Rumichaca camino del tiempo (Miguel Oviedo Risueño)

¿Te acuerdas de cuando dormíamos en la hierba y al despertarnos las vacas estaban pastando a nuestro alrededor y no nos habíamos dado cuenta de que ya estaba allí la noche? ¿Te acuerdas de que nos lavábamos en el arroyo del camino a Rumichaca? Cortábamos palos de bombón, volvíamos por el camino y los vendíamos en la tienda de la melcochera para con ese dinero comprar papel de colores y hacer cometas en agosto.

Salió el sol y el tiempo tampoco se quedó quieto los espantosos días empezaron a agredirla, intensificados, bravos por dejar tu infancia.

Al cabo de un rato se levantó, se lavó, se dio un toque de colorete en las mejillas, se tomó un café, espeso como el barro, y se puso ropa nueva. Se había comprado blusas ligeras, faldas ondulantes y pendientes adornadas con plumas multicolores.

— No es cuestión de rescatar un batón del placard de la abuela, ese que te recuerda tu infancia; botones forrados, cinturón y estampado marrón con flores amarillo patito. Aunque, de hecho, lo nuevo en la moda es llevar lo viejo. —le dije—

Iba al colegio como una señorita, uniformada y formal.

Se reía de todo y coqueteaba con todo el mundo. Con el hombre de la tienda, que remplazo a la melcochera, con el muchacho que le echaba gasolina al bus del colegio y con el empleado de Correos que le llevaba las cartas al papá. Tenía la vaga idea de que Virginia no era consciente de lo linda, atractiva y lo feliz que estaba, de que todos los hombres iban detrás de ella. En cuanto salía de la casa se ponía a actuar, yo era el espectador principal, a veces hasta sin verla, otras si bien a distancia. Aunque nunca me había dejado deslumbrar por su aspecto llamativo ni por los coqueteos, jamás había pensado que era eso lo que hacía atractiva a Virginia.

La vi y me pareció una diosa. La hierba había crecido, caminábamos hombro a hombro por la avenida asfaltada. Abrió la boca y escuché el dulce tono de su voz. Se movía, y caminaba casi flotando. Opinaba, y los misterios de vida y existencia se diluían ante su elocuencia.

— Vuelve al arroyo del camino a Rumichaca a esos colores sepia… —Alcance a pronunciar—

Ella me dijo — no—. Sé que en tres años quiero casarme y tener un hijo.

Yo la pregunté a qué hora le venía bien que la dejase en su casa.

Conoce más sobre el autor en http://www.miguel-oviedo.blogspot.com.es/
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2 respuestas a Rumichaca camino del tiempo (Miguel Oviedo Risueño)

  1. amaiapdm dijo:

    Gracias por escribir. Un saludo. Amaya

  2. Tarodsim dijo:

    Hola Miguel, me gusta el relato, aunque la puntuación hay veces que lo hace un poco difícil de leer. Por ejemplo en “Salió el sol y el tiempo tampoco se quedó quieto los espantosos días empezaron a agredirla, intensificados, bravos por dejar tu infancia.”, supongo que falta un punto después de “quieto”. Revisa bien porque es una pena desconectarse del relato por cosas como ésta.
    Un saludo!

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