labios.

Cuando Verena salió del pequeño habitáculo, había decidido no comprar la prenda a pesar de desearla con frenesí.

-Te lo guardaré, Verena, porque sé que regresarás por él. Recuerda lo que te dije: las prendas antiguas poseen una estrecha relación con quienes las usamos después de tanto tiempo. Allí reside su encanto, la explicación para su increíble atracción sobre nuestros espíritus-

Verena se alejó rápidamente del lugar., sin sospechar que el vestido rojo era quien la había escogido como su dueña, Sólo a ella podría pertenecer.

 

Pasó una semana de verdadero martirio, luchando con sus ganas de adquirir la prenda pero también con sus ansias de alejarse para siempre del lugar. No obstante, se supo vencida de antemano al mediar la semana siguiente cuando ya no pudo soportar y llegó casi corriendo al local, temerosa de que alguien hubiese comprado la prenda. Mas el vestido estaba allí, impecablemente colgado de su percha, como aguardándola.

Elizabeth la vio desde las cabinas de prueba mientras sostenía en sus brazos cierta cantidad de prendas ya que clientas indecisas no optaban por alguna en especial.

La saludó con una mano llena de pañuelos y una enorme sonrisa. Verena entró aparentando una serenidad que no poseía.

-¿Vienes por el vestido rojo? ¿Te has decidido ya?-

Verena asintió con un leve movimiento afirmativo de su cabeza empapada por la llovizna imprevista de la tarde y se colocó frente al espejo para mirar de reojo el anhelado motivo de sus desvelos.

Elizabeth lo descolgó y lo ubicó sobre el mueble de vidrio donde se alineaban botellas y botellitas de colores, todas diseñadas y decoradas con diversidad de formas, detalles y accesorios propios de la exquisitez y delicadeza de una remota fabricación artesanal, donde los materiales abundaban y proliferaban en una variedad de infinitos estilos aprontados para la Bella Época y su exigente clientela. Ahora le tocaba a ella ser la protagonista pero no lograba explicarse esa especie de resquemor que exaltaba su corazón hasta hacerlo latir con fuerza inusitada.

Cuando pagó la cifra que la vendedora pedía por la prenda, sin chistar, supo que Elizabeth se lo había reservado adrede, y que, igual que ella, consideraba que no habría mejor compradora para algo tan personal y querido que la temblorosa Verena.

-Cuando te dispongas a usarlo, ven a verme para relatarme tu experiencia. Te aseguro que no hay nadie que lleve algo de aquí y no tenga alguna anécdota interesante para compartir-

Algo extraño aleteó en el corazón de Verena pero no intentó analizar aquellas desconcertantes palabras.

 

Esa noche, con la lluvia golpeando en los cristales de su cuarto, Verena , luego de ducharse, se colocó el vestido rojo y se detuvo frente al espejo de su vestidor para visualizarse de cuerpo entero. Algo sucedió cuando dio una vuelta entera para ver como oscilaba la amplia falda al compás de su movimiento giratorio:en el ángulo que formaban dos de las paredes, una forma oscura se deslizó hasta colocarse a sus espaldas.

Al principio supuso que era un juego de luces y de sombras proveniente de la calle al atravesar la concavidad de las gotas de agua y refractarse en la superficie del espejo. Pero, al moverse para mirar con mayor precisión, el extraño objeto también se movió como evitando ser visto.

-¿Qué pasa aquí?- dijo en voz alta como queriendo infundir a su espíritu un coraje que estaba lejos de poseer, al tiempo que encendía las luces dicroicas que orillaban el contorno del mueble espejado.

Se llevó las manos a la boca e intentó no gritar pero el terror ofició como un ente paralizador que le impidió pronunciar más palabras.

Vio como la sombra se acercaba y, al salir a la zona iluminada ya no fue una sombra. La anciana se acercó a ella con pasos muy lentos y Verena fue retrocediendo hasta toparse con su cama . La arrugada piel de aquella mujer se le antojaba un mullido edredón, de esos aterciopelados que solía usar su abuela en las noches de invierno. Sus pies, enfundados en largas medias de lana parecían no tocar el piso al movilizarse hasta colocarse frente suyo y sonreír con una mezcla de dolor y ternura. Entonces, como proveniente de un tubo de metal, la voz surgió de aquella boca que parecía un signo de exclamación estirado hasta el infinito.

