El examen (Ana Calabuig)

Cuando sonó la alarma, Edu se revolvió en la cama y alargó el brazo para desconectarla, pero tiró el móvil al suelo y no tuvo más remedio que levantarse. Al recogerlo, se paró el pitido y automáticamente salió una pantalla con la hora y la fecha y se quedó muy extrañado porque esa pantalla nunca había salido desde que sus padres se lo regalaron; y, además, él se acostó en domingo y resulta que, según el móvil, amaneció, y el lunes no era lunes, sino que era martes. Sacudió la cabeza dos o tres veces para terminar de despertarse.

“―¡Hostia! Qué pasada, se ha vuelto loco. ¿Será algún virus?”

Siguió mirando y se dio cuenta de que tenía mensajes de WhatsApp.

“―¿Quién se ha pasado la noche whatsappeando? ¿Cómo? No entiendo. Todos llevan fecha de hoy lunes. Si son las 7 de la mañana, ¿cómo tengo mensajes de la mañana y la tarde si todavía no ha llegado? ¿Qué pasa?”

Entró en la agenda y allí, claramente, ponía la fecha: MARTES…… y las 7’05 a.m. Se fue hacia su escritorio, encendió la tablet y también allí era martes. Totalmente confundido miró alternativamente al móvil y a la tablet sin explicárselo.

“―Ayer estuvimos Ivan y yo en casa de Álvaro preparando el examen de matemáticas del lunes, y yo no he hecho el examen, o sea que hoy es lunes” ―pensó extrañado.

Entonces, empezó a leer los mensajes. Y ahí comenzó a ponerse peor la cosa.

“―¿Cómo que me he fumado el exámen? Que… ¿qué cuento he contado a mis padres? Que el tutor va ha hablar con ellos y que esta vez la he cagado y me voy a tragar el marrón. Ivan está colgado, este tío está como una cabra.”

Siguió leyendo y el resto de mensajes tanto de Ivan como de los otros compañeros iban en el mismo sentido. El pobre no entendía nada, así que pensó que lo mejor sería desayunar y contar a sus padres lo que le estaba pasando.

Al abrir la puerta de la habitación se quedó parado. La casa estaba completamente en silencio y extrañado se dijo a si mismo:

“―Pero… si a estas horas mis padres ya están levantados, la radio puesta y mi hermana protestando. La luz de la cocina… ¿apagada?”.

Se fue directo allí, la encendió y vio una nota en la pizarra que tenían en la nevera para dejar mensajes: “Tu padre y yo nos hemos ido al Hospital porque tu hermana se ha puesto mala esta noche. No te hemos dicho nada para no despertarte. Encima de la mesa tienes las llaves para que cierres cuando te vayas”.

“―¿Qué coño está pasando hoy? ¿Cómo se van mis padres sin decirme nada?”.

Empezó a asustarse y con las manos temblorosas marcó el número de su madre. Nadie le contestó. Luego el de su padre, tampoco recibió respuesta. El temblor se le extendió a todo el cuerpo. Sin saber el porqué, como buscando una explicación, se asomó a la ventana y en apariencia todo estaba en orden: casi nadie por la acera y el basuras asomando al principio de la calle.

Con un mal presentimiento entró en la habitación de sus padres y en la de su hermana y vio que estaban en orden.

“―Se ha puesto mi hermana enferma y las camas… ¿están hechas? ¡Pero si aquí no ha dormido nadie!” ―exclamó.

Edu ya no podía controlar los temblores, las piernas le flojeaban, la cabeza comenzó a darle vueltas y los ojos se le llenaron de lágrimas.

A trompicones volvió a entrar en su habitación. El día ya estaba clareando pero su cabeza estaba nublada. Una vez más marcó un número en el móvil, esta vez llamó a su amigo Ivan y sí que recibió respuesta:

“―¡Edu!, tío, ¿cómo llamas a estas horas? ¿A dónde te metiste ayer? Menuda pelada―”.

Edu, casi llorando le replicó:

“―¡Qué no me he pelado nada! El examen es hoy.”

“―Anda que vas flipado” ―le contestó su amigo―.”Luego hablamos que se hace tarde. Oye, ¿no me estarás llamando porque hoy también vas de pelada?”.

“―Que no, Ivan, ¡joder! ¿me quieres explicar lo que pasa? ¿Es que me estáis tomando todos el pelo? Me vais a volver loco”.

“―¡Hostia tio!”, ―dijo Ivan riéndose― “estas peor de lo que me creía” ―y cortó la llamada.

Edu se derrumbó en la cama, y escondiendo la cara en la almohada se puso a llorar. No podía dominar los temblores del cuerpo. Un sudor frío le recorrió el cuerpo. Nunca había sentido tanto miedo. Se puso a llamar a gritos a su madre.

En ese momento la puerta de la habitación se abrió, alguien se acercó y se sentó a su lado en la cama. Al rozarle el pelo con la mano, Edu dio un bote asustado, dispuesto a defenderse de quien fuera a atacarle. Una gran flojedad se adueño de él cuando la vio. Se puso a hablarle atropelladamente:

“―¡Mamá! ¿Cuándo habéis venido? ¿Dónde estabais? ¿Por qué no me habéis dicho nada?”.

Su madre le sonrió, y acariciándole la cabeza le dijo:

“―Edu, cariño, no nos hemos ido a ninguna parte. Has tenido una pesadilla, eso es todo. Anda, tranquilízate y date una ducha. Estas empapado. Venga levanta”―, y dándole un beso en la frente salió de la habitación.

En ese momento Edu oyó la voz de su padre:

“―¿Qué pasa?” ―preguntó. “―Nada”, ―le dijo sonriendo su mujer― “que tu hijo ha tenido una pesadilla y está muy alterado y completamente sudado”.

El padre, riendo, le contestó:

“―Eso es por el examen de matemáticas. Lo tiene acojonado”.

Y dando unos golpes en la puerta, dijo en voz alta:

“―Anda, chaval, levántate y antes de dejar a tu hermana en el colegio te dejaré a ti en el Instituto. Que tú eres capaz hoy de no ir a clase y pelarte el examen”.

Edu, todavía pálido y con voz oscura y temblorosa le contestó:

“―Ya voy papá. Ya me levanto”.

Y dejó caer de golpe la cabeza contra la almohada.

 

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8 respuestas a El examen (Ana Calabuig)

  1. manolivf dijo:

    Me ha gustado mucho, Ana. Aunque conforme iba leyendo deduje que iba a tratarse de un sueño, y no fue una sorpresa, sí que creo que lo has resuelto muy bien, y además has desarrollado la idea de la frase: “El lunes no era lunes sino que era martes” dándole sentido al contrasentido y no la has soltado sin más en el texto. Eso te diferencia y para mí es un diez. Un abrazo.

  2. Luisa dijo:

    Excelente y divertido relato. Gracias por compartirlo.

    • Ana Calabuig dijo:

      Últimamente mis relatos han sido tristes así que me alegro mucho de que te haya divertido éste. Gracias por tu tiempo en leerlo. Saludos.

  3. Bea Valle dijo:

    Bien narrado, Ana, a pesar del final previsible y de que no es necesario que los diálogos se introduzcan con comillas cuando se usa la raya (―). Me gustó.

    • Ana Calabuig Teruel dijo:

      Muchas gracias por leer mi relato y por tu comentario. los tendré en cuenta parap próximos diálogos. Saludos.

  4. Ana felicidades. Una historia fresca, me ha gustado mucho.
    Saludos

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