Su melena flotaba… (Tarodsim)

Odio ir al dentista. Puede que influya que voy al peor odontólogo de toda la comarca. El dentista de los pobres lo llaman. Sólo que yo no soy pobre, más bien todo lo contrario. En el círculo teosófico del que reniego dicen que es una prueba más de mi empatía extrema. Mi primo Germain les dice que no se preocupen por mí. Que lo único que pasa es que estoy explorando mi lado vintage.

La chica rosa caía con su vestido de tul hacia un sofá manchado de adelfas. Durante un buen rato no pude dejar de mirar aquella foto en la revista. Si hay algo que odio más que los ojos del sacamuelas sobre mi boca abierta salivante, es la espera en ese cuartillo diminuto. Diez personas para dos sillas, una sola revista en disputa, miradas incómodas. En cuanto salió la gran señora de andares bamboleantes aproveché que todos se apretaban contra la pared. Me abalancé sobre la revista de moda que soltó la madame. La abrí al azar, sólo para fijar mi vista en algo que no fuera la pobreza que me rodeaba. Todos se dieron cuenta de mi jugada y me miraron con respeto. Pasé las páginas al azar hasta que llegué a aquella foto. El cuerpo parecía levitar sobre el sofá, pero el brazo derecho de la mujer se extendía hacía abajo, en vertical, esperando la caída. Su melena flotaba en un lago de adelfas victorianas, su boca abierta esperaba la muerte o una carta lacrada.

Recordé el test de Marta Fattori. Cuando era pequeño me preguntaron para qué podría usar un ladrillo. Me dijeron “sé imaginativo”. Tardé medio segundo en emparedar entre ladrillos refractarios a mi psicólogo, pero por alguna extraña razón supe que no les iba a gustar mi respuesta. Balbuceé algo sobre hacer una casa de adobes. Pensaron que hablaba de los tres cerditos nazis y el lobo judío. Esa era la respuesta que esperaban.

Tuve la suerte, como mis hermanos, de tener unos padres de la Nueva Era. Los niños índigo nos llamaban. Creían que éramos telépatas y no les faltaba razón. Los niños índigo, con nuestra aura azul que sólo ellos veían. Íbamos a salvar el mundo, éramos un estado superior de la especie humana. El futuro era nuestro. Sólo que yo no esperaba nada del futuro, nada. Después de todo iba a tener razón mi primo Germain. Porque reniego del progreso, porque el futuro me da miedo, porque leyendo cada pensamiento es imposible ser empático y mucho menos émpata, soy vintage, soy vintage.

“Su turno señor López”. Mi turno. Aún quedaban siete espantapájaros en la salita. Me miraban ansiosos esperando atrapar la revista. Habían aprendido algo. Salí de la sala llevándome mi revista. Bajé los cinco pisos hasta la calle ignorando las protestas del dentista retro, que me siguió hasta el tercero.

Pensé en la chica de la foto. Supe que necesitaba mi ayuda. La Era de Acuario me había atrapado por fin.

Mi turno.

 

 

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2 respuestas a Su melena flotaba… (Tarodsim)

  1. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir. Me ha gustado tu relato. Un saludo. Amaya

  2. Tarodsim dijo:

    Gracias Amaia. Me quedó un poco raro creo, pero bueno, hay que experimentar 😉
    Saludos

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