-Mi pequeña…¡perdóname!-

Verena sintió que su corazón se hallaba al borde del colapso pero una desordenada emoción la gobernaba. El miedo había desaparecido para dar paso a una intensa curiosidad que la sostenía y le impedía moverse para huir corriendo por la puerta entreabierta.

Una mano extremadamente delgada acarició la prenda que ella llevaba puesta, desde los hombros, pasando por la cintura y deslizarse por la falda hasta hundirse en uno de los bolsillos laterales.

-¡Perdóname! Yo…no sabía qué hacer. Ahora me doy cuenta del error que cometí –

La miraba con sus grandes ojos de un celeste desvaído, como cubiertos de ceniza, infundiéndole una enorme zozobra que, emanando de la fantasmal visión, se adueñaba de sus sentidos hasta el punto de dudar si realmente aquello era posible o tan sólo una alucinación.

-Qué…¿qué quiere de mi, por favor?- Sentía que las lágrimas le rodaban por las mejillas y todo su cuerpo se estremecía al compás de aquella cadenciosa voz y de aquellas manos que parecían volutas de humo acariciando su pelo.

-Ha llegado el momento de que lo sepas todo. Tarde o temprano los secretos familiares salen a la luz.-

Aquellas sonidos metálicos sonaban dentro de su cerebro pero no podía precisar si partían o no de aquella boca desdentada que modulaba gestos como en un mudo lenguaje. Mas parecían surgir de su propia imaginación, pensaba, mientras los hechos ocurrían como algo natural frente a su asombro.

-Pídele a tu madre que te cuente sobre Rina, por favor…Ello te llevará a develar un gran misterio que debe dejar para siempre de torturarla . Y luego, sube al desván. Allí encontrarás las últimas respuestas-

Un remolino gris se debatió frente a su azoramiento al tiempo que un trueno fortísimo conmovía la casa hasta sus cimientos.

Cuando despertó se encontró en su cama, con el vestido rojo puesto y la luna espiando por su ventana. Las estrellas refulgían en el cielo. La tormenta había pasado y el alba se presentaba esplendorosamente luminosa.

Rápidamente se cambió. Su mente flotaba en una especie de túnel nebuloso , sintiéndose sumamente confundida y ansiosa por verificar lo que aquella anciana, fruto de una supuesta pesadilla, le había revelado. Salió de su cuarto y se dirigió al de su madre que aún dormía. Se introdujo en la gran cama y se abrazó al cuerpo amado.

-Mamá…- susurró mientras se apretaba contra ella.

Elsa Benavídez se estiró conmocionada por el apretón y abriendo sus ojos se enfrentó aquellos otros que la miraban de una manera que la conmovió de pies a cabeza.

-Tengo que hablar contigo, mamá-

 

Entre baúles y trastos en desuso, entre el polvo y la humedad que suelen adueñarse de los lugares olvidados, las mujeres encontraron el viejo arcón cerrado con un oxidado candado. A fuerza de golpes con el martillo que llevaba tras sospechar aquella dificultad, Elsa logró hacer saltar la tranca y la rapa se abrió por efecto del resorte que milagrosamente funcionaba como en sus mejores tiempos.

Desconcertada por el silencio de su madre luego de haber escuchado su relato, Verena insistió en su reclamo:-¿Quién fue Rina, mamá?

Elsa se detuvo y con la mano libre apartó de su frente húmeda un mechón rebelde su pelo rubio, se sentó sobre uno de los almohadones de pana apilados allí y contestó la pregunta de su hija:-Rina fue la partera que te trajo al mundo, hija-

Una brusca ráfaga de viento abrió la banderola del ático, precisamente la que se hallaba detrás de ambas. Y Verena supo, de alguna manera, que la anciana se hallaba entre ellas.

