Mi deseo irrealizable (SavantSale)

Siempre puedo ir a Francia. Puedo dirigirme a París, trasladarme al cementerio de Montparnasse y colocarme frente a su lápida, empapelada con rayuelas y salpicada de flores pequeñitas que pretenden ser cronopios.

Tengo la suerte de poder leerlo. Tenemos la enorme suerte de poder leerlo. Consumiendo sus relatos puedo ejercitar la imaginación. Puedo viajar en un tren anacrónico, de ésos que tragan carbón, que se mueve como un ancianito, dando un paseo, y que expulsa un humo azulado de contornos perfectos que pone en entredicho la supuesta belleza de las nubes. Puedo bajarme en la estación más bonita, la que preside un reloj con agujas sinuosas, en la que espera una institutriz que da órdenes a unos niños impecablemente vestidos. La estación en la que manda ese revisor del bigote imposible y el monóculo. Puedo saltar al andén y, deambulando tranquilo, encaminarme a la casa que se adivina en el horizonte, la que parece tener un cercado color granate. Allí podría ser recibido por una comunidad bien avenida de gatos, que podría habitar en el tejado y en las grietas de los muros. Uno de aquellos animales, uno que bien podría ser negro con ojos acristalados, me haría un saludo militar con la patita y después, cortésmente, me invitaría, con otro gesto aprendido de los humanos, a seguirlo al interior de la casita. Al entrar, me abrazaría, quizá, una melodía jazzística, nacida de un joven disco de vinilo, y el pitido de una cafetera, que tendría la deferencia, esa tarde, de silbar lo suficientemente armoniosa como para no afear la música. Él se levantaría, pausado, me sonreiría, bonachón, a través de su barba revolucionaria y me preguntaría, con ese castellano aderezado de frenillo belga, si me gusta el café. Yo le diría que no, que gracias, o le diría que sí, que encantado, qué más da. Sobre todo, yo no tendría la desvergüenza de hablar demasiado. Él se sentaría con la taza humeante en la mano, se arrellanaría en una silla, frente a un folio virgen coronado con una pluma gruesa y brillante, o frente a una máquina de escribir con las vocales desgastadas, y yo tendría el privilegio de observarlo, de seguir su mirada estrábica mientras estudia las telarañas o escruta los vuelos errantes de las moscas. Tendría el privilegio de presenciar esos ojos grandes y feos centrarse en la hoja y, emocionado, tendría el inconcebible honor de verlo poner el mundo en un pedazo de papel.

Pero no puedo. No puedo, entre otras cosas, porque Julio Cortázar está muerto. Afortunadamente, tengo la enorme suerte, tenemos la enorme suerte, de poder leerlo. Y, claro, cómo no, siempre puedo ir a Francia. Puedo dirigirme a París, trasladarme al cementerio de Montparnasse y colocarme frente a su lápida, empapelada con rayuelas y salpicada de flores pequeñitas que pretenden ser cronopios.

Conoce más sobre el autor en http://savantsale.wordpress.com/
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11 respuestas a Mi deseo irrealizable (SavantSale)

  1. manolivf dijo:

    Quizás también sea una suerte imaginarlo, porque casi siempre (sino siempre) los mejores detalles están ahí, en nuestra imaginación, dónde la realidad no puede alcanzarlos.

    • savantsale dijo:

      Donde la realidad de la mayoría no llega, más bien. Cortázar es un mundo aparte. Él se hartó de alcanzar detalles escondidos y tuvo la cortesía de enseñárselos a todo el mundo mientras vivía.

  2. Yo lo hice, hace muchos años, cuando yo era muy joven (y también muy osada) y él todavía estaba vivo. Y sí, tomamos café (él, whisky; yo, café) en su apartamento. Y tengo que puntualizar: sus ojos enormes no eran feos, solo que los cristales de sus gafas eran tan gruesos que los ampliaban como lupas exageradas.
    Fue un momento afortunado porque él todavía estaba entre nosotros y yo todavía cumplía mis sueños o me saltaba la barrera entre mundo real y mundo soñado como quien pasa de casilla a la pata coja. Así como me había enseñado ese fabuloso maestro con sus cuentos.
    Hoy, todos tenemos la suerte de poder leerlo y releerlo, porque queremos tanto a Julio…

  3. Ana Calabuig Teruel dijo:

    Cierto es, tenemos su obra para poder degustarla con un buen café. Precioso tu relato. Saludos.

  4. Julia Ojidos dijo:

    Te he nominado ” Versatile Blogger Award”
    Síguelo en;
    http://juliaojidos.wordpress.com/
    Un abrazo

  5. Mar dijo:

    Cuando te topas con un relato como el tuyo es cuando te das cuenta de la importancia que tiene este blog para los que escriben, y sobre todo, para los que leen. ¡Este blog no puede desaparecer! PRECIOSO RELATO, savansale. Creo que si lo hubiese leído Cortazar, le hubiese encantado.

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