-¿Qué pasó con Rina, mamá? Esa anciana tenía un angustioso deseo de que me lo contaras. Habló de secretos de familia que deben ver la luz…¿A qué se estaba refiriendo?

-Mira, hija…esto es algo delicado, pero sospecho que, viniendo de esta manera, sea un sueño o una alucinación, ella quiso que te lo dijese y lo haré-

Lo que Verena escuchó la hizo pasar por estados del alma tan variados y asombrosos que produjeron, al comienzo, horror, luego comprensión y pena hasta culminar con una franca camaradería con la que hasta entonces consideraba su madre biológica. Esa mujer que sollozando le estaba refiriendo sus orígenes y las causales de la decisión tomada por sus mayores la proyectaron indefectiblemente hacia su encuentro con Elizabeth , con el vestido rojo y con las consecuencias que con su compra sabía, efectivamente, que tendría que afrontar.

Hay razones de sangre y de herencia que van más allá de lo razonable, considerándose como sobrenaturales. Pero Verena las estaba aceptando de una forma atendible, cuando antes jamás hubiese llegado a justificar las actitudes tomadas ya que, por alguna ignorada razón, había inferido con pasmosa intuición la relación de los sucesos ocurridos aquel día en que se encontró admirando la hermosa prenda colgada en la vidriera…

Elsa tomó un manojo de cartas y de fotos amarillentas por el tiempo y se apoyó en sus hombros. Le costaba caminar; se sentía aturdida, obligada a confesar lo que a su hermana le había jurado callar y llevar a la tumba , de ser preciso.

Frente a una reconfortante taza de humeante café, Verena tomó las manos de la mujer entre las suyas-Mamá- le dijo sonriendo-¡Gracias!

Elsa se quedó mirando los hermosos ojos de su hija:-¿Porqué me estás dando las gracias?-

-Por tu valentía y honor. No te debe haber resultado fácil impedir que tu padre tomase a una de sus nietas por el cuello para arrojarla por el balcón, a pocos minutos de haber nacido-

-Tienes razón, fue espantoso. Tu abuela y yo luchamos con él, para evitar que esa pobre criaturita muriese bajo su brutal amenaza. Fue cuando Rina ocultó que había otra niña por nacer en el vientre de tu madre y llamamos a la policía que se hizo cargo de su locura criminal en el preciso momento en que nacía tu hermana melliza. Desgraciadamente nada pudimos hacer para impedir la muerte de mi hermana, o sea, tu mamá , tu verdadera mamá-

-¿Y qué hicieron con ella cuando decidiste adoptarme e irte lejos de tu casa paterna, a otra provincia?

-Te llevé conmigo para que te criases con tus primos , los que consideras tus hermanos. A tu hermana la dimos en adopción a una de mis primas que no podía tener hijos, aunque ocultándole de donde provenía la bebé y de que tenía una hermana melliza. En aquellos tiempos era una espantosa vergüenza ser madre soltera, Verena-

 

-Lo entiendo…¡Pobre mamá, pobre de ti, pobre Rina, y la abuela Marta…Todas presas de la demencia de un hombre alterado por el orgullo y por una época tan estructurada en sus valores individuales , incapaz de perdonar ciertos errores que hoy no son juzgados con tamaña inclemencia. ¡Los compadezco a todos, mamá, de verdad! Y no me permito otra cosa que decirte que te amo y te agradezco el haberme salvado la vida, como a papá el ofrecerme cobijo y protección como a una hija más.-Le tomó ambas manos y la miró profundamente a los ojos -Dime, mamá…En estas fotos que me mostraste he visto a Rina y es, sin lugar a dudas la mujer que se apareció frente a mi, anoche. Ella deseaba que supiese toda la verdad. Pero el verdadero gestor de dicha verdad fue el vestido rojo-

-¿Qué vestido rojo?- preguntó Elsa con temor.

-Mamá. Esta mujer que aparece en esta foto- dijo Verena tomando la reproducción en sus manos- esta mujer es mi madre biológica, tu hermana Irina, ¿no?-

-Si, ella es…¿Qué tratas de preguntarme, hija?

-Ese vestido que ella tiene puesto…¿Lo regalaste, mamá?-

-¡Oh, se lo entregó tu abuela Marta a María, nuestra prima, como recuerdo de la madre de su pequeña bebé-

Verena sonrió. Una gran sonrisa le iluminó el rostro como si hubiese salido un hermoso sol de primavera a brillar sobre las húmedas calles del otoño. Y se sintió tan feliz que comenzó a abrazar y besar a Elsa hasta dejarla sin aliento.

-Ella tenía razón. También, como yo, lo presintió al verme. No hay dudas de que la compenetración espiritual se genera en el momento en que las almas se unen para siempre…¡Y yo la encontré , madre! O tal vez no, fue ella, o quizás, ¿por qué no? ¡El vestido rojo!

-¿Has enloquecido? ¿qué pasa con el vestido rojo? ¿A quién conociste? ¿Qué disparates intentas explicarte? ¡Vamos, hija! ¡Reacciona!

Pero Verena reía, saltaba, gritaba y palmoteaba feliz mientras de sus ojos brotaban lágrimas de alegría incapaces de ser contenidas.

Y mientras su madre unía las palmas de las manos en una muda súplica, Verena corría escaleras arriba para vestirse y salir a la calle, dejando para otra oportunidad la continuidad de su maravilloso

Cuando salió había dejado de llover y tuvo que correr para alcanzar el ómnibus que la llevaría al encuentro con el resto de su vida.

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12 respuestas a El vestido rojo (Carlota de las Mercedes Gauna)

  1. Carto Péreton dijo:

    Que bien que has trabajado el relato, tiene misterio, ficción, tramas familiares. Me ha gustado mucho. Creo que vas a estar muy arriba. Un saludo y suerte.

    • Es muy gratificante para mi encontrarme con tu comentario y sentir que de verdad aprecias un relato que me llevó tiempo, investigación y mucha voluntad escribir…Algo me sucedió esta vez mientras lo escribía: sentí que mucho debemos limpiar del pasado para modificar nuestro presente y que una voluntad paralela a la niestra nos ayuda a descifrar ciertos códigos que aparecen velados pero que al final ven la luz de una manera imprevista…¡Ojalá entendamos la importancia que tienen los ancestros en la construcción de nuestros presentes. ¡Un gran abrazo!

  2. laura1989 dijo:

    Me ha encantado. Gracias

  3. Jesús Garza Artea dijo:

    Me gustó mucho, a pesar de que no es mi género favorito. Vamos, la autora conoce el oficio y sabe escribir. Enhora buena. Gracias.

    • ¡Gracias, Jesús, por tu valoración sobre este relato, de características y tema disímiles con tus preferencias. Es grato recibir palabras tan gratificantes que impulsan a seguir en este amado derrotero de las letras , en contacto directo e indirecto con quienes son los verdaderos motores que nos conducen por el maravilloso mundo de la escritura..nuestros lectores ¡Un gran abrazo!

  4. Carlota Gauna juega, arma y reparte los espacios justos. Utilizando un plano casi realísta, transita por la exquisites de la plabra para hundirlo en el plano de lo fantástico y mas aun, de lo metafísico. Tres instancias difíciles de plantear en un mismo microrelato o cuento. Sin embargo, Carlota lo logra con una sencillez casi absoluta. Para leerlo dos veces!

  5. ¡Querido poeta! Lo que citas aquí es verdad. No es fácil la trama de la complejidad diversificada y equilibrada, mas cuando se debe manejar la escritura por dos planos paralelos y continuar el hilo conduscente, pero, como bien lo sabes tú, cuando se trata de escribir, todo es bienvenido, aceptado y requerido para lograr lo que uno ama tanto hacer. ¡Mil gracias por tu presencia en tantas instancias donde se despliega la infatigable inspiración…!

  6. Mar dijo:

    Gran relato, Carlota, desde luego no eres principiante en este arte que tu tienes.Un saludo.

  7. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha gustado tu relato aunque casi al final hay una frase sin terminar que me ha dejado con la duda de lo que querías contar. Un saludo literario y gracias por hacerme pasar un buen rato con la lectura de tu historia. Amaya

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